lunes, 28 de julio de 2008

Adiós Washington!! Berkeley, allá voy!!


Escribo esto en el vuelo de US Airways que me lleva de Washington, DC a San Francisco, apenas horas antes de empezar el math-camp en Berkeley. Me es inevitable sentirme un poco apenado, sobre todo por todo lo que vivir en Washington y trabajar en el Banco Mundial ha significado para mi desarrollo profesional y personal. La cantidad de experiencias y aprendizajes que he logrado acumular en todo este tiempo gracias a la inmejorable oportunidad que tuve al trabajar en una institución de primera como el Banco Mundial. Debo a muchísima gente, profesionales de primera entrenados todos ellos en las mejores universidades del planeta, por permitirme crecer profesionalmente en condiciones inmejorables gracias no solo a sus credenciales académicas y profesionales, sino sobre todo por su calidad humana y compromiso con el objetivo de reducir la pobreza. A todos mis amigos en el Banco y en DC, gracias totales!

Ahora vienen nuevos retos! Berkeley me espera, así que de vuelta a las aulas!

viernes, 18 de julio de 2008

La desigualdad no es como la imaginábamos

En las últimas semanas, a partir del debate sobre las cifras de pobreza, se han empezado a discutir nuevamente el tema de la desigualdad en el Perú. Es interesante notar el origen político de la discusión. Hace unos meses atrás, la izquierda y todos los demás detractores del modelo económico vigente solían argumentar que el modelo solo generaba más pobreza, que los pobres se han hecho más pobres, que no hay “chorreo” y que solo ciertos sectores se están enriqueciendo a costa de las mayorías. Por ejemplo, Javier Diez Canseco escribió esto hace poco al respecto:

“La desigualdad, con sus efectos de violencia e inestabilidad social, es una tercera herencia del reo (se refiere a Fujimori. SM). Acentuó las brechas sociales. Fujimori dejó al país con cerca al 54% de pobres y 18% en extrema pobreza. El Perú de hoy es el país de América Latina con la mayor desigualdad interna en la distribución de ingresos, con el mayor abismo entre ricos y pobres. Esta es otra herencia que la transición democrática fue incapaz de resolver al mantener –Toledo y García- intocada la estructura y la política económica fujimorista. Ni siquiera podemos obtener lo que nos debería corresponder de nuestros recursos mineros y naturales para invertir en las prioridades que ya hemos señalado porque todo se privatizó en medio de irregularidades y de extraordinarios privilegios tributarios que ni Toledo ni García han revisado” La Herencia de Fujimori.

Este sentido común de la izquierda no encontraba, paradójicamente, mucha resistencia desde el otro espectro político. Impuesto como sentido común, no es de extrañar que la primera reacción haya sido cuestionar las cifras que mostraban una reducción importante de la pobreza. En algunos casos, dicha critica era simplemente una mezquindad política: no cabía reconocer la evidencia, por mas que esta haya sido auditada por gente de prestigio, para no reconocer que bajo este modelo económico –mucho menos durante el gobierno de Alan García- esta ocurriendo una reducción importante de la pobreza (ver este articulo de Raúl Wiener en esa dirección). Hacer lo anterior significaría admitir que estaban equivocados al caracterizar al modelo como empobrecedor. Por su parte, los críticos más inteligentes esbozaron, por el contrario, críticas metodológicas, las cuales sin embargo estaban –tal y como trato de mostrar aquí, aquí y aquí- sobredimensionadas. Muy poca gente se dio el trabajo de estudiar los datos (una excepción fue Farid Matuk), y el resultado final fue la aceptación de que efectivamente la pobreza estaba cayendo, aunque negando la magnitud de la caída, sin mucha evidencia sólida para ello.

Como no funcionó con la pobreza, entonces se cambió el argumento. Se aceptó a regañadientes que la pobreza estaba cayendo pero –he aquí la novedad- la desigualdad estaba aumentando escandalosamente. Así por ejemplo, la poeta Rocío Silva Santiesteban, lo graficaba de este modo:

“¿Eso significa que se ha reducido la desigualdad? Pues sospecho que no, y según me lo explica un amigo economista, no, y según leo en el Informe de Oxfam, no. Un rotundo no. Como lo sostiene un artículo del informe del economista Efraín Gonzáles de Olarte, la proporción entre crecimiento económico sostenido y reducción de la pobreza parece compatible: una cifra sube, la otra baja. Pero la desigualdad sigue exactamente igual. O peor.” Menos pobres, mas desiguales

En este post cuestiono este sentido común. Mi argumento central es que no tenemos evidencia estadística sólida para argumentar que la desigualdad aumentó como se dice alegremente por ahí. Por el contrario, creo que existe cierta evidencia para argumentar no solo que la desigualdad no aumentó, sino también que los más pobres se habrían beneficiado más del crecimiento observado en los últimos años, aunque no en la magnitud necesaria para cambiarles sustancialmente la vida.

Para ello, me basaré en los siguientes elementos: a) la evolución de los indicadores de desigualdad como el coeficiente de Gini y de Kakwani entre otros, b) la evolución de la fracción del ingreso acumulado por cada decil de ingreso, es decir, como se distribuye “la torta”, c) la evolución de los ingresos promedios por decil de ingreso, a fin de evaluar cual es la velocidad con la crecen los ingresos de cada sector, d) un análisis de dominancia usando curvas de lorenz, curvas generalizadas de Lorenz y curvas de Pen a fin de evaluar los cambios en la desigualdad, e) un test de diferencia de distribuciones Kolmogorov-Smirnov para evaluar si existe evidencia para rechazar la hipótesis nula de que la distribuciones del ingreso entre un par de periodos son similares.

Cuestiones Metodológicas
La variable de bienestar utilizada es el ingreso mensual per-cápita real a precios de diciembre del 2001. Los valores nominales de los ingresos fueron actualizados con el índice de precios para Lima Metropolitana disponible en la página web del Banco Central. El periodo de análisis es 1997-2007 y la fuente de información básica es la Encuesta Nacional de Hogares. A fin de reducir los problemas de comparabilidad de las encuestas, se optó por trabajar con los datos del IV trimestre. En todos los casos posibles, se estiman intervalos de confianza usando la técnica bootstrap con 1000 repeticiones.

Resultados Básicos
Por razones de tiempo y espacio, solo discutiré los resultados más importantes. A mí entender los siguientes:

1. La desigualdad medida a través de indicadores resumen sugieren que esta no mostró cambios significativos en el periodo 1997-2007. Dichos resultados son consistentes sea cual sea el indicador utilizado. Así por ejemplo, el coeficiente de Gini cayó 3 puntos entre 1997 y el 2007 (ver Cuadro 1), pero el hecho de que los intervalos de confianza se superpongan no nos permite descartar el hecho de que la desigualdad no haya mostrado cambios en el periodo de análisis. En este apéndice mostramos los resultados para un total de 9 indicadores de desigualdad además del Gini como son los índices de Mehran, Kakwani, Piesch, Atkinson (para distintos valores del parámetro de aversión a la desigualdad), y el índice generalizado de Entropia (para distintos valores del parámetro de sensibilidad). Para una discusión técnica de la mayoría de estos índices, ver el libro de Frank Cowell “Measuring Inequality”. Una copia del mismo puede ser descargada de aquí.


2. La forma en que se distribuye el ingreso a través de deciles sugiere que, para todos los deciles excepto el más rico, han ocurrido pequeñas ganancias. Así por ejemplo, en 1997 el decil más pobre acumulaba el 1.02% del ingreso mientras que el más rico se apropiaba del 43.07% del mismo. En el 2007, dichos porcentajes eran respectivamente 1.39% y 37.46%. Esta reducción de casi 6 puntos del decil más rico se repartió entre los demás deciles de ingreso. En este anexo se presenta la información completa para todos los años así como sus errores estándar e intervalos de confianza.

3. Los ingresos de los más pobres han crecido más velozmente que el de los deciles más ricos. En el periodo 1997-2007, el crecimiento acumulado del ingreso del decil más pobre fue de 64.63%, mientras que el del decil más rico fue de 8.84%. Consecuentemente, la brecha entre el decil más rico y el más pobre se redujo de 42.68 a 28.21, lo cual contradice el sentido común de que dicha brecha habría aumentado. En el blog de Raul Mauro se presenta evidencia que sugiere que la brecha aumentó, lo cual no es contradictorio con lo aquí dicho pues el periodo de referencia es distinto. Si nos enfocamos en el periodo 2004-2007 como la hace Mauro, efectivamente se observa que la brecha aumenta, pasando de 22.64 a 28.21, lo cual también muestran mis resultados. Aparentemente, estaría ocurriendo un cambio en los fundamentals de la desigualdad que estaría explicando este cambio en la tendencia. Este cambio de tendencia también se refleja en el hecho de que en el último año los ingresos de los ricos hayan crecido a mayor velocidad que el de los mas pobres (2.9% frente a 10.74%). Este hecho empírico amerita mayor análisis en el futuro. En este apéndice, se presentan los resultados para el periodo bajo análisis.

