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domingo, 6 de marzo de 2011

El electarado: evidencia empírica

Hace tiempo no escribía. En parte por falta de tiempo, aunque la falta de ganas estuvo también presente. En todo caso, dado que estamos en épocas electorales, un post sobre el comportamiento de los votantes no viene mal. Aunque el titulo de mi post toma la famosa frase de Aldo Mariátegui, no voy a sostener en este post la teoría racista de aquel periodista. Si discutiré alguna evidencia que sostiene que los electores no son racionales pero ello aplica para todos y no para algún grupo en particular. Veamos como sale.

Las teorías estándar del votante en economía política asumen que estos son racionales del mismo modo que los consumidores de cualquier modelo básico de microeconomía. En esas condiciones, un debería esperar que los votantes elijan entre las opciones políticas a su alcance del mismo modo que eligen bienes y servicios en el mercado: optimizando una función objetivo sujeto a un conjunto de restricciones. Obviamente, ello supone que no existen fallas de información por lo que el resultado final debería ser consistente con el óptimo paretiano. Por suerte, la realidad es algo más compleja y comprender esa complejidad justifica los salarios de los profesores y estudiantes de doctorado que andan metidos en el tema. La evidencia anecdótica sugiere que las decisiones políticas de la gente poco tienen de racionales, aun luego de incorporar en nuestros modelos elementos de información asimétrica. Veamos que dice la evidencia empírica.

Supongamos por un momento estamos semanas previas a las elecciones en Lima Metropolitana y Susana Villarán este compitiendo por la re-elección. De pronto, de un día para el otro, aparecen tiburones en la Costa Verde y alguna gente muere victima de estos simpáticos animalitos. ¿Usted cree que estos hechos podrían afectar las posibilidades de re-elección de Villarán? Probablemente este preguntándose qué diablos tiene que ver estos tiburoncitos con los resultados de las elecciones. Bueno, en 1916 ataques de tiburones fueron responsables de la caída del soporte popular a la re-eleccion del presidente Wilson en New Jersey, de acuerdo con un estudio econométrico de Christopher Achen y Larry Bartels de la Universidad de Princeton. El que los electores hayan “castigado” a Wilson por factores que estaban claramente fuera de su alcance pone en duda la noción de racionalidad que la teoría política estándar sostiene. Achen y Bartels hacen un trabajo muy cuidadoso mostrando que otras posibles explicaciones de la caída en el voto de Wilson no son válidas y que fueron exclusivamente los ataques de tiburones los responsables de la debacle electoral (ver la discusión de los resultados en las paginas 10 al 20 del documento).

Supongamos ahora que estamos cerca a las elecciones y el alcalde de Huánuco va a la re-elección. Asuma también que el León de Huánuco sale campeón del torneo nacional días antes de las elecciones. ¿Cree que el alcalde de Huánuco se vea beneficiado por la campaña del León y sea re-elegido? Como debe estar adivinando dado el tono del ejemplo anterior, la respuesta es sí. En un estudio publicado hace unos meses atrás en el Proceedings of the National Academy of Science, Andrew Healy y sus co-autores muestran que cuando el equipo de futbol local gana días antes de las elecciones, el voto por las autoridades que buscan la re-elección se incrementa en 1.6 puntos porcentuales, siendo el efecto más largo para el caso de equipos que tienen un alto soporte popular. En un interesante análisis placebo los autores muestran que los resultados del equipo local en los días después de las elecciones no tienen efecto sobre los resultados electorales. ¿Por qué los votantes re-compensan a los incumbentes por resultados que no están bajo su control?

Un reciente trabajo de Shawn Cole y otros co-autores encuentra evidencia consistente con los trabajos previamente mencionados para el caso de la India. Usando datos de shocks naturales, los autores encuentran que los votantes penalizan a las autoridades en las urnas por eventos que escapan a su control como las sequias y que estos resultados persisten aun para el caso de gobiernos que respondieron a la crisis con eficacia. En otro estudio, Healy también encuentra que los votantes castigan electoralmente a sus autoridades cuando un tornado afecta su localidad.

¿Por qué la gente castiga o premia a sus autoridades por factores que escapan a su control? Volveré sobre el punto en un post siguiente pero la respuesta corta es que es muy poco lo que sabemos. Nuestra comprensión de la conducta de los votantes es todavía muy limitada.

Lecturas adicionales:
Una revisión en español de las principales teorías sobre el comportamiento de los votantes puede verse en este artículo de Cesar Martinelli:
Análisis económico de la conducta de los votantes”, El Trimestre Económico, vol. 73 (2006) 211-237
http://ciep.itam.mx/~martinel/survey.pdf

