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viernes, 11 de mayo de 2012

La nacionalización de YPF en Argentina y sus implicancias para el Perú


Tenía este post pendiente pero la falta de tiempo no me permitió sacarlo antes. Creo que mucho de la discusión sobre el tema ha estado enfocado en lo simbólico, con poco énfasis en lo que me parece central: las consecuencias de mediano y largo plazo de la ausencia de derechos de propiedad estables. Los neoliberales a ultranza han cuestionado la expropiación desde su crítica usual al rol del Estado en la economía.  La izquierda por su lado ha enfatizado cuestiones de autonomía, reivindicando la participación del Estado en los llamados “sectores estratégicos”. Viendo el tema desde Perú, las reacciones de neoliberales y zurdos han ido más o menos por la misma dirección. Así por ejemplo, desde el Gran Combo Club y desde una perspectiva de izquierdas,Jorge Rendón Vásquez describe el tema en los siguientes términos:
“Esta expropiación, que despierta la satisfacción de las mayorías sociales de América Latina, ha enfurecido a los incondicionales del neoliberalismo y de las privatizaciones, para quienes el capítulo siguiente será el horror de la evacuación de los capitales y otras fantasías. Se dirigían a los argentinos, a ver si se asustaban y, como un reflejo, a sus legisladores para inhibirlos de votar a favor de la expropiación; pero apuntaban también a los demás pueblos de América Latina para desalentarlos de hacer lo mismo, ahora que el término expropiación deja de ser la mala palabra, puesta en el índex por los neoliberales. Hasta nuestro “marqués”, como obediente vasallo de los señores que le dieron ese título, se tiró al ruedo, para combatir la expropiación argentina, dando curso a su manera profesional y remunerada de alzarse como un resorte cada vez que los centros del poder capitalista lo convocan para anatematizar las medidas económicas, sociales y políticas que los incomodan.”

Tengo la impresión que los liberales harían un mejor trabajo si se dedicaran a hacer pedagogía política utilizando el caso argentino como un ejemplo de lo que no debe de hacerse pero sin apelar al tremendismo al que alude Rendón. Este tipo de razonamientos son muy difíciles de sostener en un contexto global en donde la recesión, la débil regulación y las malas prácticas corporativas vienen siendo asociadas equivocadamente (con la participación tendenciosa de la izquierda) con el liberalismo. En este escenario, las acusaciones de la izquierda suenan creíbles y por ende cada vez más gente mira con simpatía la participación estatal en sectores como el petrolero.

Lo primero que habría que decirse es que, al estado actual del conocimiento económico, no existe evidencia empírica que indique que el Estado siempre es un mal gestor de recursos. Tenemos diversas teorías que proveen razones sólidas para desconfiar de este, pero es difícil obtener evidencia empírica concluyente al respecto. Al nivel internacional, existen ejemplos abundantes de empresas públicas eficientes (como Petrobras o Codelco) y también de otras en donde abunda la corrupción y la ineficiencia (como PDVSA). Entonces, no se trata de si la propiedad es privada o pública, sino más bien del entorno institucional que estas enfrentan. Si uno comienza a estudiar con algún detalle el caso de las empresas públicas que funcionan bien en la región, inmediatamente notara que existen mecanismos institucionales que garantizan que estas cuenten con una burocracia altamente calificada y con altos niveles de independencia del poder político de turno. Se trata entonces de la existencia de reglas de juego que crean incentivos que favorecen el desarrollo de una gestión eficiente, más allá del tipo de propiedad.

La pregunta entonces es si en Argentina (y de paso en el Perú) existen los requisitos institucionales para el desarrollo de una gestión eficiente en las empresas públicas. Parece que este no es el caso. De hecho, en el caso argentino ni siquiera las empresas privadas son totalmente independientes del poder político, como lo indica precisamente el hecho que Repsol se haya visto forzada por Néstor Kirchner a vender parte de sus acciones en favor de un empresario amigo del régimen. Como lo cuenta Xavier Sala-i-Martin:
“En 2007, y ya con Antoni Brufau al frente de la petrolera, el presidente Néstor Kirchner pidió a REPSOL que un grupo argentino entrara a formar parte de la compañía. Se trataba del grupo Petersen de la familia de Enrique Eskenazi. La familia Eskenazi era una familia de la alta burguesía de Santa Cruz, región que había sido presidida (oh! casualidad!) por Néstor Kirchner, antes de ser presidente de Argentina. De hecho, Enrique Eskenazi era amigo íntimo de don Néstor, tan íntimo que le había financiado las campañas electorales que le llevaron al poder. Es decir, el presidente Kirchner obligó en 2007 a REPSOL a aceptar un socio argentino que, casualmente, era un amigo íntimo de toda la vida y al que se le debían algunos favores políticos. Antoni Brufau aceptó porque sabía que siempre es bueno tener inversores locales con conexiones políticas. Es bueno que los insiders te señales la existencia de luces ámbar antes de que se vuelvan rojas. Por esto aceptó que la familia Eskenazi tenga primero el 15% y luego el 25% de la compañía.
Pero había un pequeño problema: los Eskenazi eran los ricos del pueblo en Santa Cruz, pero una cosa es que tus niños se paseen por el pueblo en lujosos horteras Ferraris rojos o que chuleen por las discotecas de moda de la zona y otra cosa muy distinta es comprar el 25% de una compañía que vale decenas de miles de millones de dólares. Los Eskenazi no eran tan ricos!
¿Cómo consigue la familia amiga de Kirchner comprar el 25% de REPSOL-YPF? Pues obligando a YPF a PRESTARLE EL DINERO! Repito, Néstor Kirchner obliga a REPSOL a prestar el dinero a una familia amiga para que ésta compre el 25% de REPSOL. ¿Y cómo va a pagar esa familia semejante millonaria cantidad? Pues con los dividendos de la propia REPSOL. Es decir, REPSOL, el gobierno de Kirchner y el grupo Petersen de la familia Eskenazi firman un contrato (depositado en la Security Exchange Comission de New York) que obliga a REPSOL a dar el 25% de su capital a la familia Eskenazi y ésta se compromete a pagar de vuelta con los dividendos de REPSOL. Para garantizar que REPSOL pueda cobrar ese "crédito" (o quizá deberíamos calificarlo de extorsión), se obliga a REPSOL distribuir en forma de dividendos el 90% de sus beneficios.”

Cualquiera que conozca Argentina sabe de lo poco institucionalizado que es el país. Si los Kirchner lograron que una multinacional hiciera esto, ¿Cómo será cuando la empresa esté totalmente bajo el control estatal? ¿Sera capaz la empresa de invertir para expandir la producción, el argumento utilizado por el régimen para justificar la expropiación, en este entorno institucional? Cristina Kirchner ha dicho que la empresa se manejará con criterios de eficiencia, pero es muy difícil creer que esto será posible en el escenario descrito. Como ya pasó con las pensiones y Aerolíneas Argentina, lo más probable es que las necesidades de financiamiento de corto plazo del régimen terminen creando problemas que terminaran reventando en el largo plazo.

Muchos confunden la crítica a la expropiación como una defensa a REPSOL o a los españoles. Seguro habrá interesados en defender los intereses de la empresa, lo cual por cierto es legítimo.  Creo sin embargo que lo central es la defensa de un conjunto de principios esenciales que tienen soporte científico. Concretamente, existe un conjunto amplio de evidencia que sostiene la importancia radical que tiene la protección de los derechos de propiedad para el desarrollo de las naciones. El libro reciente de Daron Acemoglu y James Robinson, “Why Nations Fail”, tiene una cantidad importante de ejemplos que van en la dirección señalada. Aquellos países que garantizan el respeto a los derechos de propiedad muestran, en promedio, un crecimiento sostenible de la riqueza. Viéndolo en perspectiva, es precisamente la ausencia de instituciones que garanticen la protección de los derechos de propiedad lo que explica, por lo menos en parte, la debacle argentina de las últimas décadas.

Además de esta razón empírica, existe una cuestión de principio vinculada con el respeto de la ley. Creo que lo fundamental no es la discusión sobre si el Estado debe intervenir o no en los sectores estratégicos, debate que han privilegiado los defensores y críticos de la medida, sino más bien si es que vamos a admitir violaciones a los derechos fundamentales de las personas, entre estos, el derecho a la propiedad. Porque, hay que admitirlo, esto es simplemente un robo. Es como si alguien entrara a tu casa, se apropia de ella y luego decide pagarte lo que se le antoja. Y en esto la izquierda tendría que ser más principista en reconocer que se trata de un robo (lo cual difícilmente hará pues significaría admitir que su compromiso con los derechos humanos es estratégico). Claro, en sociedades en donde el respeto a los derechos individuales ha sido históricamente débil, no es de extrañar que muchos celebren una medida como esta, en particular por tratarse de una multinacional. Pero desde un punto de vista de principios, es lo mismo que el gobierno le quite la casa a una familia pobre que le expropie a una empresa sus acciones.

¿Qué lecciones podemos extraer para el caso peruano? Sin duda, la izquierda local ha querido jalar agua para su molino en su agenda de lograr una participación más activa del Estado en los sectores estratégicos. Tengo la impresión que debería replantearse el debate en relación a si tenemos los mecanismos institucionales que nos garanticen  empresas publicas eficientes y mi respuesta en ese caso es que estamos muy lejos aún de ese escenario. Ya vimos como PetroPeru funcionaba como caja chica del Toledismo. Tal vez si existiera un esfuerzo más serio de los defensores del estatismo por proponer la inclusión de mecanismos que promuevan la eficiencia en una eventual mayor participación del Estado en la economía la discusión sobre el tema sería más rica. Creo que la izquierda necesita ser más convincente: no basta mirar a los vecinos y decir “mira, ¿cómo ellos si tienen empresas públicas que funcionan bien?” sino fundamentar sobre qué es lo que ha cambiado en el país para que empresas públicas que en el pasado funcionaron muy mal ahora si operen con eficiencia. Y es que, si Brasil y Chile tienen buenas empresas públicas es porque también tienen burocracias e instituciones más sólidas. Porque, supongo que al final del día de lo que se trata es pensar respecto a qué condiciones debemos garantizar para que PetroPeru se parezca más a PetroBras y menos a PDVSA (o, con seguridad en unos años, YPF).  

martes, 14 de junio de 2011

Manuel Dammert y la oferta humalista del gas a 12 soles

Aqui esta, el video de Dammert ofreciendo el balon de gas a 12 soles. Ver los ultimos segundos del video.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Contrafactuales municipales: ¿y si no hubieran tachado a Kouri?