4. Un análisis de dominancia usando curvas de lorenz, curvas de lorenz generalizadas y curvas de Pen sugieren que no es posible argumentar que la desigualdad haya aumentado en el periodo de análisis. Una discusión de estos instrumentos puede verse en el libro de Cowell, citado líneas arriba. La curva de Lorenz para el periodo 1997-2007 sugiere que la desigualdad habría caído, aunque la magnitud de la caída es pequeña (ver el grafico aquí). Dado que es posible que dicho cambio no sea estadísticamente significativo, usamos la curva de lorenz generalizada para evaluar si existe un mayor bienestar asociado en la distribución de 1997 en relación a la del 2007. Como se observa en este grafico, la curva del 2007 domina a la de 1997, lo cual sugiere que existe un mayor bienestar asociado a la curva del 2007. Finalmente, la curva de Pen entre 1997 y 2007 cuenta esencialmente la misma historia que la de Lorenz. Ver el grafico aquí.

5. El test de diferencia de distribuciones de Kolmogorov-Smirnov sugiere que no podemos rechazar la hipótesis de nula de que las distribuciones del ingreso de 1997 y 2007 sean iguales; esto es, que la desigualdad no haya cambiado. Ver aquí los resultados.

Como comentario final, la evidencia sugiere que no es posible argumentar que la desigualdad aumentó con la aplicación del modelo de libre mercado en los noventas. Los datos aquí presentados cubren un periodo de 11 años y sugieren que, en el peor de los casos, la desigualdad no aumento, a pesar de existir cierta evidencia que sugieren por el contrario que la dispersión de los ingresos se ha atenuado, aunque no de una manera significativa. La otra extendida idea de que la brecha entre los ricos y pobres se habría acentuado tampoco parece ser ciertas a la luz de la evidencia aquí presentada. Ciertamente, se puede argumentar que las encuestas de hogares son un instrumento imperfecto para medir la desigualdad del ingreso por que no captura adecuadamente los ingresos de los más ricos, pero dicho argumento no ha sido testeado empíricamente como para asumir sin reservas su aceptación. Solo una comparación entre información de ingresos capturados vía censo y vía encuestas de hogares, nos permitirán dilucidar el asunto desde un punto empírico. Por otro lado, aun este argumento fuese cierto, no invalida los resultados aquí mostrado sobre la evolución de los ingresos de los más pobres.

Dedicatoria
Dedico este post a 3 personas que contribuyeron mucho a mi formación en temas distributivos: Adolfo Figueroa, Juan Chacaltana y Leonardo Gasparini. Durante mi época de estudiante, la lectura de los textos y la cercanía que tuve con el profesor Figueroa influyeron mucho en mi interés en temas distributivos. Juan Chacaltana me acogió en CEDEP cuando yo me creía básicamente un filósofo en temas distributivos (algo de lo que no me quejo, pues me permitió un reconocimiento internacional) y ha visto, seguido e influenciado mi desarrollo como un economista empírico, y las discusiones que hemos tenido sobre el tópico desde entonces han marcado mucho mi forma de pensar estos temas. El titulo de este post parafrasea el titulo de uno de sus mejores trabajos. Finalmente, Leonardo Gasparini, sin lugar a dudas una de las autoridades sobre distribución del ingreso en América Latina, me enseño durante mis estudios de maestría en la Universidad de San Andrés en Buenos Aires la mayoría de técnicas estadísticas y econométricas utilizadas en este campo. Su curso ha sido de lejos uno de los mejores que he tenido en mi formación profesional. A todos ello, la gratitud del caso.

miércoles, 16 de julio de 2008

¿Se puede reducir la desigualdad? Algunas reflexiones a partir del evento del IEP (I)

El día lunes pasado asistí a un evento del IEP del que me enteré por medio del blog de Martin Tanaka. El tema no podía ser más interesante: ¿Cómo reducir la desigualdad? Sin embargo, para ser sincero, el evento en si mismo me pareció un poco flojo y además no tan bien diseñado (no se permitieron intervenciones del público asistente, entre quienes estaban gente que podría aportar más al tema como era el caso de Javier Iguiñiz). La primera clarinada de alerta fue no ver entre los panelistas a especialistas en la materia: salvo parcialmente Jurgen Schuldt (quien comentó además que el no entendía porque lo habían invitado no siendo especialista en la materia), ninguno de los otros ponentes (Elmer Cuba, Hugo Santamaría y Humberto Campodónico) tienen investigaciones sobre el tema. Creo que el IEP pudo haber invitado a Richard Webb y Adolfo Figueroa de la vieja guardia, o a Javier Escobal o a Jaime Saavedra (quien me comentó que estaría por acá para estas fechas la última vez que lo vi en Washington, DC) de la generación más joven. No fue extraño observar como la discusión terminó derivando en un debate sobre la orientación de la política económica más que sobre la distribución del ingreso en si, tema cuyo análisis exige en principio un tratamiento sobre aspectos de largo plazo. Tengo la impresión de que la ausencia de especialistas afectó la calidad del evento.

Aquí comparto algunas impresiones sobre lo discutió y lo que se pudo haber discutido.

1. No hubo claridad sobre el tratamiento del tema, mucho menos un diagnostico claro acerca de la extensión de la desigualdad y una evaluación de sus determinantes. Hugo Santamaría empezó la discusión sobre el tema de manera incorrecta: hablo sobre pobreza y casi nada sobre distribución. Jurgen Schuldt hizo una presentación más clara de los conceptos distributivos y llamó la atención sobre las diferentes entradas al tema (distribución personal, espacial y factorial del ingreso), pero luego se perdió en la generalidad al invocar una suerte de retorno a teóricos dependentistas como Samir Amin. Elmer Cuba hizo, a mi entender, la mejor entrada en términos de ilustrar la complejidad del fenómeno distributivo marcando las diferencias entre conceptos como exclusión, pobreza y desigualdad para luego introducir el concepto de igualdad de oportunidades, aunque se quedo corto a la hora de abordar el tema distributivo en si mismo. Finalmente Humberto Campodónico, discutió de casi todo (empresas públicas, precios de alimentos, utilidades mineras y etc.) pero muy poco sobre el tema en si, aunque si menciono algunas ideas sobre como aumentar los salarios u otras medidas para incrementar el ingreso de los trabajadores, aunque no quedo claro en que medida ello haría mas equitativa la distribución de los ingresos.

2. La desigualdad supuesta y la ausencia de los datos. Creo que una de las características básicas de la mayoría de las intervenciones consistía en dar por verdaderas afirmaciones que no han sido testeadas empíricamente, como por ejemplo un supuesto implícito de que la desigualdad ha aumentado. Los datos sobre distribución del ingreso estuvieron casi ausentes en la discusión, a no ser de una referencia de Jurgen sobre la distribución funcional del ingreso y uno que otro dato suelto soltado por los ponentes. La poca evidencia presentada y el uso de datos de una sola aproximación (distribución funcional) no permitía tener un panorama completo de la problemática bajo análisis.

3. ¿Igualdad de que? Salvo Elmer Cuba, no hubo una discusión respecto a que dimensión de la desigualdad es relevante. Se menciono que lo importante seria la desigualdad de activos y Cuba introdujo también el tema de la igualdad de oportunidades. A pesar de ello, el tema se terminó concentrando en medidas para abordar la desigualdad de activos y la de ingresos. No quedó claro porque la desigualdad es un problema y en que medida su reducción es un objetivo de política deseable, salvo una alusión de Cuba respecto a que no tendría nada de malo que los más productivos tengan mayores ingresos. En el fondo, el no aclarar de partida la dimensión normativa de la distribución oscureció un poco el debate.

4. Ganó la coyuntura. Como mencionaba líneas arriba, el debate terminó siendo dominado por asuntos de coyuntura (como es el caso del reciente paquete legislativo) y de paso con algunas afirmaciones y lugares comunes sobre el modelo de desarrollo (como la de Campodónico diciendo que estaba demostrado el fracaso del Consenso de Washington). Hace algunos años atrás, el profesor Figueroa demostraba que a pesar de los continuos y en ocasiones extremos cambios en la política económica y el patrón de desarrollo (desde un liberalismo librecambista a un modelo interventor estatista), la desigualdad permanecía como una variable relativamente insensible. Esto sugiere que es necesario ir más allá del corto plazo si es que queremos resolver los problemas distributivos del país, si es que estos son tales. La discusión basada en la coyuntura ayuda muy poco en esa dirección, y las discusiones sobre el cambio del modelo como vía para la mejora en la distribución no parecen ser muy relevantes si tenemos en cuenta los resultados del estudio de Figueroa.

5. ¿Como redistribuir? Elmer Cuba mencionó de partida la idea de que la redistribución del ingreso debería estar basada mas en la acción estatal a través de impuestos que en una aventura revolucionaria como antaño, por lo que una redistribución de activos clásica como pensaba la izquierda en los 70’s y 80’s no funcionaría. De esta manera, una buena parte del debate tuvo que ver con el rol redistributivo del Estado. Me parece que, tanto entre ortodoxos y heterodoxos, existe ya un consenso en que el Estado tiene que asumir un rol importante en esa dirección (aunque con diferencias respecto al alcance del mismo, con Cuba y Santamaría sugiriendo un Estado proveedor de servicios sociales básicos e infraestructura, mientras Campodónico reivindicaba el uso de empresas publicas como una alternativa de incrementar la recaudación para financiar medidas redistributivas), aunque tengo la impresión de que existe un exceso de optimismo respecto a la real capacidad que este efectivamente tiene en esa tarea, tanto de la izquierda como de la derecha. Me parece que una discusión sobre la economía política de la redistribución hubiera sido interesante, porque tengo la impresión de que en el caso del Estado peruano ello no es cierto. Ni siquiera las medidas redistributivas más radicales llevadas a cabo por nuestro Estado, como es el caso de la reforma agraria, tuvieron un impacto importante en la distribución del ingreso, como mostrara el profesor Figueroa en el libro que publicara con Richard Webb sobre el tema. Por otro lado, creo también que hubo un exceso de confianza sobre algunas medidas redistributivas sugeridas por Campodónico como el salario mínimo o las pensiones no contributivas. Discutiré ello en otro post.

