viernes, 11 de mayo de 2012
La nacionalización de YPF en Argentina y sus implicancias para el Perú
viernes, 10 de junio de 2011
Reflexiones post-electorales

Acabó el proceso electoral y ahora tenemos como presidente a Ollanta Humala. Hasta hace poco “el salto a vacio” y ahora –por esas cosas que tiene nuestra política local-la opción democrática de la coyuntura. Muchos celebran el que no se haya elegido la opción fujimorista. Se habría evitado, según muchos, el retorno de la mafia de Fujimori y Montesinos. La prensa fue una vergüenza, no solo El Comercio y Perú 21, sino también La Republica que dejaron de lado la objetividad y se enmarcaron en campañas de desprestigio contra Humala y Fujimori respectivamente. Ambos crearon miedos y minimizaron los riesgos de la alternativa que defendían. Una evaluación objetiva de su rol es tarea pendiente.
¿Quien perdió con estas elecciones?
Creo que la gran perdedora fue la verdad. Ya se ha dicho mucho de cómo los medios que apoyaron a Keiko Fujimori crearon miedos infundados sobre el manejo económico. Pero también es cierto que dentro de los simpatizantes de Humala se exageraron los miedos de un posible retorno del régimen corrupto y violador de los derechos humanos del 90. No existen las condiciones para la reproducción de un régimen de esa naturaleza en el Perú actual del mismo modo que la replicación del modelo venezolano es inviable. Lo cierto es que ambos candidatos generaban dudas pero de ahí al apocalipsis que pintaban los críticos de uno y otro lado hay mucho trecho.
También perdió la dignidad. Si, ya se, se dirá que se evitó que la mafia retorne al poder pero lo real es que el solo escenario de tener que elegir entre Humala y Fujimori ya era indigno para un país que ha aun no se recupera de las secuelas del conflicto armado interno. Desde 1985 y con excepción de Toledo, el Perú ha estado gobernado por presidentes que luego han enfrentado acusaciones serias de violaciones de derechos humanos. Alan García tiene en su haber acusaciones relacionadas a su participación en la matanza de los penales mientras que sobre Fujimori me ahorro comentarios para no repetir lo obvio. La novedad de esta elección es que es la primera vez en nuestra historia reciente que un acusado de violar derechos humanos es elegido democráticamente. Qué país más digno aquel que elige a alguien acusado de crímenes de lesa humanidad para evitar lo indigno que sería elegir a la hija de un violador de derechos humanos.
Se dirá que Humala ya fue investigado y que fue absuelto. Nada más ajeno a la verdad. No se pudo determinar su responsabilidad porque los testigos cambiaron de versión. La cosa huele mal teniendo en cuenta las acusaciones de compra de testigos en este caso y de la existencia de personajes vinculados a Humala en dicho proceso. Ojala que, por dignidad, se esclarezca lo que paso en Madre Mía.
¿Qué es lo que viene?
Como dije, no es de esperar que Humala introduzca cambios significativos en el modelo económico. Por lo menos no en el corto plazo. Probablemente se intente llevar a cabo los programas redistributivos del plan original. Me gustaría equivocarme, pero dudo mucho que estos programas tengan el impacto redistributivo que sus impulsores aseguran. Hay demasiado voluntarismo y poca reflexión seria acerca de cómo lograr cambios sostenibles en la distribución del ingreso en el mediano plazo. Ahondaré en estos aspectos en el futuro, pero el argumento básico es que dichas iniciativas asumen una capacidad estatal de la que carecemos.
Voluntarismo
Mucha gente voto por Humala con el argumento de que es posible hacerlo rendir cuentas. Algunos más ingenuos han empezado a hablar del “voto vigilante”. Yo tengo mis dudas. La gran verdad, es que solo en contextos muy particulares y de crisis, la movilización popular tiene algún poder para controlar a los gobiernos. Ya Humala a incluido en el comité de transferencia un militar retirado que firmo la acta de sujeción a Montesinos y nadie ha dicho nada. ¿Dónde están los vigilantes? Esa parece ser la “democracia facebook” de muchos en mi generación. No basta un “like” a la campana democrática virtual de moda.
El uso político del dolor ajeno
Las últimas semanas de la campaña se uso extensivamente el caso de las esterilizaciones forzadas. Estuvieron metidos medios de comunicación como la Republica, movimientos de izquierda, organizaciones de DDHH, entre otros. Apenas 4 días después de las elecciones ya nadie habla del tema. Seguro volverá con fuerza el 2016 por los mismos que ahora parecen ya haberlo olvidado.
Si, no gano Fujimori. Pero no puedo evitar sentir que, después de todo, también perdió la dignidad. Seguro perdió menos si comparamos este resultado con la derrota moral que hubiera sido tener al fujimorismo de vuelta. Pero el que hayamos elegido a un acusado de crímenes de lesa humanidad (con un movimiento de DDHH que se puso de costado y olvido que fueron ellos los primeros en cuestionar a Humala) no debería ser motivo de celebración. A menos que, después de todo, no seamos tan dignos.
