viernes, 4 de julio de 2008

Los narradores de cuentos

En el Perú, como ocurre en otros países de la región, la comunidad académica suele tener acceso a los medios masivos de comunicación para discutir cuestiones de política pública relacionadas con las distintas especialidades del saber humano. En especial, los economistas solemos ser convocados a la hora de discutir cuestiones de políticas vinculadas con nuestra ciencia, lo cual no es una limitante para que especialistas de otras ciencias o inclusive aquellos formados exclusivamente en periodismo puedan opinar sobre cuestiones económicas. En particular, considero que en la discusión de cuestiones de política todos los ciudadanos tenemos derecho a opinar y a discutir mas allá de nuestra nivel académico o el tipo de formación académica, aunque es ciertamente rol de los especialistas el aportar con elementos de naturaleza técnica al debate. En ese sentido, es una responsabilidad muy grande la que tienen aquellos economistas que participan en el debate público a través de los medios de comunicación masiva.

Idealmente, se esperaría que el especialista abone argumentos y presente evidencia para ilustrar las implicancias de medidas de política, en especial información que nos permita aproximarnos a una evaluación de los costos y beneficios de las mismas. Nadie espera que dicha información sea políticamente neutra pues los especialistas, como cualquier otra persona, tienen sus propias preferencias políticas. A priori, ello no debe ser motivo de preocupación, pues como es reconocido en la epistemología moderna, todos los científicos tienen un conjunto de creencias y valores; esto es, la ciencia no es axiológicamente neutra. Así por ejemplo, el filósofo húngaro Imre Lakatos sugiere que todo programa científico de investigación esta compuesto por un “núcleo”, conformado por el conjunto de creencias y valores no testeables empíricamente que son compartidas por una comunidad científica, y un “cinturón protector” conformado por teorías empíricamente testables derivadas del núcleo. El asunto radica en que, más allá de nuestras creencias particulares, la competencia entre teorías rivales y la interacción de estas con la evidencia empírica, debería en principio permitir el progreso del conocimiento, para lo cual es imprescindible un respeto básico por la evidencia empírica y una buena dosis de autocritica científica para indicar las limitaciones de nuestro conocimiento sobre un tópico determinado.

El problema empieza cuando el aporte técnico es subrepticiamente reemplazado por la propaganda política; cuando se pretende vender gato por liebre. Muchos de nuestros analistas económicos, en vez de aportar con argumentos técnicos basados en los avances más recientes de la disciplina y a través de ello brindar mayores elementos de juicio a la opinión pública, reproducen los vicios que caracterizan a la mayoría de nuestros analistas políticos y “opinólogos”. De ahí que sea común encontrar analistas que desde sus columnas de opinión se manden con todo en contra del actual modelo económico, acusándolo de ser causante de una mayor pobreza y desigualdad, y echándole la culpa de todos los males del país sin tener ni ofrecer evidencia solida para sostener lo anterior. Lo mismo ocurre con los de la tienda política rival. El debate entre especialistas ha sido reemplazado por un dialogo de sordos entre propagandistas.

Con ello no estoy sugiriendo que el modelo sea una maravilla, pues de hecho tengo la impresión de que ello no es así, pero no tengo evidencia sólida como para sostener mi posición. Ante esa situación, un científico social debería optar por la prudencia, indicar las hipótesis que tiene y señalar la data que necesitaría para someter sus hipótesis al test empírico. Sin embargo, ello no sucede con la mayoría de nuestros analistas, para quienes la ausencia de evidencia empírica que sostenga sus posiciones parece ser un asunto menor. Inclusive, algunos de ellos asumen por verdad aquello que no ha sido demostrado categóricamente con los datos.

