domingo, 28 de junio de 2009

El problema es el modelo político, no el económico (I)

La reciente crisis política, debida al mal manejo del Gobierno de las protestas sociales en la amazonia, ha sido interpretada por varios analistas de diversas tendencias como una expresión del agotamiento del modelo económico. Por ejemplo, Pedro Francke lo graficaba de la siguiente manera en un post en el blog de Actualidad Económica:

“La magnitud del conflicto amazónico sólo puede explicarse porque expresa el conflicto entre dos modelos de desarrollo en pugna.

El modelo primario-exportador, de extracción de materias primas, ha sido llevado a su extremo con la política neoliberal. Si en la sierra lo que ha sido dominante ha sido la minería, en la selva ha sido el petróleo y el gas. Pero en ambos casos, sierra y selva, minería y petróleo, los efectos económicos y sociales han sido similares: muy pocos empleos generados; severos efectos ambientales que impactan sobre la salud de la población; y deterioro de la agricultura y la pesca de la que viven los indígenas, mestizos y campesinos de esas zonas. En la selva, esto se agrava con la extracción salvaje de madera y oro, con amenazas a futuro provenientes de las nuevas concesiones mineras y para etanol.” Amazonia: Dos modelos en pugna

Estas ideas de Pedro, son compartidas en alguna medida por Silvio Rendon, quien desde el Gran Combo Club escribía hace unos días atrás lo siguiente:

“El país requiere un cambio de orientación ahora, no dentro de dos años. El país podría repetir el error de hace veinte años, cuando debió hacer un ajuste, a mediados del gobierno de García, cuando el modelo era ya claramente inviable. Ni el gobierno cambió, ni hubo cambio de gobierno. Todo siguió igual, pretendiendo vivir de los éxitos pasados, las “viejas glorias”, de los dos primeros años expansivos de García. Y quien perdió fue el país.

Hace veinte años el error fue en persistir en la agotada e inviable “heterodoxia” económica; hoy el error es persistir en el agotado “sacha-liberalismo” económico, que muchos llaman equivocadamente “neoliberalismo”. Orientaciones diferentes a las de hace veinte años, pero la misma intransigencia, el mismo autoritarismo.” La fracasada segunda oportunidad de Garcia

En este post voy a disentir con ambos puntos de vista. Voy a argumentar, en línea con mi post anterior, que lo que esta crisis ha dejado patente es que en el Perú ya no se pueden hacer políticas como antaño sin encontrar resistencia por parte de los afectados, y que ello poco tiene que ver con el modelo económico. El problema a mi entender no es Garcia, ni el APRA y mucho menos la orientación liberal de las políticas económicas. El problema es el proceso de formulación de políticas.

Empiezo discutiendo un marco conceptual para entender el problema y para ello me basare en el enfoque que Pablo Spiller y Mariano Tommasi (el ultimo, mi asesor cuando hacia mi maestria en la Universidad de San Andrés en Buenos Aires) para entender el policy-making process (PMP). De acuerdo con este enfoque, lo que importa no es la orientación de las políticas (esto es, si son liberales o de izquierda), sino mas bien sus atributos internos; es decir, si las políticas son estables, adaptables al contexto, coherentes con otras políticas, enforceables, creíbles, sostenibles inter-temporalmente, eficientes así como la calidad de su implementación. Entonces, lo importante no son las políticas en sí, sino más bien comprender como el entorno en que estas políticas se formulan permite que las mismas tengan las características arriba mencionadas. Es decir, lo que importa es el PMP.

Lo interesante de este enfoque es que considera que no existen recetas de políticas universalmente validas; por el contrario: las políticas son siempre son siempre respuestas contingentes y vinculadas a un estado de la naturaleza determinado, por ponerlo en términos de la teoría de juegos. Lo que puede funcionar en un contexto determinado puede ser totalmente contraproducente en otro contexto en donde el estado de la naturaleza cambio. Por esa razón, la reforma política (y por tanto la discusión sobre las políticas) debería prestar más atención al proceso de formulación de políticas que a la orientación de las políticas en si, como le gusta hacer a Humberto Campodónico y a la mayoría de los amigos de Actualidad Económica que tienen predilección por políticas de una orientación de corte más intervencionista. Lo mismo aplica para los amigos del IPE en la otra orilla.

Lo central del enfoque radica en cómo se conciben las políticas públicas. En esta aproximación, las políticas son entendidas como el resultado de un conjunto de transacciones entre los políticos, las cuales a su vez están influenciadas por las reglas de juego político o, más generalmente, las instituciones políticas, las mismas que establecen incentivos y restricciones al actuar de los políticos. Así, lo que importa es como las reglas del juego político generan incentivos para la formulación de transacciones entre los políticos a la hora de formular políticas públicas. Si dichas reglas facilitan la generación de un entorno cooperativo entre los políticos, entonces las políticas públicas tendrán los atributos arriba mencionados, mientras que en la ausencia de arreglos cooperativos las políticas públicas serán erráticas, inestables, rígidas y carentes de credibilidad.

Para entender el PMP, es preciso estudiar sus características. Entre otros aspectos, es preciso analizar quienes y cuántos son los actores políticos relevantes; cuales son los roles que tienen y la dotación de poder político de jure y de facto con la que cuentan; sus preferencias, incentivos y capacidades; sus horizontes temporales; las arenas políticas en las que estos interactúan y; la naturaleza de los intercambios y/o transacciones que estos realizan. Es crucial entonces entender bajo qué condiciones se pueden lograr transacciones entre los políticos que sean cooperativas de modo tal que las políticas tengan los atributos ya indicados. Siguiendo la literatura de juegos repetidos, un equilibrio cooperativo será posible cuando: a) el número de actores sea pequeño, b) que estos actores interactúen repetidamente, c) los beneficios de desviarse del acuerdo sean pequeños, d) las desviaciones del equilibrio sean observables por los otros actores y, d) existan mecanismos de enforcement que penalizen las desviaciones del equilibrio.

Va mas allá del objetivo de este post proveer una completa descripción del modelo de Spiller y Tommasi. El lector interesado puede consultar este paper de los autores y el libro que publicaran recientemente al respecto, además de un proyecto del BID y algunos papers de Mariano en su página web. Por mi parte, ilustraré este marco analítico con un ejemplo para luego volver a mi punto central. Veamos como sale.

Una de las críticas favoritas de Campodónico y compañía tiene que ver con la inclusión a nivel constitucional de restricciones a la actividad empresarial del Estado así como garantías tributarias por medio de contratos-ley. Desde el punto de vista del PMP, este tipo de políticas introducen rigideces que hacen que aquello que podría ser una ventaja en un contexto determinado (credibilidad de la política) se vuelva en un obstáculo cuando el contexto cambia (costos excesivos para hacer ajustes). El caso emblemático es el sistema de convertibilidad argentino. Dicho esquema en los noventa otorgo credibilidad a las políticas monetarias pues eliminaba el oportunismo político, aseguraba estabilidad y enviaba una señal positiva a los agentes y a los mercados. Sin embargo, cuando el contexto cambio y los principales socios comerciales de Argentina devaluaron su moneda, Argentina perdió competitividad y se hacía necesario realizar ajustes al esquema. Sin embargo, dichos cambios no ocurrieron debido a rigideces en el sistema fiscal y la resistencia mayoritaria de la población que se beneficio durante los noventa con el uno a uno. Al final, el sistema explotó ocasionando una de las peores crisis de la historia Argentina.

La existencia de estas rigideces es una respuesta sub-optima frente a la incapacidad de sostener transacciones políticas intertemporalmente. En el Perú, las políticas han sido regularmente inestables y erráticas debido a la existencia de un sistema político poco cooperativo y oportunista. Gonzales de Olarte lo ilustraba muy bien en su libro “El Péndulo Peruano”. Ante la existencia una arena política de esta naturaleza, existen incentivos para introducir rigideces de este tipo que eviten una reversión de políticas cuando lo ideal sería que las políticas públicas se ajusten ante cambios en el estado de la naturaleza.

viernes, 12 de junio de 2009

¿Porque el gobierno no cede a las demandas de los nativos?

