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miércoles, 24 de febrero de 2010

Anti-positivismo y objetividad en las ciencias sociales

En este post comentaba el debate que sobre el tema se ha venido desarrollando en la red. Martin Tanaka ha escrito un nuevo post al respecto:

http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/objetividad-y-ciencias-sociales-5.html

En este post, quiero referirme al anti-positivismo de algunos de los participantes del mismo. Tomemos, por ejemplo, la última intervención al respecto de Gonzalo Gamio:

“Considero que el modelo de ciencia social que suscribe Tanaka acusa una excesiva influencia del positivismo, y que eso lo lleva a asumir una idea del sujeto epistémico como un espectador imparcial privilegiado, que ha logrado trascender con éxito el lastre de su arraigo histórico-cultural y el círculo de sus intereses y presuposiciones. Me da la impresión que esa epistemología no siempre está formulada expresamente, pero se re-vela parcialmente cuando afirma que es posible y deseable separar el ser y el deber ser en el estudio del fenómeno político, cuando sugiere que debemos construir una “mirada neutral” sobre la realidad social (incluso postulada como télos), o cuando sostiene que la teoría de la rational choice constituye una perspectiva nuclear en la tradición disciplinar de la ciencia política.” Compromiso Político y Ciencias Sociales

Tengo la impresión que el autor nos ofrece una versión caricaturizada de los enfoques epistemológicos de la tradición positivista. Desde hace mucho tiempo atrás, las versiones positivistas reconocen la imposibilidad de un análisis científico imparcial y libre de condicionantes históricos y culturales en el sentido mencionado por Gamio. Cualquiera lector familiarizado con los trabajos de Lakatos sabe de lo que estoy hablando. Tampoco es cierto que las versiones modernas del positivismo planteen que sea posible separar el ser del debe ser (lo que se conoce como la “guillotina de Hume”). Solo una lectura descuidada podría explicar lo anterior.

¿Eso significa que no sea posible aspirar a una ciencia social “libre de valores”? O, en los términos de Gamio, ¿una ciencia en donde sea posible separar lo normativo de lo positivo? Tal y como veo el asunto, me parece que se trata de una incomprensión de lo que la tradición positivista plantea. Cito, por ejemplo, el trabajo de Mark Blaug que comente en este post:

“The doctrine of value-free social science asserts, first of all, that the logical status of factual, descriptive is-statements is different in kind from that of normative, prescriptive ought-statements, and second, that the methodological judgments that are involved in reaching agreement on is-statements differ in important ways from those used to reach a consensus on normative value judgments. The claim that social science can be value-free in this sense does not deny that ideological bias creeps into the very selection of the questions that social scientists investigate, that the inferences that are drawn from factual evidence are sometimes influenced by values of a particular kind, nor even that the practical advice that social scientists offer is frequently loaded with concealed value judgments, the better to persuade rather than merely to advise. The argument does not rest in any way on the supposed impersonal detachment of individual social scientists but rather on the social aspects of scientific activity, on the critical tradition of a scientific community that constantly weeds out the competing biases of individual scientists. Max Weber made all this perfectly clear over fifty years ago when he laid down the doctrine of Wertfreiheit (freedom from value) and there is really no excuse for misunderstanding of his meaning at this late stage.

Obviously, Weber did not deny that social science as it is actually practiced is shot through with political bias; it is precisely for that reason that he preached the possibility of value-free social science. Moreover, Wertfreiheit did not for him imply that the valuations of human beings cannot be rationally analyzed. On the contrary, he insisted that Wertungsdiskussionen (discussions on values) were not only possible but of the greatest utility “ Blaug (1992), 116-117

Más adelante, en un párrafo que podría aplicarse a las críticas de Gamio, el autor escribe:

“Few of those who attack the doctrine of Wertfreiheit have the courage of their own convictions. After marshaling all the standard arguments against the Wertfreiheit camp, they usually end up by saying that we are all in favor of objective truth and ''impartial science," although how there can be such things if "ises" are inextricably tied up with "oughts" is not made clear. If there are not at least some descriptive, factual assertions about social uniformities that are value-free (apart from the characterizing value judgments implied in methodological judgments), it seems difficult to escape the conclusion that we have the license to assert whatever we please.” Blaug (1992), 117-118.

