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lunes, 7 de marzo de 2011

Syllabus del curso “Latin American Politics” de Ruth Collier y el unmaking of a “trucho” comparativist

Me hubiera encantado llevar esta clase que dicta Ruth Collier durante este semestre, pero el horario se cruzaba con el curso de desarrollo en el que estoy de asistente, así que tendrá que ser el próximo año. Por suerte si pude enrolarme en el seminario de investigación de política latinoamericana que dirige Ruth y estoy recibiendo una perspectiva interesante para mi proyecto de investigación sobre abundancia de recursos y gobernabilidad democrática. Soy el único economista en esa clase y los demás participantes son estudiantes avanzados de doctorado de ciencia política que tienen intereses en política comparada con especialización para América Latina. Digamos que soy el huevo de ese cebiche.

De verdad que es todo un reto porque la diferencia con el entrenamiento de un economista es muy marcada. Me siento más cómodo en el seminario de métodos cuantitativos de los cientistas políticos porque, por lo menos, el lenguaje es similar a lo que estamos acostumbrados por nuestra formación econométrica. Lo interesante para mi, más que las técnicas, es como las usan para temas políticos, lo cual me es de mucha utilidad a la hora de utilizar la econometría para los temas de ciencia política en los que vengo trabajando. Los comparativistas tienen otra lógica: las variables que les interesan son más difíciles de operacionalizar y es casi imposible –a mí entender- controlar por endogenidad, aunque claro, esto les interesa menos. Además hay una predilección por el trabajo del campo y el uso de técnicas cualitativas de las cuales me declaro un total ignorante. Así que me siento como un free-rider recibiendo feedback para mi proyecto sin tener mucha habilidad para dar imputs para los proyectos de los otros participantes. Además, me he ganado un par de revolcadas por usar conceptos de ciencia política en esa forma tan simplista que nos caracteriza a los economistas cuando queremos hacer análisis econométrico con fenómenos tan complejos como democracia. Bueno, esos son los riesgos del trabajo inter-disciplinario y del atrevimiento de meterse a hablar sobre teología de la liberación con los gustavos gutierrez de la profesión. Ese es el riesgo de ser un comparativista "trucho".

Como mencione en alguna ocasión, Ruth –junto a David Collier- son dos de los más reconocidos comparativistas políticos y maestros de generaciones de expertos en el área. Es un lujo haber tenido la oportunidad de llevar seminarios de investigación con ambos. Por ejemplo, Steven Levitsky, quien ahora visita la PUCP, fue uno de los discípulos de esta pareja de académicos cuando hacia su doctorado aquí en Berkeley. Así que, espero sea de interés el syllabus de Ruth para los que tienen intereses en política comparada en la región. Por cierto, es el syllabus más largo que he visto en mi vida (24 páginas que no tienen pierde!)

PS 248 Syllabus FINAL

domingo, 6 de marzo de 2011

El electarado: evidencia empírica

Hace tiempo no escribía. En parte por falta de tiempo, aunque la falta de ganas estuvo también presente. En todo caso, dado que estamos en épocas electorales, un post sobre el comportamiento de los votantes no viene mal. Aunque el titulo de mi post toma la famosa frase de Aldo Mariátegui, no voy a sostener en este post la teoría racista de aquel periodista. Si discutiré alguna evidencia que sostiene que los electores no son racionales pero ello aplica para todos y no para algún grupo en particular. Veamos como sale.

Las teorías estándar del votante en economía política asumen que estos son racionales del mismo modo que los consumidores de cualquier modelo básico de microeconomía. En esas condiciones, un debería esperar que los votantes elijan entre las opciones políticas a su alcance del mismo modo que eligen bienes y servicios en el mercado: optimizando una función objetivo sujeto a un conjunto de restricciones. Obviamente, ello supone que no existen fallas de información por lo que el resultado final debería ser consistente con el óptimo paretiano. Por suerte, la realidad es algo más compleja y comprender esa complejidad justifica los salarios de los profesores y estudiantes de doctorado que andan metidos en el tema. La evidencia anecdótica sugiere que las decisiones políticas de la gente poco tienen de racionales, aun luego de incorporar en nuestros modelos elementos de información asimétrica. Veamos que dice la evidencia empírica.

Supongamos por un momento estamos semanas previas a las elecciones en Lima Metropolitana y Susana Villarán este compitiendo por la re-elección. De pronto, de un día para el otro, aparecen tiburones en la Costa Verde y alguna gente muere victima de estos simpáticos animalitos. ¿Usted cree que estos hechos podrían afectar las posibilidades de re-elección de Villarán? Probablemente este preguntándose qué diablos tiene que ver estos tiburoncitos con los resultados de las elecciones. Bueno, en 1916 ataques de tiburones fueron responsables de la caída del soporte popular a la re-eleccion del presidente Wilson en New Jersey, de acuerdo con un estudio econométrico de Christopher Achen y Larry Bartels de la Universidad de Princeton. El que los electores hayan “castigado” a Wilson por factores que estaban claramente fuera de su alcance pone en duda la noción de racionalidad que la teoría política estándar sostiene. Achen y Bartels hacen un trabajo muy cuidadoso mostrando que otras posibles explicaciones de la caída en el voto de Wilson no son válidas y que fueron exclusivamente los ataques de tiburones los responsables de la debacle electoral (ver la discusión de los resultados en las paginas 10 al 20 del documento).

Supongamos ahora que estamos cerca a las elecciones y el alcalde de Huánuco va a la re-elección. Asuma también que el León de Huánuco sale campeón del torneo nacional días antes de las elecciones. ¿Cree que el alcalde de Huánuco se vea beneficiado por la campaña del León y sea re-elegido? Como debe estar adivinando dado el tono del ejemplo anterior, la respuesta es sí. En un estudio publicado hace unos meses atrás en el Proceedings of the National Academy of Science, Andrew Healy y sus co-autores muestran que cuando el equipo de futbol local gana días antes de las elecciones, el voto por las autoridades que buscan la re-elección se incrementa en 1.6 puntos porcentuales, siendo el efecto más largo para el caso de equipos que tienen un alto soporte popular. En un interesante análisis placebo los autores muestran que los resultados del equipo local en los días después de las elecciones no tienen efecto sobre los resultados electorales. ¿Por qué los votantes re-compensan a los incumbentes por resultados que no están bajo su control?