La negativa del Gobierno de derogar las leyes de marras que fueron el pretexto de los hechos luctuosos de la Selva ha sido considerada por muchos analistas como una muestra de arrogancia e indolencia ante la magnitud de la crisis. Nuevamente, se atribuyen a características personales de los miembros del ejecutivo la razón de dicha negativa, como si fuese la personalidad y no las restricciones que imponen las características de nuestras instituciones políticas las que explican las decisiones tomadas por el gobierno al respecto. Por ejemplo, veamos lo que nos dice Sinesio Lopez hoy:

“García y sus socios insisten, sin embargo,  en salvar lo insalvable y están dispuestos a desplegar el odio y la violencia desde el Estado acompañando el deseo de los cavernícolas y los fascistas de todo pelaje. Ellos creen que los nativos amazónicos son sus enemigos y una especie de avanzadilla de una conspiración internacional que los digita. Están delirando. Sería bueno que se serenen un poco si quieren gobernar con un nivel mínimo de racionalidad y de respeto a los ciudadanos.” El problema se llama Garcia.

En este post quiero argumentar que las razones del comportamiento del Gobierno poco tienen que ver con la personalidad del presidente o de sus ministros. Por el contrario, la respuesta del gobierno es plenamente racional, dadas las restricciones del sistema político en el país. La nueva economía política puede darnos algunas luces al respecto.

Tengo la impresión que la demanda de fondo detrás de las protestas es una suerte de profundización de la democracia. Estamos ante sectores tradicionalmente excluidos que ya no admiten que se tomen decisiones que los afectan sin que sean escuchados, sobre todo en aspectos que son fundamentales en su modus vivendi. Son sectores, que además, han logrado superar problemas de acción colectiva que en el pasado debilitaban su capacidad para plantearle demandas al Estado. Mas allá de la desinformación que existe entre estos respecto a las alcances de las normas en cuestión (una rápida leída a los decretos no sugiere nada de lo que sus detractores le achacan), la ausencia de consulta y el pésimo manejo del gobierno de la protesta al postergar innecesariamente el inicio del dialogo, son indicios de que el gobierno fue incapaz de enfrentar el reto de escuchar las demandas de los nativos y tratar de procesarlas de algun modo.

Por otro lado, es cierto también que el problema reside en que el Estado no cuenta en la actualidad con la capacidad de procesar estas demandas por democratización. Tenemos un Estado que aun no sido capaz de reformarse para tener un rol redistributivo más activo. Asimismo, el sistema de partidos hace mucho tiempo que dejo de ser el canalizador de intereses de diversos sectores de la sociedad. Lo que tenemos en el país, no parece ser –como alguno pretender hacernos creer- un intento por volver atrás, aunque hayan ciertos sectores radicales que promueven recetas trasnochadas. Tengo la impresión que lo que tenemos es un país que luego de 19 años de crecimiento económico y manejo ordenado de la economía que cuenta con un sistema político y un Estado que constituyen una traba para que este crecimiento sea mejor distribuido y sea más efectivo en reducir la pobreza. Dos décadas de desarrollo económico no pueden ser sostenibles con los niveles de retraso que tenemos en nuestro sistema político.   

Ahora, en ausencia de mecanismos de institucionales para procesar las demandas de democratización en un contexto como el descrito líneas arriba, el Gobierno puede optar por ceder a las demandas o simplemente optar por la represión. En un paper titulado justamente “Democratization or repression?”, Daron Acemoglu y James Robinson se preguntan acerca de las condiciones bajo las cuales un régimen político podría optar por alguna de las dos alternativas. Ellos argumentan que, ante protestas de larga escala promovidas por grupos excluidos del sistema político, solo es posible una democratización a gran escala o la represión, más no una concesión parcial o gradual de derechos o una redistribución solo a grupos excluidos determinados con mayor poder político. La razón de ello estaría en que la concesión parcial puede ser tomada como signo de debilidad y podría promover una nueva escalada de protestas orientadas a conseguir mayores beneficios a los ya obtenidos previamente, debilitando aun más la posición de aquellos que controlan el poder político. De esta manera, no existirían soluciones intermedias.  

El argumento es más o menos como sigue: supongamos una sociedad abstracta en medio de un proceso revolucionario dirigido por una clase pobre sin acceso al derecho al voto.  En esta situación, las elites, a fin de evitar la revolución, podrían optar por extender el derecho al voto (esto es, el poder político) a toda la sociedad, a solo un sector de ella (por ejemplo, la clase media) u optar por la represión. Aquí uso el derecho al voto, pero cualquier medida redistributiva puede calzar perfectamente en el ejemplo. Si la elite decide extender el derecho a votación solo a la clase media, entonces esta votar por alguna medida redistributiva que beneficiara al menos parcialmente a los más pobres. Sin embargo, en un contexto en donde existe incertidumbre respecto a la fortaleza de la elite a fin de contener la revolución, esta concesión parcial puede ser tomada como una señal de su debilidad, lo cual en vez de contener las demandas por democratización puede contribuir a incrementarlas. En este contexto, las elites tienen que optar entre una democratización plena o la represión, lo cual dependerá del costo asociado a cada una de estas alternativas. En general, cuando las elites tienen mucho que perder (o, dicho de otro modo, cuando la democratización es más costosa), estas estarán más dispuestas a utilizar la represión como mecanismo para contener la revolución.

Ahora, adaptando el modelo para nuestro caso particular, tengo la impresión que el recurso a la represión obedece a una incapacidad del Estado para responder a las demandas de los sectores excluidos. No es un problema del APRA ni de Garcia. Lo mismo ocurrió con Toledo y de hecho, cualquier gobierno que tome las riendas del Estado en el futuro tendrá que enfrentarse a él en mayor o menor medida, en tanto no se proceda con la reforma de la maquinaria estatal a fin de responder a la demandas redistributivas de los excluidos. Con este Estado anquilosado, siempre será menos costoso a los gobiernos de turno reprimir que redistribuir.

El gran reto en completar las reformas institucionales que se truncaron a mediados de los noventas. Las reformas funcionaron bien en muchos sectores de la economía y eso explica en gran medida la bonanza económica de los últimos años. Pero sin una reforma del Estado y de la política, el modelo de desarrollo seguirá truncado.     

miércoles, 29 de abril de 2009

¿Es la democracia buena para el bienestar?

Una de los temas más interesantes en la literatura de ciencia política moderna tiene que ver con el rol que tiene la democracia en mejorar el bienestar de la gente. Uno de los que ha argumentado mucho en esa dirección es Amartya Sen, quien argumenta que allí en donde la democracia mejor funciona las políticas públicas son más receptivas a los intereses de la gente.  

Uno de los ejemplos favoritos de Sen es el rol que tuvo la democracia en la prevención de hambrunas. La clásica comparación es entre China e India. En India, un país con una tradición democrática relativamente establecida, el gobierno respondió rápidamente a la aparición de hambruna y pudo controlar sus efectos nocivos sobre el bienestar de la gente. Lo contrario ocurrió en China, en donde la inexistencia de una prensa libre y un sistema político que facilite la rendición de cuentas derivo en la muerte de millones de chinos.

Tomando algunos datos para países de América Latina, arme algunos gráficos para mostrar algunas correlaciones entre la profundidad de un régimen democrático y algunas dimensiones del bienestar. Aproximo profundidad de la democracia como el promedio del índice de democracia de la base de datos Polity desde el año de la independencia del país.  Como pueden observar, hay una relación ligeramente positiva entre el PBI per-capita, el índice de desarrollo humano, el indicador de calidad de vida de Economist Intelligency Unit y un índice de esperanza de vida. Ciertamente, es difícil argumentar la existencia de una relación causal entre democracia y bienestar con estas simples correlaciones: uno podría pensar que la relación de causalidad va en la dirección opuesta; esto es, a más ingreso más democracia.

