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domingo, 16 de mayo de 2010

El Angel de Budapest

Hace unas semanas atrás, leí este articulo en El País acerca del conocimiento que tuvo el dictador español Francisco Franco sobre las atrocidades del régimen de Hitler. La historia, resumida, es que un diplomático español, llamado Angel Sanz Briz, envió una nota diplomática desde Budapest en donde advertía sobre las matanzas de judíos en los campos de concentración. Así lo cuenta El País:

“El puñado de papeles que el diplomático envió a Madrid iba precedido de una carta a "Vuestra Excelencia" en la que informa "sobre el trato a que se condena a los judíos en los campos de concentración alemanes". Desvelaba que se los habían hecho llegar "elementos de la junta directiva de la organización sionista de la capital". "Su origen, pues", se dice en la misiva, "le hace sospechoso de apasionamiento. Sin embargo, por los informes que he podido obtener de personas no directamente interesadas en la cuestión y de mis colegas del cuerpo diplomático aquí acreditado, resulta que una gran parte de los hechos que en él se describen son, desgraciadamente, auténticos". Los papeles permanecían hasta ahora en los archivos del ministerio, en una carpeta donde se lee "no mostrar". Ahora sirven para confirmar hasta qué punto el Gobierno de Franco, simpatizante de Hitler en la Segunda Guerra Mundial y ambiguo en sus posiciones hacia el final de la contienda, conocía con todo detalle el plan que los nazis estaban llevando a cabo para exterminar a los judíos.” Excelencia, esto ocurre en Auschwitz.

Sin embargo, lo central en esta historia, no es tanto el silencio del franquismo ante la barbarie nazi. Lo que conmueve en esta historia es el esfuerzo de este diplomático español para salvar a miles de judíos (la gran mayoría no españoles) de la muerte segura en los campos de concentración. Primero, Sanz pidió apoyo al Gobierno español para proteger a los perseguidos por el régimen nazi. Nunca recibió respuesta. Luego, apelando a una antigua ley (expedida en 1924 pero ya no vigente en aquel entonces) que permitía extender la nacionalidad española a judíos sefardí, Sanz logró convencer (soborno de por medio) al gobierno húngaro de extenderle 200 visados para ciudadanos españoles. Apelando a una criollada, Sanz convirtió estos 200 visados en alrededor de 5200. ¿Cómo? Lo contó el mismo Sanz en un libro escrito hace un tiempo atrás ("Los judíos en España" de Federico Ysart):

"Conseguí que el Gobierno húngaro autorizase la protección por parte de España de 200 judíos sefardíes (…) Después la labor fue relativamente fácil, las 200 unidades que me habían sido concedidas las convertí en 200 familias; y las 200 familias se multiplicaron indefinidamente, con el simple procedimiento de no expedir salvoconducto o pasaporte alguno a favor de los judíos que llevase un número superior al 200. Esos documentos se hicieron en muchísimas series, calificando cada una con las letras del alfabeto".

No solo eso, tomando de sus propios recursos, Sanz alquiló varios edificios en donde cobijó y alimentó a los miles de judío que salvó. Tras sobornar a la autoridad regional nazi, logró que dichos establecimientos tengan condición de extraterritorialidad y por tanto sean considerados territorio español. Una acción muy valerosa para un diplomático de un régimen afín al nazismo como el régimen de Franco.

Pero Sanz no solo hizo eso. Según su viuda, en alguna ocasión el mismo Sanz sacó de trenes que se dirigían a campos de concentración a judíos que ya contaban con los documentos expedidos por la Embajada. Asimismo, un grupo de 500 niños judíos fueron puestos a buen recaudo en Tanger, en aquel entonces bajo el control español, debido a los oficios del diplomático.

Ante la inminente llegada de los soviéticos a finales de 1945, con los que España no tenia buena relación entonces por la afinidad del franquismo con el nazismo, Sanz fue obligado a dejar Budapest. Dejo todo el esquema que había ideado para salvar judíos en manos de sus colaboradores que siguieron trabajando en esa dirección hasta que finalmente los soviéticos acabaron con la represión de los judíos en Hungría. Sanz fue destacado a otros lugares después, e incluso estuvo un tiempo en Lima. Debido a razones políticas, su labor heroica estuvo silenciada (España e Israel recién establecen relaciones diplomáticas a partir de 1986 después de 11 años de la muerte de Franco. Por otro lado, había mucha resistencia en Israel por reconocer a un funcionario de un régimen afín al nazismo) tanto así que casi todo el reconocimiento público que obtuvo por su labor llegó después de su muerte en 1980. Su nombre recién gana notoriedad en 1991 cuando el Museo del Holocausto Yad Vashem de Israel le concedió póstumamente el título de “Justo entre las naciones”, el máximo reconocimiento que le otorga el Estado de Israel a quienes se distinguieron por su labor humanitaria a favor de los judíos durante la barbarie nazi. En 1994 el Gobierno de Hungría le concedió póstumamente la Cruz de la Orden del Mérito.

