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sábado, 15 de mayo de 2010

Roger Garaudy: del humanismo marxista al negacionismo

Cuando estudiaba economía en San Marcos, siempre me quejaba de lo poco útiles que eran los buscadores de la biblioteca de mi facultad. Siendo una universidad tan antigua, me imaginaba que la biblioteca debería tener buenos libros, sobre todo clásicos. Así que, alguna vez, me puse a trabajar en la biblioteca para ver que había. No me equivoque, pues encontré cosas muy interesantes como un libro de antropología filosófica escrito por Roger Garaudy, filósofo marxista francés.

Como la mayoría de los sanmarquinos, mi formación ha sido siempre muy autodidacta. Eso tiene sus riesgos pues uno puede andar muy desorientado. Pero creo, que para mucha gente de mi generación, la formación autodidacta es la base de nuestra formación humanista. Y uno de los libros que me influyó mucho en aquel entonces es “Perspectivas del Hombre”, escrito por este filósofo francés. En aquel libro Garaudy pasa revista a las principales corrientes filosóficas de mediados de siglo XX como eran la filosofía católica (básicamente aquella que proviene de los escritos del Padre Teilhard de Chardin), el existencialismo (especialmente el de Sartre, aunque incluye también a Marcel) y las corrientes marxistas. En el libro se discute básicamente como estas distintas corrientes enfocan el problema del hombre y tiene la virtud de incluir correspondencia de los principales exponentes de cada doctrina respecto a la lectura que el autor hace de ellas. Sin duda, un esfuerzo interesante por invitar al dialogo a los oponentes intelectuales y promover un marxismo humanista.

Aun conservo la fotocopia que hice de aquel libro en mis primeros años en San Marcos, sobre todo porque me sorprendió de sobremanera lo bien escrito y la apuesta sincera por el dialogo. Por eso me apena enterarme que Garaudy ha retrocedido con el tiempo y se ha convertido en un representante del negacionismo. En un lamentable libro, titulado “Los Mitos Fundacionales del Estado de Israel”, un convertido al Islam Garaudy le da cabida a las lamentables y poco rigurosas tesis negacionistas de historiadores poco serios como David Irving.

Garaudy fue condenado por la justicia francesa bajo el cargo de haber delinquido al negar un crimen contra la humanidad como fue el holocausto. 6 meses de cárcel y 240 mil francos fue la condena. Una pena ver a uno de tus referentes intelectuales de juventud convertido en un exponente de la intolerancia.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Sobre marxismo, horas de trabajo y epistemología: respuestas a Carlín

Acabo de leer la respuesta de Carlín a los comentarios que hiciera a su propuesta en este post. Lo primero que debo hacer notar, es que en mi post anterior reconocí no haber leído su libro. Es algo de lo que no me puede culpar: cuando se publico el libro yo ya no vivía en Perú y tampoco tuve conocimiento del mismo entre los colegas. Sin embargo, si vi la entrevista que lo hizo Giacosa a Carlin sobre el tema, la misma que Carlín estima expone el núcleo de su propuesta.

1. Sobre la evidencia empírica. Carlin, sin ofrecer un argumento convincente al respecto, afirma que las horas anuales no son una buena medida del fenómeno en cuestión. Luego sugiere que los datos de Maddison, los únicos que nos permiten hacer un análisis comparativo entre países, llevan al error, amparándose para ello en un par de estudios. En particular, menciona lo siguiente:
“Para el caso de Estados Unidos, Juliet Schor, en ”Overwoked American”, hace una exhaustiva revisión crítica de la estadística, y demuestra que cifras como las que cita ahora Maldonado llevan a equívoco, y que la tendencia es, clara y concluyentemente, al aumento de las jornadas de trabajo”.

Carlín debe explicar mejor lo anterior si es que pretende discutir seriamente con argumentos. En particular, sería necesario argumentar en qué medida las cifras que mencione nos inducen a una percepción errónea del problema. Más aun, si fuera cierto que existe evidencia basada en una mejor aproximación metodológica que sugiere un patrón distinto para el caso de USA que el que sugieren las cifras que presente, quedaría aun pendiente el explicar lo que ocurre para el caso de los demás países. Digo si fuera cierto porque lo cierto es que el estudio de Juliet Schor ha sido tipificado por Kristin Roberts y Peter Rupert de la Federal Reserve Bank of Cleveland como “falaz”. En particular, estos autores consideran que el número de horas no cambio sustancialmente entre mediados de los ochentas y noventas, pero lo que si ocurrió es que hubo un cambio en la composición del trabajo que se explica básicamente por el número de horas trabajadas por las mujeres en el mercado laboral. El estudio en cuestión se encuentra en el link siguiente:
http://www.clevelandfed.org/Research/commentary/1995/0115.pdf

Respecto al otro estudio, no he encontrado referencias entre economistas al respecto. Voy a ver si en algún momento puedo revisar el libro en mención para comentarlo.

2. Respecto a la teoría de Marx, Carlín recurre a una de las típicas estratagemas inmunizadoras a las que recurren los marxistas para explicar la falta de evidencia empírica para la hipótesis de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Dice Carlín:
“La evidencia empírica, que tanto preocupa a Maldonado, no muestra, en efecto, que la tasa de ganacia baje. Por mi parte, a manera de ejercicio, hice una revisión de la tasa de ganancia de las 500 empresas listadas en la revista Fortune durante 50 años, y, en efecto, no se presenta una reducción significativa de la tasa de ganancia. Pero el problema está en que no hablamos de ”la baja de la tasa de ganancia”, sino de ”la tendencia a la baja de la tasa de ganancia”, que es cosa distinta. La tendencia existe, y justamente porque existe, el capital se ve obligado a hacer varias cosas (todas ellas minuciosamente listadas y analizadas por Marx) PARA QUE NO BAJE.”

Entonces, la ausencia de evidencia empírica es tomada como una prueba de que el fenómeno en cuestión existe. No observamos dicha tendencia precisamente porque los capitalistas hacen todo lo posible para que ello no ocurra. Supongamos que eso es cierto. Veamos lo que nos dice Carlín luego:
“Las teorías científicas no pueden descartarse porque “no exista evidencia empírica” como parecen creer Maldonado y todos los académicos positivistas. Si así fuera, nadie tendría que haber hecho caso a Einstein, que elaboró una teoría que recién muchos años después pudo recoger evidencia empírica, ni tampoco a la teoría de las cuerdas, cuya evidencia empírica recién se intenta recoger hoy, con el costoso experimento del colisionador de Hadrones, que, por otra parte, ha sufrido serios tropiezos.”

OK. Podríamos decir, para no ser severos con Carlin, que lo que sucede es que en realidad estaríamos frente a lo que Lakatos llamaba un programa de investigación teóricamente progresivo pero no empíricamente progresivo. Es decir, una teoría que predice nuevos hechos no considerados por teorías anteriores pero que, en el momento, carece de evidencia empirica que los soporte. Ese fue el caso de las teorías de Einstein y la teoría de las cuerdas, pero es un exceso poner una teoría tan vieja y discutida como la de Marx en el mismo lugar. Sobre todo porque no es cierto que la teoría de Marx sea en la actualidad una teoría teóricamente progresiva en el sentido de Lakatos. Y no puede ser asi porque diversos académicos han mostrado las debilidades de la teoría en cuestión. En particular, un economista japonés mostró formalmente hace más de 50 años que, contrario a lo que creía Marx, la tasa de ganancia tendría tendencia creciente. Es lo que se conoce en la literatura como el Teorema de Okishio. Una presentación didáctica puede encontrarse en wikipedia:
http://en.wikipedia.org/wiki/Okishio%27s_theorem

Este teorema es aceptado por reputados economistas marxistas, como por ejemplo John E. Roemer (Ver por ejemplo su libro “A General Theory of Exploitation and Class”).