Hace unas semanas, Susana Villarán no asomaba en las encuestas. Es interesante ver como un acontecimiento inesperado (la tacha de Kouri) ha terminado poniéndola a puertas de ganar la alcaldía. Este fenómeno abre muchas preguntas que ponen en cuestión los muchos sentidos comunes que tiene alguna gente en el país. Aquí solo algunos:

El votante de Susana Villarán es un votante interesado en una opción alternativa al modelo neoliberal

De acuerdo con Javier Diez Canseco, los votantes de Villarán estarían “…Frustrados por un crecimiento económico sin desarrollo ni redistribución de la riqueza, preocupados por la destrucción de nuestros recursos naturales, hastiados de la corrupción en la médula del poder, enervados por enormes brechas entre ricos y pobres, millones de peruanos votaron opciones de cambio. La vieja derecha neoliberal no presentó candidatos o ha sido golpeada en sus últimos reductos: la derrota del Apra en Piura, su casi derrota en La Libertad y la penosa actuación de la candidata del PPC en Lima lo muestran.” Javier Diez Canseco

¿Puede ser posible que un electorado que semanas atrás estaba dispuesto a votar entre Lourdes y Kouri sea un electorado como el que describe JDC? Me parece algo difícil de aceptar. No creo que la mayoría que antes estaban dispuestos a votar por Lourdes o Kouri y que terminaron votando por Susana sea gente critica al modelo neoliberal. ¿Si eran críticos al modelo liberal, porque estaban dispuestos a votar por Lourdes o Kouri originalmente? Pareciera más bien que es una lectura impulsada por los deseos de ver de nuevo una izquierda fuerte.

Con la victoria de Susana Villarán se abre una oportunidad para la unificación de la izquierda

“Hoy, hay que frenar el fraude y lograr la unidad al 2011. Saquemos el debate del tema de los caudillos de las fuerzas políticas y los vetos. La unidad por el cambio y la de las fuerzas de izquierda se construyen sobre movimientos y simpatizantes diversos. Buscar la unidad exige un programa común que exprese el cambio, construir equipo, y forjar un mecanismo razonable y democrático para definir las candidaturas: primarias o un evento. Podemos construir una alianza amplia entre diferentes grupos políticos e independientes, como Piura. FS no puede vetar un candidato unitario. El PNP no puede insistir en ir con invitados pero no aliados. Y el MNI, fuerza de izquierda inscrita, debería ayudar a abrir un proceso para articular al conjunto de las izquierdas, renovar su espacio directivo, su propio nombre y facilitar un agrupamiento más amplio y distinto, parte de un frente por el cambio. Sin la unidad por el cambio, los grupos fascistoides solo habrán recibido un susto.” Javier Diez Canseco

Ciertamente, la victoria de Susana puede representar una oportunidad para unificar la izquierda. Sin embargo, la pregunta es si esta reunificación vale la pena. Si Villarán ha logrado identificarse con el votante limeño e imprimirle un aire de frescura a su candidatura es porque ella aparece como una opción nueva en la política local. La pregunta es si, en un escenario bajo la unidad de la izquierda, será posible para ella –en el caso de que el liderazgo caiga en sus manos, lo cual no va a ser sencillo teniendo en cuenta los intereses de otros caudillos como Humala o el mismo JDC dentro de ese espectro político- lograra mantener la misma imagen. Villarán tuvo mucho éxito en neutralizar las críticas por su alianza con Patria Roja, a los cuales tuvo que esconder. Pero una cosa es ver a Susana Villarán al lado de Eduardo Zegarra y otra es verla secundada por Ollanta Humala y Javier Diez Canseco. En ese escenario, será muy difícil –por no decir imposible- venderse como una alternativa novedosa.

La pregunta es que ganarían Villarán y Fuerza Social, porque al final son ellos los que ganaron la elección, con una posible unidad. Intentar una nueva versión de la Izquierda Unida no sería necesario si es que el interés en mantener el control en Lima, condicional a realizar una buena gestión en el municipio. Para ganar en más regiones y tentar el gobierno nacional, una unidad podría funcionar bajo condiciones muy restrictivas. ¿Podrá Fuerza Social minimizar la carga pasiva de una unidad con una izquierda que, a diferencia de ellos, parece en lo sustancial no haber renovado su lectura de la realidad y que mantiene esencialmente las mismas caras? Pareciera que esta izquierda tiene poco que aportar y mucho pasivo detrás.

La victoria de Susana Villarán representa la renovación de la política

“Con ella se crea la oportunidad de unificar la centroizquierda, cambio y renovación con un sentido social, poniendo freno al abuso de poder, y pensando una ciudad al servicio de la gente. Y en el país, el proceso abrió nuevos cursos. La derecha, fracturada entre fujimoristas con Alan, y los neoliberales PPC-UN, SN y Toledo, perdió terreno.” Javier Diez Canseco

Creo que Susana Villarán ha tenido éxito en proyectar esa imagen, la cual sin embargo no me parece muy precisa. Me es difícil ver una opción renovada en alguien que tiene 60 años y que fue parte de una experiencia fallida como Izquierda Unida. Me es difícil ver una opción renovada de izquierda en una alternativa que tiene a Gloria Helfer, que estuvo con Toledo y antes con Fujimori, en su equipo técnico. Ciertamente, Villarán ha logrado reunir un equipo interesante con gente de muy buen nivel (algunos con doctorados en buenas universidades), aunque no creo que sea un “dream team”, como algunos pretenden sugerir. Un buen equipo nomas, pero no da la impresión que sea mejor que el equipo de Lourdes.

Siempre he creído que una izquierda moderna le hacía falta al Perú. Una izquierda que crea en el mercado y en los derechos fundamentales de la gente. Ha sido muy afortunado que un evento tan fortuito como la inesperada tacha de Kouri haya terminado beneficiando a esta izquierda y no a alguna alternativa radical. Porque, hay que decirlo, Fuerza Social es un grupo minoritario dentro de una izquierda que en lo sustancial no se ha renovado. Aquellos que han tenido la suerte en participar en experiencias progresistas de izquierda, ya sean virtuales o partidarias, no me dejaran mentir cuando digo que es muy fácil encontrar, aun dentro de los grupos moderados, a gente que sigue creyendo que la violencia es justificable. Aunque muchos hablan de democracia y de derechos humanos, la vena totalitaria e intervencionista, producto de su militancia radical en los 70s y 80s, todavía está presente, y se manifiesta sutilmente en los debates sobre temas de coyuntura.

Por esa razón, creo que una victoria en Lima de Fuerza Social puede servir para cambiar la correlación de fuerzas al interior de la izquierda a favor de los sectores más moderados. Una izquierda moderna, critica a los autoritarismos de izquierda y a favor de un manejo responsable de la economía es lo que se necesita en el Perú. Por esa razón cualquier intento de unidad debería poner por delante un programa basado en estos ejes. Esta es una excelente oportunidad para avanzar en esa dirección.

Ojala no termine pasando que, la izquierda rancia (aquella que admira a Correa, Chavez y Evo; aquella izquierda que combatió los intentos de re-eleccion de Fujimori pero que pasa por agua tibia la continua re-eleccion de Chavez y los intentos de Evo y Correa de cambiar sus constituciones para, al mismo estilo de Fujimori, perpetuarse en el poder) termine anulando los intentos de construir una izquierda moderna en el país.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Noche española: Neoprogs, Los Secretos y una entrevista a Sala-i-Martin

Escribo esto a borde de los finales, así que será un post más que breve y probablemente el último que escriba desde Berkeley en lo que queda del año.

Primero para contarles que desde hace un tiempo formo parte de Neoprogs. ¿Qué es Neoprogs? Yo mismo no tengo idea, pero el amigo Citoyen les puede explicar cómo es el asunto. Una forma resumida de decirlo es que un neoprog es un izquierdista que no tiene vergüenza de creer en el mercado. En concreto, Neoprogs es un agregador de blogs de gente interesante que escribe desde la madre patria sobre temas de economía y política de una perspectiva liberal de izquierda. Yo, que a veces me levanto izquierdista y estoy a favor de la estatización del sistema de salud de este país (que me dice que la última vez que estuve 5 horas en la sala de emergencia le coste 10 mil dólares a mi seguro!!!...que hijos de p…) y otras me acuesto puteando el sistema de transporte público de California y extrañando las combis de mi desordenada Lima, no estoy seguro de ser liberal o izquierdista, y por tanto mucho menos seguro de ser un neoprog (aunque según el facebook soy un social liberatario centrista. Se ofrece recompensa a quien me ayude a descrifrar que es lo que significa eso). Como sea, lo único importante es que cruzando el Atlántico hay un grupo de gente interesante que vale la pena leer con la que comparto un interés en la justicia social y la creencia que el liberalismo tiene alguna respuestas que la tradición izquierdista tiene que asumir sin sentirse avergonzada por ello. Esto me parece fundamental en el Perú, en donde buena parte de la juventud “progresista” se ha quedado atrapada en la reproducción de un discurso ideológico de izquierda anquilosado, no solo inútil sino que además reñido con la ciencia y la economía moderna. Basta darse una vuelta por la web de organizaciones como Integración Estudiantil o Juventud Popular, o las juventudes del Partido Socialista, para darse cuenta de la magnitud del drama. Ojala estos grupos, junto con la arenga “otro mundo es posible”, piensen pronto en otra arenga que rece “otra izquierda es posible”.

Ya que estamos con España, les dejo una entrevista a Xavier Sala-i-Martin, probablemente el economista español de mayor reconocimiento mundial, y una canción del grupo Los Secretos titulada “Buena Chica” interpretada por Wicho de Mar de Copas.

Va para ti, "buena" chica.

