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miércoles, 3 de marzo de 2010

Libro en Homenaje al Profesor Adolfo Figueroa y Comentarios del Profesor Félix Jiménez al libro “Nuestro Mundo Social”

Gracias a una amable comunicación del profesor Félix Jiménez, me entero que este 24 de marzo se estará presentando un libro en homenaje al profesor Adolfo Figueroa titulado “Teoría económica y Desarrollo Social: Exclusión, Desigualdad y Democracia. Homenaje a Adolfo Figueroa”, editado por el profesor Jiménez para el Fondo Editorial de la PUCP. Sin duda, un merecido homenaje para uno de los economistas peruanos más importantes de las últimas décadas. La influencia de Figueroa en los estudios sobre desigualdad y desarrollo ha sido fundamental, y su trabajo un punto de partida obligado para quienes como él compartimos el interés de comprender la dinámica distributiva del país. La ocasión es propicia como para hacer una pequeña evaluación de la importancia de la obra del profesor Figueroa desde este humilde espacio, tarea a la que espero dedicarme a la brevedad.

Gracias a una cortesía del profesor Jiménez, comparto en este blog los comentarios que el profesor Jiménez hiciera durante la presentación del libro “Nuestro Mundo Social” del Profesor Figueroa. Este libro es un esfuerzo importante de Figueroa por hacer llegar a un público más amplio los elementos centrales de su teoría de la sociedad Sigma, un trabajo bastante más técnico y riguroso, aunque por ello mismo escrito pensando en los colegas y no en el público general. Estoy seguro que los lectores de este blog apreciaran la riqueza de los comentarios del profesor Jiménez al texto del profesor Figueroa.

Felix Jimenez-Comentario a Nuestro Mundo Social (24-Junio-2008)

jueves, 19 de febrero de 2009

Una teoría sobre la exclusión social: Una aproximación de competencia por activos (III)

Por su parte Acemoglu, Johnson y Robinson (2000) sostienen que dicha desigualdad inicial es producto del carácter de la estrategia de colonización que siguieron los europeos y las instituciones relacionadas con esta. De acuerdo con estos autores, en aquellos lugares en donde el clima y las condiciones de vida en general fueron adversas a los colonizadores europeos (expresado ello en una alta tasa de mortalidad de los colonizadores), se desarrollaron instituciones de naturaleza extractiva, diseñadas fundamentalmente con el propósito de transferir recursos desde la colonia hacia el país colonizador el menor costo posible. En estos lugares no se desarrollaron instituciones de derechos de propiedad ni mucho menos contrapesos al poder político, representación electoral, protección legal contra la expropiación estatal o sistemas de administración de justicia abiertos. De esta manera, las instituciones conformadas, producto de la estrategia de colonización seguida por los europeos, favorecieron la concentración del poder político y la riqueza, constituyéndose en sociedades marcadamente desiguales. Este parece haber sido el caso de América Latina, en particular de las sociedades andinas, cuya abundancia de recursos parece haber favorecido la constitución de instituciones marcadamente extractivas.  De acuerdo con estos autores, el “... main objective of the Spanish and Portuguese colonization was to obtain gold and other valuables from America. For example, soon after the conquest the Spanish Crown granted rights to land a labor (the Encomienda) and set up a complex mercantilist system of monopolies and trade regulations to extract resources from the colonies” (Acemoglu, Johnson y Robinson 2000:8).  Estos recursos fueron abundantes en los territorios que hoy constituyen los países andinos.  

La segunda pregunta es de suma relevancia, mas una si tenemos en cuenta que instituciones acentuadamente ineficaces en términos del progreso social persisten a pesar de sus efectos perniciosos. Las hipótesis formuladas para explicar dicha persistencia institucional son diversas. Por ejemplo, North (1993) ha subrayado la importancia que tienen los esquemas subjetivos de los miembros de una sociedad y el conjunto de restricciones informales que acompañan a esta, en la constitución de arreglos básicos que promueven o dificultan el desempeño económico a largo plazo y que, una vez articulados, generan una senda de dependencia (path dependence) difícil de modificar.  De acuerdo con North, “... una vez que se establece la vía de desarrollo en un curso fijo, las externalidades de la red, los procesos de aprendizaje de los organismos y el modelamiento subjetivo de las cuestiones, derivado históricamente, se refuerza el curso” (North 1993:129), a pesar de que, inclusive, se modifiquen luego abruptamente las instituciones formales por medio de, digamos, una revolución social o un proceso de reforma radical. El caso de América Latina es sintomático en este sentido, pues los esfuerzos que realizaron los independentistas para adaptar instituciones y reglas formales similares a las anglosajonas en la región no pudieron alterar las pautas de comportamiento establecidas por las instituciones pre-existentes. En palabras de North: “La persistencia de la pauta institucional que había sido impuesta por España y Portugal siguió desempeñando un papel fundamental en la evolución de las políticas latinoamericanas y en sus percepciones, así como en cuanto a distinguir y diferenciar la historia de este continente, a pesar de la disposición después de la independencia de un conjunto de normas similares a las de la tradición institucional inglesa que dieron forma a la vía (institucional) de los Estados Unidos” (North 1993:135).