Mi impresión es que Gamio nos presenta una visión rancia del positivismo que ningún positivista serio de hoy se atrevería a sostener. Esa separación entre el ser y el debe ser a nivel individual es ciertamente imposible y es algo en lo que hay que estar de acuerdo con las criticas de Gamio. Pero no es eso lo que sostiene el positivismo moderno. Como mencione en mi post anterior, no se trata de un asunto individual. Es la existencia de programas de investigación en competencia lo que permite que nos aproximemos progresivamente a la “verdad”.

Lo mismo aplica a la crítica de Gamio a los enfoques de elección racional. Ningún economista serio afirmaría que “es así” como operan los individuos. Se trata de una simplificación grosera que utilizamos para generar hipótesis que luego testeamos con los datos de la realidad. La bondad de la simplificación habrá de juzgarse en función a su capacidad de generar hipótesis de interés que sean una buena aproximación al fenómeno bajo análisis. Es, por eso mismo, una concepción limitada de la racionalidad y eso es algo de lo que siempre hemos sido conscientes en la profesión. Hay toda una rama de la economía que esta avanzado en mejorar nuestra compresión de la racionalidad individual, pero que no deja de formar parte de una tradición positivista. Un buen survey, puede encontrarse en este artículo de Stefano Dellavigna aparecido en Journal of Economic Literature, que reseña la literatura experimental sobre las desviaciones a la racionalidad identificadas en la literatura.

http://elsa.berkeley.edu/~sdellavi/wp/01-DellaVigna-4721.pdf

Estos datos tampoco son neutros por cierto y tampoco pueden leerse sin ausencia de una teoría (punto en el que concordamos con Gamio). Pero esto es lugar común en la tradición positivista, y puede encontrarse en los textos más antiguos del filosofo argentino Mario Bunge (desde 1963 por cierto, en la primera edición de la Investigación Científica si mal no recuerdo).

Con esto no quiero decir que las aproximaciones de vena positivista no estén exentas de problemas. De hecho, no hay escuela de pensamiento alternativa al positivismo que no tenga problemas similares o más graves aun. Pero una cosa es enarbolar críticas serias al positivismo y otra muy distinta es construirse un positivismo de caricatura para fácilmente criticarlo. En el caso de los argumentos de Gamio, estamos ante críticas que parecieran dirigidas a un positivismo de vieja guardia, pero que difícilmente constituyen argumentos en contra de las versiones modernas del positivismo y el racionalismo critico.

sábado, 20 de febrero de 2010

Sobre ideología, compromiso intelectual y ciencias sociales


Desde hace unas semanas se viene desarrollando un debate interesante, en algunas columnas de opinión y blogs, sobre la objetividad de las ciencias sociales en el país. Todo surge a partir del compromiso asumido por algunos intelectuales de izquierda del país (Alberto Adrianzen, Sinesio Lopez, Nicolas Lynch, entre otros) con la candidatura de Ollanta Humala. El manifiesto se puede leer aquí:

http://albertoadrianzen.lamula.pe/2010/01/18/intelectuales-peruanos-apoyan-candidatura-presidencial-de-ollanta-humala/

Conciliar el compromiso político con el ejercicio intelectual no tendría que ser problemático en tanto se admita que ambas actividades están sometidas a reglas de distintas naturaleza. Por esa razón, es que tengo la impresión que en buena medida el debate sobre el tema de las “objetividad” en las ciencias sociales –por lo menos, en la forma que lo viene desarrollando parte de los participantes está mal planteado: no se trata de reclamar “objetividad” al intelectual y/u obligarlo a declarar sus preferencias políticas. La objetividad no consiste en reclamarle a el intelectual imparcialidad frente a su objeto de estudio. Tampoco es el resultado de un atributo individidual. La objetividad deviene de una academia conformada por intelectuales que se someten al rigor de la crítica científica y que exponen los supuestos de sus análisis. O, para ponerlo en términos de Imre Lakatos, depende de la competencia entre programas de investigación y su interacción con la realidad.

Me explico con un ejemplo. Un lugar común entre los intelectuales de izquierda, es señalar que el modelo neoliberal ha acentuado la desigualdad en el país. Como ciudadanos, tienen el derecho a sostener esa idea, pero el ejercicio intelectual y la práctica científica exigen que sometan la hipótesis sobre el incremento de la desigualdad al test empírico. Es decir, no bastan las creencias y las impresiones, es necesario documentar el hecho empírico bajo estudio. Para ello, tendrían que proveer evidencia solida de que los datos de la realidad no refutan esta hipótesis.