Sanz no tiene la fama que obtuvo Oskar Schlinder, el industrial alemán que salvó a 1100 judíos y cuya historia fue contada por la galardonada película La Lista de Schlinder de Steven Spilberg. Tampoco es muy reconocida la labor de Gilberto Bosques, diplomático mexicano que salvó a cientos de judíos y opositores del facismo alemán y español facilitándoles la huida a México, y a quien el Estado de Israel concedió también el título de “Justo entre las naciones”. Así como ellos, hay cientos de personas extraordinarias que no miraron al costado cuando la barbarie se volvía sentido común e hicieron algo, muchas veces poniendo en riesgo su propia vida, para proteger a los perseguidos. Seres que nos muestran que, allí en donde lo peor del ser humano asoma, también surge aquello que nos hace acercarnos a lo divino. Seres que defendieron la vida y lucharon por preservarla allí en donde el desprecio por esta llego a niveles inimaginables.

En un mundo en donde la intolerancia parece estar de vuelta y en donde algunos pretenden minimizar la barbarie, no está de más recordar a estas personas.

Para que no se repita.

jueves, 22 de enero de 2009

Lecturas sobre violencia

Buena parte de mis dos últimas vacaciones en Lima las dedique a leer literatura que me permita comprender mejor el proceso de violencia política que experimento el país durante el periodo 1980-2000. Empecé con el libro de Ricardo Uceda “Muerte en el Pentagonito”, que me parece de lejos la mejor investigación periodística sobre el periodo, para luego seguir con el libro de Gustavo Gorriti sobre Sendero. Ambos me parecen un buen complemento, mas cuando ambos cubren periodos distintos. Gorriti cuenta la historia de los orígenes de Sendero Luminoso hasta el momento en que el Gobierno de Belaunde decide el ingreso de los militares en el conflicto mientras que el de Uceda empieza precisamente en el momento en que los militares comienzan a prepararse para dicho ingreso.

También tuve tiempo para leer los dos libros de Umberto Jara, el primero sobre el grupo Colina y el otro sobre el secuestro de la embajada de Japón. Me gusto mucho más el del grupo Colina, que me pareció el mejor escrito de todos los que leí. Finalmente, también leí el de Santiago Rocangliolo, pero quede muy decepcionado. No porque crea que sea un mal libro, pero para alguien interesado más en la historia y los hechos que en la perspectiva personal del autor, la intromisión del autor en la historia me pareció sumamente accesorio.

Ahora, ya de vuelta a mi exilio, quiero reflexionar en una serie de post sobre algunos de los temas que cubren estos libros. Son muchas las ideas que me andan dando vuelta a la cabeza al respecto. Una es, por ejemplo, la hipótesis de Jara sobre la existencia de dos escuadrones durante el llamado operativo Chavín de Huantar y la ejecución extrajudicial del emerretista Tito.

Hay otra idea que necesito explorar con más detalle que lanzo por ahora a nivel de pregunta. ¿Explica la extendida pobreza del ande peruano la magnitud del conflicto? Es una pregunta difícil de contestar, pero los resultados del estudio sobre igualdad de oportunidades que hice con Vanessa Ríos mostraban que el impacto del origen étnico y otras circunstancias sobre la adquisición de capital humano se reduce considerablemente entre las generaciones que entraron al mercado laboral entre la década del 60 y 90. Es interesante notar que eso también sucede en términos del logro laboral del individuo (medido en términos de ingreso) para las generaciones que entran al mercado laboral entre el 60 y 70, pero se revierte para las generaciones que lo hicieron entre el 80 y 90. ¿Sera casualidad que dicha reversión ocurra precisamente cuando estalla el proceso de violencia? ¿En ausencia de dicha violencia, se habría observado una reducción del impacto del origen étnico en los resultados laborales de las personas del mismo modo que se observa en términos del logro educativo? Se podría argumentar que, mal que bien, hacia 1980 el Perú venia mostrando cierto progreso distributivo que se interrumpe con la irrupción de Sendero. Si esto es así, el origen del conflicto tendría más que ver con la ideología de Sendero que con la realidad y condiciones sociales del momento. Sendero creía estar en una situación revolucionaria. ¿Realmente la hubo?