Siguiendo esta línea, Acemoglu et al (2000 y 2001b) han sugerido tres mecanismos a través de los cuales se puede explicar la persistencia institucional:

a)      El establecimiento de instituciones que establezcan contrapesos al poder político y protejan los derechos de propiedad es costoso, por lo que las elites podrían no tener incentivos para “costear” cambios institucionales, ya sea que estos busquen establecer instituciones eficientes o procuren introducir instituciones de carácter extractivo.

b)     Las ganancias derivadas de una estrategia de naturaleza extractiva dependen crucialmente del tamaño de la elite. Si la elite es muy pequeña y los retornos esperados de establecer instituciones extractivas para cada miembro de esta son elevados, entonces los incentivos para emprender un cambio institucional de esta naturaleza pueden ser muy altos. Esto podría explicar, por ejemplo, la persistencia de instituciones como la esclavitud después de declarada la independencia en la mayoría de las naciones latinoamericanas. Las elites se habrían montado sobre las instituciones dejadas por los españoles y portugueses (Por ejemplo, la esclavitud se mantuvo en Brasil hasta 1886).

c)      Finalmente, si un conjunto de agentes ha realizado inversiones que son compatibles con un determinado tipo de instituciones (por ejemplo, inversiones en capital fijo y capital humano), los incentivos que estos grupos tienen para mantener dichas instituciones podrían llevar a una mayor predisposición por sostenerlas en el tiempo, a través del uso de recursos económicos y políticos.

A partir de lo discutido a lo largo de esta sección podemos afirmar que existen razones de peso para creer que las instituciones básicas que caracterizan a las sociedades andinas de hoy son el producto evolucionado de un conjunto de arreglos institucionales que, por una serie de circunstancia históricas, nacieron con un carácter marcadamente inequitativo y cuya naturaleza se ha reproducido a través del tiempo.  

viernes, 6 de febrero de 2009

Una teoría sobre la exclusión social: Una aproximación de competencia por activos (II)

Dicho esto, discutamos ahora sobre la distribución de los activos entre la población. La distribución de los activos entre los individuos dependerá tanto de la “lotería del nacimiento” como del esfuerzo responsable de los mismos. Esta distinción nos lleva a pensar en dos temas claves interrelacionados: a) el proceso a través del cual los individuos adquieren los activos y los mecanismos institucionales que se hallan detrás de ello, y, b) el tema de la responsabilidad personal y sus implicancias para la teoría moral.

Producto de la “lotería del nacimiento”, los individuos reciben una dotación básica de activos, compuesta por su dotación de activos naturales más un stock de activos sociales determinados por el stock de activos sociales de sus padres. A estos activos los denominaremos activos básicos, por ser el punto de partida del proceso de acumulación de activos de un individuo a lo largo de su existencia. La distribución de dichos activos es “moralmente arbitraria”, en la medida de que ningún individuo pudo influir sobre la composición del stock de activos bajo su control. Sin embargo, cada individuo si será “moralmente responsable” de los resultados que obtenga a través del uso de dichos activos, tanto en la transformación de estos activos en niveles de bienestar como en la consecución de mayores activos a partir de su dotación básica.

Provistos de esta dotación básica los individuos compiten por el control de activos sociales claves para su desarrollo humano. Estos activos sociales no caen como el mana del cielo o son lanzados desde helicópteros, sino que son distribuidos a través de un conjunto de instituciones que hemos denominado instituciones básicas. Estas instituciones establecen las reglas de juego que se hallan detrás de la distribución de los activos y determinan, por tanto, las posibilidades de acumulación de los mismos por parte de los individuos.