Es importante notar que la ideología de los intelectuales nada tiene que ver con la objetividad del conocimiento científico. Como bien nota Lakatos, las ideologías y creencias de los investigadores son parte de la práctica científica. En el esquema de Lakatos, la ideología y las preferencias de los investigadores de un determinado programa de investigación forma parte de lo que él denomina el “núcleo”. La ideología define cuales son las preferencias respecto a los temas de investigación así como el desarrollo de ciertas hipótesis sobre la realidad. Así por ejemplo, los académicos de izquierda tienen la creencia de que el capitalismo es inherente desigualador y excluyente. Hasta aquí todo bien.

Siguiendo a Lakatos, uno podría decir que la objetividad viene por el hecho de que no solo hay académicos de izquierda en la academia. Existen académicos con otras opciones teóricas, ideológicas y metodológicas que pueden proveer una explicación alternativa a la sugerida por los académicos de izquierda, y es el resultado de esa competencia entre visiones distintas las que determinan la objetividad de un campo del conocimiento. Así, en el ejemplo de la desigualdad, existen académicos que sugerirían que en realidad no hay evidencia de que el modelo neoliberal sea inherentemente desigualador. Por esa razón, dentro del enfoque de Lakatos, la evolución del conocimiento científico es el resultado de la competencia entre programas de investigación y su interacción con los datos de la realidad.

El problema a mi entender, no es que los académicos traten de ser políticamente asépticos y/o que traten de ser objetivos a nivel individual. El asunto parte por seguir ciertas reglas en la práctica científica que exige que sometan sus teorías, modelos y datos al escrutinio de la comunidad científica. Esa es una práctica, que por ejemplo, exigen ahora los journals académicos en economía, los cuales piden que, para poder publicar un artículo, al autor debe entregar los datos y los códigos de programación utilizados para generar los resultados del estudio de modo tal que cualquiera pueda replicar los resultados y eventualmente someterlos a critica. Entonces, la objetividad no es un atributo personal del investigador; es el resultado de haber sometido sus trabajos al escrutinio de sus colegas, sean cuales sean las preferencias ideológicas que estos tengan. Por eso importante la existencia de una academia competitiva, como he insistido en otros posts.

Por esta razón, creo que el debate ha estado mal planteado precisamente por la ausencia de una buena epistemología. En su artículo en la Republica, Nelson Manrique se pregunta:

“¿Es imposible entonces la objetividad? En las CCSS podemos hablar más bien de grados de objetividad, que pueden ser mayores en la medida en que seamos capaces de poner bajo control nuestros sesgos conscientes e inconscientes. La paradoja es que suele ser más objetivo quien es capaz de poner sus sesgos sobre la mesa en comparación con aquel que ingenuamente cree que no los tiene y que, al no reconocerlos, no puede controlarlos.”

http://www.larepublica.pe/node/244968

Es claro que hay una confusión en tanto la objetividad se define en función a la habilidad del investigador para controlar sus “sesgos conscientes e inconscientes”. Paradójicamente, casi al final de su artículo el autor se vuelva “lakatosoniano” al decir:

“La ciencia, por otra parte, se construye en la confrontación de ideas y esta suele desarrollarse mejor cuando quienes participan en el debate son conscientes de sus sesgos y opciones ideológicas.”

Un argumento similar sobre la objetividad, puede verse en este post de Martin Tanaka:

Estoy totalmente de acuerdo con que el "conocimiento objetivo" es una quimera; pero la conclusión que debemos sacar de ello es que precisamente por eso en la investigación debemos esforzarnos al máximo por ser rigurosos y por seguir un método, de modo que nuestros planteamientos estén bien fundamentados, evalúen los temas de estudio con criterios y unidades de medida justas, se sostengan en evidencia recogida sin sesgos, siguiendo un protocolo, y sean verificables, contrastables, falsificables, sometibles a crítica, es decir, esforzarnos por reducir lo más posible el margen para la subjetividad y la arbitrariedad. Aún así, debemos siempre ser humildes, porque nunca lograremos evitar del todo sesgos, supuestos no examinados, escapar de múltiples determinaciones sociales, epistemológicas. El problema es transmitir el mensaje de que, como la objetividad no existe, solo existe la subjetividad, y por lo tanto todos estamos autorizados a decir lo que nos de la gana y a defender aquello en lo que creemos sin ningún control. Mi experiencia personal es que, aunque parezca exagerado, este riesgo es mucho más grande de lo que uno supondría en nuestras ciencias sociales.”