Lo único que sigue siendo un misterio para mí es como entender que gente tan lúcida de la generaciones pasadas se dejo convencer por una ideología tan cerrada y dogmatica como el marxismo y demás ismos vinculados. Una buena dosis de escepticismo epistemológico y una actitud más crítica nos hubiera ahorrado muchas desgracias. Tenía razón Popper cuando decía que los intelectuales son responsables no solo del gran progreso experimentado por la humanidad sino también de sus más grandes desgracias. Un sistema de ideas cerrado y no abierto a críticas, asumido casi como una verdad trascedente, es el mejor camino a la barbarie.

sábado, 7 de junio de 2008

Pasión y Sangre: Las Violaciones de los DDHH y el Mundial del 78 en la Argentina


En las últimas semanas, se ha reavivado en la Argentina la discusión sobre las violaciones de los DDHH cometidos por la dictadura militar dirigida por Videla. Esta vez, la discusión ha tenido su origen en las celebraciones por los 30 años de la conquista de la primera copa mundial de futbol. En aquella ocasión, la junta militar manipuló la pasión de los argentinos por el futbol para legitimarse mediante la realización de la copa mundial en momentos en que las denuncias sobre desapariciones se multiplicaban. Estos intentos de las dictaduras por legitimarse mediante el futbol no nos son extraños, si no baste recordar la manipulación de la dictadura de Velasco con los resultados del mundial de México 70.

Aquí dejo este link con artículos al respecto. Por cierto, también se discute mucho el 6-0 que nos metió Argentina en aquella ocasión y sobre si hubo soborno (ver el articulo “¿la fiesta de quienes?”).

Y no hay mejor forma de cerrar este post con la canción “La Memoria”, de León Gieco. Para no olvidar.

sábado, 12 de enero de 2008

Nunca desaparecen los desaparecidos

En el Perú, como en otros países de la región, las aventuras revolucionarias de las décadas pasadas trajeron consigo el drama de los desaparecidos, gracias a la insania de las organizaciones terroristas como Sendero y MRTA, y al abuso del monopolio de la violencia por parte del Estado. Basta darle una mirada a los testimonios recogidos por la Comisión de la Verdad y Reconciliación para darnos cuenta que el drama que experimentan estas familias es una realidad cotidiana que exige del resto de la sociedad y del Estado un esfuerzo por establecer culpabilidades y sancionar a los responsables de la perdida de sus seres queridos. No hay reconciliación posible sin justicia de por medio.

Cuando estuve viviendo en Buenos Aires me toco vivir de cerca el recuerdo de los 30 anos de inicio de la dictadura militar. Recuerdo que el día central (24 de marzo, del 2006) hubo una gran manifestación en la Plaza de Mayo en recuerdo a las 30,000 victimas de la dictadura organizada por la Madres de la Plaza de Mayo, la misma que incluyo un concierto. Una de las canciones que más conmovió a los presentes en la manifestación fue una melodía compuesta por Teresa Paradi, canta-autora quien perdiera a muchos amigos en los campos de concentración clandestinos del régimen de Videla. El álbum que contiene esa canción recién salió al mercado el ano pasado. Aquí están el video de la presentación en la plaza de mayo y la letra de la canción.



Aqui una version completa de la cancion, aunque sin la emocion que transmite el video anterior.



Aun Caminan Conmigo
Teresa Parodi, Autobiografía (2007)

(Estrofa)
Aún caminan contigo,
aún caminan conmigo,
los que nunca se fueron,
los que nunca se han ido.

Hasta el fin de los tiempos,
los desaparecidos,
los compañeros nuestros,
nuestros seres queridos.

(ESTRIBILLO)
Van contigo y conmigo.
No contaban con eso,
no han desaparecido,
no pudieron con ellos,
ni pudieron contigo.

Aún están con nosotros,
todavía más vivos,
nunca desaparecen
los desaparecidos.

(Estrofa)
Ellos saltan las rejas,
ellos salen del río,
y derriban los muros,
van contigo y conmigo.
Más allá del silencio,
más allá del olvido,
los compañeros nuestros,
nuestros seres queridos.


(ESTRIBILLO)

Los desaparecidos nunca desaparecen. Ni en Argentina ni en Perú ni en cualquier otro lugar del mundo. Nuestra incipiente democracia no puede darse el lujo de no dar respuesta al reclamo de justicia por parte de las familias de los desaparecidos y/o muertos por causa de la violencia política, sean estos obra del accionar de las organizaciones terroristas o de agentes estatales. Ni perdón ni olvido: justicia!