Es de hecho la pregunta que tratan de responder Daron Acemoglu y compañía en un artículo publicado en la revista American Economic Review en el 2008. A pesar del esfuerzo de los autores, quienes usan una estrategia de identificación econométrica basada en variables instrumentales que incluye controles para efectos fijos a nivel de país, los datos no son concluyentes para establecer dirección causal alguna. La relación entre democracia e ingresos sigue siendo un asunto sobre el cual no tenemos una respuesta definitiva. 

En lo que a Perú respecta, todavía sigo intrigado sobre la validez de la hipótesis de Sen. Luego de 12 años de régimen militar, en 1980 el país volvía de nuevo a la “normalidad” democrática. Es una paradoja que la gran mayoría de violaciones de derechos humanos ocurridas durante el proceso de violencia política hayan sucedido en plena primavera democrática. Tal vez, después de todo, aquellos que las padecieron no eran ciudadanos. 

Actualizacion:

Una cosa que se me olvido mencionar es que, en el contexto latinoamericano, los datos sobre democracia para el caso peruano no parecen respaldar el sentido comun que existe en el pais respecto a que no somos una nacion muy democratica. Para el nivel de PBI per-capita que tenemos, deberiamos ser un pais menos democratico de lo que sugieren los datos (estamos encima de la linea en todos los indicadores mostrados en los graficos). De los 17 paises de la muestra, solamente Colombia y Costa Rica estan muy por encima de nosotros en el indicador mencionado mientras que la distancia que tenemos con Uruguay, Chile y Ecuador es muy pequena. En los demas casos, incluyendo paises como Argentina, Mexico y Brasil, los datos sugieren que somos un pais mas democratico. 

Tal vez somos demasiado pesimistas sobre nuestra democracia.

Democracia y Bienestar

sábado, 25 de abril de 2009

Sobre los factores que explican la derrota de Sendero

Leo en el blog de Gonzalo Gamio:

“Efectivamente, como afirma Tanaka, Uri Ben Schmuel expresa sus pensamientos con una honestidad realmente brutal. A su juicio, las acciones de Colina eran “necesarias” para lograr la pacificación. Se trata de un pensamiento moralmente inaceptable, e históricamente falso: sabemos que la derrota de sendero Luminoso se debió fundamentalmente al trabajo de inteligencia policial, y no a la estrategia de “guerra sucia”. Tras la sentencia

Comentario:

Un nuevo consenso respecto a cuál fue el factor determinante en la derrota de Sendero parece haber surgido entre algunos bloggers y analistas. Confieso no estar muy convencido. Ciertamente, desde un punto de visto político, los críticos de Fujimori encuentran atractiva la hipótesis sostenida por Gamio en tanto ella permite desconocer uno de los factores que explican el apoyo que tiene aun Fujimori en algunos sectores de la sociedad peruana.  Pero mas alla de la dimensión politica, creo que este asunto no está suficientemente estudiado como para tener una respuesta tan contundente como la que señala Gamio.  Y me parece que dichas investigaciones son necesarias, independientemente del sector político se vea beneficiado con los resultados estas.

Dicho esto, señalo algunos argumentos que me hacen dudar de la validez de la hipótesis anterior:

a)     No existen estudios sistemáticos que permitan evaluar la contribución de los diversos actores que contribuyeron con la derrota de Sendero.  La hipótesis anterior asume implícitamente que la captura de los lideres principales constituyo el factor determinante en dicha derrota. Si ello es así, se debería observar una caída abrupta en el número de atentados terrorista apenas ocurrió la captura del Comité Central. Sin embargo, la base de datos de la CVR muestra que la evolución del número de acciones violentas cae monotonicamente entre 1993 y el 2000, año en el que el número de acciones terroristas converge a cero (ver Actualizacion). Desde mi punto de vista, los datos sugieren que el descabezamiento de Sendero fue una condición necesaria pero no necesariamente determinante en su derrota, con lo cual queda espacio para hipótesis alternativas.

b)      Aun en el caso de que efectivamente el rol determinante haya sido del GEIN, es difícil sostener la hipótesis de su autonomía, tal y como es presentada por los críticos de Fujimori. En particular, afirmar que el GEIN funciono con independencia al control de Montesinos y/o de Fujimori se contradice con los argumentos utilizados para acusar a Fujimori de crímenes de lesa humanidad. Si es cierto que Fujimori y Montesinos concentraron el poder en sus manos y lograron subordinar a las fuerzas armadas y policiales, como es posible que no pudieran controlar a un grupo pequeño de policías, mas aun cuando varios altos mandos de la policía están en prisión debido a sus vínculos con estos?  Pudieron controlar a las cabezas pero no a un grupo pequeño de subordinados?  Encuentro inconsistente este hecho con los argumentos utilizados para justificar el uso de las teorías de dominio del hecho.

c)       Otro factor que me hace dudar de la hipótesis de la autonomía completa del GEIN es el natural efecto “yo lo hice solito sin la ayuda de nadie” que aparece entre los responsables de un logro de tal magnitud. Es un hecho bastante natural. Un investigador social debe estar consciente de este potencial efecto y tomar con reservas la información proveniente de los participantes directos pues naturalmente estos tenderán a sobredimensionar su meritos en desmedro de los demás. Tengo la impresión de que mucha gente ha aceptado casi sin reservas la historia de Jimenez y compañía porque era funcional a su propia agenda política, del mismo modo que mucha gente asumió casi sin reservas la historia contada por Leonor La Rosa porque era funcional con la derrota del régimen Fujimorista (Ricardo Uceda menciona en la introducción de La Muerte en el Pentagonito que Leonor La Rosa habría fingido las torturas, hecho que narraría en un capitulo al respecto que no tuvo tiempo de escribir). Pero habría que hacer un análisis desapasionado del tema para poder aproximarnos a la verdad.

d)      Esta tesis no es aceptada universalmente. Existe otra literatura que sugiere que lo determinante en la derrota de Sendero fueron los comités de autodefensa. Vease, por ejemplo, este articulo de Aldo Olano:

http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/colombia/assets/own/analisis%20politico%2044.pdf

Ver también: Las Rondas Campesinas en el Perú

En lo personal, tengo la impresión de que realizar un análisis de esta naturaleza sería muy difícil dadas las complejidades del objeto de estudio. Está bien para cuenta historias y narradores de cuentos plantear argumentos reduccionistas, pero un análisis riguroso exigiría la capacidad de aislar correctamente todos los potenciales factores causales en la derrota de Sendero y ofrecer una valoración creíble de la contribución de cada uno de ellos. Exigiría también entender adecuadamente en que dimensión cada intervención o agente fue importante.

Yo estaría más por una visión más global de la derrota a Sendero en vez de focalizarme solo en un factor, no pocas veces con algún objetivo político subalterno. Y sobre todo me parece injusto el reduccionismo en tanto pone en un segundo plano la contribución de mucha gente que se la jugó para derrotar a Sendero, sobre todo los más pobres. Muchísima gente peleo contra Sendero en el campo, no pocas veces sin ser su obligación. Al final del día, la policía y las fuerzas armadas cumplían su rol, ciertamente con valentía a pesar de algunos malos elementos, pero la resistencia de los campesinos en contra de Sendero no ha sido lo suficientemente valorada, más aun en un contexto de histórico abandono por parte del Estado.  

Por otro lado, es difícil evaluar cual fue la contribución que tuvo la guerra sucia en contra de Sendero, no solo durante el tiempo de Fujimori sino también durante los gobiernos democráticos de los 80s, los cuales también tuvieron sus Colinas. Es difícil evaluar el rol disuasivo que estas estrategias pudieron tener y ello amerita una investigación seria. En el plano de lo moral dichas prácticas son ciertamente inaceptables, pero no por ello no se puede desconocer su rol desde un punto de vista factico, si es que algún rol tuvieron. No hay que confundir nuestra posición moral con tratar de entender que es lo que paso realmente.