Un reciente trabajo de Shawn Cole y otros co-autores encuentra evidencia consistente con los trabajos previamente mencionados para el caso de la India. Usando datos de shocks naturales, los autores encuentran que los votantes penalizan a las autoridades en las urnas por eventos que escapan a su control como las sequias y que estos resultados persisten aun para el caso de gobiernos que respondieron a la crisis con eficacia. En otro estudio, Healy también encuentra que los votantes castigan electoralmente a sus autoridades cuando un tornado afecta su localidad.

¿Por qué la gente castiga o premia a sus autoridades por factores que escapan a su control? Volveré sobre el punto en un post siguiente pero la respuesta corta es que es muy poco lo que sabemos. Nuestra comprensión de la conducta de los votantes es todavía muy limitada.

Lecturas adicionales:
Una revisión en español de las principales teorías sobre el comportamiento de los votantes puede verse en este artículo de Cesar Martinelli:
Análisis económico de la conducta de los votantes”, El Trimestre Económico, vol. 73 (2006) 211-237
http://ciep.itam.mx/~martinel/survey.pdf

Otro resumen interesante, en ingles, sobre el mismo tópico es este trabajo de Antonio Merlo:
"Whither Political Economy? Theories, Facts and Issues: Extended Version". Supplement to Merlo, "Whither Political Economy? Theories, Facts and Issues," in R. Blundell, W. Newey and T. Persson (eds.), Advances in Economics and Econometrics, Theory and Applications: Ninth World Congress of the Econometric Society, Vol. I, pp. 381-421, Cambridge: Cambridge University Press, 2006
http://www.ssc.upenn.edu/~merloa/wpapers/survey_revision_2006.pdf

miércoles, 20 de octubre de 2010

Entrevistando a científicos sociales: David Collier

Este semestre estoy participando en un seminario de política latinoamericana dirigido por David Collier, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de mi universidad. Es un seminario interesante para aquellos interesados en política comparada en América Latina. Berkeley es considerada como una de las mejores universidades en política comparada, junto a Harvard. Por ello no es casualidad que en el reciente ranking del National Research Council, Berkeley y Harvard compartan el primer lugar. Para alguien con fuertes intereses en ciencia política como yo, es un placer poder llevar cursos y seminarios en un departamento de tal nivel.

Pero volvamos a David. Para quienes conocen de ciencia política, David no necesita presentación. Sin lugar a dudas, David es una de los académicos más importantes en el área de política comparada. El libro que escribió junto a Ruth Collier, Shaping the political arena, es considerado uno de los clásicos del área. David es además una gran persona y un dedicado profesor. Cuando presente mi proyecto de investigación sobre formación de preferencias políticas me devolvió una copia con detalladas anotaciones sobre cómo mejorar mi proyecto. Todo un lujo que pocos estudiantes de doctorado en el mundo pueden darse.

Hace unas semanas David me pregunto si en el Perú se seguía recordando el 3 de octubre, día del golpe militar de Velasco Alvarado. Me contó que el golpe ocurrió justo una semana antes de que llegara a Perú como parte del trabajo de campo que estaba haciendo para su tesis doctoral y que terminó en un libro titulado “Squatters and Oligarchs: Authoritarian Rule and Policy Change in Peru”. Le respondí que casi nadie se acordaba de la fecha, salvo algún sector de la extrema derecha.

Aquí pongo una entrevista que le hicieron a David para el libro “Passion, Craft and Method in Comparative Politics”.

David Collier

domingo, 18 de abril de 2010

El próximo Nostradamus: Bruce Bueno de Mesquita

Hace tiempo que no posteo. Parciales, un paper y un viaje corto a Washington DC durante el spring break explican buena parte de mi poca dedicación a este blog durante las últimas semanas. Me quedaron varios post pendientes, pero por ahora los dejo con un documental sobre Bruce Bueno de Mesquita, profesor del departamento de ciencia política de New York University, que tiene que ver con la capacidad de las ciencias sociales de hacer predicciones. Me pareció interesante, aunque el hecho que el tipo no exponga su modelo al escrutinio de la comunidad científica le resta –a mi entender-credibilidad.







Watch Next Nostradamus(Bruce Bueno de Mesquita, New York University and Stanford) in People & Blogs | View More Free Videos Online at Veoh.com

Ahora que están de moda estas teorías del 2012, me pregunto porque me mato trabajando en el doctorado en vez de estar en la playa o algo por el estilo. El fin del mundo va a llegar antes de que termine mi tesis doctoral.

En fin.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Evaluando econométricamente el imperialismo

Dedico este post a todos los izquierdosos, socialistas, radicales, marxistas, revolucionarios de salón y amantes de las teorías conspirativas. Que la revolución los acompañe y la ciencia "burguesa"–algún día- los desengañe.

En un post anterior hacía referencia a algunos de los trabajos de Nathan Nunn. Resulta que Nunn estuvo ayer presentando un trabajo en progreso en el seminario de desarrollo aquí en Berkeley que quiero comentar brevemente.

El titulo del paper es “Commercial Imperialism? Political Influence and Trade during the Cold War”, cuya autoría es compartida con Bill Easterly, Shanker Satyanath y Daniel Berger (todos de NYU). Sin duda, este es uno de los primeros trabajos empíricos orientados a testear econométricamente el imperialismo en sus dimensiones comerciales. El paper explota una nueva base de datos sobre intervenciones de la CIA en diversos países del orbe durante el periodo de la guerra fría (la misma que construida a partir de documentos recientemente desclasificados por este organismo) con el objetivo de evaluar si es que la variación en los niveles de influencia vinculados con las intervenciones de USA en los países del orbe ha estado asociada con variaciones en el flujo comercial con los países intervenidos. Una ventaja de la estrategia de identificación de los autores es que las intervenciones de la CIA pueden ser consideradas como ortogonales en relación a las políticas comerciales en la medida que respondían básicamente a intereses geopolíticos, lo cual permite dar una interpretación causal a los resultados del ejercicio econométrico.

Sin duda, la base de datos es uno de los elementos más interesantes del paper. La primera idea que uno se puede formar a partir de ella es que las intervenciones de la CIA eran bastante frecuentes, lo cual seguro excitaría a más de un amante de las teorías de conspiración. Entre 1947 y 1989, alrededor de 24 países en promedio estaban expuestos a algún tipo de intervención de la CIA (ver gráfico). Por otro lado, la distribución geográfica de las intervenciones sugiere que América Latina es una de las regiones que estuvo más expuesta a estas (ver mapa). El Perú aparece como un país de poco interés para USA en ese contexto. Supongo que eso debería poner en cuestión los viejos prejuicios de la izquierda local sobre los efectos del imperialismo americano sobre nuestro desarrollo.