La mayoría de los (pocos) economistas marxistas dedicados a la teoría no tienen problema en reconocer que la llamada ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia carece de validez teórica y empírica. Y no hacen mucho drama de ello porque trabajan en otras aéreas en donde la tradición marxista, unida a nuevos y potentes instrumentos conceptuales, pueden contribuir a una mejor comprensión del capitalismo. Son los marxistas del verso los que se resisten a reconocer que este aspecto de la teoría marxista es inconsistente teórica y empíricamente. Por ejemplo, el filosofo Van Parijs escribió un artículo a principios de los ochenta tratando de defender la teoría en cuestión. Ver “The Falling-Rate-of Profit Theory of Crisis: A Rational Reconstruction by Way of Obituary” aqui:
http://rrp.sagepub.com/cgi/content/abstract/12/1/1

Entiendo que Carlín trate de defender la teoría en la que se basa para defender su propuesta. Lo cierto que esa teoría es considerada como falsa por la mayoría de los economistas marxistas que se dedican en serio a la investigación académica. Yo no creo que Carlín deba basarse en Marx para su propuesta de la reducción de la jornada laboral. Aquí Marx parece restar más de lo que aporta. Un poco menos de marxistas poco serios como Atilio Boron y un poco mas de marxistas rigurosos como Roemer (ver su libro “Un Futuro para el Socialismo”) en nuestras lecturas podría llevarnos por mejor camino.

viernes, 3 de octubre de 2008

El Marxismo desfasado de Carlín y la jornada de 4 horas

Tenía este post pendiente desde hace un tiempo atrás, pero aprovechando la entrevista hecha a Carlin en Utero TV me animo a escribir algo sobre la propuesta de 4 horas que sostiene el autor. A pesar de que comparto la idea de que los aumentos de productividad deberían estar asociados a reducciones de la jornada laboral, me parece que Carlin se equivoca al tomar como punto de referencia a Marx. La razón es simple: la teoría de Marx sobre la tendencia decreciente de la tasa de ganancia no tiene soporte empírico y está basada en una serie de supuestos bastante endebles, por lo menos en la argumentación que el mismo Marx hace en el Capital. Aquí van mis argumentos:

1. La teoría de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia es falsa. Este es el núcleo teórico sobre el que Carlin pretende basar su propuesta. En realidad, la lectura que Carlín tiene de Marx está bastante desfasada y no toma en cuenta el trabajo de economistas marxistas modernos como el realizado por los marxistas analíticos. Carlín se quedo en el marxismo de Marx y la lectura que nos ofrece de Marx, por lo menos en los comentarios que escribe en su blog Manifiesto del Siglo XXI, sugieren una lectura que no ha incorporado lo avanzado por los economistas que discutieron la propuesta de Marx en los últimos 50 años. No hay nada nuevo ni sugerente, mas allá de la usual exegesis a la que nos tienen acostumbrados los marxistas (después se quejan de porque los demás economistas y científicos sociales no los tomamos muy en serio!).

Veamos. Conceptualmente, la exposición de Marx (y que es la que Carlín ilustra en la entrevista) se basa en el supuesto de que el producto neto es constante y es ese supuesto el que permite armar el cuadro que muestra que la tasa de ganancia cae con la introducción de maquinaria. Cuando esto deja de ser cierto, no hay razón alguna para esperar que la tasa de ganancia vaya a caer, pues esto dependerá de que como especifiquemos la relación entre la tasa de ganancia y el producto por trabajador. Esto no es fácil de ver a primera instancia, pero para los interesados recomiendo la mejor exposición sobre el tema que he visto en el libro de Mark Blaug, Economic Theory in Retrospect, Capitulo 7. Otras críticas serias pueden encontrarse en el trabajo de la economista británica Joan Robinson, An Essay on Marxian Economics, y el famoso libro de Paul Sweezy, The Theory of Capitalist Development, los mismos que concuerdan en afirmar que la llamada ley de tendencia decreciente de ganancia no tiene nada de ley científica.

De un punto de vista estadístico, la relación sugerida por Marx tampoco es cierta. En 1956, J.M. Gillman escribió un libro con una de los primeros intentos de testear empíricamente esta relación y el resultado fue negativo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no es posible establecer una relación causal a partir de la evidencia existente. Sin embargo, la evidencia existente no parece soportar la hipótesis.

2. El que la teoría de Marx sea falsa (o, en el mejor de los casos, infalsable), no significa que al argumento de reducción de la jornada laboral no sea admisible. Hay que descartar la paja del trigo. Mientras puedo aceptar el argumento del Carlín, no aceptare que de paso me pretenda vender la teoría marxista en la que se basa. Y esto es así porque no hay nada en la teoría económica moderna que no nos permita admitir el argumento de Carlin. En particular, el incremento de la productividad del trabajador puede llevar a modificaciones en su asignación ocio-ingreso. Todo estudiante de primer año de economía aprende que, un aumento en el ingreso (en este caso, derivado de incrementos en la productividad), puede llevar a cambios en la oferta laboral, los cuales dependiendo de la magnitud del efecto ingreso, puede explicar perfectamente la reducción de la jornada laboral. De ahí que la crítica que Carlín hace a los economistas en la entrevista refleje su ignorancia sobre la profesión.

Sin embargo, eso no significa que el resto de los argumentos de Carlín sean ciertos. En particular, su argumento respecto a que la jornada laboral este incrementándose no resiste a la evidencia empírica global. Veamos los datos colectados al respecto por el historiador económico Angus Maddison en su web http://www.conference-board.org/economics/database.cfm :

a) El número de horas trabajadas por trabajador en USA se redujo de 2008 horas por año en 1950 a 1777 horas anuales en el año 2007. Una reducción de 230 horas anuales.

b) Para el caso peruano, dicha caída fue de 2157 horas en el año 1950 a 1926 horas en 1998, ósea, poco más de 200 horas. No hay datos hacia el 2008.

No he visto que Carlín presente evidencia sistemática al respecto, por lo menos no en su blog. La tendencia global indica que las horas de trabajo al año en los últimos 50 años ha estado cayendo, salvo para el caso de unos pocos países. Habría que revisar con más detalle la evidencia, pero a primera vista contradice uno de sus argumentos básicos.

Me parece condenable la crítica que muchos hacen a Carlín por su condición de arquitecto, como si ello le restara capacidad para abordar temas tan fascinantes como este. Sin embargo, lo que si encuentro condenable es la exegesis vulgar y el aparente desconocimiento del marxismo moderno que se desprende de los argumentos esbozados en los artículos de su blog, así como sostener hipótesis que no resisten la evidencia empírica. Carlín no puede seguir tan literalmente a Marx en un tema tan controversial que ha sido ampliamente estudiado por teóricos marxistas y no marxistas, y mostrar desconocimiento de la literatura que muestra las debilidades del pensamiento marxista en este aspecto. Mucho peor todavía es basar una propuesta tan ambiciosa como la que siguiere con una base científica tan endeble.