Sobre este último punto, siempre me llama la atención el argumento contra-factico que muchos hacen respecto a que en el Perú se hubiera podido vencer a Sendero Luminoso sin necesidad de violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Me parece que hay mucho de buenos deseos en dicha proposición, pero carecemos de análisis rigurosos al respecto. Por un lado, en casi todas las sociedades que enfrentaron procesos similares, dichos costos se dieron y aun en los casos excepcionales en donde ello no fue así ameritaría estudiar cuales fueron las condiciones que permitieron lo anterior. Es un poco como la tesis de Campodónico que defiende la idea de tener empresas publicas con el argumento de que Chile si las tiene cuando lo que se debería discutir es si las condiciones de institucionales del país permitirían tener empresas publicas eficientes. Así como el que las empresas publicas chilenas sean eficientes no dice nada respecto a que en el caso peruano ello tenga que ser así, el hecho de que en otros contextos de guerra interna las violaciones a los DDHH no hayan sido similares a las ocurridas en el caso peruano tampoco dice nada de cómo estas pudieron haber sido en un escenario contra-factual. Se requiere un análisis más fino a fin de evaluar esa proposición, no solo voluntarismo y buenos deseos.

Para terminar, me parece claro que aun falta escribirse una historia desapasionada de los que paso durante el periodo de guerra interna. Parece que aquí se aplica aquel dicho que reza que para que un tema sea estudiado objetivamente desde las ciencias sociales, sus principales protagonistas deberían estar muertos. 

Actualización 1

Gianmarco León me hace notar algunas imprecisiones de mi punto a) sobre la caída de las acciones terroristas luego de la captura de Abimael. Los datos que cite correspondían al número total de acciones violentas y no solo aquellas cometidas por Sendero. Una vez que se excluyen las acciones de los otros agentes, la caída es más pronunciada de lo que sugerí originalmente. Gianmarco me ha prometido los datos desagregados, que compartire apenas los tenga. 

Actualización 2

Aqui va la informacion elaborada por Gianmarco Leon. Agrego de paso algunos comentarios del mismo sobre el tema. Como el dice, el argumento central de su trabajo no esta relacionado con el tema de discusion, el cual versa sobre los efectos de largo plazo de la violencia sobre la acumulacion en capital humano y que comentare en detalle en un proximo post. En mi post yo me base en uno de sus graficos (especificamente, la figura 3), en el cual se presenta informacion sobre el numero de eventos violentos reportados por año y que es exactamente igual al primero de los mostrados abajo pero sin la distincion entre el tipo de agente perpetrador. Dado que tome los datos de su paper, hice la cita correspondiente aunque ciertamente al hacer eso no me percate que ello podia inducir a atribuir al paper una interpretacion mia que no esta relacionada con el paper a pesar de estar basada en los mismo datos. Yo hice la correccion correspondiente para subsanar este error mio. En lo que respecta al sentido del post, tomen nota que la interpretacion que hago de los datos no se ve alterada: la caida sigue siendo la misma, aunque mas pronunciada de lo sugerido originalmente. Mi impresion particular es que sobre el rol de la caida del Comite Central en la derrota de Sendero sigue siendo un tema que amerita mas investigacion. Ese es el sentido original de mi post, no negar el rol del GEIN sino mas bien indicar que aun se necesita estudiar mas el tema antes de tener una respuesta concluyente al respecto. Hechas las aclaraciones del caso, aqui van los comentarios de Gianmarco:

Sobre lo que te dije hace un rato de la cita en el blog, me halaga que me cites, y también me gusta que estes buscando abrir la discusión. Pero te pedi que por favor saques la cita porque en mi trabajo yo no hago ninguna alusión al tema que estas discutiendo, y por tanto, no me parece que viene al caso citar el paper en este contexto. De acuerdo con que hay que estudiar mas seriamente el asunto, pero el estudio de los "potenciales factores causales en la derrota de Sendero y ofrecer una valoración creíble de la contribución de cada uno de ellos" es imposible, y no es un asunto al que se pueda aplicar la lógica deductiva ni el análisis preciso que generalmente pretendemos hacer los economistas; mas bien es un análisis político, y como tal creo que el grafico que te estoy mandando puede leerse tanto desde tu postura como desde la de Gamio como evidencia que da soporte a la hipótesis. Personalmente creo que, dada la estructura extremadamente jerárquica de Sendero, la caída del comité central causo que sendero como lo conocimos desde su fundación hasta ese momento, desapareció. Lo actos violentos que se ven después y que se atribuyen al PCP-SL son facciones separadas con objetivos disparatados (lease, algunos querían liberar a abimael, y otros agarrar la cantidad de plata que puedan de los narcos), en ese sentido, sendero desapareció en el 93 (por eso mismo centro mi paper en el periodo 80-93, porque a mi entender ahí se acabo sendero y la guerra civil).

Ligado a lo anterior, me parece un poco exagerado tu énfasis en la evidencia dura necesaria para generar juiciois y conclusiones, en algunos casos el sentido común nos dice mucho mas que cualquier evidencia "dura"...despues de
todo, el sentido común es el fruto de repetidas observaciones de sujetos racionales, y estas observaciones han sido validadas por la racionalidad de aquel que transmite tal idea (Gadamer?, no me acuerdo..).

Datos desagregados de la CVR Datos desagregados de la CVR stanislaomaldonado Elaboracion: Gianmarco Leon

Predicar con el ejemplo

Hace un par de dias, aparecio un post de J. Godoy titulado "La Congresista Supa y Aldo Mariategui" del cual cito la siguiente parte:

"En tercer lugar, bien lo anotó Guido Lombardi en el debate parlamentario, aquí también hay una cuestión de derecho a la intimidad. Puso el parlamentario como ejemplo el hecho de que cualquiera de ellos podía estar anotando temas personales y a nadie tenía porque interesarle que anotaba la parlamentaria."

Ayer por la manana le envie este comentario a su autor, el mismo que aun esta a la espera de ser moderado:

"Dices:

“En tercer lugar, bien lo anotó Guido Lombardi en el debate parlamentario, aquí también hay una cuestión de derecho a la intimidad. Puso el parlamentario como ejemplo el hecho de que cualquiera de ellos podía estar anotando temas personales y a nadie tenía porque interesarle que anotaba la parlamentaria.” 

Coincido contigo. Pero no fuiste tu con el Morsa los que publicaron las notas de Chang? Tambien el tenia derecho a la intimidad, supongo. A menos que los derechos solo nos sirvan instrumentalmente.

Saludos"

Veamos si el dueno del blog se anima algun dia a moderar mi comentario.

lunes, 13 de abril de 2009

Sobre autoritarismo y democratización: Entrevista a Guillermo O’Donnell

Ahora que, a partir de la sentencia a Fujimori, algunos pretenden vincular el modelo de libre mercado con regímenes autocráticos, no vendría mal volver a revisar viejas lecturas sobre autoritarismo y democratización en América Latina. Uno de los autores más importantes en esta área de investigación ha sido el argentino Guillermo O’Donnell, profesor de la Universidad de Notre Dame.  Aquí va una entrevista a O’Donnell que apareció en el libro Passion, Craft, and Method in Comparative Politics editado por Gerardo Munck y Richard Snyder.  


Entrevista ODonnell Entrevista ODonnell stanislaomaldonado

sábado, 11 de abril de 2009

La Era de Milton Friedman o como los termocéfalos pretenden desconocer los logros económicos del modelo de libre mercado

El último número del Journal of Economic Literature trae un par de artículos muy interesantes. Uno es un literature review de Guido Imbens y Jeffrey Wooldridge sobre desarrollos recientes en los métodos econométricos para la evaluación de programas, de lectura altamente recomendable para los interesados en métodos cuantitativos.  El otro es un artículo escrito por Andrei Shleifer, titulado provocativamente “The Age of Milton Friedman”, que es básicamente una reseña de un par de libros que contiene evaluaciones contrapuestas sobre lo que algunos llaman modelo neoliberal. Sobre este último quiero referirme en este post.