Los autores muestran que el incremento de los niveles de influencia de USA, producto de las intervenciones de la CIA, está asociado con un incremento de la proporción de productos americanos dentro de las importaciones de los países intervenidos (alrededor de 10% en la especificación básica). Este resultado es consistente con dos hipótesis alternativas: a) la intervención americana llevaría a una reducción en los costos bilaterales de comercio y por tanto a un incremento del bienestar en USA y el país intervenido; y b) la intervención llevaría a un incremento en la influencia americana en el país intervenido, lo cual facilitaría el acceso de los productos americanos al mercado del país intervenido.

Los autores muestran que la primera interpretación tiene poco asidero empírico. Una primera razón tiene que ver con el hecho que el incremento de la influencia solo tiene efecto en el caso de los regímenes no democráticos en donde los líderes solo rinden cuenta a un grupo reducido de poder. En el caso de los gobiernos democráticos la intervención americana no tiene efecto alguno en el incremento de las importaciones desde USA, lo cual es consistente con la segunda hipótesis. Por otro lado, si la primera hipótesis fuese cierta, debería observarse un incremento de las exportaciones del país intervenido hacia USA, lo cual no observado en los datos. Por estas razones, los autores argumentan que los datos parecen ser consistentes con la hipótesis de la influencia y no con la hipótesis de la reducción de los costos bilaterales del comercio.

Un tema final que los autores abordan tiene que ver con el examen de que sectores productivos en USA se benefician comercialmente con las intervenciones de la CIA en los países. El hallazgo básico de esta sección del paper es que los sectores más beneficiados fueron aquellos en los cuales USA no tenía ventajas comparativas en la producción. Este hallazgo puede ser interpretado como evidencia a favor de la hipótesis de influencia y en contra de la de reducción de los costos bilaterales del comercio. En esa misma dirección, los autores encuentran que este efecto esta básicamente relacionado con la demanda de empresas controladas o influenciadas por los gobiernos de los países intervenidos.

Sin duda, un trabajo muy interesante que cuantifica los efectos de un fenómeno que ha sido ampliamente estudiado en el pasado pero sin mucha evidencia estadística sólida. Me parece que es otra muestra de cómo la literatura de la nueva economía política está mejorando nuestra comprensión de fenómenos largamente estudiados en las ciencia sociales mediante el uso aproximaciones metodológicamente rigurosas, lo cual viene bien en una región como la nuestra en donde estas historias dependentistas han tenido mucha acogida a pesar de carecer de rigor analítico.

Good bye, Lenin.

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jueves, 2 de julio de 2009

El problema es el modelo político, no el económico (II)

La hipótesis central de este post es que la crisis del sistema de partidos a fines de los ochenta ha acentuado la debilidad del PMP en el país, acentuando con ello la baja calidad de las políticas públicas que emergen de este. Por esta razón, y ante la ausencia de reformas en el sistema político durante los 90s, el Estado ha resultado incapaz de responder ante las demandas redistributivas emergentes del proceso de crecimiento económico sostenido de los últimos 20 años producto de las reformas de mercado. Dentro de ello habría que mencionar especialmente un proceso de reforma truncado y mal diseñado como la descentralización, el cual ha acentuado las rigideces del sistema político.

Por una serie de factores como el colapso del sistema de partidos, la presencia de Sendero y la extendida crisis económica de fines de los 80s, las reformas de mercado fueron implementadas sin mucha resistencia de parte de los potenciales perdedores. La crisis económica implicó una sustancial reducción del poder político de facto con el que contaba tanto la clase política que administró el país durante los 80s como el movimiento social (e.g. los sindicatos) de aquel entonces, poder que fue re-asignado hacia unos pocos actores, básicamente los tecnócratas, los militares y nuevos actores políticos sin experiencia, ideas o partidos (los que contaban con mucha autonomía precisamente debido a la ausencia de mecanismos institucionales de rendición de cuentas como los que deberían de existir en un sistema de partidos institucionalizado). En ese contexto, la virtual desaparición de poderes de veto permitió la implementación veloz de un programa de radical de reformas liberales por parte de un grupo pequeño de actores, que logró sostener un conjunto de arreglos políticos inter-temporales durante buena parte de la década del 90. El problema de este esquema era políticamente sostenible en tanto se basara en la exclusión de los perdedores políticos de los 80s. La coalición política que gobernó el país durante los 90s no tuvo los incentivos necesarios como para incluir y compensar adecuadamente a los perdedores políticos de las reformas económicas, lo cual hubiera permitido asegurar la sostenibilidad de las mismas en el largo plazo. Era previsible que un reasignación de poder político de facto hacia estos sectores excluidos pudiera poner las reformas en cuestión. La introducción de rigideces que “blindaran” el modelo frente a la amenaza de reversión de políticas fue la respuesta sub-óptima del poder político de facto de aquel entonces.

Con la caída de Fujimori, ocurrió nuevamente una re-asignación del poder político de facto que terminó restituyendo el sistema de partidos y los poderes de veto cadavéricos que existían a fines de los 80s. El problema es que dicho cambio ocurrió sin que el sistema de partidos ni los otros actores sociales de aquel entonces hayan procesado los factores que explicaron su declive hacia fines de los 80s. Sin nuevas lecturas sobre la realidad e incapaces de representar los sectores sociales que emergieron en los últimos 20 años como consecuencia de las reformas estructurales (así como de aquellos que habían sido sistemáticamente excluidos en el pasado), no es de extrañar que este sistema sufra de problemas de representatividad. Sin partidos y organizaciones sociales que funcionen como agregadores de preferencias colectivas, otro no podría ser el resultado.

Las consecuencias de este proceso son diversas. Luego del colapso del sistema de partidos, la representación política post-Fujimori se han fragmentado y ahora co-existen los partidos tradicionales (sin programa ni nuevas lecturas de la realidad y con poca conexión con las dinámicas políticas regionales y locales) con una multitud de pequeños movimientos que canalizan intereses muy específicos y diversos de poco alcance nacional. En el marco del PMP esto ha derivado en el incremento del número de actores en la arena política, haciendo por tanto más complicada la creación y sostenimiento inter-temporal de arreglos entre los políticos. Asimismo, la votalidad de los partidos y movimientos (expresado en su existencia efímera y/o continua mutación) hace que la arena política sea muy inestable y por tanto los actores políticos tengan horizontes temporales muy cortos y con poca interacción entre ellos. Como consecuencia, los incentivos para desviarse de cualquier conducta cooperativa se han incrementado y con ello se ha deteriorado la calidad de las políticas públicas.