Creo que a Carlín no le vendría nada mal revisar mejor la literatura y la evidencia empírica para la próxima que se mande con un rollo como este.

sábado, 21 de junio de 2008

Todo lo sólido se desvanece en el aire: sobre Marx y la justicia distributiva (II)

Marx, al igual que los clásicos, consideraba que el trabajo era la fuente de valor de todas las mercancías. Sin embargo, a pesar de ello, el trabajador no recibe el valor total producido. El capitalista toma para sí una parte de este valor producido en la medida que ejerce relaciones de propiedad sobre los medios de producción usados para crearlo, lo cual le permite organizar el proceso productivo y decidir la distribución del excedente. Esto, que a primera vista parece tener sentido, es lógicamente insostenible puesto que se enfrenta a una limitación fundamental que no había podido ser resuelta por los economistas clásicos: explicar el origen del beneficio en una economía en donde las mercancías se intercambian por el tiempo de trabajo incorporado en ellas. Si bien es cierto que existen diferencias sustantivas entre los autores sobre lo que estos entienden por “tiempo de trabajo”, para efectos de esta discusión no será necesario ahondar más al respecto. Bastara mencionar que Smith habla sencillamente de “tiempo de trabajo”, mientras que Ricardo y Marx hablan respectivamente de “tiempo de trabajo necesario” y “tiempo de trabajo socialmente necesario”.

Esta cuestión era sin duda fundamental. Si en una economía todas las mercancías se intercambian por el tiempo de trabajo necesario para producirlas, ¿cómo se origina entonces la ganancia? ¿Se originaría esta en el proceso de circulación? Esto podría ser posible sólo en casos excepcionales y únicamente de manera temporal pues, en la medida de que los otros productores se percatasen de que existe la posibilidad de colocar su producto con un valor situado por encima del tiempo de trabajo que le cuesta producir una mercancía, se acabaría la oportunidad de ganancia excepcional al presionar la mayor oferta de producto a la caída del precio de mercado hasta alcanzar su nivel de equilibrio. Formalmente, podemos decir que si la circulación capitalista tiene la forma D-M-D’, donde D’=D+d, ¿cuál es el origen de d si MA(L)=MB(L), donde L representa el tiempo de trabajo de la mercancía MA y la mercancía MB?

Si no es la circulación, entonces la única respuesta posible a nuestro alcance es que la ganancia se origine en el proceso de producción. Para ello Marx se va apoyar en su teoría de la plusvalía, la cual, a decir de los teóricos de vena marxista, resuelve la paradoja que mencionábamos, brindándonos de esta forma, la pieza faltante en este intrincado rompecabezas.

Veamos ahora el razonamiento básico de esta propuesta. De acuerdo con Marx, en la sociedad capitalista se intercambian mercancías en función del tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas. La fuerza de trabajo del obrero, es decir, su capacidad de trabajo, es una mercancía mas en el capitalismo y como tal es intercambiada por el valor de los medios de subsistencia necesarios para el mantenimiento y reproducción de la misma. Esta mercancía es adquirida por el capitalista en el mercado de trabajo y es llevada por este al proceso productivo en donde es utilizada para la producción de otras mercancías. Bastaría solo con una fracción de la jornada laboral para que el obrero genere un valor equivalente al valor de los medios de subsistencia necesarios para su reproducción social representado por el salario que le paga el capitalista. Sin embargo, el capitalista paga al obrero por una jornada completa de trabajo, creando por lo tanto este último más valor del necesario para cubrir el costo que le representa el capitalista. A este valor adicional Marx lo denominó Plusvalía.

Así, en el capitalismo-según Marx-la clase propietaria vive a expensas del valor creado por la clase trabajadora. La ganancia apropiada por el capitalista en razón de su propiedad sobre los medios de producción existe en un contexto en donde se intercambian mercancías por tiempo de trabajo socialmente necesario equivalente. Como menciona la economista británica Joan Robinson, Marx en esta etapa “...no acusa al capitalismo a la manera del idealista ingenuo que considera a la explotación como un robo. Por el contrario, con un sarcasmo lógico, defiende al capitalismo. No hay estafa, todo se cambia a su valor, tal como es correcto y justo. No es el valor que produce lo que se le debe al trabajador, sino el que cuesta, lo que se le debe al trabajador” (Robinson 1966, pág. 44).

De esta manera, es clara la relación que existe entre la teoría del valor marxista y la teoría de la explotación. De hecho, esto nos permite decir ya un rasgo clave de la teoría marxista: los resultados distributivos se hallan fuertemente condicionados por las relaciones de propiedad establecidas sobre los recursos productivos, en particular los medios de producción. Es decir, gracias a su condición de propietaria de los medios de producción, la clase capitalista puede vivir a expensas del valor producido por la clase trabajadora desposeída de dichos medios, y es dicha condición la que le permite decidir la distribución del excedente generado.

Sin embargo el argumento marxista no queda aquí. Marx va mas allá al considerar que este conjunto de relaciones sociales establecidas a propósito de la producción de mercancías conjuntamente con la contradicción de clases y el incesante desarrollo de las fuerzas productivas determinan tanto el conjunto de las instituciones, ideas y practicas de naturaleza jurídica, política, religiosa, artística y filosófica que caracterizan tanto a una determinada época como el proceso que deriva en el cambio social de una etapa histórica a otra.

En el justamente famoso prefacio a su Contribución a la Crítica de la Economía Política (1959) Marx delinea esta idea como sigue:

“El resultado general a que llegue y que, una vez alcanzado, sirvió de hilo conductor en mis estudios, puede formularse brevemente de la siguiente manera. En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de la conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, es su ser social el que determina su conciencia.” (Marx 1973 [1859], pág. 8 y 9).

Así, en el capitalismo, la clase capitalista no sólo es propietaria de los medios de producción, lo cual le otorga la capacidad de decidir como se distribuye el excedente, sino que, además, estas relaciones de propiedad les permite el ejercicio del poder político, el control del aparato estatal y la imposición de un conjunto de ideas y valores consistentes con su predominio de clase. De esta manera, las relaciones de propiedad son las determinantes últimas de la distribución del excedente económico y de otros recursos valiosos relacionados con el acceso al poder político e inclusive la cultura.

Del análisis marxista es sencillo desprender que una condición necesaria para la eliminación de las desigualdades sociales consiste en la supresión de las relaciones de propiedad establecidas sobre los recursos productivos. Este proceso seria-según Marx- una consecuencia necesaria del proceso de evolución del capitalismo debido a la lógica de la búsqueda de ganancia que guía las decisiones de producción de los capitalistas.

De acuerdo con Marx, es gracias a esta lógica que el capitalismo revoluciona constantemente las fuerzas productivas. El cambio social estará ad portas cuando en un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas estas entren en contradicción con las relaciones sociales de producción vigentes. Al ser estas últimas un obstáculo al desarrollo de una nueva forma de organización social, el transito de una etapa histórica a otra solo será posible por medio de una revolución social.