El artículo es interesante si es que uno lo compara con la monserga de moda que le achaca todos los males del mundo al modelo de libre mercado. Hay gente muy inteligente como Stiglitz que está llevando la critica demasiado lejos, construyendo para ello un modelo del papel al cual atacar; el mismo que sin embargo no existe en la práctica. La izquierda y los críticos de la globalización lo citan mucho, y a el parece divertirle la notariedad ganada con argumentos que están bien para los legos y el público en general, pero que serian fácilmente cuestionadas por gente que está en la academia.

En el Perú, la gente de Actualidad Económica es la que más le sigue los pasos a este tipo de versiones apocalípticas de moda respecto a la evolución del capitalismo. Jurgen Schuldt es un caso emblemático de esto último:

“Los próximos años no son alentadores. El catedrático avizoró “turbulencias similares a las que se dieron entre las dos últimas guerras mundiales”, las cuales “se expresarán en proteccionismos crecientes en lo financiero, laboral, tecnológico y de activos, así como devaluaciones competitivas” lo que se traduce en que “los países se cierran e intentan desarrollarse dentro de cada bloque”.

Una nueva arquitectura internacional, deberá girar en torno a un Banco Central Mundial, “aunque aquello resulta utópico”, dijo Schuldt, “como lo es la desdolarización en Ecuador”, acotó, puesto que la crisis mundial no es coyuntural sino estructural, económica, política y tecnológica, “la misma que puede durar una o dos décadas”, puntualizó.

Los momentos económicos más preocupantes del sistema capitalista, son como “ondas, tanto cortas, cuanto largas, cada una con características propias, crisis que no es la primera dentro del sistema capitalista, porque ha sucedido una y otra vez, como parte del sistema capitalista y de acumulación del capital.” 

Según Schuldt, estaríamos frente a una crisis que podría durar una o dos décadas! Este me recuerda el tipo de lecturas que se difundían hacia fines de la década pasada cuando éramos testigos de la crisis asiática, la rusa y la brasileña.  En esos tiempos también había agoreros del final del modelo neoliberal y sin embargo un par de años mas tarde la situación se había normalizado y empezaba un ciclo de crecimiento económico mundial extraordinario. Podría apostar que Jurgen (y todos los fatalistas que coinciden con el) se equivoca, como se equivocaron los fatalistas antes.

Volviendo al artículo de Shleifer, creo que muchos de los críticos tienen una mirada muy sesgada, en donde los datos casi siempre están ausentes. Aquí comparto  la figura 1 de su artículo, en donde se muestra la evolución del producto bruto per-cápita mundial, la medida estándar de bienestar de los países. Como se desprende del grafico, entre 1980 (el momento del inicio del modelo de libre mercado según los críticos, debido a la llegada de Reagan y Thatcher al poder en USA e Inglaterra respectivamente) y el 2005 el PBI pc paso de ser alrededor de 5,500 dólares a alrededor de 9,000. Un incremento simplemente espectacular.


Con datos de Angus Maddison podemos construir una historia similar para el caso peruano. En el grafico que sigue pongo la evolución del PBI per-capita, la medida de bienestar más aceptada, para el periodo 1968-1990. Dicho periodo cubre el modelo de estado interventor impuesto en el país por el régimen militar de Velasco Alvarado; el gobierno de Belaunde, el cual aunque conto con algunos liberales en el régimen hizo muy poco por desmantelar el modelo anterior; y el gobierno populista de Alan Garcia. Cuando los militares tomaron el poder, encontraron un PBI pc de cerca de 3700 dolares y cuando lo abandonaron este llegaba a 4300 dolares. El crecimiento estuvo basado en endeudamiento externo, y no tardarían en estallar las bombas dejadas por los militares en manos de los regímenes democráticos de los 80s, los cuales dejaron el PBI pc en alrededor de 3000 dólares.

Con el modelo de libre mercado, el PBI pc creció de 3000 dolares a alrededor de 4500, como se observa en el grafico siguiente. Aun periodos de recesión, el PBI per-cápita no mostró una caída significativa, como sí ocurrió en los 80s.  

Me parece fundamental tener en mente datos como estos a la hora de juzgar un modelo económico como el vigente. Y esto es importante, más aun ahora que tenemos una crisis internacional encima. Con esto no quiero decir que el modelo sea perfecto, pero me parece sintomático que aun en el peor escenario el país seguirá creciendo, aunque sea a tasas modestas. Esto no ocurría en el pasado, cuando el modelo del estado interventor y basado en empresas públicas (como las que tanto añora Humberto Campodónico). Así, mientras que con la crisis de la deuda de 1982, el PBI per-cápita cayo de 4300 a 3600 dólares en un año, durante la crisis asiática-ruso-brasileña-argentina el PBI per-cápita se mantuvo constante. No hubo progreso, pero tampoco retroceso, mucho menos caídas dramáticas como las que ocurrían cuando las empresas públicas y un Estado interventor eran la base del manejo económico.  

Es importante tener esto en mente cuando algunos pretenden convertir la condena a Fujimori como una suerte de condena al modelo económico.  Veamos un par de ejemplos:

“La misma crítica es extensible a buena parte de la derecha peruana, sobre todo en la semana de la sentencia a Alberto Fujimori, por crímenes de lesa humanidad. ¿No se debería reclamar también un deslinde con el autoritarismo como forma de gobierno? ¿Crecimiento económico -en entredicho, además, teniendo en cuenta la enorme corrupción, justamente económica- sin derechos humanos? ¿Los costos sociales de la reinserción del Perú al sistema financiero mundial? ¿Las cuotas de sangre para la revolución capitalista en el Perú?”  La derecha sale del closet

Mas allá del dramatismo del autor (cuotas de sangre? Por favor!), lo cierto es que los datos sobre el crecimiento están ahí y el bienestar material observado en el país es claro para cualquier ciudadano de a pie. Ello explica en parte el apoyo que Fujimori goza aun en ciertos sectores de la sociedad peruana. Solo la cerrazón ideológica podría negar lo anterior.

Otro ejemplo, esta vez más extremista aun:  

“¿Podemos desligar estos escuadrones de la muerte del golpe de Estado del cinco de abril y del modelo económico neoliberal? No, de ninguna manera. El golpe, que es el mayor crimen que un gobernante puede cometer contra el Estado democrático, fue indispensable para encubrir y continuar la “guerra sucia” en curso. Y no sólo se trató, como quieren hacernos creer algunos incautos del período abiertamente dictatorial entre abril y diciembre de 1992, no nos olvidemos de todas las patrañas del CCD, Parlamento títere de la dictadura, para encubrir los crímenes que justamente acaban de ser sentenciados. Pero el terror de Estado que tuvo en los crímenes juzgados sus acciones más conocidas, fue también indispensable para aplicar el ajuste económico o la terapia de shock, esa forma de terror colectivo como señala Naomí Klein. ¿Cómo fue posible que se produjera esa expropiación masiva de los derechos sociales a la mayoría ciudadana, así como la privatización de los recursos públicos a través de procesos amañados a favor de una pequeñísima minoría de empresas principalmente extranjeras? Porque existía un Estado que aplicaba el terror, selectiva y colectivamente, y porque los que nos oponíamos sabíamos que nos jugábamos el trabajo e incluso la vida. En otras palabras, el Fondo Monetario Internacional  y los tecnócratas y empresarios que lo apoyaban necesitaban su Fujimori y su Montesinos, su Cantuta y su Barrios Altos.”  ¿Quién necesitaba Barrios Altos y Cantuta?

