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sábado, 5 de septiembre de 2009

Hugo Chávez: La persona versus el personaje

Me llega por facebook una invitación para participar en una marcha en contra Hugo Chávez. El texto de la misma dice lo siguiente:

“Me animé a lanzar esta invitación porque Chávez es una amenaza contra Sudamérica entera. En mi opinión, su locura nos va a llevar a una Primera Guerra Sudamericana. Cuenta con dos títeres que amenazan no sólo la seguridad de Colombia, sino la nuestra también: Bolivia y Ecuador. Y hay un Chile muy interesado en que esto suceda. No se trata, sólo, de la solidaridad con el pueblo colombiano; se trata de la solidaridad con los pueblos venezolano (atrapados por este loco) e, incluso, del ecuatoriano y boliviano, atrapados, también, por otros dos dementes. Hay que movilizarnos. Espero encontrarlos allí, a las 12 del día, éste viernes, en el Ovalo de Miraflores.”

De un tiempo a esta parte se ha vuelto lugar común en el Perú caer en una suerte de reduccionismo ideológico, misma película de vaqueros en donde solo hay buenos y malos. El gran problema es que este tipo de reduccionismo se encuentra en todos lados, en la izquierda que encuentra un plan maquiavélico de Garcia en sus artículos sobre el Perro del Hortelano, o en la derecha conservadora que mira a las ONG como agitadoras y/o manipuladoras del movimiento indígena. Cuando no hay capacidad de ver los matices, los grises y no solo los blancos y negros, no queda mucho espacio para el dialogo y la generación de consensos.

Una consecuencia de aquello es la incapacidad de ver al otro en su real dimensión. Por un lado se suele obviar que en política importan más grupos con intereses específicos que un individuo en particular y por otro se demoniza al individuo, quedándose con una imagen grotesca del mismo. Así por ejemplo, el problema es García y se olvida que existen un conjunto de grupos de interés que están detrás de él, ya sea a favor o en contra de sus decisiones de política, los cuales imponen restricciones a su accionar. Por otro lado, García o Chávez son casi como seres malignos, “dementes” o “locos” que tienen atrapados a sus pobres pueblos, como si fuesen sus características personales extremamente importantes desde el punto de vista político.

Por suerte, la realidad suele ser más compleja de lo que este tipo de lógica simplificadora sugiere. Cada vez que me encuentro con este tipo de argumentos en contra de Chávez, recuerdo aquella vez que tuve la oportunidad de charlar por unos minutos con él durante la cumbre de las Americas de Monterrey, allá a principios del 2004. Yo estaba allí porque había ganado un concurso de ensayos de la OEA y el premio consistía en participar como invitado especial en la cumbre. En uno de los tantos breaks durante la cumbre, me acerque a él con otro de los ganadores del concurso. Yo me esperaba un tipo vertical y acostumbrado a las jerarquías, dada su carrera militar. Nos causó sorpresa encontrarnos con un tipo sencillo, sin poses, amable y cordial, que se dio tiempo para charlar con un par de estudiantes en medio de tanta gente poderosa. Paso buen tiempo halagando la comida peruana, las maravillas del Peru y hablando de la belleza de la mujer venezolana. No hablo de política, cosa que a nosotros tampoco nos interesaba mucho. Después de todo, esto era un break de una cumbre política. Era un tipo que hablaba con todo aquel que se le acercara.

Al día siguiente, en otro break, me lo volví a topar en una circunstancia curiosa. Había terminado una sesión larga, y corrí a los servicios higiénicos. De pronto, termine en una cola en la cual estaban por lo menos 3 presidentes de la región, haciendo una fila india para usar los urinarios. En eso entra Chávez, se sorprende con la longitud de la cola y suelta un epa y una carcajada, la cual es compartida por todos los presentes. La persona que estaba antes que él le ofrece cederle su lugar, a lo cual Chávez responde: “Oiga, ¡aquí en el baño no hay presidentes! “. Toda la gente se empezó a reír. Chávez hizo su cola, como todos, en el único lugar en donde parece que no funcionan las jerarquías y el poder no importa: el baño.