Otro resumen interesante, en ingles, sobre el mismo tópico es este trabajo de Antonio Merlo:
"Whither Political Economy? Theories, Facts and Issues: Extended Version". Supplement to Merlo, "Whither Political Economy? Theories, Facts and Issues," in R. Blundell, W. Newey and T. Persson (eds.), Advances in Economics and Econometrics, Theory and Applications: Ninth World Congress of the Econometric Society, Vol. I, pp. 381-421, Cambridge: Cambridge University Press, 2006
http://www.ssc.upenn.edu/~merloa/wpapers/survey_revision_2006.pdf

domingo, 10 de agosto de 2008

Sobre la “irracionalidad”: A propósito de los chavistas

Hace un tiempo discutía con una amiga respecto a la situación de Venezuela y el apoyo que tiene Chavez de parte de un segmento amplio de la población. Siempre me ha sorprendido la facilidad con la que mucha gente trata de ignorantes y/o irracionales a los seguidores de Chavez, no sin cierto desdén. Muchos, de paso, aprovechan para cuestionar la forma en que la ciencia económica entendemos el tema de la racionalidad, critica que por extensión se hace a gente que trabaja con modelos inspirados en la teoría económica moderna en otras ciencias como la ciencia política basada en los modelos del rational choice. Me asombra mucho que gente inteligente de plano descarte aproximaciones basadas en el rational choice sin tener ningún argumento sólido más que el decir que la realidad es mas compleja, pero ya discutiré eso en otro post.

Bueno, volviendo a los chavistas, entiendo que el asunto se refiere a que como es posible que los venezolanos apuesten por Chavez siendo cierto que tal y como esta haciendo las cosas no se obtienen los resultados de los que alardea el régimen (ver mi post anterior sobre Venezuela aquí). Ante este punto hay dos posibles respuestas: a) el argumento de que la gente no es racional, o, b) podría argumentarse también que la gente sigue siendo racional, ante lo cual tendríamos que extender la visión tradicional sobre racionalidad que se impuso desde la economía neoclásica y que ha contagiado a otras ciencias. Confieso que no estoy muy seguro cual de las dos posturas me parece mas atractiva, pues ciertamente hay conductas que uno tipificaría claramente como irracionales (como por ejemplo, la defensa cerrada e ideológicamente nublada del chavismo de la que muchos socialistas del siglo XXI hacen gala). Lo que si se, es que ha habido muchos esfuerzos de frontera entre la psicología, sociologia y la economía que han venido estudiando las conductas que tradicionalmente consideramos irracionales bajo un marco de racionalidad pero en un contexto de información incompleta e imperfecta con costos de administración de la información, conocidos en general como “racionalidad acotada”.

En la literatura especializada hay diversos modelos de que se elaboran con estos propósitos, como los autómatas celulares o las redes neuronales, entre otros, y se utilizan para explicar fenómenos como la adopción de modas, la aparición de crisis financieras internacionales o las revoluciones socialistas como la bolchevique. En este caso particular, uno podría pensar que los ciudadanos venezolanos o algunos de los simpatizantes externos son agentes con pensamiento categórico y tipifican –a partir de la información disponible en un momento inicial más sus creencias y valores- una política del régimen según su grado de efectividad como “buena”, “regular” o “mala”. Supongamos que en esta situación inicial la política es efectivamente “buena” y se revela como tal para todos los agentes (lo cual no implica que todos la vean así, porque las creencias y valores juegan un rol importante y una política “buena” no es considerada como tal por todos por factores ideológicos o lo que sea). Dado que la información es costosa en términos de administración, los agentes no actualizan sus creencias en todo momento del tiempo. Así, podría ser que esta política que en algún momento se revelo como “buena” para la mayoría de los agentes se empiece a deteriorar y ahora se empieza a revelar como “regular”, pero ello no modifica la percepción de la mayoría de los agentes debido a los costos.

La idea básica es bastante sencilla: actualizar la información tiene beneficios importantes pero también costos, por lo que los agentes no actualizan la información a menos que consideren que los beneficios de actualizarla son mayores que el costo que eso implica. Solo cuando ello ocurre, los agentes actualizan sus creencias. Como resultado de ello, uno puede entender porque existen muchas creencias que no son consistentes con la evidencia empírica que todavía persisten siendo lugares comunes en discusiones sobre política y economía.

En este caso particular, esta literatura nos brinda herramientas formales que nos ayudan a comprender estas desviaciones de la “racionalidad”. La literatura experimental y los modelos computacionales de racionalidad acotada han venido tratando de testear este tipo de hipótesis. Es una área bastante nueva, así que habrá que esperar un poco para tener un cuerpo de conocimientos más sólidos al respecto. Mientras tanto, algunas ideas tenemos que nos muestran que conductas como las discutidas sobre Venezuela no deberían causarnos mucha sorpresa.

Los interesados en esta literatura, pueden revisar el paper "Thinking Through Categories" de Sendhil Mullainathan (disponible en http://www.haas.berkeley.edu/finance/cat3.pdf ), profesor de economia de la Universidad de Harvard, quien ha estudiado mucho sobre los links entre la psicología y la economía.

Los interesados en pobreza, pueden ver el articulo de Esther Duflo “Poor but rational” (disponible en http://econ-www.mit.edu/faculty/download_pdf.php?id=516 ).

Aquí en Berkeley hay un grupo importante de gente trabajando en la frontera entre la psicología y la economía. De hecho hay un field sobre el tema compuesto por un primer curso teórico dictado por una estrella en el tema como es Matthew Rabin, quien me estará enseñando Micro I del doctorado. El syllabus de este curso lo pueden encontrar en este link:
http://emlab.berkeley.edu/users/webfac/rabin/219A_F07.shtml

Y un curso empírico dictado por Stefano DellaVigna. Los materiales del curso lo encuentran aquí:
http://emlab.berkeley.edu/users/webfac/dellavigna/e219b_sp07/e219b_07.shtml