De veras que esta vez Lynch se llevo el premio a la termocefalia ideológica, y encima basándose en Naomi Klein que no se caracteriza precisamente por ser una analista objetiva. Me parece muy claro que buena parte de la izquierda termocefalica del país va a tratar de sacar ventaja de la condena a Fujimori para cuestionar el modelo económico. Sin embargo, por una situación muy circunstancial es que el modelo de libre mercado aparece relacionado al autoritarismo para el caso peruano. Lo cierto es que las reformas de mercado ocurrieron en diversas partes del orbe, con diversas variantes de sistemas políticos. En el Perú, en gran medida por la ausencia de contrapesos institucionales y por el desprestigio del sistema político, terminaron condicionando esta asociación con el autoritarismo pero no es posible establecer una relación causal entre ambos fenómenos. De hecho, los datos globales sugieren que las reformas de mercado estuvieron asociadas con regímenes democráticos más que con gobiernos dictatoriales. Cualquiera que mire los datos de Freedom House o la base de datos Polity IV y los combine con algunos de los índices de reformas estructurales hechos por la CEPAL o el BID puede constatar dicha asociación. Mirar más los datos no le caería mal a Lynch o a Bustamante.

Para los que creemos en los derechos humanos, la condena a Fujimori por crímenes de lesa humanidad es sin duda motivo de celebración, mas aun en un país mal acostumbrado a apostar por salidas autoritarias, ya sean de izquierda (la revolución armada en la que creyó buena parte de la izquierda del país) o de derecha (a la cual parece no molestarle acomodarse con algún régimen autoritario que le permita hacer ganancias).  Sin embargo, es preciso ver con objetividad la evidencia y lo que los datos muestran es que hubieron progresos durante los noventa a pesar de tener un régimen corrupto y autoritario. Probablemente, en ausencia de un régimen de esta naturaleza, el progreso material hubiera sido mejor, pero aun en estas condiciones los avanzado en los noventa fue mucho mejor a lo visto en nuestro pasado reciente. Ahora que el régimen político es democrático, es preciso demostrar que el progreso material puede ser mucho mejor y resolver la tarea pendiente de reducir las brechas y desigualdades que caracterizan al país. Creo que lo avanzando con el modelo económico es importante, pero la clave para avanzar hacia una mayor equidad parte por reformar el Estado y esa es la tarea que ninguno de los últimos gobiernos ha querido enfrentar.  

The Economist sobre la sentencia a Fujimori

Para los interesados.Fujimori Trial Fujimori Trial stanislaomaldonado

jueves, 19 de febrero de 2009

Una teoría sobre la exclusión social: Una aproximación de competencia por activos (III)

Por su parte Acemoglu, Johnson y Robinson (2000) sostienen que dicha desigualdad inicial es producto del carácter de la estrategia de colonización que siguieron los europeos y las instituciones relacionadas con esta. De acuerdo con estos autores, en aquellos lugares en donde el clima y las condiciones de vida en general fueron adversas a los colonizadores europeos (expresado ello en una alta tasa de mortalidad de los colonizadores), se desarrollaron instituciones de naturaleza extractiva, diseñadas fundamentalmente con el propósito de transferir recursos desde la colonia hacia el país colonizador el menor costo posible. En estos lugares no se desarrollaron instituciones de derechos de propiedad ni mucho menos contrapesos al poder político, representación electoral, protección legal contra la expropiación estatal o sistemas de administración de justicia abiertos. De esta manera, las instituciones conformadas, producto de la estrategia de colonización seguida por los europeos, favorecieron la concentración del poder político y la riqueza, constituyéndose en sociedades marcadamente desiguales. Este parece haber sido el caso de América Latina, en particular de las sociedades andinas, cuya abundancia de recursos parece haber favorecido la constitución de instituciones marcadamente extractivas.  De acuerdo con estos autores, el “... main objective of the Spanish and Portuguese colonization was to obtain gold and other valuables from America. For example, soon after the conquest the Spanish Crown granted rights to land a labor (the Encomienda) and set up a complex mercantilist system of monopolies and trade regulations to extract resources from the colonies” (Acemoglu, Johnson y Robinson 2000:8).  Estos recursos fueron abundantes en los territorios que hoy constituyen los países andinos.  

La segunda pregunta es de suma relevancia, mas una si tenemos en cuenta que instituciones acentuadamente ineficaces en términos del progreso social persisten a pesar de sus efectos perniciosos. Las hipótesis formuladas para explicar dicha persistencia institucional son diversas. Por ejemplo, North (1993) ha subrayado la importancia que tienen los esquemas subjetivos de los miembros de una sociedad y el conjunto de restricciones informales que acompañan a esta, en la constitución de arreglos básicos que promueven o dificultan el desempeño económico a largo plazo y que, una vez articulados, generan una senda de dependencia (path dependence) difícil de modificar.  De acuerdo con North, “... una vez que se establece la vía de desarrollo en un curso fijo, las externalidades de la red, los procesos de aprendizaje de los organismos y el modelamiento subjetivo de las cuestiones, derivado históricamente, se refuerza el curso” (North 1993:129), a pesar de que, inclusive, se modifiquen luego abruptamente las instituciones formales por medio de, digamos, una revolución social o un proceso de reforma radical. El caso de América Latina es sintomático en este sentido, pues los esfuerzos que realizaron los independentistas para adaptar instituciones y reglas formales similares a las anglosajonas en la región no pudieron alterar las pautas de comportamiento establecidas por las instituciones pre-existentes. En palabras de North: “La persistencia de la pauta institucional que había sido impuesta por España y Portugal siguió desempeñando un papel fundamental en la evolución de las políticas latinoamericanas y en sus percepciones, así como en cuanto a distinguir y diferenciar la historia de este continente, a pesar de la disposición después de la independencia de un conjunto de normas similares a las de la tradición institucional inglesa que dieron forma a la vía (institucional) de los Estados Unidos” (North 1993:135).

Siguiendo esta línea, Acemoglu et al (2000 y 2001b) han sugerido tres mecanismos a través de los cuales se puede explicar la persistencia institucional:

a)      El establecimiento de instituciones que establezcan contrapesos al poder político y protejan los derechos de propiedad es costoso, por lo que las elites podrían no tener incentivos para “costear” cambios institucionales, ya sea que estos busquen establecer instituciones eficientes o procuren introducir instituciones de carácter extractivo.

b)     Las ganancias derivadas de una estrategia de naturaleza extractiva dependen crucialmente del tamaño de la elite. Si la elite es muy pequeña y los retornos esperados de establecer instituciones extractivas para cada miembro de esta son elevados, entonces los incentivos para emprender un cambio institucional de esta naturaleza pueden ser muy altos. Esto podría explicar, por ejemplo, la persistencia de instituciones como la esclavitud después de declarada la independencia en la mayoría de las naciones latinoamericanas. Las elites se habrían montado sobre las instituciones dejadas por los españoles y portugueses (Por ejemplo, la esclavitud se mantuvo en Brasil hasta 1886).

c)      Finalmente, si un conjunto de agentes ha realizado inversiones que son compatibles con un determinado tipo de instituciones (por ejemplo, inversiones en capital fijo y capital humano), los incentivos que estos grupos tienen para mantener dichas instituciones podrían llevar a una mayor predisposición por sostenerlas en el tiempo, a través del uso de recursos económicos y políticos.

A partir de lo discutido a lo largo de esta sección podemos afirmar que existen razones de peso para creer que las instituciones básicas que caracterizan a las sociedades andinas de hoy son el producto evolucionado de un conjunto de arreglos institucionales que, por una serie de circunstancia históricas, nacieron con un carácter marcadamente inequitativo y cuya naturaleza se ha reproducido a través del tiempo.  

viernes, 13 de febrero de 2009

Políticas para el Crecimiento: Sesión de la última reunión anual de la American Economic Association

La última reunión anual de la American Economic Association, realizada a principios del mes pasado en San Francisco, incluyó un panel sobre “Políticas para el Crecimiento”, en la cual se discutió el reporte de la Comision sobre Crecimiento y Desarrollo liderada por el premio Nobel Micheal Spence y que incluyo al otro Nobel Robert Solow además de una serie de policy-makers entre los que estuvo nuestro compatriota PPK. En los académicos que discutieron el reporte estuvieron Kenneth Rogoff, Raghuram Rajan, Abhijit Banerjee, y Ross Levine.