http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/objetividad-y-ciencias-sociales.html

Tengo la impresión que el texto de Martin hay una confusión entre rigor y objetividad. Permítanme un ejemplo personal para ilustrar mi punto. Cuando empecé a estudiar el tema de igualdad de oportunidades, mi interés era resolver una inquietud personal. Quería entender por qué algunas personan progresan y superan la pobreza mientras que otros fracasan en el intento. Mi propia experiencia personal me llevaba a estudiar este tema y, obviamente, influenció mi forma de abordar el problema de estudio y a generar hipótesis de partida. Buena parte de la academia progresista del país tiende a argumentar que son condiciones estructurales y factores fuera del control de las personas las que determinan el logro individual, mientras que en lo personal me parecía que –siendo cierto lo anterior- se subestimaba el rol que tiene el esfuerzo personal para superar la pobreza. Esto que digo, es completamente subjetivo: era mi experiencia personal, la experiencia de venir de una familia de obreros y de haber crecido en un barrio pobre, y a pesar de ello estar avanzando. Era esa experiencia la que me daba una hipótesis a testear.

Ahora, el ser subjetivo con el tema no significa que no se pueda ser riguroso. En ese estudio utilizamos las mejores fuentes de información disponibles (señalando sus problemas) e hicimos un esfuerzo por señalar las limitaciones e indicar los supuestos del análisis. Documentamos las estrategias de medición que utilizamos y nos aseguramos que los resultados sean robustos a cambios a las especificaciones empíricas. Hicimos una revisión de la literatura que incorporaba la mayor parte de lo producido sobre el tema en el país. Las conclusiones se basaron en lo que era posible decir y cuando no fue totalmente posible tratamos de hacer explicito la fuente utilizada. Eso no significa que no haya errores, lo cual siempre es posible.

Sin embargo, lo central a mi entender es que estudios posteriores han encontrado evidencia que es consistente con los resultados centrales de nuestra investigación. En aquel estudio, indicábamos que la desigualdad había venido reduciéndose en el país. Estudios recientes para diverso países de la región están encontrado que la desigualdad se está reduciendo. Ver por ejemplo:

“The recent decline of inequality in Latin America: Argentina, Brazil, Mexico and Peru” de Luis Calva y Nora Lustig

http://www.ecineq.org/milano/WP/ECINEQ2009-140.pdf

Entonces, la objetividad no viene porque no hayamos podido controlar nuestros prejuicios y valores sobre el tema bajo análisis, sino porque hay otra gente allá fuera interesada –con diferentes experiencias, valores e ideologías- que están encontrando resultados similares a los nuestros y sometiéndolos a crítica. Por esa razón, creo que mientras el rigor es un atributo exigible al investigador en una comunidad científica, ello no tiene que ver con la objetividad. Un investigador puede tener las preferencias políticas que desee, pero a la hora de presentar los resultados de sus investigaciones a sus colegas tendrá que demostrar que ha sido riguroso y metódico, y someterse a la crítica de la comunidad académica.

Así, mientras estoy de acuerdo que es imposible exigirle a un investigador social objetividad, estoy desacuerdo con la idea de que la objetividad del conocimiento social no es posible. Con ello no quiero decir que ello sea una tarea sencilla. A mi entender, el problema con los intelectuales que apoyan a Humala no es que no sean objetivos. El problema es que no son rigurosos en la medida que su análisis sobre los problemas de la sociedad dista de ser consistente con los datos básicos de la realidad, como he escrito extensamente en este blog.

El problema entonces no es tener una ideología determinada. El problema es cuando, por razones ideológicas, ciertos intelectuales se resisten a mirar los datos de la realidad. Y para eso, no hay epistemología que valga.