Marx y Engels estaban convencidos que en la sociedad capitalista, al revolucionarse constantemente los medios de producción, estos cambios serian más dinámicos y constantes. En el Manifiesto del Partido Comunista (1848) graficarían este dinamismo de la siguiente forma:

“Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cotejo de creencias e ideas veneradas durante siglos, quedan rotas, las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones reciprocas.” (Marx y Engels1988[1848], pág. 40).

Así, en el proceso de su evolución el sistema capitalista desarrolla las contradicciones internas que en algún momento habrán de derivar en su negación, dialécticamente hablando, y su superación por un esquema de organización económica y social superior. El capitalista, al buscar la máxima ganancia, invierte cada vez mas en técnicas de producción intensivas en capital. Asimismo, esta acumulación de capital no seria posible sin revolucionar constantemente las fuerzas productivas y los medios de producción. El resultado será la conformación del ejército industrial de reserva.

Así, a medida que se desarrolla el capital, el trabajo tiende a subdesarrollarse. Esta contradicción-según Marx- es la que llevará al capitalismo, tarde o temprano, a su extinción. El capitalista se enfrentará con un problema de escasez de mercados pues, al adoptar tecnologías cada vez más intensivas en capital, no solo ahorrara mano de obra sino que perderá también potenciales clientes. Los trabajadores serán excluidos del mercado laboral, lo que a su vez los excluirá del mercado de bienes. Aquí radica una de las grandes contradicciones del capitalismo pues lo que le resulta rentable individualmente a cada capitalista (implementar tecnologías ahorradoras de trabajo) les resulta colectivamente adverso (reducción de mercado). Con el tiempo, los elevados niveles de exclusión laboral harán inviable al capitalismo y los trabajadores no tendrán “...nada que perder...más que sus cadenas” (Marx y Engels 1988[1848], pág. 74). La revolución social estará a la vuelta de la esquina.

jueves, 19 de junio de 2008

Sobre el Marxismo Analítico y algunos Mitos del Socialismo

A pedido de algunos lectores, comparto alguna información relevante sobre algunos intelectuales de vena marxista o socialista cuyos trabajos son respetados y gozan de amplia aceptación en la academia debido a su rigor científico y honestidad intelectual. Entre ellos podemos contar:

1) G.A. Cohen, profesor de filosofia del All Souls College de la Universidad de Oxford (No tiene pagina web, consigno su entrada en Wilkipedia http://en.wikipedia.org/wiki/G.A._Cohen).

2) John E. Roemer, profesor de economía y ciencia política de la Universidad de Yale (http://pantheon.yale.edu/~jer39/).

3) Adam Przeworski, profesor del departamento de ciencias políticas de la New York University (http://www.nyu.edu/gsas/dept/politics/faculty/przeworski/przeworski_home.html)

4) Samuel Bowles, profesor emerito de economia de la Universidad de Massachussets y academico del Santa Fe Institute (http://www-unix.oit.umass.edu/~bowles/)

5) Herbert Gintis, profesor de economia de la Universidad de Siena y académico del Santa Fe Institute (http://www-unix.oit.umass.edu/~gintis/)

6) Pranab Bardhan, profesor de economia del la Universidad de California en Berkeley (http://globetrotter.berkeley.edu/macarthur/inequality/Bardhan.html)

7) Erik Olin Wright, profesor de sociología de la Universidad de Wisconsin en Madisson ( http://www.ssc.wisc.edu/~wright/)

8) Jon Elster, profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Columbia (http://www.columbia.edu/cu/philosophy/fac-bios/elster/faculty.html Ademas encontre esta web con alguna información de Elster http://www.geocities.com/hmelberg/elster/elster.htm)

Ellos, y otros más, forman o formaron parte de una corriente conocida como el “marxismo analitico”. Voy a aprovechar que hay una buena descripción de esta corriente en wilkipedia para ahorrarme comentarios al respecto (http://en.wikipedia.org/wiki/Analytical_Marxism ). Ellos también se denominaban asi mismos como "Non-Bullshit Marxism", y supongo que calificarían como “Bullshit Marxism” o “Bullshit Socialism” ala producción de algunos intelectuales latinoamericanos como Atilio Boron.

Además, comparto con ustedes este articulo de Roemer, titulado “Socialism: A Modern Perspective” (http://pantheon.yale.edu/~jer39/Socialism.Palgrave.pdf ), por aparecer en The New Palgrave Dictionary of Economics, editado por L. Blume y S. Durlauf. En el Roemer hace un interesante análisis de las posibilidades reales del socialismo. En particular, hay algunos mitos del socialismo que Roemer analiza que ameritan la atención de los socialistas vulgares (sobre todo esa mancha de despistados que se denominan animismos como socialistas del siglo XXI) y que a mi entender son los siguientes:

a) El socialismo –en el sentido marxista- se define en términos de relaciones de propiedad y de la eliminación de la explotación capitalista entendida como la apropiación de los excedentes generados por los trabajadores. Por tanto, de la definición no se desprende que esta tenga que ver con la plena realización de la libertad humana y otros atributos que suelen asociarse al concepto. Si esta relacion existiese, debería ser motivo de un análisis conceptual mas profundo pues la evidencia demostró que, por el contrario, empíricamente el socialismo se ha asociado a la supresión de las libertades.

b) La eliminación de la explotación capitalista no significa en ningún caso la eliminación de las desigualdades de ingresos. Ello ocurre en Marx debido a que considera en su análisis a los trabajadores como homogéneos. Sin embargo, si reconocemos que los trabajadores son heterogéneos en sus habilidades y su capital humano, entonces la desigualdad de ingresos no desaparece bajo el socialismo. Como dice Roemer, la creencia de que el socialismo implicaría la eliminación de las desigualdades es bastante optimista.

c) La discusión sobre la falta de incentivos y la falta de coordinación de los mecanismos de asignación utilizados por el socialismo es bastante iluminante, por lo que recomiendo leerla con especial atención.

En fin, mejor que cada uno se forme su propia impresión a partir de la lectura. Aunque Roemer es socialista, claramente es consciente de las limitaciones que hay para implementar un esquema socialista en el plano económico, plano que a mi entender es en donde hay más vacíos para una propuesta política socialista moderna. Un libro en donde Roemer discute una propuesta al respecto, y que menciona en la lectura, es Un Futuro para el Socialismo (hay edición española creo).

Bueno estimados, servidos.

martes, 17 de junio de 2008

Todo lo sólido se desvanece en el aire: sobre Marx y la justicia distributiva (I)

Son muy pocas las doctrinas que como el marxismo han logrado, a lo largo de la historia, movilizar los esfuerzos de miles de hombres en el afán de construir una sociedad mejor. Inspirados en las ideas de Marx, intelectuales, obreros y políticos de muchos países del planeta llevaron acabo experimentos de transformación social con el propósito de alcanzar la promesa de bienestar social explicito en el mensaje del considerado hombre más influyente del milenio, con los resultados por todos conocidos.

Sin embargo, y más allá del patente fracaso de estas experiencias, no cabe duda que el credo marxista traía consigo un mensaje fuertemente igualitario. La condena de Marx a la sociedad capitalista de su época no hubiera tenido sentido si no hubiera sido testigo presencial de los efectos negativos asociados a la revolución industrial. Las extensas jornadas de trabajo, las condiciones inhumanas del mismo y los magros salarios eran parte de un cuadro desolador que Marx trató de comprender en un principio y luego transformar.