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sábado, 14 de noviembre de 2009

El mito de la unidad de la izquierda

Si uno ubica el origen de la izquierda moderna en el Perú en la fundación del Partido Socialista por José Carlos Mariátegui allá por 1928, tomará nota que han pasado ya cerca de 80 años. Apenas dos años después de su fundación el partido adoptó el nombre oficial de Partido Comunista del Perú. Como menciona el informe de la CVR, el PCP tuvo un rol marginal dentro de la política del país mientras que el APRA, más a la izquierda en aquel entonces, canalizaba las demandas de los sectores populares del país. Así fue hasta 1962. La izquierda era una.

Es en aquel año en el que la izquierda sufre su primera división. Un grupo de sus militantes se separan del PCP y junto con algunos apristas disidentes se van a Cuba con la idea de entrenarse para una aventura guerrillera que, como casi todo lo que ha hecho la izquierda en el Perú, terminó en fracaso. En 1964, empieza la vocación divisoria de la izquierda: primero fue la división Bandera Roja versus Unidad, y luego del primero salieron Patria Roja y después Sendero Luminoso. A partir de Unidad surgió la llamada “nueva izquierda”, siendo los partidos más representativos el MIR y Vanguardia Revolucionaria. Y desde entonces la división de la izquierda ha sido la constante, salvo el breve periodo que sobrevivió con relativo éxito la Izquierda Unida entre 1980 y 1985-86.

Si uno hace un poco de números, es claro que -aun en su momento más exitoso- la izquierda no fue capaz de convocar a más de un tercio del electorado en el país. No tuvo la fuerza suficiente como para ganar la elección del 85, a pesar del desgaste de los partidos de derecha que gobernaron el país entre 1980 y 1985. Cerca del 70% del país no voto por ella en aquella ocasión.

Sin embargo, por alguna razón, los izquierdistas siguen añorando aquella experiencia. Nuevamente, el argumento es la unidad, como si automáticamente un candidato unitario fuese capaz de convertir el 1% que en su conjunto obtuvieron los candidatos de izquierda en las elecciones pasadas en un 30% como en el pasado. Algunos ven el giro a la izquierda en muchos de los países de la región, como una oportunidad para la izquierda local, y se lamentan que esta –por causa de sus divisiones- esté dejando pasar la oportunidad de llegar al poder.

Tengo la impresión de que muchos de los supuestos detrás de estas creencias no son válidos, en particular la idea de que el electorado en la región se ha movido a la izquierda. Efraín Gonzales de Olarte argumentaba en alguno de sus trabajos que en el caso peruano los electores suelen votar por la alternativa política que ocupe el centro electoral. Siguiendo la lógica de ese argumento, debería ser cierto que la mayoría de los votantes en el país se ubican al centro político y por tanto la única posibilidad real de la izquierda seria moverse hacia ese sector. De hecho, Ollanta Humala ha tratado de hacer lo anterior y habrá que esperar los resultados electorales del 2011 para juzgar si fue exitoso en esa dirección. Buena parte de la izquierda asume que sus banderas son compartidas por las mayorías nacionales y que por lo tanto lo central en su estrategia política se reduciría a articular una candidatura unitaria.

A partir de datos colectados por la Encuesta Ecosocial en el 2007, es posible armarnos una idea de las preferencias políticas de los peruanos y latinoamericanos. Como se observa en el gráfico, la mayor parte de los entrevistados en Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú se ubican en el centro político. Si medimos el centro político por aquellos encuestados que en la escala del 1 al 10 seleccionan 5 y 6, donde 1 es extremo izquierda y 10 es extremo derecha, tendremos que cerca del 53% de peruanos se encuentran en dicho sector. Similar al 52% de Argentina y ligeramente superior al caso chileno (47%) y colombiano (49%) y algo lejos del brasileño (39%). Salvo el caso brasileño en donde el electorado tiene niveles de preferencia políticas más sesgadas a la izquierda, en la mayoría de los países pareciera ser que el electorado prefiere el centro político, lo cual sugiere que en realidad el giro a la izquierda seria más bien un giro de los partidos de izquierda al centro. Dejo a mis amigos politólogos testear la validez de mi hipótesis.

Si el giro a la izquierda no es tal, entonces es difícil que aun una candidatura unitaria de la izquierda pueda ganar. El centro político está sobre poblado y es difícil que los candidatos de izquierda como Humala, Arana o cualquier otro sean vistos por el electorado como alternativas de centro cuando hay un Toledo o un Castañeda peleándose esa posición.

Sin embargo, la izquierda en el Perú seguirá soñando en llegar al poder como su pares en otros países de la región. Mi hipótesis es que, si ello llegase a ocurrir, no será necesariamente por la conformación de una candidatura unitaria.

Actualización I

Silvio Rendon y Farid Matuk hacen algunas precisiones sobre el divisionismo de la izquierda.

Silvio:

“Las izquierdas siempre presentaron divisiones y orígenes diversos, medio siglo antes de los sesentas.

El APRA fue un movimiento de izquierdas. De hecho fue fundada antes que el PSP de Mariátegui, como una escisión donde Mariátegui, inicialmente aprista, quedaba fuera. He ahí una división. (Antes tenemos a los anarquistas de comienzos de siglo, la mayoría de los cuales se incorporan al APRA, superados por la influencia de la revolución rusa y mexicana). En 1930 hay otra división, entre el PCP de Eudocio Ravines y el PSP de Luciano Castillo (influyente en Piura, entre los trabajadores petroleros de la IPC).

En 1947 se funda el POR, de orientación trotskista, al que se suman varios ex-apristas en los cincuentas, notablemente Ismael Frías. Varios apristas renuncian al APRA en esa época: Ciro Alegría, Magda Portal, Alberto Hidalgo.

En los sesentas tampoco todos los grupos salen del PCP o del POR, sino del APRA (el MIR) o de Acción Popular (Acción Popular Socialista y Vanguardia Revolucionaria), la Democracia Cristiana o el Movimiento Social Progresista. Es decir, no hay un origen único, comunista, en las izquierdas. Más bien hay orígenes diversos y paralelos, con una competencia por el espacio de izquierdas: Hugo Blanco regresa al Cusco con un nuevo discurso a desafiarle el terreno a los incumbent del PCP y logra tener mayor influencia. Hoy ocurre algo así con Arana vs. Humala, pero todavía queda por ver cómo se juegan las cartas en esa lid...”

Farid:

“Durante el gobierno de Bustamante y Rivero, la izquierda ya estaba dividida, como ejemplo esta el GOM (Grupo Obrero Marxista).

Para 1978, la izquierda obtiene 8% de los votos, y la ultra izquierda obtiene 12% (FOCEP y UDP). En 1980 la ultra izquierda obtiene otra vez 12% (PRT, UDP, y UNIR).

A nivel mundial nunca la ultraizquierda había obtenido una incidencia electoral tan alta como en Perú en 1978 y 1980. Pero luego la aparición de SL y MRTA, generó un conflicto armado dentro de la ultra izquierda.

Al cual se suma la represión estatal a las organizaciones legales de la izquierda en general; que trae como corolario la desaparición de la ultraizquierda tal como la definió SINAMOS.”

Polarización Política en América Latina height="500" width="100%" > value="http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf?document_id=22552305&access_key=key-ldu79c4g3invmmgwhzp&page=1&version=1&viewMode=list">

domingo, 5 de octubre de 2008

El Mito de la Izquierda Igualitaria: Igualdad, ¿pero de qué?

A partir de mis últimas entradas sobre el tema de igualdad de oportunidades (ver aquí, aquí y aquí), voy a comenzar una serie de posts discutiendo el concepto de igualdad que se desprenden de los trabajos de economistas y filósofos modernos que han discutido el tema. En particular, mi propósito es poner en cuestión esa suerte de monopolio que pretende arrogarse la izquierda sobre la lucha por la igualdad y las condiciones de vida de los más necesitados. En realidad, la dimensión de recursos materiales es solo una de las dimensiones sobre la cual podemos evaluar las diferencias entre las personas. Una de las ideas básicas que trataré de mostrar es que la visión que tiene la izquierda respecto a la desigualdad es defectuosa comparada con otras visiones alternativas.

Gran parte de esta confusión tiene que ver con la forma en que la igualdad es percibida por el ciudadano común. Cuando se habla de igualdad, lo primero que muchos piensan es la igualdad en el vector de ingresos o, en un sentido más general, de bienes materiales. Los teóricos de la justicia modernos concuerdan que dicha visión, que es básicamente la defendida por la izquierda, es básicamente defectuosa, como se desprende de mis posts sobre igualdad de oportunidades y que espero desarrollar en los posts siguientes.

Antes de empezar nuestra discusión sobre a los problemas económicos y filosóficos de la desigualdad, es pertinente hacer explícitas dos cuestiones básicas señaladas por Amartya Sen respecto al tema distributivo. En primer lugar es preciso reconocer que el asunto de la igualdad, y las demandas que emergen en búsqueda de esta, no pueden obviar el hecho fundamental de que los seres humanos son esencialmente diversos, tanto en sus atributos internos como a los factores externos con los que se enfrentan. El no reconocimiento de estas diferencias puede derivar en la incapacidad para comprender la naturaleza y los alcances de la problemática distributiva.

En segundo lugar, existe una multiplicidad de variables a partir es posible juzgar la igualdad. De esta manera, la diversidad humana conduce a divergencias en la valoración de la igualdad cuando esta se contrasta con variables distintas. De allí la relevancia de plantear correctamente que entendemos por igualdad y sobre de qué tipo de ésta estamos hablando.

Los seres humanos somos muy diferentes en distintos respectos. Estamos sujetos a distintas características y circunstancias tanto externas como internas. Llegamos a este mundo provistos de diferentes dotaciones de activos, recursos y talentos. Tenemos distintos orígenes familiares, somos de razas diferentes y, claro está, de diversos géneros. Vivimos en ambientes naturales y sociales cuyas diferencias condicionan nuestras oportunidades y posibilidades de ser y hacer. Somos, en suma, producto de las diversas condiciones con las que empezamos nuestra existencia y de las circunstancias en la que ésta se desenvuelve.