A la par de lo anterior, durante los 90s solo se realizaron reformas parciales a la maquinaria estatal. La reforma institucional operó esencialmente en aquellos sectores relevantes para la implementación del modelo económico sin prestar mucha atención aquellas aéreas vinculadas a la redistribución del ingreso a través de la provisión de bienes públicos, cuya débil institucionalidad fue mantenida durante los 90s del mismo modo como se había venido haciendo en el pasado. El manejo clientelistico del gasto social es la expresión de aquello. Asimismo, no se desmontaron muchas de las rigideces creadas en los gobiernos anteriores, como por ejemplo buena parte del régimen laboral. Como resultado de esto, la bonanza económica que el país ha experimentado desde la implementación del modelo liberal no se ha redistribuido adecuadamente entre los diversos sectores de la sociedad debido a la incapacidad del Estado de transformar la bonanza en bienes públicos para los pobres y excluidos. El mercado no puede ser responsable de dicha tarea debido a su limitado poder redistribuidor. Por esa razón, la causa de los problemas de gobernabilidad –cuya expresión básica es el incremento de la protesta social- que enfrentamos poco tiene que ver con el modelo liberal y más con la debilidad del Estado en su rol redistributivo. De ahí que en la actualidad el país enfrente una doble disyuntiva: por un lado, un sistema político incapaz de procesar las demandas e intereses de diversos sectores de la sociedad y, por otro lado, un Estado que no es capaz de responder a las presiones redistributivas de los pobres.

Tengo la impresión que el incremento de las protestas sociales debería ser visto también como un resultado (positivo tal vez?) de las reformas económicas. La evidencia muestra que los ingresos de los deciles de ingreso más pobres han crecido más que los de los más ricos, por lo menos en los últimos 10 años. Mas ingresos no solo significan un mayor consumo de bienes, sino también la satisfacción de otras necesidades, como la de ir a protestar, por ejemplo, si nos basamos en la pirámide de necesidades de Maslow. Protestar tiene un costo de oportunidad y el crecimiento continuo de los últimos años explicaría, al menos en parte, el incremento de presiones re-distributivas. Si algo bueno se puede extraer de este proceso, es la necesidad de replantearnos seriamente la reforma del Estado a fin de potenciar su rol redistributivo.

lunes, 13 de abril de 2009

Sobre autoritarismo y democratización: Entrevista a Guillermo O’Donnell

Ahora que, a partir de la sentencia a Fujimori, algunos pretenden vincular el modelo de libre mercado con regímenes autocráticos, no vendría mal volver a revisar viejas lecturas sobre autoritarismo y democratización en América Latina. Uno de los autores más importantes en esta área de investigación ha sido el argentino Guillermo O’Donnell, profesor de la Universidad de Notre Dame.  Aquí va una entrevista a O’Donnell que apareció en el libro Passion, Craft, and Method in Comparative Politics editado por Gerardo Munck y Richard Snyder.  


Entrevista ODonnell Entrevista ODonnell stanislaomaldonado

miércoles, 4 de febrero de 2009

Entrevistando a Científicos Sociales: Adam Przeworski

Comparto esta entrevista a Adam Przeworski, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de New York University. Es bastante larga (63 páginas!), pero sin duda muy provechosa para los interesados en ciencia política en el país. Przeworski tiene una trayectoria interesantísima: empezó como sociólogo en su natal Polonia y luego hizo su doctorado en ciencias políticas en Northwestern University. Fue marxista, pero de los inteligentes y el núcleo de su programa de investigación consiste en temas que pueden entenderse como un esfuerzo por comprender el porqué alguna de las principales predicciones del marxismo fallaron (como, por ejemplo, el porqué no hubo revoluciones en occidente) . Fue uno de los primeros politólogos en usar la teoría de juegos en sus investigaciones, lo cual para la mayoría de sus colegas era poco menos que una extravagancia metodológica.

Copio tres partes que me parecen muy interesantes. La primera, sobre como entrena a sus estudiantes de postgrado:

Q: You have trained lots of graduate students. What’s your approach to teaching graduate
students?

A: First, I do “train” them. I subject graduate students to a systematic program. What typically happens is that a student says he or she wants to study with me. I ask them what they want to do. Then I ask what they know, and then I tell them, “Here is what you need to learn in order to do what you want to do.” These days what they need to learn typically consists of some philosophy, some economics, and quite a lot of statistics. So my students get a systematic training by others. In addition, I have always taught an introduction to something. For many, many years I taught a course called “Marxist Theories of the State,” which evolved into “Theories of the State,” and then into “Political Economy.” I may not teach this course anymore, because I already published a textbook on the subject. I don’t think I can teach what I’ve already written. In any case, students typically take this introductory course. I also teach advanced courses, usually about whatever I am working on or about some methodological aspects I think students should learn and cannot get from others. For example, I recently taught a course called “Statistical Methods of Comparative Research,” which focused on selection bias. I don’t teach facts. My view is that students should learn facts by themselves, by reading history. But I do force all my foreign graduate students to take an American Government course. And unless they are especially strong-headed and committed, I don’t allow them to write about their own country for a long time. Students acquire all these skills and then they formulate a research project. And I supervise them quite tightly. I usually run a doctoral seminar. One of the things I discovered a long time ago is that graduate students in the US are left alone at the very time that they most need interaction with their advisers and other students. In the US, graduate students finish their coursework, defend their proposal, their funding typically ends, and then they are on their own. That’s when you most need to speak to others, hear others, and learn new techniques you may need to use for your dissertation. So I have always kept some form of interaction framework for advanced students. I always encourage them to participate in seminars, to talk to others, and to present their work.