Ciertamente, dicho mensaje igualitario no deja de ser seductor en la actualidad. De hecho, algunos sectores (sobre todo la izquierda) se sienten poseedores de cierta superioridad moral frente a otros sectores políticos por esta razón. Tengo la hipótesis de que dicha vocación igualitaria del marxismo (y por extensión del socialismo marxista) esta mal planteada y que disponemos en la actualidad de teorías de justicia distributiva más potentes que la que se basa en Marx. Como no hay mejor forma para cuestionar una teoría rival que conociéndola, me animo a escribir sobre un tema tan complejo y apasionante, a riesgo de ser criticado por los amantes de la Vulgata marxista.

Este mensaje igualitario puede ser considerado a su vez como uno de los alegatos más contundentes contra la desigualdad generada por el sistema capitalista. De hecho no es exagerado afirmar que en todas las teorías de vena marxista la motivación central la constituye la denuncia moral, explícita o implícita, de las disparidades en la distribución del bienestar que deriva del funcionamiento del sistema. Por esa razón, quiero discutir en una serie de posts la visión de justicia distributiva que se desprende de los escritos de Marx, y trazar la evolución del pensamiento de Marx en este respecto. Más importante aun, me parece discutir las visiones de justicia de los seguidores modernos de Marx, como es el caso de los marxistas analíticos. Me basaré en las contribuciones de los analíticos pues considero que el resto del marxismo puede ser categorizado –siguiendo a los mismos marxistas analíticos- como bullshit.

Decía que la condena moral de las desigualdades engendradas por el capitalismo es consustancial al marxismo. Es en los escritos del propio Marx en donde ello se manifiesta con mayor claridad. Su evolución teórica es un notable esfuerzo por develar la "anatomía de la sociedad burguesa", esfuerzo que transita desde la critica moral y filosófica de la desigualdad, presente en sus primeros escritos, hacia un análisis con pretensión científica del modo de producción capitalista, presente en su obra económica de madurez, en particular en Das Kapital.

En su primera etapa la condena marxista del capitalismo se apoya en la filosofía. La influencia hegeliana es decisiva en este periodo, en particular la crítica realizada por Hegel al capitalismo a causa de su negatividad, critica que es asumida por Marx casi sin reservas. La sociedad capitalista, según este autor, esconde bajo la apariencia de orden y armonía un esquema de organización social claramente irracional. Para el joven Marx, como para su maestro Hegel, la sociedad burguesa ofrece un espectáculo de miseria física y moral bajo la apariencia de interés común. La división del trabajo y la propiedad privada en que se fundamenta el capitalismo traen consigo el agrandamiento de las diferencias entre los hombres, el embrutecimiento de los trabajadores y un incremento de su dependencia frente al capital. En suma, la sociedad burguesa tiene como condición, según el joven Marx, la miseria de la gran mayoría.

Sin embargo, el distanciamiento de Hegel no se hizo esperar. Marx no aceptaba la salida propuesta por su maestro quien encontraba en el Estado el medio a través del cual habría de superarse la negatividad de la sociedad burguesa, constituyéndose así en el mecanismo que aseguraría la "realización de la libertad" de los individuos. Por el contrario, el Estado, que debería velar por el interés general, parece obrar-según Marx- sólo en defensa de la propiedad privada.

De esta forma, tanto Marx -como Engels- encuentran en la propiedad privada el fundamento de la irracionalidad de la sociedad burguesa y el origen de las desigualdades que la caracterizan. En los Comentarios a la Obra de James Mill y en los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844 Marx realizó una severa critica de la propiedad privada que puede ser resumida, siguiendo a Ureña (1977), en los siguientes términos:

Una economía basada en la propiedad privada tiene como presupuesto fundamental el que el hombre individual produce únicamente para tener la mayor cantidad posible de productos, es decir, tiene un fin egoísta y está alentada por la 'codicia'; igualmente, el intercambio de productos tiene como única finalidad el enriquecimiento egoísta propio, es decir, el intercambio tiene como ley el engaño mutuo, la explotación mutua, la guerra entre codiciosos, en una palabra: la 'concurrencia'; el productor individual que, necesitando sólo un par de zapatos para calzarse asimismo, produce mil pares, no lo hace por el gozo humano de poder así calzar a mil de sus semejantes, sino sólo por el motivo de 'intercambiarlos' contra otras cosas y 'tener' así más y más. Con esto Marx cree descubrir el verdadero significado de la propiedad privada burguesa: bajo sus presupuestos el trabajo es un trabajo alienado, egoísta, inhumano.”

Así, en la sociedad capitalista la división del trabajo tiene por fin producir mercancías para el intercambio y no para la satisfacción de las necesidades. El trabajo humano pierde entonces todo carácter social y los individuos se relacionan entre ellos en tanto poseedores de mercancías y no como seres humanos. He aquí la irracionalidad de esta sociedad según Marx: el mundo de las cosas cobra más relevancia que el mundo de los seres humanos. El trabajo humano es así un trabajo alienado.

Marx profundiza su crítica analizando con mayor detalle la alienación del trabajo humano, acercándose a lo que seria luego su teoría de la explotación, base fundamental de la crítica marxista a las desigualdades que genera el sistema. El concepto de alienación que desarrolla en los Manuscritos Económicos-Filosóficos de 1844 tiene un contenido socioeconómico profundo, lo cual lo aleja de la naturaleza filosófica del concepto que Marx había tomado en un principio de Hegel, Schelling y Feuerbach. En Marx, el hombre alienado ya no es aquel ser desgarrado que se aferra a un mundo religioso o especulativo. Es ahora el miembro de una sociedad imperfecta, una sociedad deshumanizada, una sociedad que es inhumana-según Marx- en la medida en que el trabajo de sus miembros, el mismo que debería permitir el desarrollo pleno de éstos, es un trabajo alienado, un trabajo que no produce para sí ni para la satisfacción de las necesidades humanas (Mandel 1969, pág. 24-25). Este análisis lleva a Marx a precisar con mayor claridad al principal perjudicado de este trabajo alienado y alienante: el proletario.

En los Manuscritos Económicos-Filosóficos de 1844 Marx expresaba esta idea en los siguientes términos:

Partimos de un hecho económico 'contemporáneo'. El obrero se vuelve tanto más pobre cuantas más riquezas crea....El obrero se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce. La 'devaluación' del mundo humano aumenta en proporción directa a la 'supervaloración' del mundo de las cosas. El trabajo no produce solamente mercancías; se produce también así mismo y al obrero como 'mercancía', y esto precisamente en la medida en que produce mercancías”.

Así, mientras tanto más trabaja el obrero tanto más crea un mundo de objetos que le son hostiles y le aplastan (Mandel 1969, pág. 29).

En el proceso de su evolución teórica Marx logra descubrir cuales son, a su entender, las causas últimas de la alienación del trabajo humano. Marx encuentra que son la división del trabajo y la producción mercantil, conjuntamente con la propiedad privada, las raíces de la alienación.