6. ¿Adiós a lo Lakatos? Algo que me llamó poderosamente la atención fue la naturaleza de las intervenciones de Jurgen Schuldt. Como mencioné más arriba, me sorprendió mucho su sugerencia explícita de volver al dependentismo como aproximación analitica. Creo que si bien Jurgen no se dejo llevar mucho por la discusión de corto plazo que dominó el resto de las intervenciones, sus aproximaciones de largo plazo basadas en un programa de investigación regresivo como el de los teóricos de la dependencia me dejo un poco decepcionado. Me recordó la frase de Lakatos, respecto a que el cambio cientifico no ocurre necesariamente porque una teoria sea mejor que la otra, si no porque los defensores de las teorias viejas van pasando al retiro aun conservando sus creencias. Por otro lado, Campodónico pareciera que dejo de ser economista y se ha convertido en un político más. Me sorprendieron mucho sus referencias al comportamiento de las empresas públicas de países como Chile (Codelco) y Brasil (Petrobras) para justificar una mayor intervención estatal, obviando el hecho de que dichos paises tienen una burocracia e institucionalidad que largamente superan en calidad a la nuestra. En la ausencia de tales condiciones, es difícil pensar que en el Perú las empresas públicas vayan a tener similar desempeño sin convertirse en la caja chica de los gobiernos como ocurre con Petroperú. No tenemos las mismas instituciones, por lo tanto el argumento de Campodónico no funciona.

Bueno, hasta aquí dejo mis percepciones. En otro post ensayaré una respuesta a la pregunta planteada por el IEP y que siento no fue respondida adecuadamente por los ponentes invitados.

viernes, 4 de julio de 2008

Los narradores de cuentos

En el Perú, como ocurre en otros países de la región, la comunidad académica suele tener acceso a los medios masivos de comunicación para discutir cuestiones de política pública relacionadas con las distintas especialidades del saber humano. En especial, los economistas solemos ser convocados a la hora de discutir cuestiones de políticas vinculadas con nuestra ciencia, lo cual no es una limitante para que especialistas de otras ciencias o inclusive aquellos formados exclusivamente en periodismo puedan opinar sobre cuestiones económicas. En particular, considero que en la discusión de cuestiones de política todos los ciudadanos tenemos derecho a opinar y a discutir mas allá de nuestra nivel académico o el tipo de formación académica, aunque es ciertamente rol de los especialistas el aportar con elementos de naturaleza técnica al debate. En ese sentido, es una responsabilidad muy grande la que tienen aquellos economistas que participan en el debate público a través de los medios de comunicación masiva.

Idealmente, se esperaría que el especialista abone argumentos y presente evidencia para ilustrar las implicancias de medidas de política, en especial información que nos permita aproximarnos a una evaluación de los costos y beneficios de las mismas. Nadie espera que dicha información sea políticamente neutra pues los especialistas, como cualquier otra persona, tienen sus propias preferencias políticas. A priori, ello no debe ser motivo de preocupación, pues como es reconocido en la epistemología moderna, todos los científicos tienen un conjunto de creencias y valores; esto es, la ciencia no es axiológicamente neutra. Así por ejemplo, el filósofo húngaro Imre Lakatos sugiere que todo programa científico de investigación esta compuesto por un “núcleo”, conformado por el conjunto de creencias y valores no testeables empíricamente que son compartidas por una comunidad científica, y un “cinturón protector” conformado por teorías empíricamente testables derivadas del núcleo. El asunto radica en que, más allá de nuestras creencias particulares, la competencia entre teorías rivales y la interacción de estas con la evidencia empírica, debería en principio permitir el progreso del conocimiento, para lo cual es imprescindible un respeto básico por la evidencia empírica y una buena dosis de autocritica científica para indicar las limitaciones de nuestro conocimiento sobre un tópico determinado.

El problema empieza cuando el aporte técnico es subrepticiamente reemplazado por la propaganda política; cuando se pretende vender gato por liebre. Muchos de nuestros analistas económicos, en vez de aportar con argumentos técnicos basados en los avances más recientes de la disciplina y a través de ello brindar mayores elementos de juicio a la opinión pública, reproducen los vicios que caracterizan a la mayoría de nuestros analistas políticos y “opinólogos”. De ahí que sea común encontrar analistas que desde sus columnas de opinión se manden con todo en contra del actual modelo económico, acusándolo de ser causante de una mayor pobreza y desigualdad, y echándole la culpa de todos los males del país sin tener ni ofrecer evidencia solida para sostener lo anterior. Lo mismo ocurre con los de la tienda política rival. El debate entre especialistas ha sido reemplazado por un dialogo de sordos entre propagandistas.

Con ello no estoy sugiriendo que el modelo sea una maravilla, pues de hecho tengo la impresión de que ello no es así, pero no tengo evidencia sólida como para sostener mi posición. Ante esa situación, un científico social debería optar por la prudencia, indicar las hipótesis que tiene y señalar la data que necesitaría para someter sus hipótesis al test empírico. Sin embargo, ello no sucede con la mayoría de nuestros analistas, para quienes la ausencia de evidencia empírica que sostenga sus posiciones parece ser un asunto menor. Inclusive, algunos de ellos asumen por verdad aquello que no ha sido demostrado categóricamente con los datos.

Para muestra un botón. Veamos lo que dice Humberto Campodónico en un artículo reciente para ilustrar mi punto:
“No nos engañemos, entonces. El gobierno no solo ha profundizado la reforma neoliberal, llevando el péndulo hasta la derecha más extrema. También la blinda contra cambios futuros que planteen un equilibrio entre Estado y mercado (poner el péndulo al medio) ahora que ya está probado el fracaso del economicismo neoliberal. El Consenso de Washington vive y colea en el Perú como un recién nacido.” Se ha completado la reforma incompleta (subrayado mío).

Es sorprendente la seguridad con la que Campodónico afirma que esta demostrado que el modelo liberal no funciona. ¡Y lo dice sin que se le mueva un solo musculo de la cara! Como discutí en este post, para poder tener la capacidad de ser tan categóricos como Campodónico, deberíamos ser capaces de construir un escenario contra-factual para poder establecer si es que los outcomes en términos del PBI, pobreza y desigualdad, para mencionar solo algunos, hubieran sido mejores en cualquier escenario alternativo. Cuando ello no es así, cualquier intento de evaluación es en principio criticable y no concluyente, por lo que el optimismo y seguridad de Campodónico al afirmar que ello esta demostrado es sencillamente muy ingenuo. ¿Dónde están los datos? ¿Cuál es la evidencia?

Ahora, Campodónico –como muchos de sus colegas articulistas- no es un economista académico. No publica artículos en revistas académicas de la profesión. Tampoco se caracteriza por usar métodos empíricos, si no mas bien es un “descriptivista”, o lo que podríamos llamar “contadores de historias”; es decir, analistas sociales que juntan unos cuantos datos y cuentan una historia que se ajuste a estos (mas o menos, el 90% de la academia peruana caería en este ultima categoría). Ciertamente, ello no tiene nada de malo per se. El análisis descriptivo es sumamente útil a la hora de formular hipótesis de trabajo que pueden servir luego para el análisis científico más sofisticado, pero no es para nada concluyente ni mucho menos científico, pues esto último exige pasar el test empírico y superar algún criterio de demarcación entre ciencia y no ciencia como el sugerido por Popper. El problema esta cuando se pretende ser tan concluyente como Campodónico tan solo con algunos cuantos datos y una historia. Esa es la diferencia entre un economista y/o científico social que “cuenta historias” (lo cual es válido en tanto sea una primera aproximación al análisis de un tema) y uno que “cuenta cuentos”.

jueves, 3 de julio de 2008

¡En Lima Limón!

Después de unas semanas muy pesadas en Washington, con un montón de deadlines por el fin del año fiscal gringo, por fin me encuentro en Lima para pasar unas 3 semanas de descanso (que incluyen algunos días para concluir algunos trabajos pendientes) antes de volver a gringolandia para terminar mi contrato con el Banco Mundial y empezar el doctorado. Originalmente, pensaba en declararle vacaciones a este blog por estas semanas, pero luego de darle una mirada a mi humilde biblioteca, compuesta esencialmente por decenas de libros fotocopiados y unos pocos originales, acumulados durante mis épocas de estudiante sanmarquino misio, creo que aprovecharé para escribir sobre varios temas que me interesaban como estudiante y que después no he tenido tiempo de trabajar. La mayoría de ellos no dan como para artículos elaborados, pero creo que los podría explotar como entradas en el blog. Vamos a ver que sale.