Dependiendo de la forma en que estas diferencias se traduzcan en términos de disparidades de ingreso y riqueza es que podremos considerar a la desigualdad como un problema ético. Si la desigualdad distributiva es resultado, en parte, de las diferencias individuales en las dotaciones de activos y recursos que se constituyen por tanto en factores que escapan del control de los individuos (y por ende “moralmente arbitrarios”), estaremos entonces frente a una situación éticamente problemática, puesto que el conjunto de factores claves para la creación de riqueza resultan siendo “externos” al individuo. Sin embargo, las disparidades de ingreso y riqueza son reflejo también de diferencias individuales en materia de esfuerzo, ambición y disposición de asumir riesgos. Dado que estos factores pertenecen al ámbito de la responsabilidad personal resulta siendo evidente que no toda desigualdad del ingreso termina siendo un problema ético.

Entonces, las diferencias existentes entre los individuos en términos de atributos personales y de características externas son de vital importancia para evaluar la desigualdad. Ello es así puesto que la igualdad en un ámbito determinado generalmente suele ir acompañada con desigualdades en otros ámbitos alternativos. Si, por ejemplo, se lograse construir un sistema social en el cual se asegure un nivel de ingresos similar para todos los individuos, ello no nos garantizaría que todos estos logren alcanzar un mismo nivel de bienestar. Aquellos miembros de la sociedad que tuviesen, por ejemplo, algún tipo de falencia física se verían limitados para realizar la transformación del ingreso obtenido en términos de bienestar debido a la carencia de algunas capacidades básicas para llevar a cabo el tipo de vida que valoran. Así, la desigualdad con respecto a una variable (por ejemplo, ingresos) puede llevarnos en una dirección muy diferente de la desigualdad en el ámbito de otra variable (por ejemplo, derechos o bienestar).

Dada la pluralidad de variables sobre las cuales es factible centrar nuestra atención (ingreso, patrimonio, utilidades, recursos, libertades, derechos, calidad de vida, etc.) con el propósito de evaluar la igualdad interpersonal, resulta siendo difícil la elección del conjunto de éstas que constituirán nuestro enfoque de evaluación, elección sin duda crucial para una adecuada aproximación al tema que nos interesa.

Las distintas teorías normativas al respecto siempre han exigido la igualdad de “algo” en particular, en razón de la importancia intrínseca y/o instrumental de ese “algo”. Así, por ejemplo, encontramos en las propuestas de John Rawls un reclamo a favor de la igualdad de libertades e igualdad en el acceso a “bienes primarios”. Amartya Sen nos habla de igualdad de capacidades mientras que Donald Dworkin nos plantea la igualdad en el acceso y control de los recursos. Inclusive, aun quienes rechazan la noción de justicia distributiva abogan por un tipo particular de igualdad. Por ejemplo, Robert Nozick es partidario de la igualdad de derechos libertarios de los individuos.

Finalmente, y aunque no suele ser reconocido, en la postura utilitarista subyace un tipo particular de igualdad. Esta consiste tratar por igual a los seres humanos en el ámbito de ganancias y pérdidas de utilidades, asignándoles igual ponderación en la función objetivo utilitarista de las ganancias de utilidad de cualquier individuo. Como bien señala Amartya Sen, “...el utilitarismo concede exactamente la misma importancia a las utilidades de todos los individuos con respecto a la función objetivo, y esta característica, unida a la formula de maximización, garantiza que las ganancias de utilidad de cada individuo tengan igual ponderación en el ejercicio de maximización”.

¿Cuál es el enfoque es más adecuado para juzgar la (des)igualdad? Como en todo campo de conocimiento es difícil encontrar un enfoque que se encuentre exento de dificultades, tanto teóricas como prácticas. En los posts siguientes discutiré las visiones sobre justicia distributiva más conocidas.

sábado, 2 de agosto de 2008

Thinking about Chavez: what does the data say?

Mi entrañable amiga Dorothy ha escrito un post interesante en el blog Caracas Chronicles sobre una reunión reciente en la cámara de representantes sobre la política exterior estadounidense respecto a Venezuela. La postura de Dorothy se podría resumir en que seria un error que Estados Unidos insista en una conducta hostil hacia Venezuela bajo al argumento de que esta es un Estado que promueve el terrorismo.

En lo personal, tengo la impresión que el régimen chavista puede ser criticado severamente si es que hacemos una evaluación general de su performance, y no solo un análisis de su política exterior, mas aun si tenemos en cuenta que en muchos países de la región la izquierda lo tiene como uno de sus referentes. Para mi mala suerte, no he tenido la misma ventaja que tuvo Dorothy de vivir cerca de un año en Venezuela. Apenas si pase unos días por allá (aunque los suficientes para entretener mi vista con la belleza de sus mujeres, algo que por cierto fue el único tema del que hable con Chávez cuando lo conocí en una reunión de presidentes en México a la que me invitaron). Pero si he visto alguna literatura y algún debate sobre los efectos de las políticas chavistas sobre el bienestar de los venezolanos más pobres. Mas allá de los encendidos debates ideológicos sobre las bondades y las deficiencias del chavismo, veamos que dicen los datos.

Por suerte, Francisco Rodriguez de Wesleyan University ha escrito con sus co-autores diversos trabajos sobre el tema. Mas o menos su argumento básico es que los pobres no están mejor con Chávez. En un articulo publicado en Foreign Affairs de March/April del 2008, titulado "An Empty Revolution: The Unfulfilled Promises of Hugo Chávez," sostiene que:
“Neither official statistics nor independent estimates show any evidence that Chávez has reoriented state priorities to benefit the poor. Most health and human development indicators have shown no significant improvement beyond that which is normal in the midst of an oil boom. Indeed, some have deteriorated worryingly, and official estimates indicate that income inequality has increased. The "Chávez is good for the poor" hypothesis is inconsistent with the facts.”

Si usted, amigo lector, es simpatizante de Chavez, vale la pena leer el articulo completo. La evidencia que presenta el autor basta como para echar por tierra muchos de los lugares comunes que uno escucha en nuestra izquierda local. Sin embargo, eso no significa que los argumentos de Rodriguez no sean debatibles, y de hecho Mark Weisbrot, un académico del Center for Economic Policy Research (un think-tank de izquierda basado en Washington, DC) ha escrito un articulo cuestionando la evidencia de Rodriguez, el mismo que a su vez a merecido una contra-replica de este ultimo (ver mas criticas de Weisbrot en su pagina web). Tengo la impresión de que Rodriguez son más acertados que los de Weisbrot, pero cada cual puede formarse una opinión al respecto a partir de una lectura de los papers de los mencionados y en tanto surja mas evidencia y/o se mejore la calidad de la ya existente no podremos ser concluyentes en una direccion o la otra.

Rodriguez también ha escrito (con uno de sus co-autores) un paper en donde realiza una evaluación de impacto de la llamada misión Robinson, titulado "Freed from Illiteracy? A Closer Look at Venezuela's Robinson Literacy Campaign", a publicarse en la revista Economic Development and Cultural Change. En dicho paper los autores encuentran que el efecto del programa es bastante pequeño y que en algunas especificaciones dichos resultados no son estadísticamente significativos. Weisbrot (y un co-autor) ha escrito también una critica a este paper, la cual también ha merecido una contra-replica de los autores. Vale la pena leer los papers, pues me parece un caso interesante de discusión entre gente que sabe del asunto y con argumentos interesantes, de las que uno no encuentra en panfletos virtuales como Rebelión.

Bueno, para terminar, solo quiero volver a mi punto inicial respecto a la naturaleza que debería tener una discusión sobre temas tan controversiales como el caso de Venezuela. Creo que, después de la discusión normativa del asunto, no deberíamos no mirar los datos que existan al respecto. Desde un punto normativo, tengo un argumento fuerte en contra del Chavismo por su carácter personalista y caudillista, que –según me parece- no ha funcionado en la mayoría de los países de la región. El problema con Venezuela es que, de un tiempo a esta parte, el régimen democrático tampoco parece haber funcionado bien y para algunos eso basta para admitir un régimen autocrático (no olvidemos que en los latinobarometros una proporción importante de la gente de la región no tendría problemas en aceptar regímenes autocráticos si es que estos son mas efectivos). Además del argumento normativo, existe evidencia –no libre de controversia, claro esta- que el régimen tampoco funciona bien para los más pobres. Creo que, si el argumento normativo en contra de Chavez no es suficiente para algunos, al menos un argumento positivo que sugiera lo que muchos sospechamos respecto a la incapacidad de los gobiernos populistas de favorecer a los más pobres debería funcionar como condición suficiente.

sábado, 14 de junio de 2008

Algunas ideas sobre el “socialismo del siglo XXI”


De un tiempo a esta parte, muchos han empezado a hablar del llamado “socialismo del siglo XXI”, sobre todo a partir de la experiencia chavista en Venezuela. Algunos otros, animados por lo anterior, vienen discutiendo los fundamentos conceptuales y teóricos de esta nueva versión del socialismo. El termino como tal, fue acuñado por Heinz Dieterich Steffan en 1996 en un trabajo titulado “El Socialismo del Siglo XXI” que esta disponible en la web para los interesados. En realidad, el trabajo de esta autor no ofrece mucho en términos conceptuales, por lo que no constituye en si una reformulación sofisticada del viejo socialismo teórico ramplón. Mucho menos en lo económico, en donde el autor sugiere una propuesta muy gasesosa de “economía de los valores”, que no es mas que un regreso acrítico a la teoría del valor de Marx en vez de la ley de la oferta y la demanda. En síntesis, no hay mucha novedad y por eso el socialismo –a mi entender- no ha podido aun ser rescatado del basurero de la historia de las ideas como pretenden sus seguidores contemporáneos. Aquí van algunos comentarios a algunos lugares comunes que uno escucha de los pseudo-teóricos socialistas modernos:

a) El primer comentario tiene que ver con esta idea de que el socialismo como tal se encuentra actualmente en el "basurero de la historia de las ideas". Ciertamente, el socialismo tiene sus defensores y en algunos lugares hay presidentes que se reclaman socialistas. Pero eso no significa que el socialismo tenga una base teórica respetable detrás de esa praxis política, y como diría Adolfo Figueroa, no hay mejor manera de ser prácticos que con una buena teoría. Nuestros socialistas de la región no la tienen, por eso que en la practica hacen cualquier cosa en la economía (sino vean a Kichner en Argentina o Chavez en Venezuela) o simplemente siguen los criterios básicos de la economía de mercado (aunque no les guste, liberal) como es el caso de los chilenos. En ese sentido, mi afirmación es simplemente una descripción, pues no hay teoría socialista seria (en un sentido que definiré luego) que respalde esa praxis política, y la que hubo simplemente cayo en desuso, al basurero de la historia de las ideas, junto a la alquimia, la astrología, y esperemos que prontamente, el psicoanalisis. De hecho, si eso no fuera cierto, no tendría sentido debatir sobre su construcción teórica, pues es lo que implícitamente se sugiere cuando reclama que la tarea teórica del momento construir un socialismo del siglo XXI.