El otro párrafo tiene que ver con el reconocimiento que hace Przeworski acerca de las contribuciones de los economistas al área de comparative politics. De acuerdo con él, parte de las mejores contribuciones en el campo la vienen haciendo economistas:

Q: If you look at where the field of comparative politics was 30 years ago and where we are now, what are the main things we have learned?
A: Let me preface my answer with one caveat. I think that some of the best research in comparative politics is done these days by economists, so I will include them in my answer. Daron Acemoglu and James Robinson, Alberto Alesina, Roland Benabou, Jess Benhabib, Torsten Persson and Guido Tabellini, and many others do excellent work in comparative politics. They typically don’t know enough about politics, but they address central questions and get answers. With that inclusion, yes, I think there has been a tremendous accumulation of knowledge.
Siendo cierto lo que dice Przeworski, creo que en el caso peruano se necesita que los economistas nos pongamos a trabajar más en serio en temas de ciencia política. Ello por varias razones: a) no existe una academia de ciencia política en el país, en parte porque hay contados doctores en ciencia política y porque abundan los especialistas con experiencia en la “cancha” política pero que carecen del instrumental necesario para abordar científicamente temas políticos, b) los economistas tenemos formación y oficio en el instrumental metodológico que es de uso común en los programas más avanzado de doctorado en ciencia política, en gran medida por que estos llegaron hace bastante tiempo a nuestra ciencia o fueron desarrolladas en esta, y c) la mayoría de los peruanos que estudian ahora en doctorados en ciencias políticas fueron formados en especialidades en las cuales se promueve la desconfianza a aproximaciones como el rational choice y se privilegia por al contrario aproximaciones mas discursivas. De ahí que no sea raro observar que estos terminan tomando por fields en sus estudios doctorales precisamente aquellas areas de las ciencias políticas que son más débiles en el uso intensivo de métodos estadísticos o modelación teórica. No me parece casualidad que no sea fácil encontrar papers escritos por politólogos peruanos que formulen modelos o usen estrategias de identificación más sofisticadas para discutir temas de causalidad. Por suerte, me parece que dentro los jóvenes economistas que están en el exterior hay ahora un mayor interés por moverse en estos temas y eso se ha de reflejar a la hora de escribir las tesis doctorales.

Finalmente, otro párrafo sobre la necesidad de aprender economía por parte de los politólogos:
Q: In addition to using formal tools in theorizing, you’ve often drawn on the work of economists. When did you start reading economics?
A: Since about 1972. I was teaching a course on the Marxist theory of the state, a topic that had generated a great explosion of interest at the time. In 1969/70, there was an exchange between Miliband and Poulantzas,61 and the literature was evolving every year as new works appeared. I came to the conclusion that the Marxist theory of the state made no sense, because Marxist economics made no sense. During this time there were several critiques of Marxist economics and several theorems that showed that Marx’s claim about the declining rate of profit under capitalism was false. Elster, John Roemer and I came to the conclusion that the economic model underlying Marxist theories of the state made no sense. That’s when I decided to bite the bullet and learn some neo-classical economics. I was aided in the process by the fact that Michael Wallerstein, who had reached the same conclusion as I, was a student in my class. He went to the economics department and did their whole graduate program in economics. He basically taught me the rudiments of neo-classical economics. Since then I have been reading more and more economics. Today I read more things by economists than by political scientists, because a lot of economists do political science now. I recently published a textbook on political economy in which the main thesis is that you cannot do political economy unless you know economics.

La entrevista completa pueden verla aquí:
http://politics.as.nyu.edu/docs/IO/2800/munck.pdf

jueves, 22 de enero de 2009

El mito de las políticas “correctas” (I)

El debate público en el país esta usualmente plagado de una creencia, pocas veces cuestionada, de que existen políticas “correctas” y que solo hay que echar mano de ella para resolver nuestros problemas. Ya discutí algo de ello en un post anterior (¡escrito hace más de un mes!), pero ahora quiero ahondar de nuevo en ese punto. En este post voy a tratar de motivar la discusión y presentar un marco teórico que permitirá ilustrar el tema en un post siguiente. Veamos como sale.

En lo esencial, la idea de los defensores de este mito es que existe –a priori- un set de policies que es mejor para incrementar el bienestar que cualquier otro set alternativo. Así, los neoliberales extremos creen que –por ejemplo- las políticas comerciales de libre mercado son mejores que las políticas proteccionistas (mientras que los proteccionistas como Campodónico o los de Actualidad Económica sostienen esencialmente lo contrario). El tema es, entonces, simplemente escoger las políticas “correctas” y a esperar. Vamos con algunos ejemplos de mi articulista favorito: Humberto Campodónico. Aquí una muestra del mito de las políticas “correctas”:

“El ministro Carranza, Comex y los importadores han revivido el fracasado Consenso de Washington, que Alan García declaró "caduco" el 28 de julio del 2006. Ni siquiera en Chile hubo un machetazo arancelario tan grande como éste, pues la rebaja fue progresiva. Los neoliberales han logrado con este gobierno lo que no estaba ni siquiera en la agenda del más dulce de sus sueños. Pobre país.” Rebaja arancelaria: gran victoria del neoliberalismo

“Lo más preocupante es que esta alianza viene acompañada del mismo sonsonete que, bajo Fujimori y Toledo, repitió hasta el cansancio que la madre de todos los problemas era el "enorme tamaño del Estado", por lo que había que achicarlo en todos sus roles e instancias: gasto corriente, empresas estatales. Hoy, los mismos que ayer desmantelaron al Estado por "burocrático" e "ineficiente", se rasgan las vestiduras y lo acusan de "no estar a la altura de las tareas que debe cumplir". …Así, la actual "política de reconstrucción" profundiza el modelo económico que agrava las desigualdades. En lugar de poner el péndulo al medio entre el Estado y el mercado, sacándolo del neoliberalismo extremo adonde lo llevó Fujimori, se ha optado por dejarlo bien arriba, a la derecha. Es el adiós definitivo al "cambio responsable”. Bien arriba, a la derecha

“Superar la desigualdad exige políticas y medidas concretas que “hagan sentir” a la población que existe la voluntad de poner el péndulo en el medio, que no se sigue privilegiando a un solo factor de la producción, el capital. En este caso, la percepción de que se avanza hacia la reducción de la desigualdad es a veces más importante que el impacto económico de la medida de política. Lo importante es el mensaje explícito de que se avanza en la senda de promover mayor equidad….Se trata, en suma, de poner el péndulo al medio, de equilibrar los roles del mercado y del Estado; de arbitrar entre el capital y el trabajo; de reducir la tremenda desigualdad que agrava la pobreza de la sierra rural. Se trata de nivelar la cancha, que hoy está super inclinada a favor del mercado y del capital”. Poner el péndulo al medio para acabar con la exclusión social

“Pero el gobierno no tiene una visión clara sobre el rol de las empresas públicas (EP) en el proceso de desarrollo. El neoliberalismo planteaba venderlas en el menor tiempo posible "porque son ineficientes per se en la gestión de recursos, además de ser un botín del partido político de turno". Su máxima expresión es la Constitución de 1993 (Art. 60) que establece la subsidiariedad del Estado en la actividad empresarial. En una palabra, las EP solo deberían realizar actividades que no pueda hacer el sector privado…Pero las EP no necesitan "impulsos" de mandatarios ni ministros "buena gente", sino un nuevo marco legal para que las que se van a mantener (de todas maneras, y para comenzar, Petroperú, ENAPU, Sedapal y Electroperú) puedan competir bajo las mismas reglas que la empresa privada, como sucede en Chile, Colombia y Brasil. Eso lo dice hasta el BM, como ya hemos visto. Hay que derogar el dogma neoliberal de la Constitución de 1993 y proponer una nueva política que encare la reforma integral de la propiedad, gestión y control de las empresas públicas. Ese es el camino”. ¿Sabe el gobierno qué quiere hacer con las empresas públicas?