MAS SOBRE EL TEMA

http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/objetividad-y-ciencias-sociales-2.html

http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/objetividad-y-ciencias-sociales-3.html

http://gonzalogamio.blogspot.com/2010/01/sobre-la-objetividad-y-la-ciencia.html

http://grancomboclub.com/2010/02/militancia-y-ciencia-social.html

http://www.larepublica.pe/delito-de-opinion/16/02/2010/el-compromiso-intelectual

domingo, 25 de octubre de 2009

Libros claves: La Metodología de la Economía de Mark Blaug

Como todo sanmarquino que se respete, buena parte de mi formación en pre-grado fue autodidactica. Viéndolo en perspectiva, no me parece que sea el método más eficiente pero en contrapartida creo que me hubiese perdido lecturas sumamente importantes en mi formación académica que no suelen ser incluidas en los programas estándar de pre-grado. Autores claves como Albert Hirschman o Joan Robinson casi ya no se estudian y uno se puede terminar perdiendo clásicos como “Filosofía Económica” o “Retoricas de la Intransigencia”.

En lo personal, uno de los libros que más ha influenciado mi forma de estudiar economía es el trabajo de Mark BlaugLa Metodología de la Economía o Como Explican los Economistas” que leí originalmente en una versión en español de Alianza Editorial allá por mediados de 1998. No había tenido la oportunidad de volver a leer este libro en estos últimos 5 años que llevo viviendo fuera del Perú, pero hace unos días atrás me llego una copia que ordene en Amazon y he vuelto a hojear sus páginas después de tiempo. Así, aunque se trate de un libro algo viejo ya, creo que amerita una breve reseña y con ello tal vez motivar su lectura por parte de estudiantes interesados en mejorar su background epistemológico.

El tema central del libro es una discusión de los enfoques que utilizan los economistas para someter al test empírico sus teorías. Para ello, el libro ofrece una discusión muy interesante de la filosofía de la ciencia desde las teorías del círculo de Viena hasta Popper, para luego revisar los principales enfoques post-popperianos incluyendo entre otros a Kuhn, Lakatos y Feyerabend. Me parece que esta es una de las secciones mejor trabajada del libro, pues permite al lector interesado seguir por su propia cuenta, además de ser muy formativa para aquellos no familiarizados con la literatura en estos temas. Uno aprende temas fundamentales como la falacia de la inducción, los criterios de demarcación entre ciencia y no ciencia, el rol de la historia de la ciencia y la tensión entre la lógica hipotética-deductiva y la famosa tesis Duhem-Quine. Uno se queda con la sensación de que no hay lonche gratis y que al final cierto pragmatismo es necesario a la hora de juzgar la validez de nuestras teorías científicas.

El libro luego discute como los economistas han incorporado estos enfoques epistemológicos en su práctica científica. Blaug hace un repaso de la historia metodológica de nuestra ciencia desde el siglo XIX, poniendo énfasis en como los economistas clásicos –influenciados por el positivismo- habían adoptado aproximaciones verificacionistas. Esto seria así hasta que en 1938 Terence Hutchison publicara su “The Significance and Basic Postulates of Economic Theory” que marcaria la introducción del popperianismo en los debates en economia (lo cual es interesante teniendo cuenta que la Lógica de la Investigación Científica de Popper no sería publicada en ingles hasta 1959). Este libro en particular surge como una reacción al llamado “Apriorismo” seguido básicamente por los economistas austriacos para los cuales la ciencia económica no era más que un sistema de deducciones puras derivadas de un conjunto de postulados los cuales no son susceptibles a verificación externa. Con la publicación del “Ensayo sobre la Metodología de la Economía Positiva” de Friedman, el Popperianismo (y sus variantes como los enfoques de Lakatos) se establecería como el enfoque epistemológico dominante en la economía, situación que se ha mantenido esencialmente hasta ahora, a pesar de haber sido sometido a una fuerte crítica entre los epistemólogos de la economía.

El resto del libro está dedicado a utilizar el enfoque de Lakatos para evaluar las principales teorías neoclásicas. Blaug evalúa la teoría del consumidor, la teoría de la empresa, las teorías de equilibro general, la teoría del capital humano, la teoría del comercio internacional, entre otras. Esta es una de mis partes favoritas del libro porque es algo así como “epistemología en acción”, y es sumamente instructivo para quienes se dedican al negocio de la investigación pues te permite entender los limites de nuestras aproximaciones teóricas y empíricas. Uno se queda con la sensación de que la teoría neoclásica es como una coladera, aunque para ser justos un análisis similar de enfoques alternativos de la ciencia económica debería arrojar un panorama mucho más desalentador.

En suma, un libro altamente recomendable. Cierto es que hay trabajos similares más actualizados, pero de lo que he visto no me parece que haya todavía alguna alternativa tan bien escrita como esta. Aunque tal vez este sesgado por lo que significo este libro en mi propio proceso de aprendizaje.