Distinta sensación me dejó Lula. Obrero, líder sindical y socialista, pero distante, parco y hasta sobrado. Recuerdo que una persona pretendió acercársele durante uno de los breaks, pero él le hizo una seña para que no lo hiciese. El estaba solo frente a una mesa de bocaditos. Supongo que no quería ser molestado mientras se servía algo de la mesa, pero notar ello me dejó mala espina. Al día siguiente nos acercamos, le hicimos algunas preguntas sobre Brasil, pero el solo respondía parcamente. Nos tomamos una foto con él y nos fuimos con algo de desazón.

A mi vuelta de Monterrey, le comente mi experiencia con Chávez a un funcionario del Banco Mundial que trabajaba en la oficina del Banco en Venezuela, a quien tuve la suerte de conocer cuando estaba en Voces Nuevas, un proyecto de la oficina subregional andina del Banco con jóvenes. El me confirmó las impresiones que tuve de Chávez, en el sentido de que era un tipo diferente ante el gran público que en privado.

Allí entendí algo que el profesor Adolfo Figueroa solía decir en clase: no hay que confundir a la persona con el personaje. Figueroa criticaba implícitamente a algunas versiones vulgares del marxismo que tendían a demonizar a los capitalistas caracterizándolos como seres malvados y crueles, cuando en su entender solo cumplían el rol que les correspondía en una sociedad capitalista. Figueroa solía decir que los capitalistas no tenían nada personal con los trabajadores, podían ser hasta los padrinos de los hijos de estos últimos, pero eso no cambia en nada la naturaleza de la explotación en el sistema capitalista. Al final los capitalistas solo actuaban según las reglas del capitalismo. Actuaban según el personaje que les había tocado representar.

Desde entonces, cada vez que por casualidad veo en las noticias algún discurso de Chávez, no puedo evitar pensar que es el personaje el que está hablando. Y ciertamente, el personaje cae mal por muchas razones, tanto que un rey término mandándolo a callar. Por eso, más que demonizar a Chávez, creo que lo que corresponde es cuestionar los resultados de sus políticas, como alguna vez lo he hecho en el pasado. No tengo nada personal contra Chávez, por el contrario el tipo me cayó muy bien. Creo que haríamos bien si dejamos de pensar que el problema son las personas como Chávez y García, y entendemos que lo que observamos son solo personajes, producto de la dinámica política concreta que enfrentan. Ni demonios ni santos.

Habiendo sido tildado de neoliberal innumerables veces, dudo mucho que alguien me crea un defensor de Chávez (y mucho menos de su socialismo del siglo XXI) por lo aquí escrito. Pero ante tanto reduccionismo con el que uno se encuentra por ahí, me provocó contar mi experiencia con la persona de marras. Del personaje ya se ha escrito demasiado.

domingo, 10 de agosto de 2008

Sobre la “irracionalidad”: A propósito de los chavistas

Hace un tiempo discutía con una amiga respecto a la situación de Venezuela y el apoyo que tiene Chavez de parte de un segmento amplio de la población. Siempre me ha sorprendido la facilidad con la que mucha gente trata de ignorantes y/o irracionales a los seguidores de Chavez, no sin cierto desdén. Muchos, de paso, aprovechan para cuestionar la forma en que la ciencia económica entendemos el tema de la racionalidad, critica que por extensión se hace a gente que trabaja con modelos inspirados en la teoría económica moderna en otras ciencias como la ciencia política basada en los modelos del rational choice. Me asombra mucho que gente inteligente de plano descarte aproximaciones basadas en el rational choice sin tener ningún argumento sólido más que el decir que la realidad es mas compleja, pero ya discutiré eso en otro post.