Podría llenar este post con más citas de Campodónico o con alguno de los artículos del blog de Actualidad Económica, que más o menos van en la misma dirección. Sin embargo, esta creencia equivocada no es patrimonio de la izquierda: en los artículos de Adrianzen, Salazar o Mariategui se pueden encontrar argumentos que, aunque en dirección contraria, también sostienen las mismas creencias; a saber, que existen políticas correctas o, para decirlo de otro modo, de una “receta” que nos habrá de ayudar a resolver nuestros problemas. En los post que vienen voy a argumentar que dicha creencia es errada basandome en un marco teorico desarrollado por Mariano Tommasi y Pablo Spiller sobre el proceso de formulacion de politicas.

domingo, 10 de agosto de 2008

Sobre la “irracionalidad”: A propósito de los chavistas

Hace un tiempo discutía con una amiga respecto a la situación de Venezuela y el apoyo que tiene Chavez de parte de un segmento amplio de la población. Siempre me ha sorprendido la facilidad con la que mucha gente trata de ignorantes y/o irracionales a los seguidores de Chavez, no sin cierto desdén. Muchos, de paso, aprovechan para cuestionar la forma en que la ciencia económica entendemos el tema de la racionalidad, critica que por extensión se hace a gente que trabaja con modelos inspirados en la teoría económica moderna en otras ciencias como la ciencia política basada en los modelos del rational choice. Me asombra mucho que gente inteligente de plano descarte aproximaciones basadas en el rational choice sin tener ningún argumento sólido más que el decir que la realidad es mas compleja, pero ya discutiré eso en otro post.

Bueno, volviendo a los chavistas, entiendo que el asunto se refiere a que como es posible que los venezolanos apuesten por Chavez siendo cierto que tal y como esta haciendo las cosas no se obtienen los resultados de los que alardea el régimen (ver mi post anterior sobre Venezuela aquí). Ante este punto hay dos posibles respuestas: a) el argumento de que la gente no es racional, o, b) podría argumentarse también que la gente sigue siendo racional, ante lo cual tendríamos que extender la visión tradicional sobre racionalidad que se impuso desde la economía neoclásica y que ha contagiado a otras ciencias. Confieso que no estoy muy seguro cual de las dos posturas me parece mas atractiva, pues ciertamente hay conductas que uno tipificaría claramente como irracionales (como por ejemplo, la defensa cerrada e ideológicamente nublada del chavismo de la que muchos socialistas del siglo XXI hacen gala). Lo que si se, es que ha habido muchos esfuerzos de frontera entre la psicología, sociologia y la economía que han venido estudiando las conductas que tradicionalmente consideramos irracionales bajo un marco de racionalidad pero en un contexto de información incompleta e imperfecta con costos de administración de la información, conocidos en general como “racionalidad acotada”.

En la literatura especializada hay diversos modelos de que se elaboran con estos propósitos, como los autómatas celulares o las redes neuronales, entre otros, y se utilizan para explicar fenómenos como la adopción de modas, la aparición de crisis financieras internacionales o las revoluciones socialistas como la bolchevique. En este caso particular, uno podría pensar que los ciudadanos venezolanos o algunos de los simpatizantes externos son agentes con pensamiento categórico y tipifican –a partir de la información disponible en un momento inicial más sus creencias y valores- una política del régimen según su grado de efectividad como “buena”, “regular” o “mala”. Supongamos que en esta situación inicial la política es efectivamente “buena” y se revela como tal para todos los agentes (lo cual no implica que todos la vean así, porque las creencias y valores juegan un rol importante y una política “buena” no es considerada como tal por todos por factores ideológicos o lo que sea). Dado que la información es costosa en términos de administración, los agentes no actualizan sus creencias en todo momento del tiempo. Así, podría ser que esta política que en algún momento se revelo como “buena” para la mayoría de los agentes se empiece a deteriorar y ahora se empieza a revelar como “regular”, pero ello no modifica la percepción de la mayoría de los agentes debido a los costos.

La idea básica es bastante sencilla: actualizar la información tiene beneficios importantes pero también costos, por lo que los agentes no actualizan la información a menos que consideren que los beneficios de actualizarla son mayores que el costo que eso implica. Solo cuando ello ocurre, los agentes actualizan sus creencias. Como resultado de ello, uno puede entender porque existen muchas creencias que no son consistentes con la evidencia empírica que todavía persisten siendo lugares comunes en discusiones sobre política y economía.

En este caso particular, esta literatura nos brinda herramientas formales que nos ayudan a comprender estas desviaciones de la “racionalidad”. La literatura experimental y los modelos computacionales de racionalidad acotada han venido tratando de testear este tipo de hipótesis. Es una área bastante nueva, así que habrá que esperar un poco para tener un cuerpo de conocimientos más sólidos al respecto. Mientras tanto, algunas ideas tenemos que nos muestran que conductas como las discutidas sobre Venezuela no deberían causarnos mucha sorpresa.

Los interesados en esta literatura, pueden revisar el paper "Thinking Through Categories" de Sendhil Mullainathan (disponible en http://www.haas.berkeley.edu/finance/cat3.pdf ), profesor de economia de la Universidad de Harvard, quien ha estudiado mucho sobre los links entre la psicología y la economía.

Los interesados en pobreza, pueden ver el articulo de Esther Duflo “Poor but rational” (disponible en http://econ-www.mit.edu/faculty/download_pdf.php?id=516 ).

Aquí en Berkeley hay un grupo importante de gente trabajando en la frontera entre la psicología y la economía. De hecho hay un field sobre el tema compuesto por un primer curso teórico dictado por una estrella en el tema como es Matthew Rabin, quien me estará enseñando Micro I del doctorado. El syllabus de este curso lo pueden encontrar en este link:
http://emlab.berkeley.edu/users/webfac/rabin/219A_F07.shtml

Y un curso empírico dictado por Stefano DellaVigna. Los materiales del curso lo encuentran aquí:
http://emlab.berkeley.edu/users/webfac/dellavigna/e219b_sp07/e219b_07.shtml

domingo, 15 de junio de 2008

¿Es posible establecer una relación causal entre el Consenso de Washington y la performance económica post-reformas?