Entre las instituciones básicas más importantes podemos contar:

1. Instituciones que facilitan el acceso a activos productivos como tierra y capital,
2. Instituciones educativas,
3. Instituciones de salud,
4. Instituciones que facilitan el reconocimiento y protección de los derechos de propiedad,
5. Instituciones de representación política y sufragio,
6. Instituciones de resolución de disputas y manejo de conflictos,
7. Instituciones de protección social.

El rol que cumplen las instituciones básicas no se limita exclusivamente a la provisión de los activos, sino que además cumplen el rol fundamental de asegurar el control por parte del propietario tanto del activo como de los rendimientos que generan. De allí la importancia de las instituciones que permiten el reconocimiento y la protección de los derechos de propiedad dentro del conjunto de instituciones básicas.

Dado el conjunto de instituciones básicas, los individuos competirán por el control de los activos sociales. Las posibilidades de éxito al alcance de cada uno de ellos dependerán crucialmente de su respectiva dotación básica, dado el grado de apertura institucional. Así, si las instituciones básicas son abiertas e inclusivas el peso de las desigualdades iniciales sobre la perspectiva de vida de los individuos será menor, es decir, habrá mayor movilidad social. Un individuo que cuente con una menor dotación básica de activos que otro podría remontar las desventajas iniciales y disminuir la brecha que los separa gracias a un acceso equitativo a los activos sociales. Lo inverso también es válido. Instituciones básicas muy cerradas y excluyentes conllevarán a la profundización de las desventajas iniciales entre los individuos, acentuando con ello la desigualdad social.

¿De qué dependerá el grado de apertura de las instituciones básicas? Sin duda, es de suma relevancia para nuestros propósitos establecer con precisión una respuesta a esta interrogante, más aun en el contexto de las sociedades andinas objeto de nuestro análisis. A nuestro entender dicho grado de apertura institucional dependerá de la confluencia de una serie de factores cuyas raíces podemos rastrear en la historia. Dicha apertura sería el resultado de la persistencia a lo largo del tiempo de un conjunto de arreglos institucionales que son producto de las condiciones iniciales de la sociedad, en particular su grado de equidad. De acuerdo con Engerman y Sokoloff (2002), en sociedades que nacieron con mayor grado de equidad, las elites estuvieron menos predispuestas a establecer reglas, leyes y políticas gubernamentales que los favorecieran excesivamente frente al resto de la sociedad, favoreciendo el desarrollo de instituciones que promovieron un acceso equitativo a las oportunidades, contribuyendo de esta forma a la persistencia de arreglos sociales más equitativos. Por otro lado, "...in societies that began with extreme inequality, elites were better able to establish a basic legal framework that insured them disproportionate shares of political power, and to use that influence to establish rules, laws, and other government policies that greatly favored them relative to the rest of the population in terms of access to economic opportunities, contributing to persistence of the high degree of inequality" (Engerman y Sokoloff 2002: 3).

Así, la persistencia del grado de equidad inicial de la sociedad a través del tiempo opera por medio de la persistencia de las instituciones básicas, en particular su grado de apertura. En aquellos lugares en donde, producto de un alto grado de inequidad inicial, se constituyeron instituciones básicas excluyentes, la desigualdad social se ha mantenido elevada a lo largo del tiempo gracias precisamente a la persistencia a través de la historia de dichas instituciones básicas a las que la desigualdad inicial dio origen. Del mismo modo, allí donde la desigualdad inicial fue baja, las instituciones básicas que se configuraron permitieron un acceso más democrático a los activos sociales, facilitando con ello la reproducción del elevado nivel de equidad inicial.

Dos nuevas preguntas emergen a partir de nuestra respuesta anterior: 1) ¿por qué algunas sociedades “nacieron” con un mayor nivel de desigualdad inicial que otras? y, 2) ¿por qué persisten las instituciones que sostienen y reproducen en el tiempo dicha desigualdad inicial? Una primera respuesta a la primera pregunta la podemos encontrar en los trabajos de Stanley Engerman y Kenneth Sokoloff. Estos autores han insistido en que las diferencias iniciales en el grado de desigualdad pueden ser atribuidas a las respectivas dotaciones de factores de cada sociedad. Estas diferencias han tenido un impacto profundo y duradero en sus patrones de desarrollo debido a su efecto sobre el tipo de instituciones que se constituyeron en dichos sistemas sociales. Así, mientras que en el Brasil y el Caribe las condiciones favorables para el desarrollo de cultivos como el azúcar, con alto valor en el mercado, favoreció el uso intensivo de esclavos (lo cual derivó en la conformación de sociedades muy heterogéneas con elevados niveles de concentración de riqueza, capital humano y poder político), en América del Norte las condiciones climáticas favorecieron un régimen de producción de cultivos mixtos, sujeto a bajas economías de escala, en el cual se utilizaron pocos esclavos consolidándose luego como sociedades relativamente homogéneas y con mayor grado de equidad en el acceso a los recursos productivos y las oportunidades. En el caso de la América Hispana la relativamente abundante disponibilidad de tierras, la abundancia de fuerza de trabajo nativa y la riqueza de los recursos minerales crearon condiciones para el desarrollo de instituciones que favorecieron la concentración de riqueza y los recursos en las elites (Engerman y Sokoloff 1994 y 2002).