Otras lecturas

Aparte de este libro, Blaug tiene un libro de pensamiento económico con un enfoque epistemológico similar y que me gusta mucho porque no pierde el tiempo hablando de la vida de los economistas si no que se concentra en el estudio de la teoría. Otro libro interesante es el editado por Roger Backhouse a mediados de los noventa en donde se discute básicamente como el popperianismo había cedido terreno ante concepciones alternativas, sin que estas hayan logrado desplazarlo totalmente. Una evaluación reciente sobre la influencia del Popperianismo en la economia puede encontrarse en este libro editado por Thomas Boylan y Paschal O’Gorman. Otro libro interesante de Backhouse discute básicamente la epistemología económica después de Lakatos. Creo que con esto tienen suficiente para entrenerse.

sábado, 14 de junio de 2008

Epistemología Popperiana para Niños

“... el problema de demarcación entre ciencia y pseudociencia no es un mero problema de filosofía de salón; tiene una importancia social y política vital”
Imre Lakatos

Revisando el post anterior, he tomado nota de que hago uso extensivo de algunos conceptos de la filosofía de la ciencia moderna que no están explicitados, como es el caso de mi referencia a los trabajos de Popper y Lakatos. Temo que muchos de mis argumentos pueden no quedar claros debido a la ausencia de una explicación sobre la filosofía de la ciencia que esta detrás de mi crítica al socialismo como empresa teórica. A fin de evitar lo anterior, escribo este post sobre las ideas básicas de la epistemología Popperiana con la promesa de hacer pronto lo mismo con la propuesta filosófica de Lakatos.

Discutamos entonces, en forma algo apretada, el trabajo fundamental de Karl Popper. Este autor, en su trabajo Logik der Forschung (La traducción del titulo original es Lógica de la Investigación. El trabajo de Popper alcanzó mayor difusión a partir de la publicación de la traducción inglesa en 1957), publicado originalmente en alemán en 1934, presenta un enfoque radicalmente distinto con la epistemología predominante de aquel entonces, influida por el Circulo de Viena, que significó toda una revolución en el campo de la teoría del conocimiento por sus poderosas implicancias filosóficas. El Círculo de Viena estaba compuesto por un conjunto de filósofos de la ciencia de la década del 30 del siglo pasado, que compartían en común la creencia que para que una proposición sea considerada científica debe ser en principio verificable. Este es el conocido Principio de Verificabilidad del Significado. Entre los principales representantes de esta corriente podemos contar a Hans Reinchbach, Rudolf Carnap y Moritz Schlick, entre otros. También se conoce a esta corriente como Positivismo Lógico o Empirismo Lógico.

Como es sabido, el falsacionismo de Popper defiende un criterio de demarcación entre ciencia y no ciencia que sostiene que debemos considerar “ciencia” al conjunto de proposiciones que sean en principio refutables por la evidencia empírica, es decir, susceptibles de ser probado su valor de falsedad. Este criterio significó toda una revolución filosófica que marco el carácter de la epistemología del siglo anterior. Popper atacó al positivismo lógico por su pretensión de demostrar la validez de una teoría científica a partir de la verificación de sus proposiciones predictivas apelando al método inductivo, esto es, a partir de la verificación de los casos particulares que corroboran una teoría científica. Para nuestro autor tal ejercicio es imposible de realizar en la medida que este método entraña una falacia lógica. De acuerdo con Popper, no es posible derivar de forma concluyente proposiciones universales a partir de proposiciones particulares, mientras que si es posible refutar una afirmación de carácter universal por medio de una proposición particular. Este es el famoso “problema de la inducción”. Ello es asi por que es imposible contar con toda la evidencia empírica que nos permita demostrar la validez de una teoría a partir de su verificación, mientras que si es posible contar-en principio- con evidencia que demuestre su falsedad. Así, de acuerdo con nuestro autor, existe una asimetría fundamental entre la inducción y la falsación.

Usemos un ejemplo para entender las implicancias de este problema. Sean las proposiciones P (Jim es peruano) y Q (Jim es latinoamericano). Estaremos ante la inducción si establecemos el siguiente razonamiento: si P entonces Q y Q concluimos que P es verdadera. Dicho resultado es falaz puesto que el hecho que se cumpla que Jim es latinoamericano no nos asegura que necesariamente Jim vaya a ser peruano (podría ser argentino o boliviano). En cambio si establecemos el razonamiento siguiente: si P entonces Q y no P concluimos que no Q es verdadera, lo cual si es lógicamente válido, por el uso de modus tollens, pues si Jim no es latinoamericano tampoco será peruano.