Algunas impresiones/quejas de mi vuelta a Lima: a) no recordaba un cielo limeño tan gris, b) el trayecto del aeropuerto a mi casa fue demasiado largo gracias a la cantidad de calles rotas que nos topamos en el camino, c) no sabia que Alianza le iba tan mal y menos que la U saldría campeón, d) casi me atropellan (¡donde quedo el trato preferencial que debe tener el peatón al cruzar la calle!), e) nuestra comida es inigualable, f) ¿Por qué algunos sanmarquinos se parecen más a los pandilleros de la trinchera norte que a estudiantes universitarios?

En fin, a descansar un poco, antes de empezar con el math camp en Berkeley. La agenda pendiente a cubrir en estos días: a) completaré mi serie sobre justicia distributiva en Marx, b) terminaré el post que vengo preparando sobre la idea que la desigualdad no ha aumentado (como sugieren algunos pseudo-analistas), titulado “la desigualdad no es como la imaginábamos” en honor a Juan Chacaltana, de quien aprendí que el respeto a los datos es una de las cualidades esenciales que debe tener todo científico social, c) escribiré una critica a los analistas económicos (tentativamente titulada, “los narradores de cuentos”, dedicada a Humberto Campodónico, Raul Wiener y Francisco Durand), d) un post con una crítica a la práctica de las ciencias sociales en el Perú, poco apegada al uso de métodos estadísticos sofisticados, e) un post similar al anterior, pero aplicado específicamente a las ciencias políticas, f) un post con una discusión sobre la estimación de efectos causales en ciencias sociales modernas (algo que nuestra academia no suele hacer), en especial sobre el rol de los experimentos (aleatorización, cuasi-experimentos o experimentos naturales, o experimentos de laboratorio) en esta tarea, g) una discusión sobre la dialéctica materialista, para responder un comentario a una de mis entradas sobre Marx hecha por un marxista recalcitrante, h) una critica al malthusianismo de Aldo Mariategui, i) algún otro tema que se me ocurra luego de arreglar y limpiar mi biblioteca.

Bueno, me voy a seguir disfrutando de nuestra comida!

sábado, 28 de junio de 2008

Último Número del World Bank Economic Review

Comparto el último numero del WBER.

Contents: Volume 22, Number 2, 2008

Romain Wacziarg and Karen Horn Welch
Trade Liberalization and Growth: New Evidence
The World Bank Economic Review Advance Access published on June 3, 2008 World Bank Econ Rev 2008 22: 187-231; doi:10.1093/wber/lhn007 [Abstract] [Full Text] [PDF] [Request Permissions]

Susana Ferreira, Kirk Hamilton, and Jeffrey R. Vincent
Comprehensive Wealth and Future Consumption: Accounting for Population Growth
The World Bank Economic Review Advance Access published on May 25, 2008 World Bank Econ Rev 2008 22: 233-248; doi:10.1093/wber/lhn008 [Abstract] [Full Text] [PDF] [Supplementary Data] [Request Permissions]

Raúl O'Ryan and José Miguel Sánchez
Comparison of Net Benefits of Incentive-Based and Command and Control Environmental Regulations: The Case of Santiago, Chile
The World Bank Economic Review Advance Access published on August 31, 2007 World Bank Econ Rev 2008 22: 249-269; doi:10.1093/wber/lhm013 [Abstract] [Full Text] [PDF] [Supplementary Data] [Request Permissions]

Seth R. Gitter and Bradford L. Barham
Women's Power, Conditional Cash Transfers, and Schooling in Nicaragua
The World Bank Economic Review Advance Access published on May 22, 2008 World Bank Econ Rev 2008 22: 271-290; doi:10.1093/wber/lhn006 [Abstract] [Full Text] [PDF] [Request Permissions]

Axel Dreher, Peter Nunnenkamp, and Rainer Thiele
Does Aid for Education Educate Children? Evidence from Panel Data
The World Bank Economic Review Advance Access published on April 11, 2008 World Bank Econ Rev 2008 22: 291-314; doi:10.1093/wber/lhn003 [Abstract] [Full Text] [PDF] [Supplementary Data] [Request Permissions]

Robert Cull and Laurie Effron
World Bank Lending and Financial Sector Development
The World Bank Economic Review Advance Access published on May 15, 2008 World Bank Econ Rev 2008 22: 315-343; doi:10.1093/wber/lhn004 [Abstract] [Full Text] [PDF] [Supplementary Data] [Request Permissions]

Alok Bhargava and Frédéric Docquier
HIV Pandemic, Medical Brain Drain, and Economic Development in Sub-Saharan Africa
The World Bank Economic Review Advance Access published on May 15, 2008 World Bank Econ Rev 2008 22: 345-366; doi:10.1093/wber/lhn005 [Abstract] [Full Text] [PDF] [Request Permissions]

Sourafel Girma, Yundan Gong, and Holger Görg
Foreign Direct Investment, Access to Finance, and Innovation Activity in Chinese Enterprises
The World Bank Economic Review Advance Access published on June 11, 2008 World Bank Econ Rev 2008 22: 367-382; doi:10.1093/wber/lhn009 [Abstract] [Full Text] [PDF] [Request Permissions]

El acceso a los artículos de la revista es gratuito para quienes residen en países en desarrollo. Solo hay que inscribirse aquí:

http://www.oxfordjournals.org/our_journals/wber/access

jueves, 26 de junio de 2008

¿"Crisis distributiva" a la vista? Sobre la desigualdad y la protesta social

Desde hace unas semanas, como producto del debate sobre los números de pobreza, se ha comenzado a discutir nuevamente el tema de la desigualdad en el Perú. Una de las aristas de la discusión, tiene que ver con la intensificación de la protesta social como resultado de la incapacidad del modelo económico para redistribuir la bonanza económica. Así, tendríamos que la elevada desigualdad seria el principal factor detrás de las últimas protestas, como la ocurrida en Moquegua.

Desde un punto de vista teórico, existen muchas aproximaciones conceptuales que tratan de dar cuenta al fenómeno en cuestión. En 1993, el profesor Adolfo Figueroa publico un libro titulado “Crisis Distributiva en el Perú”. En dicho trabajo, Figueroa introduce su teoría de la tolerancia limitada a la desigualdad según la cual podemos suponer que los individuos tienen un sentido de justicia o equidad, esto es, tienen un umbral de tolerancia a la desigualdad. Si los niveles de desigualdad van más allá de dichos umbrales de tolerancia los individuos rechazarán el resultado distributivo imperante, desconociendo las reglas de producción y distribución establecidas en el contrato social. Así, no cualquier distribución del ingreso será socialmente tolerada.

Cualquier resultado distributivo que se encuentre ubicado lejos de la región de tolerancia conllevará a que la gente emprenda un conjunto de acciones conducentes a modificar la distribución del ingreso resultante a través de mecanismos situados fuera del mercado y obviando cualquier parámetro institucional. Un elevado grado de desigualdad implica una extendida situación de pobreza en la sociedad, por lo cual este conjunto de acciones consistirá básicamente en el desarrollo de estrategias de sobrevivencia por parte de los grupos menos favorecidos de la sociedad para afrontar los efectos perniciosos de la extrema inequidad.

En este contexto, los individuos desconocerán los derechos de propiedad establecidos. Aumentarán los robos, los asaltos y se incrementará el riesgo de agresión a la integridad física. Por otro lado, se elevará la proporción de los ingresos resultado de relaciones no contractuales, obtenidos por medio de la realización de actividades ilegales. Aumentarán los fraudes y los sobornos destinados a eludir los intentos de las autoridades para erradicar la ilegalidad. Como resultado de todo esto se incrementarán los niveles de violencia a la par que campeará la corrupción.

En términos agregados si el empobrecimiento relativo de los grupos sociales menos favorecidos cruza el umbral de tolerancia podrían generarse condiciones para la realización de acciones colectivas de rechazo al resultado distributivo. Estas acciones podrían derivar en una excesiva fragmentación y conflicto social que afectaría sensiblemente la solidez misma del contrato social, dándose paso a lo que Figueroa ha denominado crisis distributiva.

Dado el rechazo de los grupos sociales menos favorecidos a las reglas de producción y distribución configuradas en el contrato social, éstos intentarán establecer nuevas pautas distributivas de carácter privado por medio del uso de la fuerza. Debilitado el contrato social, la sociedad será víctima de un severo desorden social.

Las consecuencias del desorden social serán diversas. En primer lugar, se incrementarán los costos de protección de la propiedad, lo cual significa que la sociedad se verá en la necesidad de elevar el monto de sus recursos escasos destinados a proteger los derechos de propiedad establecidos. En segundo lugar, los costos de transacción se verán incrementados sustancialmente. El establecimiento de relaciones contractuales requerirá ahora incurrir en costos adicionales con lo cual la dinámica del sistema económico se verá trabada. Finalmente, se deteriorarán las relaciones de confianza entre los miembros del sistema social. La desconfianza será la pauta predominante en las relaciones sociales establecidas a propósito de los intercambios sociales en el sistema de mercado, en el sistema político y el orden institucional.