domingo, 16 de mayo de 2010
El Angel de Budapest

Hace unas semanas atrás, leí este articulo en El País acerca del conocimiento que tuvo el dictador español Francisco Franco sobre las atrocidades del régimen de Hitler. La historia, resumida, es que un diplomático español, llamado Angel Sanz Briz, envió una nota diplomática desde Budapest en donde advertía sobre las matanzas de judíos en los campos de concentración. Así lo cuenta El País:
“El puñado de papeles que el diplomático envió a Madrid iba precedido de una carta a "Vuestra Excelencia" en la que informa "sobre el trato a que se condena a los judíos en los campos de concentración alemanes". Desvelaba que se los habían hecho llegar "elementos de la junta directiva de la organización sionista de la capital". "Su origen, pues", se dice en la misiva, "le hace sospechoso de apasionamiento. Sin embargo, por los informes que he podido obtener de personas no directamente interesadas en la cuestión y de mis colegas del cuerpo diplomático aquí acreditado, resulta que una gran parte de los hechos que en él se describen son, desgraciadamente, auténticos". Los papeles permanecían hasta ahora en los archivos del ministerio, en una carpeta donde se lee "no mostrar". Ahora sirven para confirmar hasta qué punto el Gobierno de Franco, simpatizante de Hitler en la Segunda Guerra Mundial y ambiguo en sus posiciones hacia el final de la contienda, conocía con todo detalle el plan que los nazis estaban llevando a cabo para exterminar a los judíos.” Excelencia, esto ocurre en Auschwitz.
Sin embargo, lo central en esta historia, no es tanto el silencio del franquismo ante la barbarie nazi. Lo que conmueve en esta historia es el esfuerzo de este diplomático español para salvar a miles de judíos (la gran mayoría no españoles) de la muerte segura en los campos de concentración. Primero, Sanz pidió apoyo al Gobierno español para proteger a los perseguidos por el régimen nazi. Nunca recibió respuesta. Luego, apelando a una antigua ley (expedida en 1924 pero ya no vigente en aquel entonces) que permitía extender la nacionalidad española a judíos sefardí, Sanz logró convencer (soborno de por medio) al gobierno húngaro de extenderle 200 visados para ciudadanos españoles. Apelando a una criollada, Sanz convirtió estos 200 visados en alrededor de 5200. ¿Cómo? Lo contó el mismo Sanz en un libro escrito hace un tiempo atrás ("Los judíos en España" de Federico Ysart):
"Conseguí que el Gobierno húngaro autorizase la protección por parte de España de 200 judíos sefardíes (…) Después la labor fue relativamente fácil, las 200 unidades que me habían sido concedidas las convertí en 200 familias; y las 200 familias se multiplicaron indefinidamente, con el simple procedimiento de no expedir salvoconducto o pasaporte alguno a favor de los judíos que llevase un número superior al 200. Esos documentos se hicieron en muchísimas series, calificando cada una con las letras del alfabeto".
No solo eso, tomando de sus propios recursos, Sanz alquiló varios edificios en donde cobijó y alimentó a los miles de judío que salvó. Tras sobornar a la autoridad regional nazi, logró que dichos establecimientos tengan condición de extraterritorialidad y por tanto sean considerados territorio español. Una acción muy valerosa para un diplomático de un régimen afín al nazismo como el régimen de Franco.
Pero Sanz no solo hizo eso. Según su viuda, en alguna ocasión el mismo Sanz sacó de trenes que se dirigían a campos de concentración a judíos que ya contaban con los documentos expedidos por la Embajada. Asimismo, un grupo de 500 niños judíos fueron puestos a buen recaudo en Tanger, en aquel entonces bajo el control español, debido a los oficios del diplomático.
Ante la inminente llegada de los soviéticos a finales de 1945, con los que España no tenia buena relación entonces por la afinidad del franquismo con el nazismo, Sanz fue obligado a dejar Budapest. Dejo todo el esquema que había ideado para salvar judíos en manos de sus colaboradores que siguieron trabajando en esa dirección hasta que finalmente los soviéticos acabaron con la represión de los judíos en Hungría. Sanz fue destacado a otros lugares después, e incluso estuvo un tiempo en Lima. Debido a razones políticas, su labor heroica estuvo silenciada (España e Israel recién establecen relaciones diplomáticas a partir de 1986 después de 11 años de la muerte de Franco. Por otro lado, había mucha resistencia en Israel por reconocer a un funcionario de un régimen afín al nazismo) tanto así que casi todo el reconocimiento público que obtuvo por su labor llegó después de su muerte en 1980. Su nombre recién gana notoriedad en 1991 cuando el Museo del Holocausto Yad Vashem de Israel le concedió póstumamente el título de “Justo entre las naciones”, el máximo reconocimiento que le otorga el Estado de Israel a quienes se distinguieron por su labor humanitaria a favor de los judíos durante la barbarie nazi. En 1994 el Gobierno de Hungría le concedió póstumamente la Cruz de la Orden del Mérito.
Sanz no tiene la fama que obtuvo Oskar Schlinder, el industrial alemán que salvó a 1100 judíos y cuya historia fue contada por la galardonada película La Lista de Schlinder de Steven Spilberg. Tampoco es muy reconocida la labor de Gilberto Bosques, diplomático mexicano que salvó a cientos de judíos y opositores del facismo alemán y español facilitándoles la huida a México, y a quien el Estado de Israel concedió también el título de “Justo entre las naciones”. Así como ellos, hay cientos de personas extraordinarias que no miraron al costado cuando la barbarie se volvía sentido común e hicieron algo, muchas veces poniendo en riesgo su propia vida, para proteger a los perseguidos. Seres que nos muestran que, allí en donde lo peor del ser humano asoma, también surge aquello que nos hace acercarnos a lo divino. Seres que defendieron la vida y lucharon por preservarla allí en donde el desprecio por esta llego a niveles inimaginables.
En un mundo en donde la intolerancia parece estar de vuelta y en donde algunos pretenden minimizar la barbarie, no está de más recordar a estas personas.
Para que no se repita.
sábado, 11 de abril de 2009
The Economist sobre la sentencia a Fujimori
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