b) Ciertamente el socialismo fue mucho mas que Rusia (en donde fracaso) y China (en donde sensatamente dieron vuelta al mercado y ahora es la economía que más crece). Sin embargo, desde el punto de vista teórico eso no importa mucho. Lo que importa aquí es el fracaso teórico. Y, a pesar de que los socialistas han levantado la cabeza y ganan posiciones en el terreno político, están en la incomoda posición de que no tienen una visión de mundo alternativa a la liberal sustentada en una nueva lectura de la realidad.

c) Mas allá de unos cuantos intentos de acomodo en las ciencias sociales blandas como la historia y la sociología, en las ciencias sociales fuertes como la economía, los enfoques socialistas están simplemente desterrados debido a su inutilidad, por no mencionar las ciencias naturales en donde los métodos marxistas inspirados en el materialismo dialectico harían soltar carcajadas a los intelectuales mas serios. Sino, ¿alguien podría decirme cual es el fundamento teórico para la organización económica de la sociedad en el socialismo actual? ¿Planificación centralizada de los medios de producción todavía? Simplemente no tienen nada, ante el fracaso de esos esquemas de planificación, no han sugerido una alternativa para la organización económica de la producción y distribución que signifique un reto al mercado. Por eso sugeriría una re-lecturas socialista en el plano económico, pues esa es precisamente la debilidad más grande de los socialistas post-caida del muro. Se quedaron sin teoría económica, por no mencionar teoría política, su teoría de la historia y demás.

d) El rigor en la ciencia no lo define el gusto ni las preferencias políticas. Ciertamente, no existe un criterio de demarcación entre lo científico y no científico que este exento de problemas filosóficos. Sin embargo, si existen ciertas pautas y reglas que hacen que no cualquier cosa pase por científica, y en todas ellas a los socialistas les va muy mal, demasiado mal diría yo, tanto que uno llega a sentir compasión y vergüenza ajena. El criterio básico es que las teorías científicas deberían ser pasibles a un mecanismo de contrastación empírica, mecanismos que han ido evolucionando, pasando desde la verificación positivista propuesta por los filósofos del Circulo de Viena hasta el falsacionismo sofisticado sugerido por Popper y Lakatos. Asimismo, la competencia entre científicos funciona tambien como un mecanismo de control importante, y permite en gran medida el progreso cientifico. Como sea, ninguna teoría socialista ha resistido el test empírico, de ahí que sean precisamente las predicciones de las teorías de Marx los ejemplos típicos de una teoría degenerada (incapaz de predecir adecuadamente la realidad que se propone explicar) en cualquier curso básico de la teoría de la ciencia. Pretender construir algo nuevo con un enfoque que adolece de estos problemas, si me parece una perdida de tiempo.

e) Tal vez, cuando la izquierda habla de socialismo se refiere mas que a las ideas, al conjunto de valores que subyacían al socialismo, y de ahí esa reivindicación del socialismo que sugiere buena parte de la izquierda latinoamericana. Si es así, entonces estamos ante dos cosas: a) o diferenciamos el asunto, y aclaramos de partida que nos definimos socialistas por los valores que asociamos al socialismo mas que por una teoría socialista, o b) reivindicamos un socialismo teórico de partida como necesidad a la praxis política, y por tanto se parte de cero reconociendo lo errado de nuestras concepciones anteriores y reconociendo nuestra desnudez teórica, y de paso no nos molestamos cuando se nos dice que la teoría marxista pertenece al basurero de la historia de las ideas. En el primer caso, no tendríamos necesidad de definirnos como socialistas porque dichos valores no son patrimonio exclusivo de las teorías socialistas (por ejemplo, el valor de la igualdad es compartida por el liberalismo moderno como es el caso de Sen, Rawls y Dworkin), mientras que en el segundo tendríamos que partir de cero, por lo que tampoco es necesario definir como "socialismo" el producto final del ejercicio de reflexión teórica.

Para terminar, mi punto es que mis amigos socialistas están un poco desorientados. Solo tienen un nombre y un pasado común, pero sin teoría y principios comunes consistentes con un programa de investigación progresivo, el resultado será un variopinto grupo de gentes llamándose socialistas y haciendo cosas completamente disimiles, como ya ocurre en la actualidad. Si hay que empezar de cero, ¿porque insistir con el pasado? ¿Porque insistir en llamarse socialistas cuando gran parte de lo que se definió de esa manera fracaso en lo teórico y en lo practico, sin haber ocurrido un proceso de reconstrucción teórica? El día en que los socialistas se pongan en serio a reflexionar sobre la realidad (sin repetir sus viejas monsergas) y testear sus teorías tendrán cabida en la ciencia moderna. Sino, solo serán objeto de burla y ejemplo de mala ciencia. Seguirá en el basurero de la historia de las ideas.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Por que no soy de derecha


Ser de derecha en el Perú debe ser una tarea muy difícil. Al igual que en el caso de la izquierda, los mecanismos institucionales de participación son muy escasos por no decir casi nulos. Es interesante que, mientras desde la izquierda uno siempre escucha lamentaciones sobre un pasado que fue y ya no será, no ocurra lo mismo desde la derecha. A pesar de que mucho del sentido común y/o principios políticos que, al menos teóricamente, corresponden a los fueros de la derecha han terminado imponiendose ideológicamente, ello casi no ha influenciado en una mejora en términos del apego popular a este sector político. En ese sentido, en el Perú se vive no solo una crisis de la izquierda, si no también de la derecha.

Recuerdo que una de las primeras cosas que me llamo la atención en mi primer día de clases en la universidad fue una pancarta inmensa de un grupo llamado Juventud Popular, situada cerca de la entrada de la facultad de ciencias sociales, llamando a combatir el modelo “neoliberal”. Este grupo era (o es?) uno de los tantos de inclinación de izquierda radical que hay en una universidad que se enorgullece por representar la diversidad del país. Sin embargo, era muy difícil encontrar en esa “diversidad”, organizaciones estudiantiles vinculadas a los partidos de derecha o que promuevan ideas que se encuentren políticamente asociadas a este sector. Solo recuerdo un grupo, llamado Circulo de Estudios Von Mises, de orientación liberal pero de una naturaleza más académica que política, y ciertamente no eran más que unos cuantos gatos. Claramente, la cercanía con el ciudadano no ha sido una característica de nuestra derecha política.

Creo que esta es una de las primeras razones por la que no soy de derecha: ausencia de canales de participación. Si la derecha hubiera tenido interés, no le habría sido muy difícil involucrar a un sector importante de mi generación. Con el modelo económico funcionando, la derrota de un terrorismo asociado a la izquierda y ante el descalabro ideológico/partidario de esta ultima, dicha tarea hubiera sido sencilla. Sin embargo, ello no fue así, y una de las razones de ello es que la crisis de fines de los ochenta no solo significo el colapso de los partidos de izquierda si no del todo el sistema de partidos en su conjunto: la derecha cogobernó al país durante la primera mitad de los ochentas y por tanto co-responsable del fracaso en el manejo económico y en la gestión de la cosa publica durante dicha década. Es muy difícil querer hacer política sin partidos y, lamentablemente, esa es la situación actual del país. La transición democrática luego del régimen autocrático de Fujimori ocurrió con el mismo cadavérico sistema de partidos responsable del fracaso de los ochenta y hasta ahora no han surgido nuevos sujetos políticos capaces de revertir la situación.

Sin embargo, y más allá de lo anterior, la verdadera razón por las que no soy de derecha es básicamente la misma por las que cuestiono a la izquierda: no se toman en serio la democracia. Tanto la derecha como la izquierda en el país se han caracterizado por su vena autoritaria, una apoyando regímenes autocráticos como el de Fujimori, y la otra a dictaduras como la de Velasco o, peor aun, movimientos insurreccionales como ocurría en los 70’s. Tampoco parece interesarles mucho los DDHH: la derecha con un Cipriani o un Rafael Rey diciendo abiertamente que los DDHH son una cojudez y atacando cada vez que pueden el informe de la CVR, y la izquierda con su defensa y/o ambivalencia con las FARC y su silencio ante las violaciones de los DDHH en Cuba.

En el Perú, la derecha nunca se ha tomado en serio el liberalismo, en especial principios liberales fundamentales como la defensa de los derechos políticos de TODOS los ciudadanos, incluidos los más pobres (tampoco lo hace la izquierda, pero convengamos que eso es esperable dada su tradición política marxista y su compromiso táctico mas que real con las libertades políticas). El accionar de la derecha en el Perú ha estado más enfocado a proteger los derechos de propiedad de los poderosos y a permitir el desarrollo de un sistema económico excluyente e inequitativo por encima de los derechos políticos fundamentales de todos los ciudadanos, supuestamente un elemento fundamental de las tradiciones filosóficas que la sustentan. Si no, como explicar que haya sido precisamente durante un gobierno de derecha como el de Acción Popular y el PPC, el periodo en el que se cometió el mayor numero de violaciones de DDHH? Mientras Belaunde, considerado ahora un paladín de la democracia, estaba en Palacio, miles de compatriotas eran arrestados, sometidos a tortura y ejecutados extrajudicialmente por el Ejército en una batalla indiscriminada y mal orientada contra el terrorismo de izquierda senderista.

Mientras haya en la derecha gente que reivindique las violaciones a los DDHH perpetradas durante el Gobierno de Fujimori o las considere como un “mal necesario” para lograr la pacificación, me sentiré orgulloso de despreciar a la derecha. Mientras hayan Reyes y Ciprianis, me sentiré orgulloso de despreciar a la derecha. Mientras haya en la derecha gente que no le moleste vivir bajo un régimen dictatorial si es que ello le asegura el respeto de sus derechos de propiedad, me sentiré orgulloso de aborrecerla.