¿Estamos en la actualidad ante una “crisis distributiva” en el sentido sugerido por Figueroa? A pesar de que se ha impuesto como sentido común la idea de que la desigualdad ha crecido, lo cierto es que no tenemos evidencia de que esta haya efectivamente aumentado (estoy trabajando en un post sobre ello, pero adelanto que el coeficiente de Gini es prácticamente el mismo entre el 2004 y el 2007). ¿Si la desigualdad no ha cambiado mucho en los últimos años, porque entonces la protesta social es más intensa hoy?

Algunas respuestas:

a) Podría pasar que no es necesaria una mayor desigualdad para que los conflictos sociales estallen. Basta con que la gente crea que la desigualdad aumentó (que es lo que también creen los analistas que no miran los datos). Por ejemplo, Nelson Manrique lo describe de este modo:
El dato más relevante es que el 86% de los peruanos consideran que la distribución de la riqueza en el Perú es injusta y muy injusta, contra un 11% que piensa lo contrario. Comparando estos resultados con los de hace un semestre, ha aumentado el número de quienes piensan que los ricos son más ricos y los pobres más pobres. No es difícil adivinar a qué estrato social pertenecen quienes suscriben una y otra opinión.” (el subrayado es mío) Pobres si, tontos no en Peru21.

Es interesante notar que la desigualdad no cambio, pero si la percepción de su cambio, según los resultados comentados por Manrique. Entonces, podríamos revisar la teoría de Figueroa sugiriendo que lo importante es el cambio “percibido” de la desigualdad más que su cambio real.

b) La otra posible respuesta es considerar que simplemente la desigualdad en si no tiene nada que ver y son otros los factores detrás de la intensificación de la protesta social. Esto podría ayudarnos a explicar, de paso, otros periodos de nuestra historia económica reciente. Por ejemplo, lo que más se acerca a la descripción de Figueroa sobre crisis distributiva según mi opinión, es la debacle económica a fines de los ochenta y principios del noventa. El impacto distributivo de la crisis fue de una magnitud importante, y sin embargo la protesta social fue minima comparada con la extensión e intensidad que tiene esta en la actualidad.

Tengo la impresión de que son otros factores los que están detrás del incremento en la intensidad y la duración de los conflictos sociales. La desigualdad es solo un pretexto. Sugiero la siguiente interpretación.

Asumiendo que los agentes son racionales, la decisión de protestar es el resultado de un calculo costo-beneficio. Entre los costos podemos considerar el ingreso dejado de ganar por no trabajar para ir a protestar y la probabilidad de ser castigado por la autoridad publica. Los beneficios incluyen los recursos que se obtendrían en caso de ser exitosa la protesta. Dado que estamos hablando de una acción colectiva, tenemos que tomar en cuenta que dicha acción será más exitosa en tanto el beneficio a obtener sea menos parecido a un bien público y en tanto el número de los interesados sea más pequeño. En palabras de Mancur Olson ".... a menos que el numero de miembros del grupo sea muy pequeño, o que haya coacción o algún otro mecanismo especial para hacer que las personas actúen por su interés común, las personas racionales y egoístas no actuarán para lograr sus intereses comunes o de grupo" (La Lógica de la Acción Colectiva: Bienes Públicos y la Teoría de los Grupos). Dado que la acción colectiva implica incurrir en costos y como los beneficios a obtenerse por medio de la acción suelen ser indivisibles (bien público), entonces aparece el problema del gorrero (free rider problem). Los individuos optarán por no intervenir en la acción puesto que igual se beneficiarían de ésta sin necesidad de incurrir en costo alguno. Bajo estas condiciones, una protesta será más exitosa en tanto se resuelva más eficientemente estos problemas de acción colectiva.

¿Por qué entonces se protesta más ahora habiéndose mantenido la desigualdad constante? La respuesta simple es que es más rentable hacerlo ahora que hace un tiempo atrás. Dada la bonanza económica, el Estado cuenta con más recursos. Al haber más recursos, el beneficio esperado de una acción colectiva es mucho más alto que, digamos, durante la crisis de fines de los noventas cuando el Estado peruano estaba empobrecido y en donde si hubo un incremento de la desigualdad. Adicionalmente, la bonanza también contribuye a “financiar” la protesta social, puesto que la acción colectiva implica incurrir en costos. Con más recursos en los bolsillos, la gente puede –además de cubrir mejor sus necesidades básicas- financiar su participación en acciones colectivas. No es casualidad que las acciones colectivas mas exitosas hayan ocurrido en las regiones menos pobres del país.

Por otro lado, hay que tomar en cuenta que la penalidad por incurrir en acciones colectivas en el país es bajísima. Los que tomaron el puente Montalvo en Moquegua sabían bien que no les pasaría nada a pesar de que estaban cometiendo un delito. Ante un Estado al que le cuesta mucho hacer enforcement para el cumplimiento de la ley, el costo penal de tomar un puente para los que realizan una toma ilegal converge prácticamente a cero.

Para resumir, me parece que la desigualdad tiene poco que ver con las recientes protestas. No en vano son precisamente las regiones menos pobres las que lograr organizar acciones colectivas exitosas. Las razones: a) hay mas recursos para protestar, b) la torta (los recursos fiscales) ha crecido, c) el costo penal de protestar es bastante bajo, d) los problemas de free rider son resueltos de mejor manera pues los recursos obtenidos a partir de la protesta están mas focalizados a grupos específicos (ejm: una región concreta, o un grupo de protesta concreto como los maestros).

El problema de esta lógica redistributiva, es que los grupos más pobres son los que menos se benefician. Moquegua no es Huancavelica, no en vano tiene unos de los PBI per-capita más altos del país. Los más pobres son más numerosos y la tienen más difícil a la hora de resolver sus problemas de acción colectiva, por tanto es poco lo que pueden obtener de las pujas redistributivas que observamos en la actualidad. Por esta razón, no veo porque alguna izquierda puede celebrar (ver este artículo de Javier Diez Canseco) estas pseudo victorias como si fuesen una gran gesta popular, cuando lo que esta pasando en la actualidad es que estamos siendo testigos de peleas entre bien alimentados por un pedazo mas grande de la torta en frente de los mas hambrientos que no tienen tantos recursos como para organizar acciones colectivas exitosas.

sábado, 21 de junio de 2008

Todo lo sólido se desvanece en el aire: sobre Marx y la justicia distributiva (II)

Marx, al igual que los clásicos, consideraba que el trabajo era la fuente de valor de todas las mercancías. Sin embargo, a pesar de ello, el trabajador no recibe el valor total producido. El capitalista toma para sí una parte de este valor producido en la medida que ejerce relaciones de propiedad sobre los medios de producción usados para crearlo, lo cual le permite organizar el proceso productivo y decidir la distribución del excedente. Esto, que a primera vista parece tener sentido, es lógicamente insostenible puesto que se enfrenta a una limitación fundamental que no había podido ser resuelta por los economistas clásicos: explicar el origen del beneficio en una economía en donde las mercancías se intercambian por el tiempo de trabajo incorporado en ellas. Si bien es cierto que existen diferencias sustantivas entre los autores sobre lo que estos entienden por “tiempo de trabajo”, para efectos de esta discusión no será necesario ahondar más al respecto. Bastara mencionar que Smith habla sencillamente de “tiempo de trabajo”, mientras que Ricardo y Marx hablan respectivamente de “tiempo de trabajo necesario” y “tiempo de trabajo socialmente necesario”.

Esta cuestión era sin duda fundamental. Si en una economía todas las mercancías se intercambian por el tiempo de trabajo necesario para producirlas, ¿cómo se origina entonces la ganancia? ¿Se originaría esta en el proceso de circulación? Esto podría ser posible sólo en casos excepcionales y únicamente de manera temporal pues, en la medida de que los otros productores se percatasen de que existe la posibilidad de colocar su producto con un valor situado por encima del tiempo de trabajo que le cuesta producir una mercancía, se acabaría la oportunidad de ganancia excepcional al presionar la mayor oferta de producto a la caída del precio de mercado hasta alcanzar su nivel de equilibrio. Formalmente, podemos decir que si la circulación capitalista tiene la forma D-M-D’, donde D’=D+d, ¿cuál es el origen de d si MA(L)=MB(L), donde L representa el tiempo de trabajo de la mercancía MA y la mercancía MB?

Si no es la circulación, entonces la única respuesta posible a nuestro alcance es que la ganancia se origine en el proceso de producción. Para ello Marx se va apoyar en su teoría de la plusvalía, la cual, a decir de los teóricos de vena marxista, resuelve la paradoja que mencionábamos, brindándonos de esta forma, la pieza faltante en este intrincado rompecabezas.

Veamos ahora el razonamiento básico de esta propuesta. De acuerdo con Marx, en la sociedad capitalista se intercambian mercancías en función del tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas. La fuerza de trabajo del obrero, es decir, su capacidad de trabajo, es una mercancía mas en el capitalismo y como tal es intercambiada por el valor de los medios de subsistencia necesarios para el mantenimiento y reproducción de la misma. Esta mercancía es adquirida por el capitalista en el mercado de trabajo y es llevada por este al proceso productivo en donde es utilizada para la producción de otras mercancías. Bastaría solo con una fracción de la jornada laboral para que el obrero genere un valor equivalente al valor de los medios de subsistencia necesarios para su reproducción social representado por el salario que le paga el capitalista. Sin embargo, el capitalista paga al obrero por una jornada completa de trabajo, creando por lo tanto este último más valor del necesario para cubrir el costo que le representa el capitalista. A este valor adicional Marx lo denominó Plusvalía.