En otro pasaje del mismo manuscrito a propósito de esto Marx escribiría:

“...mientras la división del trabajo eleva la fuerza productiva del trabajo y la riqueza y el refinamiento de la sociedad, empobrece al trabajador hasta equipararle a una maquina. Mientras que el trabajo trae consigo la acumulación de capitales y con ello el bienestar creciente de la sociedad, hace al trabajador cada vez más dependiente del capitalista”.

De esta forma, el trabajo alienado es aquel trabajo que-según nuestro autor-no es propietario del producto generado; es el trabajo que produce para enriquecer a otros. En otras palabras, y de acuerdo con este enfoque, es aquel trabajo que refleja la división de la sociedad en dos clases antagónicas, la existencia de una marcada contradicción entre el trabajo y el capital, y la presencia de la propiedad privada sobre los medios de producción como el arreglo social fundamental en la sociedad capitalista. En suma, una sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre, la explotación del proletario en manos del capitalista.

Hasta aquí resulta claro que para Marx el sistema capitalista se fundamenta en una relación de intercambio desigual, y por lo tanto injusta, entre el proletario desposeído de los medios de producción y el capitalista cuya propiedad privada sobre estos medios le permite imponer condiciones a la hora de distribuir los frutos del proceso de creación de riqueza. Esta relación de intercambio desigual tiene su origen–según Marx-en la lógica del sistema, orientada a la producción de mercancías para el intercambio mercantil y no en la producción de valores de uso para la satisfacción de las necesidades. Esto nos lleva a la famosa teoría del valor que Marx delinea en su trabajo de madurez, fundamentalmente en su obra magna, Das Kapital, la cual, a pesar de su pretensión científica, esta llena de una carga normativa implícita.

sábado, 14 de junio de 2008

Algunas ideas sobre el “socialismo del siglo XXI”


De un tiempo a esta parte, muchos han empezado a hablar del llamado “socialismo del siglo XXI”, sobre todo a partir de la experiencia chavista en Venezuela. Algunos otros, animados por lo anterior, vienen discutiendo los fundamentos conceptuales y teóricos de esta nueva versión del socialismo. El termino como tal, fue acuñado por Heinz Dieterich Steffan en 1996 en un trabajo titulado “El Socialismo del Siglo XXI” que esta disponible en la web para los interesados. En realidad, el trabajo de esta autor no ofrece mucho en términos conceptuales, por lo que no constituye en si una reformulación sofisticada del viejo socialismo teórico ramplón. Mucho menos en lo económico, en donde el autor sugiere una propuesta muy gasesosa de “economía de los valores”, que no es mas que un regreso acrítico a la teoría del valor de Marx en vez de la ley de la oferta y la demanda. En síntesis, no hay mucha novedad y por eso el socialismo –a mi entender- no ha podido aun ser rescatado del basurero de la historia de las ideas como pretenden sus seguidores contemporáneos. Aquí van algunos comentarios a algunos lugares comunes que uno escucha de los pseudo-teóricos socialistas modernos:

a) El primer comentario tiene que ver con esta idea de que el socialismo como tal se encuentra actualmente en el "basurero de la historia de las ideas". Ciertamente, el socialismo tiene sus defensores y en algunos lugares hay presidentes que se reclaman socialistas. Pero eso no significa que el socialismo tenga una base teórica respetable detrás de esa praxis política, y como diría Adolfo Figueroa, no hay mejor manera de ser prácticos que con una buena teoría. Nuestros socialistas de la región no la tienen, por eso que en la practica hacen cualquier cosa en la economía (sino vean a Kichner en Argentina o Chavez en Venezuela) o simplemente siguen los criterios básicos de la economía de mercado (aunque no les guste, liberal) como es el caso de los chilenos. En ese sentido, mi afirmación es simplemente una descripción, pues no hay teoría socialista seria (en un sentido que definiré luego) que respalde esa praxis política, y la que hubo simplemente cayo en desuso, al basurero de la historia de las ideas, junto a la alquimia, la astrología, y esperemos que prontamente, el psicoanalisis. De hecho, si eso no fuera cierto, no tendría sentido debatir sobre su construcción teórica, pues es lo que implícitamente se sugiere cuando reclama que la tarea teórica del momento construir un socialismo del siglo XXI.

b) Ciertamente el socialismo fue mucho mas que Rusia (en donde fracaso) y China (en donde sensatamente dieron vuelta al mercado y ahora es la economía que más crece). Sin embargo, desde el punto de vista teórico eso no importa mucho. Lo que importa aquí es el fracaso teórico. Y, a pesar de que los socialistas han levantado la cabeza y ganan posiciones en el terreno político, están en la incomoda posición de que no tienen una visión de mundo alternativa a la liberal sustentada en una nueva lectura de la realidad.

c) Mas allá de unos cuantos intentos de acomodo en las ciencias sociales blandas como la historia y la sociología, en las ciencias sociales fuertes como la economía, los enfoques socialistas están simplemente desterrados debido a su inutilidad, por no mencionar las ciencias naturales en donde los métodos marxistas inspirados en el materialismo dialectico harían soltar carcajadas a los intelectuales mas serios. Sino, ¿alguien podría decirme cual es el fundamento teórico para la organización económica de la sociedad en el socialismo actual? ¿Planificación centralizada de los medios de producción todavía? Simplemente no tienen nada, ante el fracaso de esos esquemas de planificación, no han sugerido una alternativa para la organización económica de la producción y distribución que signifique un reto al mercado. Por eso sugeriría una re-lecturas socialista en el plano económico, pues esa es precisamente la debilidad más grande de los socialistas post-caida del muro. Se quedaron sin teoría económica, por no mencionar teoría política, su teoría de la historia y demás.

d) El rigor en la ciencia no lo define el gusto ni las preferencias políticas. Ciertamente, no existe un criterio de demarcación entre lo científico y no científico que este exento de problemas filosóficos. Sin embargo, si existen ciertas pautas y reglas que hacen que no cualquier cosa pase por científica, y en todas ellas a los socialistas les va muy mal, demasiado mal diría yo, tanto que uno llega a sentir compasión y vergüenza ajena. El criterio básico es que las teorías científicas deberían ser pasibles a un mecanismo de contrastación empírica, mecanismos que han ido evolucionando, pasando desde la verificación positivista propuesta por los filósofos del Circulo de Viena hasta el falsacionismo sofisticado sugerido por Popper y Lakatos. Asimismo, la competencia entre científicos funciona tambien como un mecanismo de control importante, y permite en gran medida el progreso cientifico. Como sea, ninguna teoría socialista ha resistido el test empírico, de ahí que sean precisamente las predicciones de las teorías de Marx los ejemplos típicos de una teoría degenerada (incapaz de predecir adecuadamente la realidad que se propone explicar) en cualquier curso básico de la teoría de la ciencia. Pretender construir algo nuevo con un enfoque que adolece de estos problemas, si me parece una perdida de tiempo.

e) Tal vez, cuando la izquierda habla de socialismo se refiere mas que a las ideas, al conjunto de valores que subyacían al socialismo, y de ahí esa reivindicación del socialismo que sugiere buena parte de la izquierda latinoamericana. Si es así, entonces estamos ante dos cosas: a) o diferenciamos el asunto, y aclaramos de partida que nos definimos socialistas por los valores que asociamos al socialismo mas que por una teoría socialista, o b) reivindicamos un socialismo teórico de partida como necesidad a la praxis política, y por tanto se parte de cero reconociendo lo errado de nuestras concepciones anteriores y reconociendo nuestra desnudez teórica, y de paso no nos molestamos cuando se nos dice que la teoría marxista pertenece al basurero de la historia de las ideas. En el primer caso, no tendríamos necesidad de definirnos como socialistas porque dichos valores no son patrimonio exclusivo de las teorías socialistas (por ejemplo, el valor de la igualdad es compartida por el liberalismo moderno como es el caso de Sen, Rawls y Dworkin), mientras que en el segundo tendríamos que partir de cero, por lo que tampoco es necesario definir como "socialismo" el producto final del ejercicio de reflexión teórica.