Tal vez el reto más grande que le corresponde asumir a mi generación es deshacernos de estas derechas e izquierdas de mierda que tenemos, y empezar a construir un sistema de partidos moderno, incluyente y realmente democrático, en donde no volvamos a ver a gente como Rafael Rey denostando a la CVR ni a gente como Diez Canseco bloqueando eventos de disidentes cubanos en el Congreso. El reto esta ahí. Ya nos toca, no?

martes, 27 de mayo de 2008

Progresistas "Ingenuos" versus Progresistas "Sofisticados": la izquierda peruana al banquillo de la historia

Comparto este texto que escribí hace un año sobre, lo que creo, es el perfil de la izquierda actual en el Perú. Lo hago a partir de las informaciones a las que he tenido acceso sobre la llamada Cumbre de los Pueblos. Creo que lo interesantes de estos espacios es que están permitiendo distinguir con mayor claridad quienes han realmente evolucionado a partir de las concepciones erradas que sostenía la izquierda en los 70, y quienes, al final del día, persisten en sostener creencias fracasadas, y –lo que es peor aun- peligrosas para el desarrollo de una opción progresista que pretenda contribuir a la mejora de las condiciones de vida de los excluidos y pobres de nuestro país. La sensación es que la izquierda que el Perú necesita no existe y la que hay deberíamos mandarla a Ecuador o Bolivia.

La izquierda nos ha costado mucho a todos los peruanos. Y en esto hay que ser claros. Apostaron por una opción violentista y totalitaria como solución a los problemas del país y el resultado final solo fue mas atraso, destrucción y miles de familias desintegradas, siendo las victimas principales de todo esto precisamente a quienes se buscaba “liberar” de la opresión. Y en eso no hay quien no se moje con la lluvia, porque al final del día la única diferencia entre Sendero y la mayoría de los sectores de la izquierda es que Sendero fue el único grupo que tomo las armas, lo que era lugar común en el programa de cualquier movimiento de izquierda en aquel entonces. Y esa opción por la violencia no tiene justificación ahora ni tampoco la tenia en aquel entonces. Por eso me sorprende mucho cuando hay gente por ahí que justifica las creencias erradas y totalitarias que sostenía su generación bajo el argumento de que “éramos idealistas y queríamos transformar el mundo”. Me parece una excusa muy tonta, porque bajo esa lógica uno puede justificar las peores atrocidades que ha padecido la humanidad. Es esa explosiva combinación que surge de una ideología totalitaria y colectivos proclives a un idealismo ramplon en donde la actitud critica es considerada peligrosa y “revisionista”; grupos que se creen portadores de la “verdad” y salvadores del mundo. Es la misma combinación que mueve a los terroristas musulmanes para asesinar gente inocente so pretexto de agradar a su Dios. No hay nada que excuse el haber sostenido una opción violentista, sectaria y autoritaria, y eso será parte del triste legado histórico que nos deja su generación a quienes somos mas jóvenes. No hay lugar para la redención histórica ni para el perdón.

De ahí que la vanguardia de un movimiento progresista le corresponda a mi generación. Ante su fracaso, buena parte de la gente de su generación se ha dedicado a competir por migajas del poder, subiéndose al carro de quien les de un poco de espacio (Humala es el ejemplo mas reciente). Ya no quieren pensar el país, se limitan a maquillar sus viejas y desfasadas lecturas de nuestra realidad, jugando a dicotomías simplistas en donde hay “buenos” y “malos”, buscando contradicciones en realidades cuya complejidad requieren un análisis mas fino y con una actitud sectaria que soterradamente considera a visiones distintas a la suyas como “neoliberales” o “burguesas”. Algunos, más despistados aun, persisten en sostener viejas ideas y a caer en absurdas contradicciones. Todavía se dejan seducir por opciones totalitarias y caudillistas como la de Hugo Chávez, o todavía miran con nostalgia y simpatía la dictadura cubana. Sin embargo, eso no significa que los mas jóvenes debamos tomar una actitud excluyente con las generaciones que nos antecedieron. Creo que es solo un tema de quien va a la vanguardia pues la experiencia acumulada por generaciones anteriores es sumamente útil, aunque en la mayoría de los casos solo sirva para saber por donde no debemos ir. El tema, para nosotros, es con quienes podemos contar y a quienes debemos, no solamente dejar de lado, sino combatir política e ideológicamente hasta neutralizarlos y hacerlos inofensivos.

El punto crucial es entonces con quienes podemos contar para la construcción de una opción progresista (obvio el uso de la palabra izquierda porque dejo de tener un sentido util) incluyente. Y es aquí donde uno puede distinguir dos tipos de progresistas: el “progresista ingenuo” y el “progresista sofisticado”. Voy a tratar de caracterizar ambos tipos de progresistas.
El progresista ingenuo es el tipo de progresista que, en el fondo, no aprendió nada de los errores del pasado. Es aquel que no condena la violencia, sino que inclusive la “santifica” cuando viene del “pueblo”, y la considera un método valido de praxis política. Es aquel que no se toma la democracia en serio, pues aunque proclame ser demócrata defiende regímenes dictatoriales como el cubano o el venezolano, aunque de democráticos no tengan nada y en donde las libertades del “pueblo” están flagrantemente restringidas. Claro esta, justifican sus contradicciones basándose en supuestos logros sociales de estos regímenes, dejando de lado el hecho de que precisamente en ausencia de libertades políticas dichos logros no constituyen derechos en si mismos.

El progresista ingenuo es intolerante a la diversidad de ideas y a la crítica, se siente –aunque no lo expresa abiertamente- dueño de la verdad, y por tanto no tolera visiones alternativas que cuestionen la suya, ni que menoscaben su purismo ideológico. Habla todavía de “movimiento popular”, y mete en el mismo saco a todo colectivo excluido tratándolos como un ente homogéneo, del cual –como no podría ser de otra manera- se siente portavoz –aunque dicho “pueblo” lo rechace continuamente en cualquier elección- y además tutor, pues se preocupa –¡como si pudiera eso ser posible!- de cuidar que dicho movimiento no se “contamine” con ideas “burguesas”.

El progresista ingenuo suele razonar con falacias. No debate, solo acusa. Anda armado de frases hechas para descalificar al adversario en vez de derrotarlo con ideas. Es también un animal religioso e iluso, todavía sueña con una sociedad perfecta –la promesa de Marx: el comunismo-, en donde no habrá conflictos y todos serán felices porque no existirá propiedad privada. Cree todavía, muy ingenuamente claro esta, que los experimentos socialistas fueron mal llevados y que, en realidad, no fallo la teoría sino la aplicación. Por eso que todavía tiene esperanza en la “revolución”, sobre todo allá en donde propuestas de izquierda han ganado las elecciones, en donde –según forma simplista de ver el mundo- los “cruzados” izquierdistas deberán luchar contra los “malos” de la derecha, quienes se oponen al “pueblo” en su intento de redimirlo de la pobreza.

El progresista ingenuo es voluntarista. Piensa que para cambiar el statu quo basta ganar el poder y neutralizar a los “malos”, usualmente la derecha, Estados Unidos, el Banco Mundial, el Fondo Monetario, o cualquier cosa que represente a los “enemigos del pueblo”. Este es su peor rasgo y el que me desagrada más por sus implicancias para el desarrollo. Dado que se quedo en el pasado con su teoría anquilosada –o con una actualización monse de las que abundan en Rebelión-, se resiste a incorporar en su lectura de la realidad los nuevos avances de las ciencias sociales, porque dice, como no podría ser de otra manera, que son expresiones de las ciencias “burguesas” y por tanto reflejan los intereses de la clases dominantes. La consecuencia de ello es la inocencia con la que pretenden llevar a cabo sus planes de transformación cuando llegan al poder. Desconociendo los avances de la moderna economía política, pretenden cambiar el estado de cosas con asambleas constituyentes y cambios en las reglas de juego, como si ese tipo de estrategias no fuesen fácilmente reversibles en contextos institucionales disfuncionales como el nuestro, y el de nuestros vecinos cercanos. Aplauden hasta con los pies las iniciativas que en ese sentido se plantean en Ecuador, Bolivia o Venezuela, y seguro –cuando fracasen, como es de esperarse- ya encontraran un culpable a quien cargarle el “muerto”.

En cambio, el progresista sofisticado es aquel que logro evolucionar, acepto los errores del pasado y tiene una actitud mas abierta hacia otros sectores de la sociedad en la tarea de sacar al país del atraso. Es consecuentemente demócrata y pacifista, condena toda forma de dictadura, aun la que se ejerce en nombre del pueblo como en Cuba, y le da asco los regimenes de naturaleza autoritaria, no solo porque ha padecido las nefastas consecuencias de los mismos, sino porque también reconoce que no hay régimen autoritario que no deje a su paso una secuela de violaciones a los derechos de las personas. Reconoce las limitaciones de la democracia formal y de la economía de mercado, pero –a diferencia del pasado- entiende que la solución no pasa por subvertirlas, sino más bien radicalizarlas y extenderlas a quienes no tienen la posibilidad de disfrutarlas. Es realista y secular, ya no tiene fe en soluciones mágicas sacadas del manual de Hanecker, y se enfrenta a la tarea de repensar seriamente el país tomando los avances mas recientes de la ciencia, siendo consciente siempre de su carácter temporal y mejorable. Es principista, promueve los valores de la solidaridad y la equidad pero no pretende imponérselos a los demás. Es defensor de los derechos humanos, inclusive de quienes los violaron, y no justifica todo lo que venga de los excluidos tan solo porque son excluidos. Esta con ellos, pero no se arroga su representación, menos aun cuando en los últimos anos ese mismo pueblo le ha dado las espaldas electoralmente. No es populista y respeta los principios macroeconómicos básicos pues es consciente que las crisis macroeconómicas son muy perjudiciales para los más pobres. Tampoco le teme a los arreglos comerciales, pues es consciente de la evidencia internacional que indica que los países abiertos a la competencia internacional han logrado expandir el bienestar de sus ciudadanos mas rápidamente que aquellos que no lo hicieron. Respeta la propiedad privada y la defiende, y es consciente de que es necesario extender la misma a quienes no la tienen o que no tienen sus derechos de propiedad reconocidos. Apuesta por un estado activo en políticas que extiendan los derechos económicos y sociales de todos sus ciudadanos, pero detesta un estado rentista y mercantilista, con grupos de poder que viven a costas de los impuestos de todos bajo cualquier pretexto de supuesto desarrollo agrícola o industrial.