Así, en el capitalismo-según Marx-la clase propietaria vive a expensas del valor creado por la clase trabajadora. La ganancia apropiada por el capitalista en razón de su propiedad sobre los medios de producción existe en un contexto en donde se intercambian mercancías por tiempo de trabajo socialmente necesario equivalente. Como menciona la economista británica Joan Robinson, Marx en esta etapa “...no acusa al capitalismo a la manera del idealista ingenuo que considera a la explotación como un robo. Por el contrario, con un sarcasmo lógico, defiende al capitalismo. No hay estafa, todo se cambia a su valor, tal como es correcto y justo. No es el valor que produce lo que se le debe al trabajador, sino el que cuesta, lo que se le debe al trabajador” (Robinson 1966, pág. 44).

De esta manera, es clara la relación que existe entre la teoría del valor marxista y la teoría de la explotación. De hecho, esto nos permite decir ya un rasgo clave de la teoría marxista: los resultados distributivos se hallan fuertemente condicionados por las relaciones de propiedad establecidas sobre los recursos productivos, en particular los medios de producción. Es decir, gracias a su condición de propietaria de los medios de producción, la clase capitalista puede vivir a expensas del valor producido por la clase trabajadora desposeída de dichos medios, y es dicha condición la que le permite decidir la distribución del excedente generado.

Sin embargo el argumento marxista no queda aquí. Marx va mas allá al considerar que este conjunto de relaciones sociales establecidas a propósito de la producción de mercancías conjuntamente con la contradicción de clases y el incesante desarrollo de las fuerzas productivas determinan tanto el conjunto de las instituciones, ideas y practicas de naturaleza jurídica, política, religiosa, artística y filosófica que caracterizan tanto a una determinada época como el proceso que deriva en el cambio social de una etapa histórica a otra.

En el justamente famoso prefacio a su Contribución a la Crítica de la Economía Política (1959) Marx delinea esta idea como sigue:

“El resultado general a que llegue y que, una vez alcanzado, sirvió de hilo conductor en mis estudios, puede formularse brevemente de la siguiente manera. En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de la conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, es su ser social el que determina su conciencia.” (Marx 1973 [1859], pág. 8 y 9).

Así, en el capitalismo, la clase capitalista no sólo es propietaria de los medios de producción, lo cual le otorga la capacidad de decidir como se distribuye el excedente, sino que, además, estas relaciones de propiedad les permite el ejercicio del poder político, el control del aparato estatal y la imposición de un conjunto de ideas y valores consistentes con su predominio de clase. De esta manera, las relaciones de propiedad son las determinantes últimas de la distribución del excedente económico y de otros recursos valiosos relacionados con el acceso al poder político e inclusive la cultura.

Del análisis marxista es sencillo desprender que una condición necesaria para la eliminación de las desigualdades sociales consiste en la supresión de las relaciones de propiedad establecidas sobre los recursos productivos. Este proceso seria-según Marx- una consecuencia necesaria del proceso de evolución del capitalismo debido a la lógica de la búsqueda de ganancia que guía las decisiones de producción de los capitalistas.

De acuerdo con Marx, es gracias a esta lógica que el capitalismo revoluciona constantemente las fuerzas productivas. El cambio social estará ad portas cuando en un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas estas entren en contradicción con las relaciones sociales de producción vigentes. Al ser estas últimas un obstáculo al desarrollo de una nueva forma de organización social, el transito de una etapa histórica a otra solo será posible por medio de una revolución social.

Marx y Engels estaban convencidos que en la sociedad capitalista, al revolucionarse constantemente los medios de producción, estos cambios serian más dinámicos y constantes. En el Manifiesto del Partido Comunista (1848) graficarían este dinamismo de la siguiente forma:

“Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cotejo de creencias e ideas veneradas durante siglos, quedan rotas, las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones reciprocas.” (Marx y Engels1988[1848], pág. 40).

Así, en el proceso de su evolución el sistema capitalista desarrolla las contradicciones internas que en algún momento habrán de derivar en su negación, dialécticamente hablando, y su superación por un esquema de organización económica y social superior. El capitalista, al buscar la máxima ganancia, invierte cada vez mas en técnicas de producción intensivas en capital. Asimismo, esta acumulación de capital no seria posible sin revolucionar constantemente las fuerzas productivas y los medios de producción. El resultado será la conformación del ejército industrial de reserva.

Así, a medida que se desarrolla el capital, el trabajo tiende a subdesarrollarse. Esta contradicción-según Marx- es la que llevará al capitalismo, tarde o temprano, a su extinción. El capitalista se enfrentará con un problema de escasez de mercados pues, al adoptar tecnologías cada vez más intensivas en capital, no solo ahorrara mano de obra sino que perderá también potenciales clientes. Los trabajadores serán excluidos del mercado laboral, lo que a su vez los excluirá del mercado de bienes. Aquí radica una de las grandes contradicciones del capitalismo pues lo que le resulta rentable individualmente a cada capitalista (implementar tecnologías ahorradoras de trabajo) les resulta colectivamente adverso (reducción de mercado). Con el tiempo, los elevados niveles de exclusión laboral harán inviable al capitalismo y los trabajadores no tendrán “...nada que perder...más que sus cadenas” (Marx y Engels 1988[1848], pág. 74). La revolución social estará a la vuelta de la esquina.

viernes, 20 de junio de 2008

Entrevistando a científicos sociales: Daron Acemoglu

Hoy día inauguro una nueva sección en este humilde blog: entrevistas a científicos sociales, fundamentalmente economistas. En lo personal, encuentro este tipo de aproximación interesante. Recuerdo que hace unos años, cuando aun estaba en la universidad, participe de una entrevista televisada a Richard Webb en el canal del Estado. En aquella ocasión, el entrevistador era otro economista, Pablo Secada, y el publico estaba conformado por estudiantes de economía de las principales universidades de Lima. Me pareció muy interesante la experiencia, porque uno puede hacerse una mejor idea sobre la obra de un autor si entiende un poco las motivaciones que hay detrás. Además, dado que la entrevista era realizada por otro economista, la orientación de la misma era muchísimo más interesante de lo que uno eventualmente se encuentra cuando lee entrevistas hechas por no iniciados. Desde aquella ocasión, quede muy interesado por lo que los epistemólogos llaman “sociología de la ciencia”.

La idea de esta nueva sección es compartir con ustedes alguna entrevista realizada por algún científico social a algún colega suyo que este contribuyendo a expandir la frontera del conocimiento. Dado que hace unos días publique un post sobre la literatura de frontera que estudia el rol de las instituciones sobre el desarrollo mediante el uso de estrategias empíricas sofisticadas, el día de hoy empezare compartiendo una entrevista hecha por Brian Snowdon a Daron Acemoglu, ganador de la medalla Bates y candidato de peso al premio Nobel de Economía en el futuro, una de las autoridades mundiales en esta literatura. La entrevista apareció en la edición de abril-junio del 2004 de la revista World Economics, una revista de relativamente difícil acceso. Es bastante largo el texto (49 paginas!), pero vale la pena porque incluye un buen resumen de la literatura hecha por el autor de la entrevista. Disfrútenla!

Explaining the "Great Divergence"

I understand from reading your CV that you were educated at the University of York and the LSE in the UK. What attracted you to study economics? Did anyone or anything in particular inspire your interest?

What inspired me to become an economist is, by a strange coincidence, exactly the same as what I am working on right now. I became interested in politics and economic development, both from an historical perspective and from the point of view of trying to understand what was happening to poor countries around the world. This was when I was a high school student in Turkey. I started to read a lot of historical literature and also the Marxist and dependency school literature. That was very appealing at the time and I was drawn into economics because I wanted to know more. When I first went to York I began to study Politics and Economics because I believed that both disciplines were necessary in order to understand development problems. After about six months or so I found that I was becoming increasingly drawn towards economics. Undergraduate politics can be a lot of fun but I found it a little bit frustrating because there was little sense of what was right and what was wrong. The ideas were more open. That is not a shortcoming per se but at that time I wanted answers.

When my Professors disagreed with my arguments I could not understand why. So I switched to economics. Within economics I was slowly drawn towards the more macro topics like unemployment and growth. But I never lost my interest in development and political economy issues. That was always there in the background. After a while I started revisiting these topics.

Were there any particular economists who influenced you?

There is no one person who has influenced me throughout my career but there have been specific people at certain points in time. Although I found their work difficult at the time, I was influenced by the formal and rigorous approaches of Kenneth Arrow, Gerard Debreu and Paul Samuelson.

Later, when I turned to labour economics and human capital, Gary Becker was a major figure. When I started working on political economy the work of Bob Bates influenced me enormously.


Descargar la entrevista completa aqui

jueves, 19 de junio de 2008

Sobre el Marxismo Analítico y algunos Mitos del Socialismo

A pedido de algunos lectores, comparto alguna información relevante sobre algunos intelectuales de vena marxista o socialista cuyos trabajos son respetados y gozan de amplia aceptación en la academia debido a su rigor científico y honestidad intelectual. Entre ellos podemos contar:

1) G.A. Cohen, profesor de filosofia del All Souls College de la Universidad de Oxford (No tiene pagina web, consigno su entrada en Wilkipedia http://en.wikipedia.org/wiki/G.A._Cohen).