miércoles, 4 de febrero de 2009

Una teoría sobre la exclusión social: Una aproximación de competencia por activos (I)

Ahora que Majaz nos ha traído de nuevo el tema de la exclusión social (ver este excelente post de Daniel Salas haciendo un paralelo de este caso con el de la corresponsal del Comercio en España), quiero compartir algunas reflexiones sobre como extender la teoría de la exclusión desarrollada por el profesor Figueroa en la Sociedad Sigma y en trabajos previos. Creo que esta extensión puede ayudarnos a conciliar de mejor modo los “factores moralmente responsables” y los “factores moralmente arbitrarios” que discutiéramos en los posts sobre igualdad de oportunidades. Aquí me baso en cosas que he escrito en otros textos.

Como dije, Figueroa construye una sociedad abstracta denominada “Sigma” en la cual los individuos participan dotados de diferentes cantidades de activos sociales (los cuales pueden ser económicos, políticos y culturales) en los mercados básicos de crédito, trabajo y seguros, a los cuales denomina “no walrasianos” por tener la particularidad de operar bajo exceso de oferta o de demanda sin que los precios de mercado operen como mecanismo de racionamiento. Dada una distribución desigual de los activos entre la población y una escala de valoración social históricamente construida que privilegia ciertas posiciones en la escala social frente a otras (ambas determinadas exógenamente), la teoría predice que los grupos dotados de menores activos sociales resultarán siendo excluidos de los procesos de mercado, en particular del mercado laboral, considerado el mercado básico por excelencia. ¿Cuáles serán estos grupos? De acuerdo con Figueroa serán las poblaciones históricamente marginadas, como es el caso de los grupos indígenas y afrodescendientes, las que resultarán excluidas de los procesos de mercado debido a su menor dotación de activos sociales, lo cual, en el caso del mercado laboral, se expresará en una sobre-representación de estos grupos en el sector de pequeña producción urbana y agrícola. Así, la exclusión social no será aleatoria.

A pesar de la elegancia lógica y el rigor formal de la teoría de Figueroa, esta nos dice muy poco respecto al proceso por medio del cual se origina una distribución desigual de activos. De hecho, la teoría Sigma “supone” la desigualdad, puesto que se basa en el supuesto exógeno de distribución desigual de los activos entre la población, el cual luego permite explicar la exclusión de los procesos de mercado y luego la desigualdad del ingreso. Así, Figueroa supone la desigualdad de activos para explicar la desigualdad del ingreso. Ciertamente, esto no constituye un error de carácter epistemológico en la medida que el objetivo de su trabajo es explicar la desigualdad del ingreso y no la desigualdad de activos, por lo que es licito suponer esta. A pesar de ello, Figueroa justifica su supuesto a partir de trabajos recientes en el campo de la historia económica que explican la persistencia de la desigualdad en el tiempo debido a la “viscosidad” de la estructura institucional de las sociedades que emergen a partir de un shock fundacional, como es el caso de los procesos de conquista y colonización que experimentaron sociedades como la nuestra.

Sin embargo, son precisamente los mecanismos mediante el cual los individuos adquieren sus activos los cuales deberían concentrar nuestra atención si es que lo que nos interesa es avanzar en el diseño de reformas institucionales que permitan una mejora en la distribución de los activos, y por tanto, una mejora en la distribución del ingreso y otros recursos considerados valiosos por los individuos. Es por eso que resulta siendo una paradoja que la teoría sugiera en términos de políticas públicas hacer precisamente aquello que no nos explica porque es considerado exógeno. Así, es importante endogenizar el proceso de adquisición de activos a fin de avanzar en la dirección señalada. Asimismo, es importante también ampliar nuestra concepción de activos de modo tal que podamos manejar una visión más completa del proceso distributivo, en la cual se tome en cuenta que la distribución del ingreso es el resultado conjunto de factores bajo el control de los individuos y que dependen de su esfuerzo moralmente responsable, como de factores que están más allá de su control y que podemos considerar “moralmente arbitrarios”. Estas dos modificaciones son de vital importancia a fin de avanzar conceptualmente en la comprensión del fenómeno de exclusión social que caracterizan a nuestras sociedades.