Bueno, volviendo a los chavistas, entiendo que el asunto se refiere a que como es posible que los venezolanos apuesten por Chavez siendo cierto que tal y como esta haciendo las cosas no se obtienen los resultados de los que alardea el régimen (ver mi post anterior sobre Venezuela aquí). Ante este punto hay dos posibles respuestas: a) el argumento de que la gente no es racional, o, b) podría argumentarse también que la gente sigue siendo racional, ante lo cual tendríamos que extender la visión tradicional sobre racionalidad que se impuso desde la economía neoclásica y que ha contagiado a otras ciencias. Confieso que no estoy muy seguro cual de las dos posturas me parece mas atractiva, pues ciertamente hay conductas que uno tipificaría claramente como irracionales (como por ejemplo, la defensa cerrada e ideológicamente nublada del chavismo de la que muchos socialistas del siglo XXI hacen gala). Lo que si se, es que ha habido muchos esfuerzos de frontera entre la psicología, sociologia y la economía que han venido estudiando las conductas que tradicionalmente consideramos irracionales bajo un marco de racionalidad pero en un contexto de información incompleta e imperfecta con costos de administración de la información, conocidos en general como “racionalidad acotada”.

En la literatura especializada hay diversos modelos de que se elaboran con estos propósitos, como los autómatas celulares o las redes neuronales, entre otros, y se utilizan para explicar fenómenos como la adopción de modas, la aparición de crisis financieras internacionales o las revoluciones socialistas como la bolchevique. En este caso particular, uno podría pensar que los ciudadanos venezolanos o algunos de los simpatizantes externos son agentes con pensamiento categórico y tipifican –a partir de la información disponible en un momento inicial más sus creencias y valores- una política del régimen según su grado de efectividad como “buena”, “regular” o “mala”. Supongamos que en esta situación inicial la política es efectivamente “buena” y se revela como tal para todos los agentes (lo cual no implica que todos la vean así, porque las creencias y valores juegan un rol importante y una política “buena” no es considerada como tal por todos por factores ideológicos o lo que sea). Dado que la información es costosa en términos de administración, los agentes no actualizan sus creencias en todo momento del tiempo. Así, podría ser que esta política que en algún momento se revelo como “buena” para la mayoría de los agentes se empiece a deteriorar y ahora se empieza a revelar como “regular”, pero ello no modifica la percepción de la mayoría de los agentes debido a los costos.

La idea básica es bastante sencilla: actualizar la información tiene beneficios importantes pero también costos, por lo que los agentes no actualizan la información a menos que consideren que los beneficios de actualizarla son mayores que el costo que eso implica. Solo cuando ello ocurre, los agentes actualizan sus creencias. Como resultado de ello, uno puede entender porque existen muchas creencias que no son consistentes con la evidencia empírica que todavía persisten siendo lugares comunes en discusiones sobre política y economía.

En este caso particular, esta literatura nos brinda herramientas formales que nos ayudan a comprender estas desviaciones de la “racionalidad”. La literatura experimental y los modelos computacionales de racionalidad acotada han venido tratando de testear este tipo de hipótesis. Es una área bastante nueva, así que habrá que esperar un poco para tener un cuerpo de conocimientos más sólidos al respecto. Mientras tanto, algunas ideas tenemos que nos muestran que conductas como las discutidas sobre Venezuela no deberían causarnos mucha sorpresa.

Los interesados en esta literatura, pueden revisar el paper "Thinking Through Categories" de Sendhil Mullainathan (disponible en http://www.haas.berkeley.edu/finance/cat3.pdf ), profesor de economia de la Universidad de Harvard, quien ha estudiado mucho sobre los links entre la psicología y la economía.

Los interesados en pobreza, pueden ver el articulo de Esther Duflo “Poor but rational” (disponible en http://econ-www.mit.edu/faculty/download_pdf.php?id=516 ).

Aquí en Berkeley hay un grupo importante de gente trabajando en la frontera entre la psicología y la economía. De hecho hay un field sobre el tema compuesto por un primer curso teórico dictado por una estrella en el tema como es Matthew Rabin, quien me estará enseñando Micro I del doctorado. El syllabus de este curso lo pueden encontrar en este link:
http://emlab.berkeley.edu/users/webfac/rabin/219A_F07.shtml

Y un curso empírico dictado por Stefano DellaVigna. Los materiales del curso lo encuentran aquí:
http://emlab.berkeley.edu/users/webfac/dellavigna/e219b_sp07/e219b_07.shtml