2) John E. Roemer, profesor de economía y ciencia política de la Universidad de Yale (http://pantheon.yale.edu/~jer39/).

3) Adam Przeworski, profesor del departamento de ciencias políticas de la New York University (http://www.nyu.edu/gsas/dept/politics/faculty/przeworski/przeworski_home.html)

4) Samuel Bowles, profesor emerito de economia de la Universidad de Massachussets y academico del Santa Fe Institute (http://www-unix.oit.umass.edu/~bowles/)

5) Herbert Gintis, profesor de economia de la Universidad de Siena y académico del Santa Fe Institute (http://www-unix.oit.umass.edu/~gintis/)

6) Pranab Bardhan, profesor de economia del la Universidad de California en Berkeley (http://globetrotter.berkeley.edu/macarthur/inequality/Bardhan.html)

7) Erik Olin Wright, profesor de sociología de la Universidad de Wisconsin en Madisson ( http://www.ssc.wisc.edu/~wright/)

8) Jon Elster, profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Columbia (http://www.columbia.edu/cu/philosophy/fac-bios/elster/faculty.html Ademas encontre esta web con alguna información de Elster http://www.geocities.com/hmelberg/elster/elster.htm)

Ellos, y otros más, forman o formaron parte de una corriente conocida como el “marxismo analitico”. Voy a aprovechar que hay una buena descripción de esta corriente en wilkipedia para ahorrarme comentarios al respecto (http://en.wikipedia.org/wiki/Analytical_Marxism ). Ellos también se denominaban asi mismos como "Non-Bullshit Marxism", y supongo que calificarían como “Bullshit Marxism” o “Bullshit Socialism” ala producción de algunos intelectuales latinoamericanos como Atilio Boron.

Además, comparto con ustedes este articulo de Roemer, titulado “Socialism: A Modern Perspective” (http://pantheon.yale.edu/~jer39/Socialism.Palgrave.pdf ), por aparecer en The New Palgrave Dictionary of Economics, editado por L. Blume y S. Durlauf. En el Roemer hace un interesante análisis de las posibilidades reales del socialismo. En particular, hay algunos mitos del socialismo que Roemer analiza que ameritan la atención de los socialistas vulgares (sobre todo esa mancha de despistados que se denominan animismos como socialistas del siglo XXI) y que a mi entender son los siguientes:

a) El socialismo –en el sentido marxista- se define en términos de relaciones de propiedad y de la eliminación de la explotación capitalista entendida como la apropiación de los excedentes generados por los trabajadores. Por tanto, de la definición no se desprende que esta tenga que ver con la plena realización de la libertad humana y otros atributos que suelen asociarse al concepto. Si esta relacion existiese, debería ser motivo de un análisis conceptual mas profundo pues la evidencia demostró que, por el contrario, empíricamente el socialismo se ha asociado a la supresión de las libertades.

b) La eliminación de la explotación capitalista no significa en ningún caso la eliminación de las desigualdades de ingresos. Ello ocurre en Marx debido a que considera en su análisis a los trabajadores como homogéneos. Sin embargo, si reconocemos que los trabajadores son heterogéneos en sus habilidades y su capital humano, entonces la desigualdad de ingresos no desaparece bajo el socialismo. Como dice Roemer, la creencia de que el socialismo implicaría la eliminación de las desigualdades es bastante optimista.

c) La discusión sobre la falta de incentivos y la falta de coordinación de los mecanismos de asignación utilizados por el socialismo es bastante iluminante, por lo que recomiendo leerla con especial atención.

En fin, mejor que cada uno se forme su propia impresión a partir de la lectura. Aunque Roemer es socialista, claramente es consciente de las limitaciones que hay para implementar un esquema socialista en el plano económico, plano que a mi entender es en donde hay más vacíos para una propuesta política socialista moderna. Un libro en donde Roemer discute una propuesta al respecto, y que menciona en la lectura, es Un Futuro para el Socialismo (hay edición española creo).

Bueno estimados, servidos.

martes, 17 de junio de 2008

Todo lo sólido se desvanece en el aire: sobre Marx y la justicia distributiva (I)

Son muy pocas las doctrinas que como el marxismo han logrado, a lo largo de la historia, movilizar los esfuerzos de miles de hombres en el afán de construir una sociedad mejor. Inspirados en las ideas de Marx, intelectuales, obreros y políticos de muchos países del planeta llevaron acabo experimentos de transformación social con el propósito de alcanzar la promesa de bienestar social explicito en el mensaje del considerado hombre más influyente del milenio, con los resultados por todos conocidos.

Sin embargo, y más allá del patente fracaso de estas experiencias, no cabe duda que el credo marxista traía consigo un mensaje fuertemente igualitario. La condena de Marx a la sociedad capitalista de su época no hubiera tenido sentido si no hubiera sido testigo presencial de los efectos negativos asociados a la revolución industrial. Las extensas jornadas de trabajo, las condiciones inhumanas del mismo y los magros salarios eran parte de un cuadro desolador que Marx trató de comprender en un principio y luego transformar.

Ciertamente, dicho mensaje igualitario no deja de ser seductor en la actualidad. De hecho, algunos sectores (sobre todo la izquierda) se sienten poseedores de cierta superioridad moral frente a otros sectores políticos por esta razón. Tengo la hipótesis de que dicha vocación igualitaria del marxismo (y por extensión del socialismo marxista) esta mal planteada y que disponemos en la actualidad de teorías de justicia distributiva más potentes que la que se basa en Marx. Como no hay mejor forma para cuestionar una teoría rival que conociéndola, me animo a escribir sobre un tema tan complejo y apasionante, a riesgo de ser criticado por los amantes de la Vulgata marxista.

Este mensaje igualitario puede ser considerado a su vez como uno de los alegatos más contundentes contra la desigualdad generada por el sistema capitalista. De hecho no es exagerado afirmar que en todas las teorías de vena marxista la motivación central la constituye la denuncia moral, explícita o implícita, de las disparidades en la distribución del bienestar que deriva del funcionamiento del sistema. Por esa razón, quiero discutir en una serie de posts la visión de justicia distributiva que se desprende de los escritos de Marx, y trazar la evolución del pensamiento de Marx en este respecto. Más importante aun, me parece discutir las visiones de justicia de los seguidores modernos de Marx, como es el caso de los marxistas analíticos. Me basaré en las contribuciones de los analíticos pues considero que el resto del marxismo puede ser categorizado –siguiendo a los mismos marxistas analíticos- como bullshit.

Decía que la condena moral de las desigualdades engendradas por el capitalismo es consustancial al marxismo. Es en los escritos del propio Marx en donde ello se manifiesta con mayor claridad. Su evolución teórica es un notable esfuerzo por develar la "anatomía de la sociedad burguesa", esfuerzo que transita desde la critica moral y filosófica de la desigualdad, presente en sus primeros escritos, hacia un análisis con pretensión científica del modo de producción capitalista, presente en su obra económica de madurez, en particular en Das Kapital.

En su primera etapa la condena marxista del capitalismo se apoya en la filosofía. La influencia hegeliana es decisiva en este periodo, en particular la crítica realizada por Hegel al capitalismo a causa de su negatividad, critica que es asumida por Marx casi sin reservas. La sociedad capitalista, según este autor, esconde bajo la apariencia de orden y armonía un esquema de organización social claramente irracional. Para el joven Marx, como para su maestro Hegel, la sociedad burguesa ofrece un espectáculo de miseria física y moral bajo la apariencia de interés común. La división del trabajo y la propiedad privada en que se fundamenta el capitalismo traen consigo el agrandamiento de las diferencias entre los hombres, el embrutecimiento de los trabajadores y un incremento de su dependencia frente al capital. En suma, la sociedad burguesa tiene como condición, según el joven Marx, la miseria de la gran mayoría.

Sin embargo, el distanciamiento de Hegel no se hizo esperar. Marx no aceptaba la salida propuesta por su maestro quien encontraba en el Estado el medio a través del cual habría de superarse la negatividad de la sociedad burguesa, constituyéndose así en el mecanismo que aseguraría la "realización de la libertad" de los individuos. Por el contrario, el Estado, que debería velar por el interés general, parece obrar-según Marx- sólo en defensa de la propiedad privada.

De esta forma, tanto Marx -como Engels- encuentran en la propiedad privada el fundamento de la irracionalidad de la sociedad burguesa y el origen de las desigualdades que la caracterizan. En los Comentarios a la Obra de James Mill y en los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844 Marx realizó una severa critica de la propiedad privada que puede ser resumida, siguiendo a Ureña (1977), en los siguientes términos:

Una economía basada en la propiedad privada tiene como presupuesto fundamental el que el hombre individual produce únicamente para tener la mayor cantidad posible de productos, es decir, tiene un fin egoísta y está alentada por la 'codicia'; igualmente, el intercambio de productos tiene como única finalidad el enriquecimiento egoísta propio, es decir, el intercambio tiene como ley el engaño mutuo, la explotación mutua, la guerra entre codiciosos, en una palabra: la 'concurrencia'; el productor individual que, necesitando sólo un par de zapatos para calzarse asimismo, produce mil pares, no lo hace por el gozo humano de poder así calzar a mil de sus semejantes, sino sólo por el motivo de 'intercambiarlos' contra otras cosas y 'tener' así más y más. Con esto Marx cree descubrir el verdadero significado de la propiedad privada burguesa: bajo sus presupuestos el trabajo es un trabajo alienado, egoísta, inhumano.”