Es importante notar que Popper se refiere a la inducción desde un punto estrictamente lógico. Ello no niega que en nuestra vida cotidiana y en la práctica científica exista ciertos tipos de generalizaciones que se asemejan a la inducción y que son muy útiles para la proposición de hipótesis científicas pero que sin embargo carecen de valor demostrativo, lo que en la literatura especializada es conocido como aducción. En realidad, desde el punto de vista popperiano, importa poco como lleguemos a una hipótesis científica. Lo importante es que una vez alcanzada debe ser sometida a los rigores de la falsación de sus predicciones empíricas.

Popper sugiere la adopción del método deductivo basado en la falsación más un conjunto de reglas metodológicas que impidan la adopción de “estratagemas inmunizadoras”, esto es, la adopción de hipótesis ad-hoc que usan los científicos para salvar teorías que muestran serias dificultades para generar proposiciones falsables. Estas reglas se orientan a establecer las condiciones bajo las cuales el uso de una hipótesis ad-hoc es metodológicamente admisible, la asignación de prioridades entre teorías de acuerdo a la severidad del proceso de su falsación y criterios básicos para determinar si un determinado test empírico refuta o no una teoría, entre otras.

Esto último constituyó una de las preocupaciones centrales de la metodología de Popper. Como es sabido, la refutación de una teoría no es una tarea sencilla, sobre todo por las implicancias de la “tesis de irrefutabilidad de Duhem”. De acuerdo con esta tesis, no es posible refutar en forma concluyente una teoría. Ello porque cuando sometemos esta a la refutación, nos vemos en la necesidad de hacerlo conjuntamente con proposiciones y supuestos auxiliares, de tal forma que siempre es posible preguntarnos si es que lo que estamos refutando son estas últimas proposiciones o la teoría en si. De allí el interés de Popper por establecer pautas metodológicas de carácter normativo que, conjuntamente con el principio de falsación, nos permitan hacerle frente a la tesis de Duhem.

En su sentido más profundo la metodología popperiana echa por tierra la pretensión del conocimiento de la llamada “verdad científica”. En realidad, de acuerdo con nuestro autor, debemos resignarnos a conocer sólo nuestros errores. No podremos afirmar jamás que una teoría es verdadera. Sólo podremos contentarnos con saber que no es falsa, pero ello solo temporalmente, puesto que existe la posibilidad de que en futuro próximo nos topemos con evidencia que refute nuestra teoría vigente. La verdad científica se vuelve relativa. Las teorías ya no son verdaderas, solo podremos decir que aún no hemos encontrado evidencia empírica que nos demuestre que son falsas.

Así, la ciencia, desde esta perspectiva, se caracteriza por el proceso continuo de refutación de las teorías vigentes con el propósito de reemplazarlas por nuevas teorías capaces de resistir la falsación. De allí que Popper considerara que la ciencia se halla en estado de revolución permanente, puesto que continuamente aparecen nuevas teorías con el propósito de brindar mejores explicaciones y predicciones que las anteriores. Así, la ciencia avanza progresivamente a través de un procedimiento de ensayo-error.

Bueno, aquí lo dejo por ahora.

Lecturas Recomendadas

Para una visión general de las contribuciones de Popper, recomiendo su entrada en el diccionario virtual de filosofía de la universidad de Stanford
http://plato.stanford.edu/entries/popper/

La entrada de Popper en Wikipedia tiene mucha información y links sobre criticas e interpretaciones posteriores sobre el significado de la obra de Popper. Además contiene información sobre las ideas políticas de Popper, en especial su crítica al marxismo.
http://en.wikipedia.org/wiki/Karl_Popper

Este artículo de Thomas Hickey contiene una discusión interesante sobre el falsacionismo popperiano.
http://www.philsci.com/pdf/BOOKV.pdf

Para una presentación de la metodología Popperiana para economistas, véase el artículo de Bruce Cadwell “Clarifying Popper”, publicado en el Journal of Economic Literature (hay que tener subscripción a JSTOR).
http://www.jstor.org/pss/2727352