El video de la sesión está disponible en la web de la AEA, junto con los cursos de economia experimental, econometria y politicas monetaria, pero solo tienen acceso los asociados. He colgado el video en Google Video con el fin de compartirlo con los interesados. 

lunes, 9 de febrero de 2009

60 minutos con Kenneth Arrow y Thomas Schelling, premios Nobel de economía, sobre Cambio Climático

Una de las cosas que más extraño del Banco Mundial era el hecho que todas las semanas habían conferencias y Brown bags sobre todo tipo de temas relacionados con la economía del desarrollo. Tuve la suerte de estar en conferencias de Joseph Stiglitz, Douglass North, Robert Solow, Micheal Spence, y Thomas Schelling, entre los premios Nobel de economía. Tambien en eventos con estrellas de la profesión como Daron Acemoglu, James Robinson, Esther Duflo, Micheal Kremer, Allan Drazen, Dani Rodrik, Jhon Roemer, Pranab Bardhan, entre otros. 

Aquí va una conferencia hecha en el Banco con Arrow y Schelling sobre cambio climático. Ahora que escucho mas del tema debido a los intereses académicos de los profesores de mi departamento, nada mejor que empezar a familiarizarse con el mismo a partir de las reflexiones de dos de las mentes más grandes de la profesión.

http://info.worldbank.org/etools/docs/voddocs/1013/2249/hi.htm  

viernes, 6 de febrero de 2009

La obsesión por la desigualdad: a falta de datos, buena es la ideología

Leo, algo tarde, esta nota aparecida en el Comercio del 16 de enero pasados, titulada “Pese al crecimiento económico aumentó la desigualdad en el país”, escrita por el periodista Luis Felipe Gamarra. Lo interesante es que se habla de un incremento de la desigualdad en el texto, mientras que la información que sustenta dicha información dista de mostrar que la desigualdad realmente aumento. Veamos.

Lo primero que hay que notar es la permanente confusión del texto respecto al tema eje de análisis. Toda la primera parte se centra en una discusión sobre como el crecimiento no ha llevado a una reducción rápida de la pobreza en las zonas rurales del país. Luego cita a Juan Chacaltana del modo siguiente:
“Si comparamos el gasto familiar del 10% de los peruanos más pobres con el 10% de los más ricos, veremos que la distancia entre ambos se ha elevado dramáticamente. Para Juan Chacaltana, de Centro de estudios para el desarrollo y la participación (Cedep), el ingreso del 10% más rico (al que pertenece menos del 8% del país) incrementó el promedio, lo que generó cifras engañosamente positivas. Por otro lado, la inflación, como lo demostró en el 2007 la Universidad del Pacífico, depende del segmento al que se pertenece. Para el sector E, la inflación del 2007 fue de 8,2%, tres veces más que para el resto de peruanos.”

No me queda claro ni el periodo de referencia ni la fuente de información para tal aseveración. En este post mostré que la evidencia empírica no soporta dicha conclusión. De hecho, el mismo reporte consigna cálculos del coeficiente de Gini para el periodo 2004 y 2007 de 0.42 y 0.42, lo cual en términos estadísticos (considerando intervalos de confianza debido a que los estimados provienen de una muestra y no de datos censales) significa que la desigualdad no cambio.

Luego, en una sub-sección, el artículo menciona lo siguiente:
“Cálculos de Raúl Mauro, investigador de Desco, indican que el Gini tampoco bajó. Sus cifras por departamento señalan que la desigualdad creció en 17 de los 24 departamentos entre el 2004 y el 2007. Por ejemplo, el análisis de Mauro señala que La Libertad, donde existe pleno empleo, la inequidad se elevó, así como la delincuencia, lo que convirtió al departamento en el más desigual del país. Para Javier Escobal, de Grade, y Pedro Francke, de CIES, el país, irónicamente, ha medida que crece, se hace más injusto.”

Aun cuando se presentan datos de desigualdad a nivel departamentos, la afirmación que la desigualdad se incremento en 17 de estos es exagerada. En los casos de Amazonas, Ancash, Arequipa, Cusco, Huánuco, Junín, Lambayeque, Pasco, Puno y San Martin; esto es, al menos 10 de los 17 casos la magnitud de incremento no es sustantiva por lo que es de esperarse que los intervalos de confianza se crucen y por tanto no tengamos evidencia de que el incremento de la desigualdad sea robusto. Por ejemplo, en Arequipa la desigualdad paso de 0.35 a 0.36, un incremento de 2.6%, lo cual es términos estadísticos es simplemente nada, sin embargo el Comercio consigna el caso como uno de incremento de desigualdad. Se necesitan la información respecto a la robustez de los estimados para ser concluyentes al respecto.

¿Que queda del articulo del Comercio? Muy poco. De partida, no aporta evidencia que valide el titular que tiene, además de contradecirse al sugerir que la desigualdad aumento y mostrar que el índice de Gini no cambio en el periodo 2004 y 2007. No tenemos evidencia de que la desigualdad haya aumentado si es que tomamos como punto de referencia 1997, periodo a partir del cual se disponen de estadísticas relativamente consistentes. El articulo incide parcialmente bien en señalar que el crecimiento no ha beneficiado más a los más pobres, aunque lo plantea incorrectamente de modo tal que el argumento termina siendo falso. El argumento correcto sería reconocer que el crecimiento beneficio más en términos absolutos a los no pobres (lo cual no es un resultado inesperado, toda vez que el crecimiento suele beneficiar en primer lugar a los más integrados al sistema económico. El crecimiento nunca es balanceado.), aunque en términos proporcionales los sectores más pobres vieron crecer más rápidamente sus ingresos que los no pobres. Como mostré en el post “la desigualdad no es como la imaginábamos”, el ingreso per-capita promedio del decil mas pobre creció en un 64% entre 1997 y el 2007, mientras que el ingreso promedio del decil mas rico lo hizo en un 9%. Los cálculos pueden descargarse de esta dirección: http://stanislaomaldonado.googlepages.com/ingresopromedio1997_2007.pdf

Ahora, creo que es preciso aclarar los argumentos, sobre todo de quienes defienden la idea de que la desigualdad se incremento, quienes muchas veces parece dejarse llevar más por sus preferencias ideológicas que por la evidencia estadística. Me parece, que hay una serie de problemas que es preciso resolver a fin de tener una discusión basada en evidencias al respecto:

a) El problema del periodo de referencia: muchos de los que argumentan que la desigualdad aumento (ver por ejemplo este post), se basan en datos para el periodo 2004-2007. Efectivamente, para ese periodo existe cierta evidencia al respecto (tal y como muestro en estos datos: http://stanislaomaldonado.googlepages.com/EstimacionesDesigualdad1997_2007.pdf ) pero ello deja de ser cierto cuando consideramos un periodo de referencia más grande. No hay razón teórica alguna que nos diga que el periodo 2004-2007 sea el mejor para juzgar los cambios en la desigualdad.

b) El problema del instrumento de medida de desigualdad: muchos argumentan que las encuestas de hogares son un mal instrumento para medir la desigualdad, porque difícilmente captura bien los ingresos de los más ricos. Siendo ello un argumento atendible, es necesario probarlo empíricamente para el caso peruano. Dicho estudio no existe, por lo que no podemos estar tan seguros que la desigualdad aumento si la evidencia no existe.

En resumen, no existe evidencia para argumentar que la desigualdad aumento en el país. Por el contrario, esta parece no haber experimentado cambio alguno. Los que argumentan que esta si aumento se basan en decisiones metodológicas que no tienen justificación a priori, a no ser que sean preferencias ideológicas. En el caso de los datos a nivel regional, un análisis de robustez es necesario a fin de tener una mejor imagen al respecto al cual habría que agregarle un análisis de su evolución a partir del 2001. Como mencione en mi post al respecto, algo pasó en el 2004 que cambia ligeramente la tendencia. Esto amerita mayor estudio para descartar que el mismo se haya debido solo a cambios metodológicos.