Un lugar común que uno suele encontrar en las criticas a las políticas del Consenso de Washington tiene que ver con la idea que con el modelo estatista basado en la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) hubo mayor crecimiento económico y más equidad. A partir de una simple comparación entre las tasas de crecimiento y alguna medida de desigualdad del periodo estatista y el periodo liberal, se concluye apresuradamente que el modelo de las ISI fue más efectivo que el vigente. De esta manera, se pretende evaluar la performance de la estrategia liberal seguida por las países de la región en las ultimas dos décadas.

Declaro de partida que tengo mis reparos con las políticas del Consenso de Washington, pero quiero aprovechar la ocasión para hacer notar lo defectuoso que resulta el tipo de razonamiento como el presentado líneas arriba. La comparación, tal y como es realizada, es una forma muy grosera de evaluar la performance de una estrategia de desarrollo. Lo ideal, en términos teóricos, consiste no en hacer la comparación entre las dos estrategias mencionadas, si no más bien preguntarnos cual hubiera sido la performance de la región en ausencia de las reformas de mercado (lo que se conoce en la literatura como escenario contrafactual) y compararlo con la situación con reformas. Esto es un poco difícil de entender de esta manera, así pasaré a explicar de mejor forma los fundamentos teóricos de esta forma de razonar. Dado que he estado discutiendo sobre socialismo, voy a aprovechar para ilustrar mi punto a partir de la experiencia de un país con instituciones socialistas como Corea del Norte.

La idea básica es mas o menos la siguiente. Cuando uno esta interesado en evaluar la efectividad de un nuevo tratamiento para una enfermedad, uno procede por medio de un diseño experimental en donde se selecciona –dentro de una población homogénea en todos los sentidos- a un grupo al que se le aplica el tratamiento y otro grupo, denominado de control, al cual no se le administra el mismo (usualmente solo se le aplica lo que se conoce como un placebo). Para evaluar la efectividad del tratamiento, solo se evalúa el resultado promedio entre los dos grupos y si este es positivo se puede establecer que el tratamiento es efectivo.

Esta descripción básica es la que subyace en la moderna teoría estadística para la identificación de efectos causales, cuyo principal exponente es el estadístico de la Universidad de Harvard, Donald Rubin. La idea del enfoque de Rubin (conocido como el enfoque de resultados potenciales o potential outcomes en ingles) es que la identificación de un efecto causal depende de la posibilidad de construir un escenario contrafactual, es decir, poder establecer que hubiera pasado con la unidad tratada si es que esta no hubiera sido tratada, por ejemplo, que hubiera pasado con el crecimiento económico de Cuba (o sea, el outcome de interés) si es que esta no hubiese experimentado la introducción de instituciones socialistas (es decir, el tratamiento). El efecto causal seria simplemente la diferencia de la situación con tratamiento (cuba revolucionaria) versus la situación sin tratamiento (cuba si es que no hubiesen aparecido Fidel y compañía). Dado lo demás constante, la diferencia en términos del outcome de interés seria atribuido exclusivamente al tratamiento puesto que, al concentrarnos en una misma unidad y por tanto con todos los demás factores no observables controlados, no existe algún otro factor que pueda explicar la diferencia en el outcome. Lamentablemente, no es posible observar en la realidad a la misma unidad siendo sometida tanto al tratamiento como a la ausencia del tratamiento, que es lo que se conoce en la literatura como el “problema central de la inferencia causal”. De ahí que toda la literatura estadística en este tópico se concentre en desarrollar estrategias empíricas para la construcción de escenarios contrafactuales en entornos no experimentales, como el que claramente nos encontramos en las ciencias sociales.

En ausencia de entornos experimentales, es difícil poder atribuir un outcome de interés a una causa determinada. Para seguir con mi ejemplo cubano, es muy difícil saber si es que los logros en materia de salud y educación de Cuba no hubiesen sido mejores en un escenario contrafactual en donde no hubiese ocurrido la revolución cubana y por el contrario se hubiese optado por una democracia. Como deben saber, existe abundante evidencia empírica que sostiene que los logros en materia de salud y educación esta asociados a la profundidad de los regimenes democráticos, y el mismo Amartya Sen ha sugerido que allá en donde habían democracias como la India se previnieron las hambrunas, mientras que no ocurría en la China comunista y dictatorial en donde las hambrunas fueron feroces aun cuando no había escasez de alimentos. Tal vez los logros de los que se agarran los socialistas para defender a Cuba fuesen mejores si es que no hubiese triunfado la revolución cubana. Lamentablemente, desde el punto de vista empírico, nunca lo sabremos.

Sin embargo, existe una rama dentro de la literatura que ha tratado de aprovechar cambios institucionales de naturaleza exógena para la identificación de efectos causales. Y es en esa línea en la que se respalda el ejemplo de Corea. A estos cambios exógenos se les conoce en la literatura como experimentos “naturales”, aunque tal vez el uso del adjetivo “natural” pueda llevar a la confusión. La idea de esta literatura es que muchos de los fenómenos interesantes que pretendemos estudiar en las ciencias sociales son endógenos, es decir, difíciles de atribuirlos a un factor causal en particular, mas aun cuando muchos de ellos son de naturaleza no observable. Así por ejemplo, si uno esta interesado en evaluar el impacto de las instituciones socialistas en Cuba sobre su crecimiento se enfrentaría a problemas de doble causalidad (o sea, el crecimiento también afecta a las instituciones), error de medición (como medir la calidad institucional sin tener como referencia a algo que consideremos como “buenas” instituciones) y sesgo de selección (hay países que se auto seleccionan en función a factores no observables, y eso explicaría su crecimiento mas que las instituciones). Dados estos problemas de endogeneidad, hay que buscar exogeneidad a fin de explicar las diferencias observadas en términos del outcome de interés.