Claro esta, estos dos tipos de progresistas solo son caricaturas, y en la práctica tenemos progresistas que tienen más o menos de los dos tipos que he tratado de describir. Claramente, la apuesta es promover una corriente política con progresistas que se aproximen a lo que es un progresista sofisticado. Ciertamente, aquí hay un tema de que tipo de cosas podemos tolerar de un progresista que esta a medio camino entre los que he descrito. Creo que, mientras hay muchas cosas susceptibles a negociación, no es posible transar en dos cosas: democracia y paz. Aquellos a los que todavía los seduce opciones autoritarias o posturas violentistas no deberían tener cabida en una opción progresista moderna. A esa gente, como diría Lenin en relación a la burguesía, hay que aplastarle la cabeza. Ideológicamente hablando, claro esta.

Dilemas Generacionales de la Izquierda: respuesta a un progresista ingenuo


En los últimos años, he tenido la suerte de discutir mucho y formar mis ideas a partir de debates con muchas personas que tuvieron una militancia de izquierda en los 70’s y 80’s. Debo confesar que en ocasiones es difícil entenderlos: suelen manejar una mística y lenguaje que, para cualquier miembro de mi generación, suele ser incomprensible. Comparto una comunicación con uno de estos personajes con el cual he discrepado en varias oportunidades en un foro de discusión política. Lo hago porque creo que refleja un problema generacional importante, si es que –desde una perspectiva progresista- se busca integrar a los mas jóvenes en un proyecto político de mediano alcance en Perú.
(Foto tomada de aqui)
Oscar,

Gracias por tu mail. Voy a aprovechar lo que escribes para poner en evidencia algunos lugares comunes que suelo encontrar en personas con tu formación y militancia pasadas.

1. Creo que es un error fundamental evaluar las acciones y creencias de personas de una generación como la mía a partir de las experiencias y creencias que compartió tu generación. Dices que consideras lamentable mi "perdida de identidad" y el que me haya "vendido al sistema". Sinceramente, de no ser por mi auto-formación previa, me seria muy dificil entenderte. A diferencia tuya y de tu generación, yo nunca he aborrecido al sistema capitalista, ni al Banco Mundial o cualquiera de los iconos que identificas como el "sistema". Nunca he creido en el credo socialista ni comparti los ideales revolucionarios que sostuviste y aparentemente sostienes aun. Nunca he pretendido abolir la propiedad privada ni acabar con la burguesia. Nunca me he querido cambiar el mundo, por lo menos no en la manera en que tu y tu generacion pretendieron -fracasadamente- hacerlo.

2. Siendo ello asi, no veo como puedo haber perdido mi identidad o haberme vendido al sistema. Digo lo que digo simplemente porque lo creo así. A mi nadie me paga por defender las ideas que defiendo, las mismas que son esencialmente las mismas que vengo desarrollando desde que estaba en la universidad. Mis compañeros de aulas o aquellos que me conocen desde mi fase politica universitaria pueden dar fe de ello. Siempre combatí a los grupos radicales de San Marcos precisamente porque replicaban todos los vicios de la participación política universitaria de los 70's. Nunca estuve de acuerdo con la gratuidad indiscriminada de la enseñanza ni con la mal entendida autonomía universitaria. Siempre me molesto que solo se movilizaran para cuestionar el modelo "neoliberal" mientras no hacían nada realmente para promover la mejora de la calidad de la enseñanza o mejorar los servicios para el estudiantado, y por el contrario promovían medidas que relejaban la exigencia para beneficiar al estudiantado mediocre que los sostenía electoralmente. Nunca vi a alguno de ellos reclamando por mejores bibliotecas o softwares para el trabajo estadístico. Siempre era el modelo neoliberal y la gratuidad de la enseñanza. Solo eran un banda de mediocres.

3. Soy un investigador. Ese es mi chamba y es lo que me gusta. Trato de hacerlo lo mejor posible de modo tal que lo que hago sirva para una mejor toma de decisiones de política. Como tal, lo que me interesa primariamente en la consistencia empírica y lógica de lo que hago, indicar sus limitaciones teorico-empiricas y sugerir vias para aproximarnos mejor al tema de estudio. El uso de política publica de lo que hago no me corresponde. A diferencia de Marx, yo no quiero cambiar al mundo, solo estudiarlo. Si alguien utiliza lo que hago para promover reformas en alguna dirección que cambien el mundo, me parecerá genial, pero para eso no me he entrenado. Creo que el modelo del intelectual comprometido es una tontería: mi único compromiso es con la verdad científica. Esta eso mal? Tal vez si hubiera estudiado en los 70's me hubieran acusado de falta de compromiso, pero yo estudie en los 90's y crecí con las consecuencias de una generación (la tuya) con muchos mesías y salvadores del mundo que se creyó portadora de la verdad y se creyó el cuento de que con la violencia solucionarían de porrazo todos los problemas del mundo. Yo vi muchos muertos y padecí de falta de luz e inseguridad cotidiana gracias a sus creencias violentistas. Por eso que soy critico de los que ahora siguen reivindicando la violencia, Cuba o a Chávez, porque insisten con formulas fracasadas y encima manejan lecturas de la realidad que ya no son sostenibles dado el progreso científico.

Eso no significa que no crea en algo. Creo que todos debemos tener condiciones básicas de igualdad de oportunidades y el acceso a un marco cada vez mas amplio de libertades positivas (capacidad de poder ser y hacer). Mi compromiso se refleja en los temas que estudio. Aspiro a generar conocimiento que ayuden a la formulación de políticas que mejoren las condiciones de vida de los que menos tienen. Pero hacerlo seriamente, poniendo por delante la verdad y no la propaganda. Eso no significa que eventualmente no me comprometa con llevar a cabo la implementación de estas, pero creo que eso distara mucho del tipo de praxis política que alguna vez tu generación persiguió. No creo que ello signifique ser conservador, pues creo que lo auténticamente revolucionario son los cambios graduales y asegurar condiciones basicas de estabilidad son una condición básica para ello. Ningún pais cambio -al menos sosteniblemente- de la noche a la mañana.

4. Por ello, estimado Oscar, no veo porque sea merecedor de tu pena. No tengo los complejos que podrías tener tu a la hora de pasar tu recibo de honorarios para cobrarle las consultorías que le haces al Banco Mundial, al Gobierno o a las fundaciones u ONG de los países ricos. Yo no me gano la vida gracias a quienes quise destruir cuando era mas joven. Me siento orgulloso de lo que hago y de los lugares donde trabajo o en donde he trabajado porque me encontrado con gente muy profesional que cree en lo que hace.

Por lo demás, no vivo holgadamente, tengo solo lo necesario para vivir. Todo lo que he conseguido ha sido a base de esfuerzo, y no me acompleja disfrutar de lo que he conseguido. No tengo el ego tan grande como para tragarme el cuento de "tomar el cielo por asalto" y otras yerbas que movilizo a tu generación. Hacer mi chamba bien e influir en mejores políticas que ayuden a erradicar la pobreza y desigualdad es lo único que quiero. Tal vez sea un objetivo muy modesto, pero por lo menos puedo irme a dormir tranquilo y no tener que admitir que nada de lo que soñé para mi país cuando era joven se logro y mucho menos pensar que las ideas violentistas en las que creí causaron el mayor derramamiento de sangre que ha visto el Perú.

viernes, 11 de enero de 2008

Diez Consejos para ser un militante de izquierda (estupido)

Recibí esto hoy por la lista de correo de Rio Abierto. Vale la pena copiarlo completo porque hace tiempo que no me topaba con un texto político tan elemental:

Diez Consejos para los Militantes de Izquierda
Frei Betto
9 de enero del 2005
1. MANTENGA VIVA LA INDIGNACIÓN
Verifique periódicamente si usted es realmente de izquierda. Adopte el criterio de Norberto Bobbio: la derecha considera la desigualdad social tan natural como la diferencia entre el día y la noche. La izquierda lo enfrenta como una aberración que debe ser erradicada.
Cuidado: usted puede estar contaminado por el virus social-demócrata, cuyos principales síntomas son usar métodos de derecha para obtener conquistas de izquierda y, en caso de conflicto, desagradar a los pequeños para no quedar mal con los grandes.


2. LA CABEZA PIENSA DONDE LOS PIES PISAN
No se puede ser de izquierda sin "ensuciar" los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre. Alégrate y comparte sus creencias y victorias. Teoría sin práctica es hacer el juego a la derecha.

3. NO SE AVERGÜENCE DE CREER EN EL SOCIALISMO.
El escándalo de la Inquisición no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducirlo a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana.
El capitalismo, vigente hace 200 años, fracasó para la mayoría de la población mundial. Hoy, somos 6 billones(*) de habitantes. Según el Banco Mundial, 2,8 billones sobreviven con menos de US $ 2 por día. Y 1,2 billones, con menos de US $ 1 por día. La globalización de la miseria no es mayor gracias al socialismo chino que, a pesar de sus errores, asegura alimentación, salud y educación a 1,2 billones de personas.

4. SEA CRÍTICO SIN PERDER LA AUTOCRÍTICA.
Muchos militantes de izquierda cambian de lado cuando comienzan a buscar piojo en cabeza de alfiler. Apartados del poder, se tornan amargos y acusan a sus compañeros(as) de errores y vacilaciones. Como dice Jesús, vemos el polvo en el ojo del otro, pero no la viga en el propio ojo. Tampoco se enganchan para mejorar las cosas. Quedan como simples espectadores y jueces y, algunos, son captados por el sistema.
La autocrítica no es sólo admitir los propios errores. Es admitir ser criticado por los(as) compañeros(as).

5. SEPA LA DIFERENCIA ENTRE MILITANTE Y "MILITONTO".
"Militonto" es aquel que se jacta de estar en todo, participar en todos los eventos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de explicaciones y los efectos de sus acciones son superficiales.
El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; valora de forma determinada su área de actuación y actividades, valoriza los vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios.