Para muestra un botón. Veamos lo que dice Humberto Campodónico en un artículo reciente para ilustrar mi punto:
“No nos engañemos, entonces. El gobierno no solo ha profundizado la reforma neoliberal, llevando el péndulo hasta la derecha más extrema. También la blinda contra cambios futuros que planteen un equilibrio entre Estado y mercado (poner el péndulo al medio) ahora que ya está probado el fracaso del economicismo neoliberal. El Consenso de Washington vive y colea en el Perú como un recién nacido.” Se ha completado la reforma incompleta (subrayado mío).

Es sorprendente la seguridad con la que Campodónico afirma que esta demostrado que el modelo liberal no funciona. ¡Y lo dice sin que se le mueva un solo musculo de la cara! Como discutí en este post, para poder tener la capacidad de ser tan categóricos como Campodónico, deberíamos ser capaces de construir un escenario contra-factual para poder establecer si es que los outcomes en términos del PBI, pobreza y desigualdad, para mencionar solo algunos, hubieran sido mejores en cualquier escenario alternativo. Cuando ello no es así, cualquier intento de evaluación es en principio criticable y no concluyente, por lo que el optimismo y seguridad de Campodónico al afirmar que ello esta demostrado es sencillamente muy ingenuo. ¿Dónde están los datos? ¿Cuál es la evidencia?

Ahora, Campodónico –como muchos de sus colegas articulistas- no es un economista académico. No publica artículos en revistas académicas de la profesión. Tampoco se caracteriza por usar métodos empíricos, si no mas bien es un “descriptivista”, o lo que podríamos llamar “contadores de historias”; es decir, analistas sociales que juntan unos cuantos datos y cuentan una historia que se ajuste a estos (mas o menos, el 90% de la academia peruana caería en este ultima categoría). Ciertamente, ello no tiene nada de malo per se. El análisis descriptivo es sumamente útil a la hora de formular hipótesis de trabajo que pueden servir luego para el análisis científico más sofisticado, pero no es para nada concluyente ni mucho menos científico, pues esto último exige pasar el test empírico y superar algún criterio de demarcación entre ciencia y no ciencia como el sugerido por Popper. El problema esta cuando se pretende ser tan concluyente como Campodónico tan solo con algunos cuantos datos y una historia. Esa es la diferencia entre un economista y/o científico social que “cuenta historias” (lo cual es válido en tanto sea una primera aproximación al análisis de un tema) y uno que “cuenta cuentos”.

4 comentarios:

Oriana dijo...

Stanislao:
Te parece que de verdad existe una ciencia exacta de los economistas y que es posible colocarlos como "técnicos" o "científicos" mucho más que a los analistas o "narradores de cuentos?

Farid Matuk dijo...

Hola Stanislao:

¿Qué hubo de "las distribuciones no parametricas de Kernel"?

Gracias, Farid

Rodrigo Velit dijo...

Estimado Stanislao:

A veces me da la impresión de que tus críticas a ciertos economistas las haces debido a que estos estén contra el libre más que por razones metodológicos. Es una ligera impresión que tengo.

En ese sentido, entonces, ¿qué opinión te merece gente como Jürgen Schuldt? ¿O Félix Jiménez? (Desde luego, Jürgen no es lo mismo que Jiménez, pero ambos suelen ser críticos de la economía neoclásica.

Saludos.

Jorge Pareja dijo...

Stanislao,
Considero bien centrada tu crítica, muchos de los problemas económicos de nuestro país corresponden a erradas desiciones sin mayor análsis técnico, es que los economistas les hemos dado herramientas a los políticos para que ellos decidan que hacer !Sin saber de Economía!
Pero también hay economistas que ha pasado la valla de la ciencia social y se comportan como políticos, dado que el poder en nuestro país viene por dos lados: posesión de bienes y capitales y alto cargo gubernamental.
Existe un cuerpo teórico mainstream en la ciencia económica actual, es cierto también que hay postulados que no necesariamente concuerdan con la realidad, de allí que psicólogos como Kahneman hayan sido premiados con el Nobel en economía, pero la ciencia económica es muy joven y hay mucho que descubrir en ella.
Saludos

Jorge