Teniendo en cuenta lo anterior, en las líneas que siguen proponemos una teoría de exclusión que hace hincapié en el proceso mediante el cual los individuos adquieren sus activos. A nuestro entender, dicho proceso consta de las siguientes etapas: a) la “lotería del nacimiento”; b) la competencia por activos, y c) la realización en los mercados básicos. Antes de discutir en detalle cómo operan los mecanismos institucionales que facilitan la distribución de los activos, es preciso ahondar en la naturaleza de estos últimos.

En todo sistema social, los individuos participan en los procesos de intercambio social dotados de un conjunto de activos. Este conjunto de activos, que denominaremos de ahora en adelante dotación, está compuesto por dos grandes clases de activos: los activos naturales y los activos sociales, dividiéndose estos últimos a su vez en tres tipos de activos: los activos económicos, los políticos y los culturales. Provistos de estos activos, los individuos participan en los diversos procesos sociales relacionados con la organización económica (sistemas productivos y mercados), el ordenamiento político-institucional y la cultura (Figueroa, Altamirano y Sulmont 1996).

Empecemos diciendo algo sobre los activos sociales. En primer lugar tenemos los activos económicos, con los cuales nos referimos a los recursos productivos en general, tales como las tierras, el capital físico, el capital financiero y el capital humano. Por los activos políticos entendemos el acceso que tienen los individuos a los derechos universales establecidos por la sociedad, y a las posibilidades reales para el libre ejercicio de la ciudadanía, mientras que cuando hablamos de los activos culturales hacemos referencia a las características personales de los individuos, tales como el lenguaje, género, religión, casta, origen regional, costumbres, entre otras, que están sujetas a valoración social, dada una jerarquía históricamente determinada (Figueroa, Altamirano y Sulmont 1996, Figueroa 2003). Por otro lado, al hablar de activos naturales, nos referimos a las características y habilidades innatas de los individuos, entre las debemos considerar, por ejemplo, el talento, la fortaleza física, y en general todas aquellas ventajas que son producto de la conformación biológica de las personas (Zynda 2001).

Digamos algunas cosas más respecto a la naturaleza de los activos. En primer lugar, es fundamental señalar la distinción fundamental entre el carácter interno y externo de los activos. Claramente el capital físico y la tierra son de carácter externo (y por tanto transferibles), mientras que el talento y la fortaleza física son obviamente internos (y por ende intransferibles). Esta distinción es clave para comprender las limitaciones de las políticas redistributivas para el logro de la igualdad, pues aunque es posible redistribuir los activos transferibles, nunca será posible hacer lo mismo con los activos intransferibles, siendo por tanto la igualdad perfecta imposible de alcanzar. En segundo lugar, es importante señalar que los activos culturales no tienen retornos directos per se. Un activo cultural es un atributo de un agente que tiene valor únicamente por la naturaleza de los arreglos sociales en una sociedad; es decir, no tienen un valor productivo directo, pero su posesión lleva a un mayor bienestar en la medida de que existe una jerarquía de valoración social históricamente determinada que privilegia ciertos atributos en desmedro de otros. Finalmente, es necesario distinguir entre el retorno directo de los activos y su valor social (Mailith y Postlewaite 2003:3). Los activos sociales suelen tener, además del retorno directo característico, un valor adicional producto también de la naturaleza de los arreglos sociales en una sociedad determinada. La educación, por ejemplo, genera retornos a los individuos no solamente por su efecto directo sobre la productividad sino también por el status que conlleva a quienes han tenido la oportunidad de acceder a ella. El tamaño de este valor adicional de los activos dependerá del grado de desigualdad en su distribución. Es decir, en la medida en que el activo esté en manos de pocas personas, la valoración social que se le otorgue será mayor y por ende será mayor el retorno indirecto que genere. Con ello, su impacto sobre la desigualdad del ingreso será más elevado.