Asimismo, es preciso también abordar la dimensión normativa implícita en el debate. ¿Por qué se considera que un aumento de la desigualdad es malo per se? La forma que termina el artículo del Comercio, al decir que el país se hace más injusto a medida que crece, es sintomático. Desde una perspectiva rawlsiana (ver mi ensayo sobre justicia distributiva), en tanto los pobres se beneficien en términos relativos más que los ricos, uno no podría denominar injusto el crecimiento de los últimos 10 años, en donde el ingreso promedio de los pobres creció más rápido que el de los ricos. ¿Cuál es la teoría moral que sustenta la aseveración de que el país es más injusto hoy?

Confieso que estos tipos de análisis me mortifican. Empezar con un caso muy particular, el de un distrito no beneficiado por el crecimiento, lleva fácilmente a generalizaciones indebidas, que son fácilmente asimiladas para un público no entrenado en los detalles metodológicos. Se necesita evidencia estadística y mostrar la historia completa, no solo la de los perdedores, sino también la de los distritos que se han beneficiado con el crecimiento para tener una imagen más cercana a la verdad. El que las cosas no hayan funcionado para Anchonga no quiere decir que no haya funcionado para ningún distrito de las zonas rurales del país.

Una teoría sobre la exclusión social: Una aproximación de competencia por activos (II)

Dicho esto, discutamos ahora sobre la distribución de los activos entre la población. La distribución de los activos entre los individuos dependerá tanto de la “lotería del nacimiento” como del esfuerzo responsable de los mismos. Esta distinción nos lleva a pensar en dos temas claves interrelacionados: a) el proceso a través del cual los individuos adquieren los activos y los mecanismos institucionales que se hallan detrás de ello, y, b) el tema de la responsabilidad personal y sus implicancias para la teoría moral.

Producto de la “lotería del nacimiento”, los individuos reciben una dotación básica de activos, compuesta por su dotación de activos naturales más un stock de activos sociales determinados por el stock de activos sociales de sus padres. A estos activos los denominaremos activos básicos, por ser el punto de partida del proceso de acumulación de activos de un individuo a lo largo de su existencia. La distribución de dichos activos es “moralmente arbitraria”, en la medida de que ningún individuo pudo influir sobre la composición del stock de activos bajo su control. Sin embargo, cada individuo si será “moralmente responsable” de los resultados que obtenga a través del uso de dichos activos, tanto en la transformación de estos activos en niveles de bienestar como en la consecución de mayores activos a partir de su dotación básica.

Provistos de esta dotación básica los individuos compiten por el control de activos sociales claves para su desarrollo humano. Estos activos sociales no caen como el mana del cielo o son lanzados desde helicópteros, sino que son distribuidos a través de un conjunto de instituciones que hemos denominado instituciones básicas. Estas instituciones establecen las reglas de juego que se hallan detrás de la distribución de los activos y determinan, por tanto, las posibilidades de acumulación de los mismos por parte de los individuos.

Entre las instituciones básicas más importantes podemos contar:

1. Instituciones que facilitan el acceso a activos productivos como tierra y capital,
2. Instituciones educativas,
3. Instituciones de salud,
4. Instituciones que facilitan el reconocimiento y protección de los derechos de propiedad,
5. Instituciones de representación política y sufragio,
6. Instituciones de resolución de disputas y manejo de conflictos,
7. Instituciones de protección social.

El rol que cumplen las instituciones básicas no se limita exclusivamente a la provisión de los activos, sino que además cumplen el rol fundamental de asegurar el control por parte del propietario tanto del activo como de los rendimientos que generan. De allí la importancia de las instituciones que permiten el reconocimiento y la protección de los derechos de propiedad dentro del conjunto de instituciones básicas.

Dado el conjunto de instituciones básicas, los individuos competirán por el control de los activos sociales. Las posibilidades de éxito al alcance de cada uno de ellos dependerán crucialmente de su respectiva dotación básica, dado el grado de apertura institucional. Así, si las instituciones básicas son abiertas e inclusivas el peso de las desigualdades iniciales sobre la perspectiva de vida de los individuos será menor, es decir, habrá mayor movilidad social. Un individuo que cuente con una menor dotación básica de activos que otro podría remontar las desventajas iniciales y disminuir la brecha que los separa gracias a un acceso equitativo a los activos sociales. Lo inverso también es válido. Instituciones básicas muy cerradas y excluyentes conllevarán a la profundización de las desventajas iniciales entre los individuos, acentuando con ello la desigualdad social.

¿De qué dependerá el grado de apertura de las instituciones básicas? Sin duda, es de suma relevancia para nuestros propósitos establecer con precisión una respuesta a esta interrogante, más aun en el contexto de las sociedades andinas objeto de nuestro análisis. A nuestro entender dicho grado de apertura institucional dependerá de la confluencia de una serie de factores cuyas raíces podemos rastrear en la historia. Dicha apertura sería el resultado de la persistencia a lo largo del tiempo de un conjunto de arreglos institucionales que son producto de las condiciones iniciales de la sociedad, en particular su grado de equidad. De acuerdo con Engerman y Sokoloff (2002), en sociedades que nacieron con mayor grado de equidad, las elites estuvieron menos predispuestas a establecer reglas, leyes y políticas gubernamentales que los favorecieran excesivamente frente al resto de la sociedad, favoreciendo el desarrollo de instituciones que promovieron un acceso equitativo a las oportunidades, contribuyendo de esta forma a la persistencia de arreglos sociales más equitativos. Por otro lado, "...in societies that began with extreme inequality, elites were better able to establish a basic legal framework that insured them disproportionate shares of political power, and to use that influence to establish rules, laws, and other government policies that greatly favored them relative to the rest of the population in terms of access to economic opportunities, contributing to persistence of the high degree of inequality" (Engerman y Sokoloff 2002: 3).

Así, la persistencia del grado de equidad inicial de la sociedad a través del tiempo opera por medio de la persistencia de las instituciones básicas, en particular su grado de apertura. En aquellos lugares en donde, producto de un alto grado de inequidad inicial, se constituyeron instituciones básicas excluyentes, la desigualdad social se ha mantenido elevada a lo largo del tiempo gracias precisamente a la persistencia a través de la historia de dichas instituciones básicas a las que la desigualdad inicial dio origen. Del mismo modo, allí donde la desigualdad inicial fue baja, las instituciones básicas que se configuraron permitieron un acceso más democrático a los activos sociales, facilitando con ello la reproducción del elevado nivel de equidad inicial.

Dos nuevas preguntas emergen a partir de nuestra respuesta anterior: 1) ¿por qué algunas sociedades “nacieron” con un mayor nivel de desigualdad inicial que otras? y, 2) ¿por qué persisten las instituciones que sostienen y reproducen en el tiempo dicha desigualdad inicial? Una primera respuesta a la primera pregunta la podemos encontrar en los trabajos de Stanley Engerman y Kenneth Sokoloff. Estos autores han insistido en que las diferencias iniciales en el grado de desigualdad pueden ser atribuidas a las respectivas dotaciones de factores de cada sociedad. Estas diferencias han tenido un impacto profundo y duradero en sus patrones de desarrollo debido a su efecto sobre el tipo de instituciones que se constituyeron en dichos sistemas sociales. Así, mientras que en el Brasil y el Caribe las condiciones favorables para el desarrollo de cultivos como el azúcar, con alto valor en el mercado, favoreció el uso intensivo de esclavos (lo cual derivó en la conformación de sociedades muy heterogéneas con elevados niveles de concentración de riqueza, capital humano y poder político), en América del Norte las condiciones climáticas favorecieron un régimen de producción de cultivos mixtos, sujeto a bajas economías de escala, en el cual se utilizaron pocos esclavos consolidándose luego como sociedades relativamente homogéneas y con mayor grado de equidad en el acceso a los recursos productivos y las oportunidades. En el caso de la América Hispana la relativamente abundante disponibilidad de tierras, la abundancia de fuerza de trabajo nativa y la riqueza de los recursos minerales crearon condiciones para el desarrollo de instituciones que favorecieron la concentración de riqueza y los recursos en las elites (Engerman y Sokoloff 1994 y 2002).