Así, en la sociedad capitalista la división del trabajo tiene por fin producir mercancías para el intercambio y no para la satisfacción de las necesidades. El trabajo humano pierde entonces todo carácter social y los individuos se relacionan entre ellos en tanto poseedores de mercancías y no como seres humanos. He aquí la irracionalidad de esta sociedad según Marx: el mundo de las cosas cobra más relevancia que el mundo de los seres humanos. El trabajo humano es así un trabajo alienado.

Marx profundiza su crítica analizando con mayor detalle la alienación del trabajo humano, acercándose a lo que seria luego su teoría de la explotación, base fundamental de la crítica marxista a las desigualdades que genera el sistema. El concepto de alienación que desarrolla en los Manuscritos Económicos-Filosóficos de 1844 tiene un contenido socioeconómico profundo, lo cual lo aleja de la naturaleza filosófica del concepto que Marx había tomado en un principio de Hegel, Schelling y Feuerbach. En Marx, el hombre alienado ya no es aquel ser desgarrado que se aferra a un mundo religioso o especulativo. Es ahora el miembro de una sociedad imperfecta, una sociedad deshumanizada, una sociedad que es inhumana-según Marx- en la medida en que el trabajo de sus miembros, el mismo que debería permitir el desarrollo pleno de éstos, es un trabajo alienado, un trabajo que no produce para sí ni para la satisfacción de las necesidades humanas (Mandel 1969, pág. 24-25). Este análisis lleva a Marx a precisar con mayor claridad al principal perjudicado de este trabajo alienado y alienante: el proletario.

En los Manuscritos Económicos-Filosóficos de 1844 Marx expresaba esta idea en los siguientes términos:

Partimos de un hecho económico 'contemporáneo'. El obrero se vuelve tanto más pobre cuantas más riquezas crea....El obrero se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce. La 'devaluación' del mundo humano aumenta en proporción directa a la 'supervaloración' del mundo de las cosas. El trabajo no produce solamente mercancías; se produce también así mismo y al obrero como 'mercancía', y esto precisamente en la medida en que produce mercancías”.

Así, mientras tanto más trabaja el obrero tanto más crea un mundo de objetos que le son hostiles y le aplastan (Mandel 1969, pág. 29).

En el proceso de su evolución teórica Marx logra descubrir cuales son, a su entender, las causas últimas de la alienación del trabajo humano. Marx encuentra que son la división del trabajo y la producción mercantil, conjuntamente con la propiedad privada, las raíces de la alienación.

En otro pasaje del mismo manuscrito a propósito de esto Marx escribiría:

“...mientras la división del trabajo eleva la fuerza productiva del trabajo y la riqueza y el refinamiento de la sociedad, empobrece al trabajador hasta equipararle a una maquina. Mientras que el trabajo trae consigo la acumulación de capitales y con ello el bienestar creciente de la sociedad, hace al trabajador cada vez más dependiente del capitalista”.

De esta forma, el trabajo alienado es aquel trabajo que-según nuestro autor-no es propietario del producto generado; es el trabajo que produce para enriquecer a otros. En otras palabras, y de acuerdo con este enfoque, es aquel trabajo que refleja la división de la sociedad en dos clases antagónicas, la existencia de una marcada contradicción entre el trabajo y el capital, y la presencia de la propiedad privada sobre los medios de producción como el arreglo social fundamental en la sociedad capitalista. En suma, una sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre, la explotación del proletario en manos del capitalista.

Hasta aquí resulta claro que para Marx el sistema capitalista se fundamenta en una relación de intercambio desigual, y por lo tanto injusta, entre el proletario desposeído de los medios de producción y el capitalista cuya propiedad privada sobre estos medios le permite imponer condiciones a la hora de distribuir los frutos del proceso de creación de riqueza. Esta relación de intercambio desigual tiene su origen–según Marx-en la lógica del sistema, orientada a la producción de mercancías para el intercambio mercantil y no en la producción de valores de uso para la satisfacción de las necesidades. Esto nos lleva a la famosa teoría del valor que Marx delinea en su trabajo de madurez, fundamentalmente en su obra magna, Das Kapital, la cual, a pesar de su pretensión científica, esta llena de una carga normativa implícita.

lunes, 16 de junio de 2008

Las espinas de Durand

Simple y atractivo; engañoso”. Así empieza el último artículo del sociólogo Francisco Durand, disponible en el blog de Actualidad Económica. Confieso que lo empecé a leer emocionado, pensando que el autor ofrecería una crítica sustentada al discurso oficial, según el cual las cosas marchan bien en el Perú.

Prosigue el autor:
Estamos frente a un ídolo de autoridad: creer en algo si alguien importante lo dice. Para alejarnos del ídolo, preferimos ver otros indicadores y mejores métodos. Contra lo que afirma el discurso oficial, descubrimos que la bonanza oculta serios problemas del propio modelo económico y los refuerza.” (los subrayados son míos)

Mi emoción se desborda. ¿Qué será? ¿Nueva evidencia? ¿Mejores indicadores alternativos? ¿Hipótesis más audaces que den cuenta del fenómeno de interés? ¿Cuál es el gran descubrimiento que Durand, cual oráculo moderno, ofrece revelar? Veamos:

Un análisis realista debe empezar entendiendo que el modelo neoliberal criollo centra el crecimiento en oligopolios y oligopsomios en su mayoría extranjeros que concentran y concentran el poder económico. Persistir en el modelo es reforzar estos rasgos, impidiendo el verdadero crecimiento con bienestar y bloqueando las oportunidades para todos. Los monopolios, y sus defensores, que los consideran intocables, impiden el desarrollo empresarial nacional acelerado de las pequeñas y medianas empresas y una más efectiva y permanente reducción de la pobreza.” (los subrayados son míos)

Desilusión. Ok, monopolios y oligopolios. ¿Que más? ¿Eso es todo? ¿Dónde esta la evidencia? Veamos otra vez:

Para ver mejor esta dura realidad cambiemos el método palaciego y empresarial del jardín (mirar solo los casos de éxito, las flores) por otro panorámico (que también mire a la hierba mala). El análisis de la cúpula del poder económico y ciertos indicadores nos habla de bonanza con asimetrías y problemas. Tatsuya Shimizu (Instituto de Desarrollo Económico de Tokio) comprueba que entre 1987 y el 2001 las multinacionales del Perú pasaron de 25 empresas a 41 de las top 100 y que su porcentaje de ventas subió de 20.6% a 48.5%. Igual tendencia se observa en América Latina según informes de la CEPAL, indicando una fuerte extranjerización económica entre las empresas top. En el Perú es más extrema, hay menos éxito nacional y más posibilidades de nacionalismo económico.” (los subrayados son míos)

A ver. Según Durand, hay más extranjerización dentro de los grupos de poder económico y presenta cierta evidencia al respecto. Bueno, ¿y cual es la critica entonces? ¿Por qué el modelo esta mal? O, mejor dicho, ¿Cuál es la relación existente entre extranjerización y la debilidad del modelo económico por un lado y el progreso mostrado por el país en términos de crecimiento económico y reducción de la pobreza?

Tal y como esta planteado, pareciera que Durand cree que existe una especie de juego de suma cero entre el capital extranjero y el local, y que la presencia del primero inhibe el desarrollo de este ultimo. Si es así, ¿Cuál es la evidencia? Y si fuera cierto, ¿Cuál es la relación entre el grado de concentración del gran capital y el desarrollo de las pequeñas empresas? ¿A través de que mecanismos el gran capital bloquea el desarrollo de las pequeñas? El autor no ofrece ideas al respecto, solo nos dice que el modelo impide el verdadero crecimiento y bienestar sin argumentar porque. Solo nos queda creerle. Puro acto de fe.

La concentración del capital en pocas manos en un fenómeno generalizado en las sociedades capitalistas, y –a pesar de ello- muchos países han obtenido avances sostenibles en la reducción de la pobreza. Si esto es así, no me queda claro como es que dicho fenómeno si tendría que tener efectos perversos sobre la reducción de la pobreza en el Perú, tal y como sugiere el articulo de Durand. ¿Dónde esta la evidencia? El autor no es claro en establecer sus hipótesis y mucho menos presenta evidencia sólida que respalden sus apreciaciones. No es, en ese sentido, muy distinto a lo que hacen los propagandistas del régimen.

Gato por liebre. Durand empieza su articulo ofreciéndonos una mirada alternativa, un mirar las espinas y no solo las rosas del modelo. Al final, solo nos ofrece evidencia de que hay un proceso de extranjerización en la cúpula de los grupos de poder económico en el país. El autor asume que ello es malo per se, pero no ofrece hipótesis transparentes ni mucho menos evidencia sobre las relación entre esa extranjerización y el supuesto bloqueo que ella ejerce sobre la expansión de las pequeñas empresas y la reducción de la pobreza. ¿Dónde están las hipótesis? ¿Dónde están los datos? ¿En donde está el mejor método que nos ofreció al autor al principio de su artículo?

Simple y atractivo; engañoso”. Una buena forma de describir el articulo de Durand. ¿No creen?