Para terminar, mi punto es que mis amigos socialistas están un poco desorientados. Solo tienen un nombre y un pasado común, pero sin teoría y principios comunes consistentes con un programa de investigación progresivo, el resultado será un variopinto grupo de gentes llamándose socialistas y haciendo cosas completamente disimiles, como ya ocurre en la actualidad. Si hay que empezar de cero, ¿porque insistir con el pasado? ¿Porque insistir en llamarse socialistas cuando gran parte de lo que se definió de esa manera fracaso en lo teórico y en lo practico, sin haber ocurrido un proceso de reconstrucción teórica? El día en que los socialistas se pongan en serio a reflexionar sobre la realidad (sin repetir sus viejas monsergas) y testear sus teorías tendrán cabida en la ciencia moderna. Sino, solo serán objeto de burla y ejemplo de mala ciencia. Seguirá en el basurero de la historia de las ideas.

viernes, 11 de enero de 2008

Diez Consejos para ser un militante de izquierda (estupido)

Recibí esto hoy por la lista de correo de Rio Abierto. Vale la pena copiarlo completo porque hace tiempo que no me topaba con un texto político tan elemental:

Diez Consejos para los Militantes de Izquierda
Frei Betto
9 de enero del 2005
1. MANTENGA VIVA LA INDIGNACIÓN
Verifique periódicamente si usted es realmente de izquierda. Adopte el criterio de Norberto Bobbio: la derecha considera la desigualdad social tan natural como la diferencia entre el día y la noche. La izquierda lo enfrenta como una aberración que debe ser erradicada.
Cuidado: usted puede estar contaminado por el virus social-demócrata, cuyos principales síntomas son usar métodos de derecha para obtener conquistas de izquierda y, en caso de conflicto, desagradar a los pequeños para no quedar mal con los grandes.


2. LA CABEZA PIENSA DONDE LOS PIES PISAN
No se puede ser de izquierda sin "ensuciar" los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre. Alégrate y comparte sus creencias y victorias. Teoría sin práctica es hacer el juego a la derecha.

3. NO SE AVERGÜENCE DE CREER EN EL SOCIALISMO.
El escándalo de la Inquisición no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducirlo a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana.
El capitalismo, vigente hace 200 años, fracasó para la mayoría de la población mundial. Hoy, somos 6 billones(*) de habitantes. Según el Banco Mundial, 2,8 billones sobreviven con menos de US $ 2 por día. Y 1,2 billones, con menos de US $ 1 por día. La globalización de la miseria no es mayor gracias al socialismo chino que, a pesar de sus errores, asegura alimentación, salud y educación a 1,2 billones de personas.

4. SEA CRÍTICO SIN PERDER LA AUTOCRÍTICA.
Muchos militantes de izquierda cambian de lado cuando comienzan a buscar piojo en cabeza de alfiler. Apartados del poder, se tornan amargos y acusan a sus compañeros(as) de errores y vacilaciones. Como dice Jesús, vemos el polvo en el ojo del otro, pero no la viga en el propio ojo. Tampoco se enganchan para mejorar las cosas. Quedan como simples espectadores y jueces y, algunos, son captados por el sistema.
La autocrítica no es sólo admitir los propios errores. Es admitir ser criticado por los(as) compañeros(as).

5. SEPA LA DIFERENCIA ENTRE MILITANTE Y "MILITONTO".
"Militonto" es aquel que se jacta de estar en todo, participar en todos los eventos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de explicaciones y los efectos de sus acciones son superficiales.
El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; valora de forma determinada su área de actuación y actividades, valoriza los vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios.

6. SEA RIGUROSO EN LA ÉTICA DE LA MILITANCIA.
La izquierda actúa por principios. La derecha, por intereses. Un militante de izquierda puede perder todo, la libertad, el empleo, la vida. Menos la moral. Al desmoralizarse, desmoraliza la causa que defiende y representa. Le presta un inestimable servicio a la derecha.
Hay arribistas disfrazados de militante de izquierda. Es el sujeto que se engancha apuntando, en primer lugar, a su ascenso al poder. En nombre de una causa colectiva, busca primero sus intereses personales.
El verdadero militante - como Jesús, Gandhi, Che Guevara - es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, u orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa.

7. ALIMÉNTESE EN LA TRADICIÓN DE LA IZQUIERDA.
Es preciso la oración para cultivar la fe, el cariño para nutrir el amor de la pareja, "volver a las fuentes" para mantener encendida la mística de la militancia. Conozca la historia de la izquierda, lea (auto)biografías, como el "Diario del Che en Bolivia", y romances como "La Madre", de Gorki, o "Las uvas de la Ira", de Steinbeck.

8. PREFIERA EL RIESGO DE ERRAR CON LOS POBRES A TENER LA PRETENSIÓN DE ACERTAR SIN ELLOS.
Convivir con los pobres no es fácil. Primero, hay la tendencia de idealizarlos. Después, se descubre que entre ellos existen los mismos vicios encontrados en las demás clases sociales. Ellos no son mejores ni peores que los demás seres humanos. La diferencia es que son pobres, o sea, personas privadas injusta e involuntariamente de los bienes esenciales de la vida digna. Por eso, estamos al lado de ellos. Por una cuestión de justicia.
Un militante de izquierda jamás negocia los derechos de los pobres y sabe aprender con ellos.

9. DEFIENDA SIEMPRE AL OPRIMIDO, AUNQUE APARENTEMENTE ELLOS NO TENGAN RAZÓN.
Son tantos los sufrimientos de los pobres del mundo que no se puede esperar de ellos actitudes que tampoco aparecen en la vida de aquellos que tuvieron una educación refinada.
En todos los sectores de la sociedad hay corruptos y bandidos. La diferencia es que, en la élite, la corrupción se hace con la protección de la ley y los bandidos son defendidos por mecanismos económicos sofisticados, que permiten que un especulador lleve una nación entera a la penuria.
La vida es el don mayor de Dios. La existencia de la pobreza clama a los cielos. No espere jamás ser comprendido por quien favorece la opresión de los pobres.

10. HAGA DE LA ORACIÓN UN ANTÍDOTO CONTRA LA ALIENACIÓN.
Orar es dejarse cuestionar por el Espíritu de Dios. Muchas veces dejamos de rezar para no oír el llamado divino que nos exige nuestra conversión, esto es, el cambio del rumbo en la vida. Hablamos como militantes y vivimos como burgueses, acomodados en una cómoda posición de jueces de quien lucha.
Orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar así como Jesús amaba, libremente.