El caso coreano ofrece una ventaja única en esa dirección. Antes de la guerra de Corea, las dos coreas constituían una unidad y por tanto compartían los mismos factores observables y no observables. Luego con la división, se produjo una introducción de instituciones de naturaleza claramente exógena. Por un lado, en Corea del Sur se introdujo instituciones de propiedad privada, mientras que en Corea del Norte se experimento lo propio con instituciones socialistas. Siendo homogéneas en cultura, población, y demás factores no observables, es difícil argumentar que las diferencias en términos de crecimiento se debieran a otra cosa que no sean exactamente la diferencia en instituciones de propiedad privada, por lo que tranquilamente puede tomarse a Corea del Norte como el escenario contrafactual para Corea del Sur (es decir, que hubiera pasado con Corea del Sur si se hubiese introducido instituciones de carácter no capitalista) y visceversa. Con los datos de Angus Maddisson (disponibles en su pagina web en la Universidad de Gronigen), reconocido historiador económico, uno puede trazar la divergencia observada en las dos coreas tras su separación. Con esos datos he armado el grafico siguiente (hacer click para ampliar). Las diferencias son significativas. La evidencia sugiere que las instituciones de propiedad socialista son responsables de la mala performance de Corea del Norte.



La nueva economía política moderna y la literatura institucionalista han venido explotando este tipo de entornos no experimentales para identificar el efecto causal de, por ejemplo, las instituciones sobre el crecimiento. De hecho, el ejemplo de Corea se lo tome prestado a Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson, probablemente los economistas que están expandiendo más la frontera en esa dirección. Por ejemplo, en un justamente famoso articulo (ver aquí), estos autores aprovechan un “experimento natural”, la introducción de instituciones occidentales en el nuevo mundo por medio de la colonización, para evaluar el rol de las instituciones de propiedad sobre el desarrollo. De acuerdo con ellos, la estrategia de colonización seguida por los europeos estuvo determinada, en parte, por el clima al que se enfrentaban a la hora de colonizar una región. En aquellos lugares en donde la dureza del clima y las enfermedades ambientales se expresaron en altas tasas de mortalidad, los europeos establecieron instituciones de carácter extractivo, esto es, instituciones que no aseguraban la protección de los derechos de propiedad ni protegían a los individuos contra la expropiación del gobierno. El objetivo de estas instituciones se reducía básicamente a transferir los recursos de las colonias hacia los países colonizadores al menor costo posible. Por otro lado, en aquellas colonias con un entorno climático favorable, los colonizadores estuvieron más dispuestos a replicar las instituciones de sus países de origen, poniendo gran énfasis en la protección de los derechos de propiedad y en el establecimiento de contrapesos contra la acción del gobierno. Para estos autores, en los países que fueron colonias han persistido el tipo de instituciones con las que nacieron. Usando una estrategia de variables instrumentales y usando como instrumento la tasa de mortalidad de los colonizadores en el nuevo mundo, los autores estiman que el impacto de las instituciones de propiedad privada sobre el desarrollo es positivo.

Bueno, me desvié un poquito de mi objetivo con esto último, pero creo que la idea clave esta. Tengo la impresión que el caso de Corea ilustra claramente el punto de que la introducción de instituciones de propiedad socialistas tiene un efecto empobrecedor. ¿Es cierto ello en todos los casos? No, por las razones discutidas en el post sobre Popper. Es lo que se conoce en esta literatura como “problema de validez externa”, esto es, no podemos extender acríticamente los resultados de este caso a otras situaciones concretas. Volviendo a mi punto sobre las críticas al Consenso de Washington, espero que haya quedado claro que me parece inadecuado evaluarlo del modo que se suele hacer. Lo correcto seria tratar de establecer un escenario contra-factual, es decir, tratar de establecer que hubiera pasado en la región si es que no se hubiera optado por las reformas de mercado. ¿Hubiésemos crecido más? ¿Se hubiera reducido la desigualdad? Ciertamente, la construcción de un escenario contra-factual en este caso -y en las ciencias sociales en general- es muy complicada, pero precisamente por esa misma razón deberíamos ser más cuidadosos a la hora de evaluar -usualmente de forma negativa- la performance del modelo de mercado vigente en la región sin tener evidencia empirica seria.

En resumen, si queremos ser serios con la crítica al modelo “neoliberal”, deberíamos ser capaces de construir un escenario-contrafactual en donde podamos demostrar que se pudo haber logrado una mejor performance en términos de crecimiento y equidad en un escenario alternativo. Hasta ahora las críticas han ido por otro lado, no constituyéndose por tanto en argumentos sólidos como para cuestionar el modelo de desarrollo vigente desde un punto de vista conceptual.

Lecturas recomendadas
Sobre el enfoque de resultados potenciales y toda la literatura relacionada, las notas de clases de Jas Sekhon, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de California en Berkeley, son de lo mas interesante desde el punto de vista de las ciencias sociales. Especialmente recomendado para los que se dedican a las ciencias políticas en el Perú, tan pocos rigurosos con los métodos estadísticos y los datos, adictos al método del “verso”. Aquí el Syllabus: http://sekhon.berkeley.edu/causalinf/causalinf.pdf

Otro buen curso sobre el tema, es el ofrecido por Adam Przeworski del Departamento de Política de la Universidad de Nueva York. Aquí el Syllabus:
http://www.nyu.edu/gsas/dept/politics/grad/syllabi/G53.2129_przeworski_s05.pdf

Este mismo autor, originalmente un marxista analítico, ha escrito extensivamente sobre el tópico, indicando sus limitaciones. Encuentro recomendables los siguientes papers:

“Is the Science of Comparative Politics Possible?” In Carles Boix and Susan C. Stokes (eds.), Oxford Handbook of Comparative Politics. New York: Oxford University Press.
http://politics.as.nyu.edu/docs/IO/2800/isthescience.pdf

“The Last Instance: Are Institutions the Primary Cause of Economic Development?” European Journal of Sociology 45(2): 165-188
http://politics.as.nyu.edu/docs/IO/2800/archives_2004.pdf

"Identifying the Causal Effect of Political Regimes on Employment.”
http://politics.as.nyu.edu/docs/IO/2800/amsterdam.pdf

Otro autor importante, es Gary King, profesor del Departamento de Gobierno de la Universidad de Harvard. Un articulo relevante es el siguiente:
“When Can History be Our Guide? The Pitfalls of Counterfactual Inference”
http://gking.harvard.edu/files/counterf.pdf

A partir de estas referencias, el lector puede seguir por su cuenta. He privilegiado las referencias en ciencias políticas debido a la enorme debilidad que hay en la academia peruana al respecto. Por ejemplo, en la maestría de la PUCP, uno no encuentra un buen curso de métodos cuantitativos! Es increíble!
http://www.pucp.edu.pe/content/pagina42.php?pID=776&pIDSeccionWeb=25&pIDContenedor=779&pIDIdiomaLocal=1&pIDReferencial=