6. SEA RIGUROSO EN LA ÉTICA DE LA MILITANCIA.
La izquierda actúa por principios. La derecha, por intereses. Un militante de izquierda puede perder todo, la libertad, el empleo, la vida. Menos la moral. Al desmoralizarse, desmoraliza la causa que defiende y representa. Le presta un inestimable servicio a la derecha.
Hay arribistas disfrazados de militante de izquierda. Es el sujeto que se engancha apuntando, en primer lugar, a su ascenso al poder. En nombre de una causa colectiva, busca primero sus intereses personales.
El verdadero militante - como Jesús, Gandhi, Che Guevara - es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, u orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa.

7. ALIMÉNTESE EN LA TRADICIÓN DE LA IZQUIERDA.
Es preciso la oración para cultivar la fe, el cariño para nutrir el amor de la pareja, "volver a las fuentes" para mantener encendida la mística de la militancia. Conozca la historia de la izquierda, lea (auto)biografías, como el "Diario del Che en Bolivia", y romances como "La Madre", de Gorki, o "Las uvas de la Ira", de Steinbeck.

8. PREFIERA EL RIESGO DE ERRAR CON LOS POBRES A TENER LA PRETENSIÓN DE ACERTAR SIN ELLOS.
Convivir con los pobres no es fácil. Primero, hay la tendencia de idealizarlos. Después, se descubre que entre ellos existen los mismos vicios encontrados en las demás clases sociales. Ellos no son mejores ni peores que los demás seres humanos. La diferencia es que son pobres, o sea, personas privadas injusta e involuntariamente de los bienes esenciales de la vida digna. Por eso, estamos al lado de ellos. Por una cuestión de justicia.
Un militante de izquierda jamás negocia los derechos de los pobres y sabe aprender con ellos.

9. DEFIENDA SIEMPRE AL OPRIMIDO, AUNQUE APARENTEMENTE ELLOS NO TENGAN RAZÓN.
Son tantos los sufrimientos de los pobres del mundo que no se puede esperar de ellos actitudes que tampoco aparecen en la vida de aquellos que tuvieron una educación refinada.
En todos los sectores de la sociedad hay corruptos y bandidos. La diferencia es que, en la élite, la corrupción se hace con la protección de la ley y los bandidos son defendidos por mecanismos económicos sofisticados, que permiten que un especulador lleve una nación entera a la penuria.
La vida es el don mayor de Dios. La existencia de la pobreza clama a los cielos. No espere jamás ser comprendido por quien favorece la opresión de los pobres.

10. HAGA DE LA ORACIÓN UN ANTÍDOTO CONTRA LA ALIENACIÓN.
Orar es dejarse cuestionar por el Espíritu de Dios. Muchas veces dejamos de rezar para no oír el llamado divino que nos exige nuestra conversión, esto es, el cambio del rumbo en la vida. Hablamos como militantes y vivimos como burgueses, acomodados en una cómoda posición de jueces de quien lucha.
Orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar así como Jesús amaba, libremente.


Me parece sumamente interesante como el texto revela una serie de vicios que el discurso de la izquierda no ha logrado superar. Comento algunos:

a) Sectarismo
Es lamentable que, a estas alturas, se insista con el sectarismo. Por un lado, se dice “nosotros somos los buenos”, los que estamos en contra de las injusticias y desigualdades, mientras que “la derecha” concentra todo lo malo, son los que abusan de los pobres, los que ven y toman por natural las injusticias. Planteado el asunto a si, es muy difícil construir consensos políticos. Sin embargo, lo más importante es que lo anterior es una mentira del tamaño de una catedral. Es falso que solo la izquierda tenga un discurso igualitario. De hecho, quienes más han discutido el asunto en las últimas décadas han sido los liberales. Sino baste con revisar la Teoría de la Justicia de J.Rawls y todos los trabajos de Dworkin, Sen (el cual todas las ONGs de izquierda citan alegremente) e inclusive Nozick, a pesar de que este ultimo tenga una concepción mas limitada al respecto. Inclusive los pocos marxistas teóricos respetados académicamente que quedan (los llamados marxistas analíticos) se han visto muy influenciados por esta literatura, revisando sustancialmente la concepción sobre la igualdad social emanada de los escritos de Marx y los primeros marxistas.

No solo eso, sino que cualquier postura intermedia, como la socialdemocracia es denostada sin argumento de por medio. La paradoja es que, si es que algo se ha logrado en términos de mejorar las condiciones de vida de los que menos tienen, ello ha sido posible en aquellos lugares en donde la social-democracia se ha establecido. Simplemente Betto esta en la calle. Por otro lado, si no es la social-democracia, entonces que se propone? La lucha armada de nuevo? Si no es así, entonces no queda otra que luchar por el poder por medio de los mecanismos que la democracia ofrece. Nos guste o no, eso nos acerca a la social-democracia y nos obliga a negociar con otros agentes políticos. Y una actitud sectaria no sirve mucho en esa dirección.

b) Limitada autocritica
Ahora resulta que no hay que sentir vergüenza del socialismo? Me pregunto si habrá en Alemania gente que inste a los demás a no avergonzarse del nazismo. No hay que avergonzarse de los mas de 6 millones de rusos muertos en los campos de concentración de Stalin? De la supresión de libertades en Cuba? De los miles de muertos ocasionados por el intento de unos cuantos “iluminados” de imponer su “socialismo” mediante la revolución en los países de América Latina? Mal. El socialismo ya fue, y la izquierda tiene que ponerse a pensar en otra cosa.

Lo peor de todo es que ni siquiera queda claro que es de lo cual no se debería sentirse vergüenza. Seguimos apostando por la planificación centralizada? Por un régimen de partido único? Si no es así, entonces de que socialismo no debería uno avergonzarse? Porque lo único que uno escucha de los mas viejos, de aquellos que se resisten a evolucionar ideológicamente, es que se siguen definiendo socialistas pero cuando uno les comienza a preguntar si siguen creyendo en algunos de los componentes que lo definieron (como partido único, planificación centralizada, etc) entonces te dicen que no, que aquello estuvo mal y que hay que intentar otra cosa. Entonces, en que quedamos? Te defines socialista pero ya no crees en ninguno de sus elementos constitutivos? De que socialismo hablamos? Mayor confusión ideológica, imposible. Ni que hablar de ese socialismo del siglo XXI del que algunos despistados hablan, que se parece mas a caudillismo rancio del siglo XIX.

Ademas, ahora resulta que el socialismo chino hace que las cosas sean menos graves. La paradoja es que China tuvo que desmantelar su socialismo económico para poder crecer e ir gradualmente disminuyendo su pobreza. Es mas, como los trabajos de Amartya Sen muestran, la ausencia de libertades políticas en China permitió que hambrunas, perfectamente evitables debido a que no había escasez de alimentos, mataran millones de chinos. Porque insistir con una formula fracasada?

Lo dejo ahí por ahora pero continuare mañana. Es preocupante que ideas como estas persistan. Creo que es preciso someterlas a crítica y demostrar su debilidad en el debate público y evitar que las nuevas generaciones sean ideológicamente estafadas por sectores de la generación del 70 que fracasaron estrepitosamente en sus proyectos políticos. Importa poco que se vayan a la tumba con sus creencias anquilosadas y erróneas, pero es preciso combatirlos en el debate público pues hay sectores fácilmente radicalizables de las generaciones más jóvenes que aun encuentran seductores los argumentos simples y carentes de rigor científico que constituyen eso que llaman socialismo.

Actualización

Continúo con la discusión anterior.

c) La izquierda “principista” y la derecha “amoral”.
Esta es una variante del punto a). Las referencias a la moral revolucionaria y al “hombre nuevo” son continuas en el discurso de la izquierda atrapada en los 70’s. De ahí la comparación de Jesús con el “Che”, a pesar de que muchos difícilmente se imaginarían a Jesús ordenando la ejecución de sus opositores o matándolos con sus propias manos como lo hacia el “Che”, asunto que al parecer le preocupa muy poco a esta sacerdote radical. Me llama sumamente la atención este punto porque acerca mucho a los izquierdistas a la religión o al menos a alguna forma de ella, a pesar de su declarado ateísmo. Sobre todo porque es absurda la “pretensión” de convertir a todo el mundo a la “causa revolucionaria”, a asumir valores colectivistas y a denostar la búsqueda del beneficio personal. Que hay de malo con el individualismo? Porque pretender que todos deberíamos ser solidarios? Asumir valores solidarios y de interés por el prójimo es un asunto exclusivamente personal y no debería ser motivo de discusión desde un punto de vista de política publica. Si Betto quiere hacer su chamba, que vaya a convertir cristianos, pero tales conversiones no son admisibles más allá de la esfera estrictamente individual en una sociedad basada en el respeto a la libertad de opinión y conciencia.

d) No lea solo basura.
Por su puesto que cada uno tiene derecho a leer lo que estime conveniente. Sin embargo, cualquiera que quiera seriamente dedicarse a la actividad política debería tener un horizonte de lecturas más amplio. Solo así uno es capaz de desarrollar una actitud realmente crítica respecto a nuestras creencias políticas. Lamentablemente nuestros izquierdistas no se han caracterizado precisamente por la apertura académica. Casi siempre lecturas diferentes a las de la izquierda son rápidamente tildadas de “reaccionarias”, “burguesas” o “revisionistas”. Hay mucho apego a la exegesis de textos sagrados y a la cita de memoria, o a la lectura de literatura poca seria y muy aficionada a las teorías conspirativas. Mal. Y los pocos marxistas serios que aun quedan casi no reciben atención por nuestros izquierdistas, que en vez de Cohen, Roemer o Van Parijs prefieren a Atilio Boron.

e) La opción por los pobres no se antepone a la opción por la verdad y el respeto a la ley.
Defender a los que menos tienen no significa siempre aceptar lo que ellos hacen. La pobreza no es justificación para la violación de los derechos de los demás, así como la búsqueda de la justicia social no justifica “revoluciones” que suelen siempre estar asociadas a violaciones de los derechos de los demás. No es admisible el relativismo moral ni la ética consecuencialista, ni de izquierdas ni de derechas.