Me parece sumamente interesante como el texto revela una serie de vicios que el discurso de la izquierda no ha logrado superar. Comento algunos:

a) Sectarismo
Es lamentable que, a estas alturas, se insista con el sectarismo. Por un lado, se dice “nosotros somos los buenos”, los que estamos en contra de las injusticias y desigualdades, mientras que “la derecha” concentra todo lo malo, son los que abusan de los pobres, los que ven y toman por natural las injusticias. Planteado el asunto a si, es muy difícil construir consensos políticos. Sin embargo, lo más importante es que lo anterior es una mentira del tamaño de una catedral. Es falso que solo la izquierda tenga un discurso igualitario. De hecho, quienes más han discutido el asunto en las últimas décadas han sido los liberales. Sino baste con revisar la Teoría de la Justicia de J.Rawls y todos los trabajos de Dworkin, Sen (el cual todas las ONGs de izquierda citan alegremente) e inclusive Nozick, a pesar de que este ultimo tenga una concepción mas limitada al respecto. Inclusive los pocos marxistas teóricos respetados académicamente que quedan (los llamados marxistas analíticos) se han visto muy influenciados por esta literatura, revisando sustancialmente la concepción sobre la igualdad social emanada de los escritos de Marx y los primeros marxistas.

No solo eso, sino que cualquier postura intermedia, como la socialdemocracia es denostada sin argumento de por medio. La paradoja es que, si es que algo se ha logrado en términos de mejorar las condiciones de vida de los que menos tienen, ello ha sido posible en aquellos lugares en donde la social-democracia se ha establecido. Simplemente Betto esta en la calle. Por otro lado, si no es la social-democracia, entonces que se propone? La lucha armada de nuevo? Si no es así, entonces no queda otra que luchar por el poder por medio de los mecanismos que la democracia ofrece. Nos guste o no, eso nos acerca a la social-democracia y nos obliga a negociar con otros agentes políticos. Y una actitud sectaria no sirve mucho en esa dirección.

b) Limitada autocritica
Ahora resulta que no hay que sentir vergüenza del socialismo? Me pregunto si habrá en Alemania gente que inste a los demás a no avergonzarse del nazismo. No hay que avergonzarse de los mas de 6 millones de rusos muertos en los campos de concentración de Stalin? De la supresión de libertades en Cuba? De los miles de muertos ocasionados por el intento de unos cuantos “iluminados” de imponer su “socialismo” mediante la revolución en los países de América Latina? Mal. El socialismo ya fue, y la izquierda tiene que ponerse a pensar en otra cosa.

Lo peor de todo es que ni siquiera queda claro que es de lo cual no se debería sentirse vergüenza. Seguimos apostando por la planificación centralizada? Por un régimen de partido único? Si no es así, entonces de que socialismo no debería uno avergonzarse? Porque lo único que uno escucha de los mas viejos, de aquellos que se resisten a evolucionar ideológicamente, es que se siguen definiendo socialistas pero cuando uno les comienza a preguntar si siguen creyendo en algunos de los componentes que lo definieron (como partido único, planificación centralizada, etc) entonces te dicen que no, que aquello estuvo mal y que hay que intentar otra cosa. Entonces, en que quedamos? Te defines socialista pero ya no crees en ninguno de sus elementos constitutivos? De que socialismo hablamos? Mayor confusión ideológica, imposible. Ni que hablar de ese socialismo del siglo XXI del que algunos despistados hablan, que se parece mas a caudillismo rancio del siglo XIX.

Ademas, ahora resulta que el socialismo chino hace que las cosas sean menos graves. La paradoja es que China tuvo que desmantelar su socialismo económico para poder crecer e ir gradualmente disminuyendo su pobreza. Es mas, como los trabajos de Amartya Sen muestran, la ausencia de libertades políticas en China permitió que hambrunas, perfectamente evitables debido a que no había escasez de alimentos, mataran millones de chinos. Porque insistir con una formula fracasada?

Lo dejo ahí por ahora pero continuare mañana. Es preocupante que ideas como estas persistan. Creo que es preciso someterlas a crítica y demostrar su debilidad en el debate público y evitar que las nuevas generaciones sean ideológicamente estafadas por sectores de la generación del 70 que fracasaron estrepitosamente en sus proyectos políticos. Importa poco que se vayan a la tumba con sus creencias anquilosadas y erróneas, pero es preciso combatirlos en el debate público pues hay sectores fácilmente radicalizables de las generaciones más jóvenes que aun encuentran seductores los argumentos simples y carentes de rigor científico que constituyen eso que llaman socialismo.

Actualización

Continúo con la discusión anterior.

c) La izquierda “principista” y la derecha “amoral”.
Esta es una variante del punto a). Las referencias a la moral revolucionaria y al “hombre nuevo” son continuas en el discurso de la izquierda atrapada en los 70’s. De ahí la comparación de Jesús con el “Che”, a pesar de que muchos difícilmente se imaginarían a Jesús ordenando la ejecución de sus opositores o matándolos con sus propias manos como lo hacia el “Che”, asunto que al parecer le preocupa muy poco a esta sacerdote radical. Me llama sumamente la atención este punto porque acerca mucho a los izquierdistas a la religión o al menos a alguna forma de ella, a pesar de su declarado ateísmo. Sobre todo porque es absurda la “pretensión” de convertir a todo el mundo a la “causa revolucionaria”, a asumir valores colectivistas y a denostar la búsqueda del beneficio personal. Que hay de malo con el individualismo? Porque pretender que todos deberíamos ser solidarios? Asumir valores solidarios y de interés por el prójimo es un asunto exclusivamente personal y no debería ser motivo de discusión desde un punto de vista de política publica. Si Betto quiere hacer su chamba, que vaya a convertir cristianos, pero tales conversiones no son admisibles más allá de la esfera estrictamente individual en una sociedad basada en el respeto a la libertad de opinión y conciencia.

d) No lea solo basura.
Por su puesto que cada uno tiene derecho a leer lo que estime conveniente. Sin embargo, cualquiera que quiera seriamente dedicarse a la actividad política debería tener un horizonte de lecturas más amplio. Solo así uno es capaz de desarrollar una actitud realmente crítica respecto a nuestras creencias políticas. Lamentablemente nuestros izquierdistas no se han caracterizado precisamente por la apertura académica. Casi siempre lecturas diferentes a las de la izquierda son rápidamente tildadas de “reaccionarias”, “burguesas” o “revisionistas”. Hay mucho apego a la exegesis de textos sagrados y a la cita de memoria, o a la lectura de literatura poca seria y muy aficionada a las teorías conspirativas. Mal. Y los pocos marxistas serios que aun quedan casi no reciben atención por nuestros izquierdistas, que en vez de Cohen, Roemer o Van Parijs prefieren a Atilio Boron.

e) La opción por los pobres no se antepone a la opción por la verdad y el respeto a la ley.
Defender a los que menos tienen no significa siempre aceptar lo que ellos hacen. La pobreza no es justificación para la violación de los derechos de los demás, así como la búsqueda de la justicia social no justifica “revoluciones” que suelen siempre estar asociadas a violaciones de los derechos de los demás. No es admisible el relativismo moral ni la ética consecuencialista, ni de izquierdas ni de derechas.